El Estado y el doble vínculo
enero 24, 2026 § Deja un comentario
El Estado tiene algo de perverso. Monopoliza la violencia. Juzga. Como un padre, pero sin nombre propio. Anónimo, abstracto. Como Dios. O mejor dicho, en su lugar. El Estado es el poder. Su excusa, la patria, ese trampantojo de la comunidad. Ella exigirá los mayores sacrificios. Al la manera de una dominatrix. También maneja otra excusa: el bien común. Y algo de esto hay, ciertamente. De lo contrario, el Estado sería demasiado sincero —iría sin maquillaje. Pero, en el fondo, sirve al interés de quienes tienen de más.
Aun así, el Estado es un dios impotente. No tiene los suficientes recursos. Por consiguiente, los ciudadanos, en ocasiones, deberán recurrir a la violencia… en nombre de una justicia que el Estado no puede administrar. Por lo que serán acusados, en nombre del orden, de aquello a lo que les empuja la impotencia del Estado. El Estado impotente condenará al ciudadano rebelde por la desobediencia que el mismo Estado provoca. A esto los psicólogos lo denominan doble vínculo. Y del doble vínculo a la esquizofrenia media un paso.
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