peccata minuta

febrero 18, 2026 § Deja un comentario

Llevamos la negación en los poros. De hecho, un mundo en donde todo fuese paz y amor sería insoportable. En esto consiste nuestra originalidad: debemos manchar lo puro, lo sin tara. Muy infantil —muy originario. Incluso de tratarse de un mal sin resquicio. Pues anhelar la bondad donde no cabe ninguna bondad es el lado luminoso de este infantilismo original. Y esto porque Dios lo quiso. Pues ¿acaso Adán no supo , una vez comprendió que no debia tomar el fruto del árbol del conocimiento? No es posible amar a Dios —buscarlo— si antes no lo hemos negado. Aquí no es de recibo apelar a la opción religiosa para eludir la negación. Y es que la forma más sutil de ateísmo es la que consiste en suponer un Dios a medida de nuestra satisfacción. Nada que ver con el homo religiosus de los primeros tiempos, el cual veía dioses por todas partes.

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