sexo y vocación religiosa

marzo 8, 2026 § Deja un comentario

Que el sexo fuese, católicamente, pecaminoso halla su explicación más elemental en la vida del monje, el eremita, el dedicado a la causa. Y es que la vocación genuina no es tanto un me gustan las cosas de Dios —aunque algo tienen que gustarte— como un sentirse llamado a participar del combate entre Dios y el demonio. Y al soldado, todo lo que le aparte de las trincheras es tentación, obra del enemigo. Es decir, demoníaco.

Sin embargo, hoy en día, las vocaciones difícilmente se sostienen sobre el espíritu soldadesco. Más bien, y en general, sobre una fuerte inclinación a hacer el bien en nombre de Dios —y, de paso, autorrealizarse. ¿El resultado? La deserción. Y uno puede desertar sin abandonar la disciplina de la vida religiosa. Basta con convertirla en oficio. Así, la lucha interior ha pasado a entenderse como una lucha contra uno mismo y no contra el demonio. Y es más “fácil” resistirse al demonio que habita en ti que a una pulsión natural —y por extensión, saludable. Con todo, tampoco cabe volver atrás. Pues nadie elige lo que se le muestra como hecho. O, por decirlo de otro mundo, el mundo al que pertenece.

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