¿una interpretación auténtica de Jesús? (y 2)
marzo 28, 2026 § Deja un comentario
¿Quién fue Jesús de Nazaret? Hubo quienes vieron en él a un taumaturgo, un profeta, un maestro itinerante… y nada más. Otros, más atrevidos, al Hijo de Dios, al Mesías, al Señor. Más tarde, a Dios mismo hecho hombre. Así se pasó, progresivamente, del menos al más. Modernamente, este paso se entiende como invención. Y se entiende así porque ya no sabemos qué hacer con Dios. Dado que no hay cielos, ni por consiguiente Dios, la confesión creyente es, inevitablemente, un constructo, una proyección, un delirio. Sin embargo, en su momento, la divinización de Jesús fue una revelación, y por extensión, un caer en la cuenta. Y, precisamente, porque Dios era un dato de la experiencia. También lo fueron los espíritus de los bosques. O el maligno.
Ahora bien, el reconocimiento del crucificado como Dios entre los hombres admite dos versiones. La primera es la habitual, la que podríamos denominar típicamente religiosa. En esta, la naturaleza —la esencia, el modo de ser—de Dios se distingue de la humana. A su vez, esta versión se desdobla en dos variantes, las cuales fueron, sorprendentemente, rechazadas por los primeros concilios ecuménicos, a saber, la doceta y la arriana. En el primer caso, Jesús fue Dios con aspecto humano —un dios paseándose por la tierra, según la afortunada expresión de Ernst Käsemann. En el segundo, un hombre que, tras su muerte, fue exaltado a la altura de la divinidad a la manera de los héroes griegos. La segunda versión, en cambio, supone una desarticulación de la primera. Pues el envés de la confesión de Jesús como Dios es la revelación de Dios como Jesús. Es decir: Jesús es Dios verdadero y hombre verdadero porque la esencia de Dios, su modo de ser, es indisociable del hombre de Dios que fue Jesús de Nazaret. Esto es, indisociable de la carne. Así, no es que Jesús ejemplificase, si se quiere a la perfección, la esencia de Dios, sino que fue la esencia de Dios, su realización, su quién (y aquí hay que tener en mente que nada es real que no se realice). Y, obviamente, esto no deja las cosas de Dios como estaban. Hasta el punto de que una de las raíces del ateísmo moderno es, precisamente, el anuncio cristiano. Y, precisamente, porque, salvo en algunas canchas teológicas, no se comprendió hasta el final. En este sentido, podríamos decir que el ateísmo moderno es un hijo bastardo del cristianismo.
Ciertamente, el cristianismo ha sobrevivido históricamente como religión cristiana —como cristiandad— y, por eso mismo, tolerando pastoralmente el docetismo y el arrianismo que inicialmente condenó. Pero este es otro asunto.
Deja un comentario