fenomenología de la alteridad

abril 2, 2026 § Deja un comentario

¿Cómo surge espontáneamente la alteridad? Por el miedo a la cucaracha, al oso, en definitiva, a lo imprevisto. Que alguien nos toque en esa oscuridad donde, creemos, no hay nadie. ¿Acaso no es el temor más atávico el de ser devorados —el de estar en manos de…? Luego, al acostumbrarmos, le perdemos el miedo a la cucaracha, al oso… Ya les cogimos la medida. Así, decimos que es cuanto podemos dominar. Luego el salto a la abstracción: el ser en cuanto tal. Tras este salto, la alteridad pasa a concebirse como lo perdido tras el dominio del fuego. También la pregunta por el en sí de lo Otro. Nace la nostalgia de la alteridad —de lo absoluto. Nostalgia de las emociones de la infancia. Hume diría no hay más. De ahí que la cuestión metafísica —por qué hay algo en vez de nada—, de resolverse, sea la única que puede hacer frente al positivismo. Los a priori del racionalismo no bastan. Por su exceso de ego cogito.

Sin embargo, la respuesta a la cuestión metafísica, siempre paradójica, —hay lo que hay porque el haber no es nada, estricta negación de sí— roza el nihilismo. Y por eso mismo, la última cuestión será, al fin y al cabo, ética: y ahora qué. Y diría que solo caben dos posiciones: la de Israel en Horeb o la de Dioniso, el dios bailongo.

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