patriarcas 2

enero 9, 2011 § Deja un comentario

Un cristiano solo cree en Dios gracias al Crucificado. O lo que viene a ser lo mismo: no podría creer en Dios, si no fuera por ese Hijo de Dios que muere, precisamente, etsi deus non daretur [como si Dios no existiera]. La razón, si es que se trata de una razón, es simple: para un cristiano, de Dios no tenemos más que un Dios crucificado. Pero tampoco menos, pues no es posible regresar del infierno con vida, si no es bajo el espíritu del perdón que nace increíblemente de esa Cruz. Por eso, no deja de sorprenderme que sigan habiendo por ahí cristianos que crean en Dios etsi crux non daretur. Como si se pudiera seguir creyendo en Dios aun cuando la historia de la Cruz se revelara como una colosal ficción.

una mini teoría de la imaginación

enero 9, 2011 § Deja un comentario

El espíritu «progre» al negar la existencia del infierno no hace otra cosa que confirmar lo que ya sospechábamos: que su ingenuidad no tiene medida. Y es que tomarse en serio esto de la existencia supone admitir que hay lugares en donde la reconciliación ya no es posible. Así, hay infierno porque, sencillamente, tiene que haberlo. Va con el hombre la idea misma de un juicio sin apelación, de un juicio final. Quien la rechaza difícilmente podrá evitar vivir a golpe de reacción, como es el caso de las vacas, caer, al fin y al cabo, en el fango de la mediocridad, esa resistencia a admitir el carácter último del sí o el no que divide la existencia. Otra cosa es que solo podamos suponer —imaginar— un infierno efectivo, actual, pues solo Dios sabe si aún cabe el perdón allí donde el perdón parece imposible.

die schöpfung

enero 8, 2011 § Deja un comentario

René Jacobs dice entre risas que es inevitable sentirse como Dios cuando uno dirige La Creación de Haydn. Es posible. Basta, sin embargo, escuchar el estallido del coro hacia el final de la segunda pista para, si bien no sentirse como Dios, al menos asistir al momento en que surgió el mundo de la tiniebla.

(valga un vídeo como muestra, en particular desde 1.35′ hasta 3.05’….)

exégesis

enero 8, 2011 § Deja un comentario

Voy a recordar una vez más la inapreciable frase de Pablo: «lo que débil ante el mundo, lo que es necio ante el mundo, lo innoble y despreciado ante el mundo lo ha elegido Dios»: ésa fue la fórmula, in hoc signo venció la décadence. —Dios en la Cruz— ¿es que no se entiende todavía el terrible pensamiento que está detrás de este símbolo? Todo lo que sufre, todo lo que pende de la cruz, es divino… Todos nosotros pendemos de la cruz, por consiguiente nosotros somos divinos… Solo nosotros somos divinos.

F Nietzsche, El Anticristo

releyendo a Chalo

enero 8, 2011 § Deja un comentario

No es por la forma en que un hombre habla de Dios, sino por la forma en que habla de las cosas terrenas como se puede discernir mejor si su alma ha permanecido en el fuego de Dios.

Simone Weil

una de ‘psiquis’

enero 5, 2011 Comentarios desactivados en una de ‘psiquis’

psicólogo: debería ser amable con Johnny. Proviene de un hogar destruido.

the quiet man: no me sorprende. No hay hogar que Johnny no sea capaz de destruir.

el segundo de la clase

diciembre 31, 2010 Comentarios desactivados en el segundo de la clase

El hombre vive de las penúltimas palabras, pero tan solo ‘sobre-vive’ atravesado por el espíritu de las últimas.

nerón

diciembre 31, 2010 Comentarios desactivados en nerón

Aquellos que acusaban a los cristianos de haber incendiado Roma fueron, sin duda, unos calumniadores. Sin embargo, captaron la naturaleza del cristianismo mucho más exactamente que aquellos entre los modernos que nos cuentan que los cristianos fueron una comunidad ética y que si murieron entre lentas torturas fue porque predicaban el amor al prójimo o porque su humildad les hizo despreciables.

G. K Chesterton

ireland

diciembre 31, 2010 Comentarios desactivados en ireland

Si se mira largo tiempo en la oscuridad, uno siempre encuentra algo ahí.

W.B Yeats

la sinceridad del actor

diciembre 28, 2010 § Deja un comentario

Porque hay Dios —porque Dios es en sí mismo el silencio de Dios—, el mundo es una sombra. No se trata, pues, de vivir como si no hubiera Dios —pues eso implicaría hacer de este mundo un valor—, sino como si el juego del mundo no existiera. Nadie dijo, sin embargo, que quien sabe que el juego no es más que un juego no pudiera tomárselo en serio. Al contrario: no hay más seriedad que la de quien juega sabiendo que no hay más que el juego que se juega. Por eso puede creérselo como si la vida le fuera en ello.

física y química

diciembre 27, 2010 § Deja un comentario

Los hechos no bastan. El hecho, por ejemplo: aumentan en los niveles feniletilamina. Pero nadie cree estar enamorado por eso. Nadie se declara señalando tal o cual indicador de unos análisis clínicos. Si la atracción significa algo más es porque representa algo más, de hecho, cualquiera de esas películas románticas que hemos visto mil veces en el cine. Todo cuanto hacemos cobra sentido en la medida en que puede ser visto como imitación de lo que, de entrada, se nos impone como aquello que debe ser: el paradigma, el mito, la leyenda. No hay sentido si no es en relación con esas historias —con esas imágenes— que en cierto sentido se encuentran por encima de nuestras cabezas. Así pues, si quienes dicen amarse no pueden comprender su relación como la reproducción más o menos adecuada de La Cenicienta (o de cualquiera de sus variantes), entonces difícilmente podrán evitar la sensación de estar metidos en una simple relación contractual. El mito se opone al mero hecho como el heroísmo al oficio.

(Por eso, las historias bíblicas de amor resultan tan desconcertantes. En ellas los protagonistas no pueden reconocerse como partícipes de una historia arquetípica. Para ellos, esos miserables, no hay cielo que valga. Su pasión no reproduce ninguna pasión ejemplar, ningún historia de dioses, pues los dioses huyen donde no hay más que desierto. Quienes solo se tienen el uno al otro no tienen nada que imitar. Es más que absurdo decirle a la vieja prostituta de arrabal que el andrajoso que la olfatea es su Romeo. Por definición, entre los nadie no puede haber un amor emulable. Sin embargo, la convicción bíblica es incontestable: solo ellos —los nadie— pueden quererse con certeza. Como si solo pudiéramos amar al sufrir el peso de la inalcanzable altura de Dios.)

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citas navideñas

diciembre 27, 2010 § Deja un comentario

Dicen que el hombre no es hombre mientras no oye su nombre de labios de una mujer.

Antonio Machado

El amor es como Don Quijote: cuando recobra el juicio es para morir.

Jacinto Benavente

 

 

geología de la falla

diciembre 27, 2010 § Deja un comentario

Quizá no sea cierto que el cristianismo haya sobrevivido hasta ahora traicionando sus orígenes. Esta sería en todo caso la convicción de la conciencia mítica, no de la sensibilidad histórica. Para esta última los inicios siempre tienen algo de ilusorio. Dejando a un lado, la falta de higiene de quienes protagonizan la historia —dejando a un lado que el servicio a la verdad no es posible sin la impiedad de un gran inquisidor—, lo cierto es que la verdad del cristianismo irrumpe, como toda verdad, en discontinuidad con su creencia originaria. No digo que su verdad se añadiera depués a la manera de un cuerpo extraño, como si el espíritu de Atenas no hiciera otra cosa que encubrir el espíritu de Jerusalén. Pero es innegable, salvo, insisto, para la conciencia mítica, que en los inicios cualquier verdad se encuentra aún sin fructificar. Hizo falta Atenas para que el espíritu judío de los primeros discípulos pudiera caer en la cuenta de lo que en verdad tuvo lugar en esa Cruz. Atenas hizo nacer lo que en el espíritu de Jerusalén había concebido sin alumbrarlo. Del mismo modo que ningún hombre comienza a salir con una mujer porque la ame, sino porque simplemente le gusta, ninguna verdad irrumpe en la Historia como verdad con pleno derecho. Nada verdadero se manifiesta plenamente en los comienzos. Ahora bien, ninguna frucitificación tiene lugar sin tensión, pues la verdad acontece precisamente como negación de lo que la hizo inicialmente posible. Ningún hijo asume su filiación sin, de algún modo, cargar con el fracaso del padre. El amor nace como algo que supera las ilusiones de los comienzos… en el intento, precisamente, de preservarlas donde ya no pueden ser preservadas. En este sentido, el cristianismo no da un paso al frente hasta que no reconoce que en esa Cruz no solo murió el profeta escatológico que fue Jesús —el enviado, el Mesías—, sino Dios mismo, y ese reconocimiento fue griego antes que judío. Si el cristianismo pudo ser asimilado por Atenas no fue porque los griegos se adhirieran a la expectativa mesiánica, sino porque algunos griegos supieron ver que en esa Cruz se invirtió la relación misma del hombre con Dios: si hay reconciliación —si aún es posible la re-ligión— no es porque el hombre haya hecho los deberes —no es porque el hombre se haya sacrificado debidamente—, sino porque Dios mismo se sacrificó en esa Cruz, como quien dice, para que los hombres —esos muertos— pudieran regresar al Mundo con vida. Con todo, siendo más precisos deberíamos decir que la transición fue posible gracias sobre todo a los escritos de esos judíos helenizados, en particular a la obra de Filón de Alejandría, que antes incluso de la aparición de Jesús de Nazareth, comprendieron el Dios de Moisés en los términos de la comprensión griega de lo real, aquella que sostiene, grosso modo, que si hay mundo es porque lo real ha sido dejado atrás. De hecho, ocurre algo parecido con el arte contemporáneo. Puede que Duchamp no quisiera hacer otra cosa que épater le bourgeois. Lo más probable es que Duchamp no poseyera el sentido de su gesto. Pero hoy en día nadie discute que el arte contemporáneo no es posible salvo como reflexión sobre el arte, pues eso es lo que en verdad surge cuando un retrete ocupa el espacio de una belleza ausente. Porque esperamos encontrar belleza donde se ubica solo un retrete, el retrete puede ser reconocido como belleza imposible y, por tanto, como una belleza que solo es posible en el interior de una reflexión sobre la belleza. No se trata por tanto de recuperar unos inicios inciertos. Se trata, entre otras cosas, de mantener vivo eso tan incomprensible de la dogmática.

teoría del lenguaje

diciembre 27, 2010 § Deja un comentario

La lengua no pertenece primariamente a los que piensan, sino a los que sufren.

J.B Metz

los poetas no pueden habitar la ciudad ideal

diciembre 24, 2010 § Deja un comentario

Por defecto, lo real es alteridad, algo que siempre permanece ahí frente a mí como aquello inasimilable. Lo que yo pueda asimilar de lo real es, por principio, algo relativo a mi sensibilidad y, por tanto, algo que no acaba de ser en verdad otro. Por eso la realidad originariamente es imagen imposible, la representación misma de lo fascinante, algo monstruoso, eso que nos atrae y repugna a la vez. Víscera parlante, insecto sin caparazón, vulva. Uno queda clavado ante el poder de esa imagen imposible: no sabemos qué hacer con ella, si adorarla o suprimirla. Uno no puede encarar la realidad sin morir psíquicamente. Al fin y al cabo, un psicótico es quien experimenta una regresión al carácter indiferenciado de la realidad. Su vida no por casualidad se convierte en un bucle. No debería extrañarnos que la realidad quede sepultada en nuestro inconsciente —como antiguamente quedaba desplazada al ámbito del más allá—, en cualquier caso, dejada atrás. La supervivencia de la vida psíquica depende de que la realidad siga siendo algo pendiente. Con todo, el núcleo de la vida del espíritu consiste en re-ligarse a lo real. En este sentido, no hay vida profunda que no sea en algún sentido religiosa. Fuera del vínculo con lo real no podemos hacer otra cosa que vivir inercialmente. La cuestión es, sin embargo, cómo religarse, cómo regresar a las fuentes de la vida, allí donde todo está aún por nacer. Un modo es el propio de la vida filosófíca, la cual exortiza el hechizo de la imagen imposible al transformarla en concepto. Un filósofo puede que no haga otra cosa que concebir lo otro del ser como algo que subsiste idealmente más allá de los diferentes modos de ser que podemos llegar a percibir. Así, al convertir la fascinación en asombro —al equiparar lógicamente ser y nada—, el filósofo puede elevarse por encima de sí mismo, existir fuera de los reflujos de la inercia, o lo que viene a ser lo mismo, retroceder sin riesgo. Hay más astucia en el juego de la abstracción de lo que inicialmente pudiéramos suponer.

quijotadas

diciembre 24, 2010 § Deja un comentario

Un caballero medieval era aquel que iba en busca del acontecimiento extraordinario, sea el santo grial o un dragón. Como si la vida solo pudiera tener un sentido frente a lo que de algún modo la supera, dando igual si se trata de alcanzarlo o combatirlo. Un caballero medieval es, pues, un ser espiritual a la antigua usanza. Un caballero no pretende otra cosa que liberar al mundo de los poderes demoníacos. Esto cambia con la aparición del amor cortés. La Dama se convierte en lo único en verdad extraordinario. En tanto que inaccesible, la Dama solo podía ser objeto de adoración. El poeta ya no necesita combatir: le basta con el canto. La Dama, pues, como excusa. Beatriz —esa invención dantesca—, quizá porque se sitúa por encima de la lucha entre Dios y Satán, se convierte en el centro de la vida espiritual de aquellos que quisieron hacer la paces con un mundo que, tras la oscuridad medieval, volvía a convertirse en un posible hogar para los hombres. La Belleza se impuso, así, como aquella trascendencia que se sitúa más allá del Bien y del Mal. La Dama como encarnación de la Belleza podía, por tanto, colmar las exigencias del aquellos que siendo sensibles a las cosas últimas no estaban ya dispuestos a pagar los peajes de un combate a muerte. El poeta le ganaba la batalla al soldado. A partir de entonces es el poeta y no el soldado el que sitúa del lado del espiritu. No es causal que Cervantes la tomara con los caballeros medievales. En los albores de la Modernidad, una trascendencia que exigiera una lucha sin cuartel contra el demonio ya no podía ser otra cosa que una quimera.

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diciembre 24, 2010 § Deja un comentario

skyline

diciembre 23, 2010 § Deja un comentario

Skyline, algo así como un cruce entre La guerra de los mundos de Spielberg y Distrito 9, pero con el tono de las series B. Infumable. Sin embargo, su simplicidad resulta significativa, por no decir demasiado cierta. El invasor es lo que un invasor serio tiene que ser: una cosa temible, repugnante, inmortal. Un monstruo. Su imagen consigue su próposito. Es la del enemigo tot court. Estamos, pues, ante una cosa intratable, un ente del que no podemos esperar ningún pacto, la encarnación misma del Mal. Mejor dicho: esos monstruos extraños —esos extranjeros— propiamente no encarnan el Mal. Son el Mal. El Mal, por tanto, no es en sí mismo una idea que pueda darse en mayor o menor medida. Tomarse en serio el Mal supone admitir que el Mal o se da por entero o no se trata en realidad del Mal, sino a lo sumo de su rostro especular, un eco, la irrupción de la prueba. Ante un enemigo verdadero no es posible diferenciar el Mal del malvado. No cabe ahí ninguna abstracción. Un enemigo real será siempre un Amalek, un psicótico, alguien que ya ha dejado atrás cualquier empatía por nosotros. Un enemigo es una máquina, una máquina de matar. El buenismo imperanteesa herencia de Rousseaucasi nos ha convencido de que no hay en verdad enemigos: que el hombre no puede ahogar la bondad —en creyente, la chispa divina— que habita en lo más recóndito de sí mismo; que, en cualquier caso, el enemigo representa el Mal pero que, como imagen de Dios, no puede ser malvado. Su maldad es solo aparente. Que el malo en realidad no es malo, sino víctima de una circunstancia infeliz. O por decirlo con otras palabras: que el odio no puede ser lo definitivo de la existencia. El hombre, desde esta óptica, no puede permanecer en la cota de lo inhumano, vender su alma a Satán. Así, la bondad del hombre, por muy sepultada que esté, siempre saldrá a la luz donde sea invocada por un corazón puro. No obstante, si esto fuera cierto, aquel que pasó por ser el más bueno de los hombres —aquel en quien habitó, según la convicción creyente, el espíritu mismo de ese Dios que es amor— no habría muerto colgado de una cruz. Su divina bondad habría transformado el corazón de sus verdugos. La crucifixión, sin embargo, sigue ahí, proyectando su sombra sobre la totalidad de la Historia. El Mundo se revela, al fin y al cabo, como la Cruz de Dios. En realidad, se trata de algo muy simple: no hay salida para quienes soportan el peso del Mal. Ante la irrupción del Mal, el hombre no tiene nada que hacer. De hecho, tan solo puede reaccionar. Quizá por eso mismo, quien se toma en serio el Mal —quien da por sentado que el hombre puede entregarse por entero a la voluntad de poder— no puede admitir fácilmente esto del amor al enemigo. El enemigo existe y no es posible amarlo sin sacrificar nuestra humanidad. O mejor dicho: nadie puede desde sí mismo amar al enemigo. Que la Cruz sea, con todo, una victoria de Dios es algo que exige una explicación, esto es, bastante, bastante fe. Pues si Dios mismo muere en la cruz del nazareno —si Dios se muestra como la debilidad de Dios— ¿qué podemos esperar sensatamente de este Mundo si no es más muerte? ¿En qué sentido podemos seguir hablando de un Dios del lado de los hombres? ¿Qué es un Dios que se identifica con las víctimas, sino un no-Dios? Al fin y al cabo, todo ocurre como si el combate entre el Bien y el Mal no lo librasen los hombres o los dioses, sino sus restos. Como si solo los muertos —aquellos que ya no tienen vida por delante o bien por su inhumanidad o bien porque sufren la inhumanidad de los hombres— pudieran combatir a muerte. Hay que ver la película e imaginarse a Cristo invocando la misericordia de Dios para los aliens, si uno quiere intuir cuanto menos de qué va esto del perdón.

ratio

diciembre 23, 2010 § Deja un comentario

Podemos decir que la razón procede fríamente —y que, por eso mismo, enfría lo que toca—. Pero también que la razón, más allá de sus clasificaciones, termina por descubrir el carácter inasible que soporta las cosas que se encuentran ahí, a nuestro alcance. La frialdad y el estupor —o si se prefiere el asombro— son, así, las dos caras de una misma moneda.

two of us

diciembre 22, 2010 § Deja un comentario

Hay dos posibilidades: o bien, vamos haciendo —esto es: ni lo uno ni lo otro—; o bien, la conexión es profunda. En cualquier caso, no podemos permanecer ahí. Si partimos primero, seguimos arrojados a nuestra fantasía. Si de lo segundo, se trata de marcar la existencia, de dividirla entre las cosas tratables y las intocables, de preservar, en definitiva, el fuego de las brasas. Es así que nuestra existencia oscila entre la ilusión y el rito, la imagen y el gesto. La verdad siempre fue un paréntesis y quizá ésta sea nuestra suerte.

espiritismo

diciembre 21, 2010 § Deja un comentario

La única cuestión de la espiritualidad —la única que de hecho debería importar— es si la voz que el creyente atribuye a Dios, la voz que él cree escuchar en lo más íntimo de su intimidad, procede de su anhelo de pureza o de los infiernos de la historia. Al fin y al cabo, la carne —el cuerpo abandonado de Abel— se revela cristianamente como la piedra de toque del discernimiento de espíritus.

arena

diciembre 21, 2010 § Deja un comentario

En las soledades del infierno —en medio del desierto— desaparece la diferencia entre el interior y el exterior: toda voz interior —toda señal— es el eco de una voz exterior, de un clamor. Los espectros —los espíritus— existen: aparecen en la noche como los abandonados de Dios. No hay otra voz para Dios que la que nace de la garganta del homo sacer. Dios, ciertamente, murió cuando quiso hacerse uno con los muertos que deambulan por los guetos de la Historia.

necesitamos más Nietzsche

diciembre 20, 2010 § Deja un comentario

Un verdadero amigo no es solo el que nos acoge cuando estamos agraviados y nos consuela. Sabe ser también una cama dura.

F. Nietzsche

crisis? what crisis?

diciembre 20, 2010 § Deja un comentario

Las situaciones ciertamente difíciles, por no decir dramáticas, hacen saltar por los aires cualquiera de nuestras antiguas ilusiones. Mejor dicho: las revelan como ridículas. Ante la adversidad probablemente tan solo podamos abandonar antiguos compromisos, cortar por lo sano con lo que deba ser cortado. De repente, alcanzamos una cierta madurez. Los reyes magos, sí, son los padres. Y el mundo deja de ser un hogar. La fortaleza nunca fue el patrimonio de los cuentistas.

seduction of the innocent

diciembre 19, 2010 § Deja un comentario

Si una mujer logra seducirnos es porque no se muestra por entero. Así, cedemos al influjo de su brillo —su gloria—, su máscara, su impostación. Difícilmente nos seducirá su sombra, su debilidad, su desnutrición. Sin embargo, es cierto que solo llegamos a vincularnos a su esencial falta de ser. No hay amor que valga que no sea la respuesta a una invocación. El resto es comercio.

jardín botánico

diciembre 19, 2010 § Deja un comentario

Incluso el árbol que florece miente en el instante que percibe su florecer sin la sombra del horror.

Th. W. Adorno

incipit (2)

diciembre 16, 2010 § Deja un comentario

Quien no se adelanta a su término —quien no anticipa su propia muerte— no posee su principio. Nada comienza en verdad donde no se hace presente el final.

surrealismo

diciembre 15, 2010 § Deja un comentario

Nos equivocamos donde creemos que las imágenes de la apocalíptica —esas imágenes que parecen extraídas de nuestros sueños más inquietantes, esas visiones delirantes—, deben ser interpretadas. La realidad no se encuentra, como quien dice, por debajo de ellas. Son la realidad misma, la oposición de contrarios hecha carne, la verdad como víscera que palpita, como el insecto que nos acaricia, como el cordero que se ofrece a sí mismo como alimento... Tan solo lo imposible puede en verdad tener lugar. El resto no acaba de tener lugar —no acaba de ser— en tanto que se nos da conforme a nuestra medida, esto es, en la medida de nuestra sensibilidad. La realidad —lo que se resiste substancialmente a la modificación— es lo inasimilable, lo que no podemos admitir sin perecer. Nadie sabe qué hacer ante lo real, ante el advenimiento de la imagen imposible. Lo real es paralizante y, por eso mismo, intratable. Ningún trato —ningún comercio— es posible donde encaramos lo monstruoso. Atraídos y repelidos al mismo tiempo no podemos hacer otra cosa que caer en un bucle infinito de la obsesión. La irrupción de la imagen imposible ha de comprenderse, pues, como la irrupción misma de lo real. Ocurre aquí como en los sueños: la imagen onírica —esa que nos fascina al mismo tiempo que nos repugna— se sostiene por sí misma. No hay más allá. O mejor dicho: su irrupción es la irrupción del más allá, de lo que tuvo que ser reprimido —y por tanto dezplazado a las afueras del mundo— para que pudiéramos existir. Traducirlas a concepto es falsear la realidad, hacer mundo, ya que el mundo solo es posible como lugar para el hombre a través del extrañamiento de lo real. O lo que viene a ser lo mismo: el mundo solo es posible por la interseción del mito, por la separación que los relatos ejemplares operan entre las dos caras del monstruo, entre el Bien y el Mal, lo Exterior y lo Interior, lo Puro y lo Impuro, la Vida y la Muerte. Gracias al mito el mundo se puebla de fantasmas, esas figuras ideales —esos arquetipos— que regulan el deseo que podemos admitir: el Príncipe, la Vestal, el Patriarca, la Madre… Aunque no se trate propiamente de una imagen apocalíptica, tomemos el caso de la Górgona. Como es sabido se trata del monstruo al que se enfrenta Teseo: rostro de mujer y tentáculos de pulpo. Nadie podía resistir su mirada sin morir. Aquí la imagen no es ningún fantasma: un fantasma es siempre una pantalla, un escudo protector, un sí o un no sin mezcla… y la Górgona se muestra tal cual como mezcla indivisa de lo deseable y lo execrable. Puro hechizo. Aquí la imagen mítica funciona —como de hecho ocurre con cualquier imagen imposible y, por tanto, verdadera— como un antimito. Pues bien, Teseo, como sabemos, solo logra decapitar a la Górgona a través del ardid. Teseo solo puede enfrentarse a la Górgona a través de su reflejo en el escudo y, así, separar el rostro de los tentáculos. Surge el mundo, la polis. El hombre ya puede andar sobre tierra firme: ya sabe lo que es el Bien y el Mal. Sin embargo, ¿quién le diría al hombre común que la realidad es, en verdad, lo más irreal de su existencia? ¿Quién se atreverá a decirle que sus hechos son, precisamente, algo en falso —algo que solo puede darse sobre la base de una ficción—?

 

mitologías

diciembre 14, 2010 § Deja un comentario

Un mito disecciona la realidad: por un lado el bien, por el otro, el mal; por un lado, lo deseable, por el otro, lo repugnante. Ahora bien, un mito no describe el mundo: lo somete a su exigencia. La madastra de Blancanieves no puede ser bella. Un cuerpo bello no puede oler mal. Un mito, al fin y al cabo, nos orienta en este mundo, lo hace habitable. Por medio de los relatos míticos, sabemos a qué atenernos, qué podemos esperar. Lo siniestro —la presencia del mal en el corazón del bien— es lo que nos resulta no ya incomprensible, sino, sobre todo, inadmisible. Sin embargo, no hay que ser Lacan —no hay que alcanzar las sutilidades de la dialéctica— para descubrir que la experiencia de la realidad es, por defecto, traumática:  nuestro contacto con lo real es, sencillamente, insoportable. La Cosa —el núcleo duro de lo que tenemos ahí delante— es al mismo tiempo fascinante y repugnante. Una vulva. Literalmente, lo real es monstruoso, excesivo. Como el Dios bíblico que es indistintamente misericordioso y terrible. Por eso, la condición misma de nuestro trato con las cosas es expulsión de la Cosa al más allá. Si hay mundo es porque la Cosa —lo real— no puede ser algo de este mundo. Quienes creen —a saber, todos nosotros— que es posible separar las dos caras de la moneda viven pendientes de una imagen, en lacaniano de un fantasma. Al fin y al cabo, es como si solo pudiéramos adaptarnos a este mundo en falso. No en vano Lacan retuvo durante tanto tiempo el cuadro de Courbet sobre el origen del mundo. Por algo será. Lacan pudo ser un impostor, pero, desde luego, no fue ningún imbécil.

metáforas

diciembre 12, 2010 § Deja un comentario

¿Quién no desea el esplendor de lo nuevo? ¿Quién no quisiera permanecer en la pureza de los comienzos, donde el (a)parece sin mancha? ¿Acaso no nos disgusta la rayadura en los zapatos nuevos, la muesca en el ipod que acabamos de comprar? Y, sin embargo, el hombre no puede durar ahí. Tarde o temprano, brota la suciedad, la ruptura, la gangrena. La mayoría opta por el cambio: otros zapatos, otros ipods, otra mujer… Pocos eligen abrazar lo viejo, el cuerpo desgastado, la miseria. Los primeros siguen en el delirio. En cambio, solo los segundos alcanzan la redención de la carne. No es posible vivir sin pringue. No hay en verdad más re-ligión que la que pasa por enlazarse a las huellas de la muerte en el cuerpo de los hombres, por preservar la vida en medio de la ruina. Pero ¿quién puede preferir desde sí mismo esta libertad?

metzianas

diciembre 10, 2010 Comentarios desactivados en metzianas

1. … y la fe de los cristianos no es solo canto, sino asimismo clamor, como delatan las últimas palabras de la Biblia. El cristianismo está envuelto por un hálito de irreconciliabilidad. Disiparlo no sería expresión de fe, sino de inseguridad.

2. ¿nos tomamos verdaderamente en serio la insoslayable y dolorosa dialéctica de las imágenes bíblicas de Dios? Es lo que me pregunto cuando veo hoy cómo se emplean en la predicación esas metáforas de Dios tan patéticamente positivas, en las que solo se habla del “amor” divino. No obstante, ese es también lo que me pregunto cuando leo como personas críticas con la Iglesia la acusan de ser la única responsable de haber trazado, movida por el deseo de atemorizar y humillar a los seres humanos, una imagen tenebrosa de Dios. No: es la vida misma la que nos pone delante de tal imagen tenebrosa de Dios.

JB Metz

principios

diciembre 10, 2010 § Deja un comentario

«La pauta que sigo para intentar ser verosímil desde que empecé a escribir ficción es muy sencilla: que se joda el lector medio.»

David Simon, guionista de The wire

 

fantasías de ayer y de hoy

diciembre 7, 2010 § Deja un comentario

¿Puedo tomarme en serio el combate contra el mundo, si no puedo ver de algún modo que el mundo se encuentra en manos de Satán? ¿Cómo me seguirá el cuerpo en esta lucha si el mal es tan solo un hecho o, lo que es peor, una abstracción? Si no hay quienes se encuentran poseídos por el mal —aunque esa posesión se muestre como la banalidad de un Eichmann— ¿contra qué pelear? ¿Acaso la seriedad no exige una fantasma verdadero? Lo que todavía no hemos comprendido: el fantasma es más real que los cuerpos con quienes nos cruzamos.

all you need is love (y tercera)

diciembre 7, 2010 § Deja un comentario

No es cierto que baste con el sentimiento. El amor debe ser declarado o, sencillamente, no es. Quien crea lo contrario confunde el amor con la coincidencia de las vibraciones. Como si fuera simplemente cuestión de química. Ignora, al fin, que el amor siempre responde a una demanda de amor. Por eso acaso solo puedan amarse en verdad los ancianos, los pobres, los terminales… aquellos que ya no tienen vergüenza para pedir que les quieran. El resto tendrá que esperar un buen naufragio.

de las bravas con Alexis

diciembre 7, 2010 § Deja un comentario

Una cosa es hacer un documental sobre los campos y otra filmar Shoah. Entre ambas cosas hay una diferencia insalvable. Y es que Claude Lanzmann pretende lo imposible: filmar la muerte en los ojos de los supervivientes.

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Un cristiano dice: no hay más que eso (siendo ese eso el regreso de un Crucificado). Pero para poderlo decir hay que pasar antes por el no hay más. Por eso el cristianismo está tan cerca del nihilismo. (Variante: solo un Dios crucificado salva al creyente de caer en el nihilismo.)

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Dios no tiene imagen… y, por eso mismo, es intratable. Ocurre algo parecido con el poeta que busca ese último verso: porque siempre se encuentra más allá de cualquier realización, ese verso es inconcebible. Dios —como las grandes metáforas de los poetas— obliga al silencio. Sin embargo, una vez regresamos al mundo, Dios —como las grandes metáforas— da mucho que hablar: los comentarios son interminables, la locuacidad que provocan, infinita. Y es no es posible habitar humanamente el mundo sin de algún modo tratar con lo intratable. ¿Podemos hacerlo sin imágenes? No lo parece. Con todo, ¿cómo evitar que la imagen traicione el espíritu de la búsqueda? ¿Cómo imperdir que la imagen transforme ese más allá en algo hecho a nuestra medida? ¿Cabe algo así como una deconstrucción imaginativa de la imagen? No es casual que las imágenes bíblicas de Dios sean imposibles. La verdad, ciertamente, solo admite imágenes paradójicas. ¿Cómo hacerse una idea de Dios en verdad, sino es como un Dios bondadoso y terrible?¿Cómo imaginar un futuro inconcebible, pero al mismo tiempo innegable para quienes han visto el perdón de los días finales, si no es diciendo, con Isaías, que el león comerá hierba? Solo ingénuamente podemos tomarnos la verdad al pie de la letra. Con todo, no debería extrañarnos que la mayoría de los creyentes se queden con uno de los dos lados de las imágenes de Dios. ¿Quién no prefiere tratar con un Dios anticipable? En cualquier caso, solo quien se mantiene en el filo de la imagen —absurdade un Dios misericordioso y terrible, preserva la situación originaria de quien se encuentra bajo la altura de Dios.

Filón

diciembre 7, 2010 § Deja un comentario

Platón dice: mi cuerpo no me pertenece. Más aún: las imágenes nos mantienen en falso, pues un cuerpo piensa con imágenes. Toda verdad es, al fin y al cabo, idea. A lo que un judío responde: si no nos sigue el cuerpo, estamos muertos. Un cuerpo piensa con imágenes, sí. Pero la cuestión es si el cuerpo puede ser transfigurado por la visión de los últimos días. Por eso quizá las imágenes de la transfiguración sean imágenes literalmente increíbles, aquéllas en las que nadie puede creer desde sí mismo.

Tao XLVII

diciembre 6, 2010 Comentarios desactivados en Tao XLVII

Sin salir de la puerta se conoce el mundo. Sin mirar por la ventana se ve el camino del cielo. Cuanto más lejos se va, menos se aprende.

Así, el sabio no da un paso y llega, no mira y conoce, no actúa y cumple.

una historia de fantasmas

diciembre 6, 2010 Comentarios desactivados en una historia de fantasmas

Una cosa es tratarse y otra encontrarse. Un trato es, en cualquier caso, un intercambio: tú me das, yo te doy. Un trato afecta solo a los modos de ser, a nuestros rasgos o aptitudes, a lo que, en definitiva, podemos ofrecer: nuestra belleza, nuestra simpatía o inteligencia, nuestro buen hacer… Como es de esperar, no cabe ningún trato donde no tenemos nada que ofrecer, donde no poseemos valor de cambio. Un trato como tal no puede ir más allá. La misma palabra resulta ya de por sí significativa: un trato es un (con)trato. Más aún: tan solo recibo del trato aquello de lo que puedo en cierto sentido apropiarme, aquello que puedo asimilar, ingerir. Estrictamente hablando lo que el otro me ofrece siempre acaba siendo mi parte. Todo trato se juega, pues, en el terreno de la sensibilidad más o menos elemental. Y lo mejor —¿quién podría ponerlo en duda?— es llegar a un buen trato.

Un encuentro, sin embargo, es otra cosa. Quienes se encuentran interrumpen, precisamente, su trato. Dejan de tratarse… por intratables. Quienes se encuentran mantienen su distancia. De hecho, aquello con lo que te encuentras siempre se encuentra más allá de su aspecto o modo de ser. Es, literalmente, lo intangible del otro, aquello que en modo alguno podrás ingerir: su nada. Por eso nunca se encuentran los cuerpos, sino tan solo las almas. Y quizá por eso mismo también los encuentros suelen ser breves. Un alma no acaba de ser, no acaba de tener lugar aquí. Nuestros modos de ser nos diferencian, pero el alma —ese hardcore de la existencia es siempre lo mismo: un no reconocerse por entero en nuestro modo de ser. Decir alma es decir falta de coincidencia con uno mismo. Una vaca es una vaca. Una vaca no es más que lo que muestra. Pero no hay hombre que no sea un extraño para sí mismo. O por decirlo de otro modo: lo propio del yo es que no es lo que parece. Decir alma es decir, por tanto, indigencia. Por eso solo pueden encontrarse en verdad los muertos, las existencias terminales… los restos de serie, aquellos cuyo modo de ser ya ha perdido todo posible valor de cambio. Esta es sencillamente la verdad de los hombres: que en verdad estamos, como quien dice, fuera del mundo.

(Con todo, es cierto que no podemos permanecer en esa verdad. De vuelta, el mundo nos obliga al trato, a la adaptación. ¿Cómo puede tratarse, así, aquellos que se encontraron? ¿Cómo pueden regresar? ¿Cómo evitar, si esto es posible, que las brasas se conviertan en cenizas? Puede que no tengan más remedio que fantasear. Puede que tengan que tratarse como si en su interior habitara un fantasma. ¿Acaso nuestra más íntima indigencia, como acabamos de indicar, no posee una naturaleza espectral? El problema es que donde damos por hecho que no hay más que cuerpos no pueden haber fantasmas. Sin embargo, ¿quién dijo que quienes ven fantasmas los ven como si vieran una cosa entre otras… solo que más tenuemente? Puede que haya más verdad en la imagen imposible que en la chata descripción de lo visible. Al fin y al cabo, si podemos ver a alguien ahí es porque su alteridad —su verdad, ése su no ser nadie para sí mismo— es, precisamente, invisible.)

rembrandt revisited

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està viu perquè sap que ha perdut. Només li cal mastegar el final…

Josep Llort, pintor

JLG

diciembre 5, 2010 § Deja un comentario

A menudo en las conferencias se me reprocha mi admiración por las películas de Godard. Me dicen: no se entiende nada, eso no le interesa al público, es demasiado complicado… Entonces respondo con una cita de François Jacob: cuanto más complejo es un organismo, más libre.

Jean Douchet