credo quia absurdum (y 2)

junio 26, 2022 § Deja un comentario

¿Qué hay detrás de la sentencia de Tertuliano et mortuus est Dei Filius, prorsus credibile est, quia ineptum est —y el Hijo de Dios murió; es por eso por lo que se cree, porque es absurdo—? ¿Cómo entender lo que escribe a continuación: et sepultus resurrexit, certum est, quia impossibile —y que fue sepultado y resucitado es cierto porque es imposible—? Contra lo que pueda parecernos de entrada, no nos hallamos ante un caso de fideísmo, de una defensa de la irrelevancia del dar razón, sino ante la exposición retórica del nervio de la fe. Ambos, el absurdo y lo imposible, van con el acaecer de Dios en tanto que hallarse cabe Dios equivale a encontrarse bajo la posibilidad de lo imposible, de lo que en modo alguno puede reducirse a expectativa. Y esto es racionalmente así. Al menos, porque la alteridad avant la lettre, cuyo retroceso es la condición de nuestro estar en el mundo, por no decir del mundo como representación, es por definición lo absolutamente extraño o irrepresentable. El ejercicio de la razón o termina siendo dialéctico, o no se ejerce hasta el final. Ciertamente, sostener que lo Otro es, por defecto, lo que, como tal, no admite una imagen o presencia es como decir que la alteridad no es nada; que su haber es el de un eterno haber sido. Pero el cristianismo, contra las lecturas habituales, no sostiene lo contrario, aunque tampoco se limite a constatarlo. Más bien, con una audaz vuelta de tuerca, proclama que Dios se hace presente como alguien por la demencial fidelidad del hombre de Dios. O también que el Padre no es aún nadie sin el fiat del Hijo. En definitiva, que o Dios tiene cuerpo, o no hay Dios (y de ahí su coqueteo con el nihilismo). La fe, al fin y al cabo, consiste en creer que, en tanto que el todo aún está por decidir, la encarnación no caerá en saco roto. Y esto no es algo en lo que quepa esperar solo desde nuestro lado como quien da por hecho que la película acabará bien.

críticos

junio 25, 2022 § Deja un comentario

En esto de las letras, hay críticos y criticones. Los primeros son capaces de reconocer el valor de una obra a pesar de sus taras —y quién no anda cojeando de algún pie—. Los segundos, en cambio, no se sienten satisfechos si no las descubren. Es como aquellas chicas que necesitan señalar el defecto de la más bella, pues no podrían soportar que fuese perfecta. Así, el crítico que se limitase a destacar los versos fallidos de una Dickinson o un Rilke ¿no haría, por eso mismo, el ridículo? ¿Es que el logro de un poeta no es el de conseguir, de vez en cuando, las palabras exactas después de tantas derrotas? Como la vida misma. ¿O es que no hubo también barro en la vida de muchos santos? Aquí, como en tantos otros asuntos, de lo que se trata es de la proporción.

Balbín

junio 24, 2022 § 1 comentario

Ha muerto José Luis Balbín. Muchos crecimos, como adolescentes, viendo La Clave. Y de ello nace un profundo agradecimiento. A veces, me preguntan, si he percibido, a lo largo de los años, diferencias entre generaciones. Suelo dudar. Pues la adolescencia siempre ha sido la misma enfermedad. Sin embargo, dejo de hacerlo cuando tengo en cuenta el contexto. Y ya sabemos que uno es, en buena parte, su circunstancia. No es que ver La Clave fuese mayoritario entre nosotros cuando éramos, más o menos, quinceañeros. Pero tampoco era un programa de frikis o solo para los de letras. Su prestigio era indiscutible. Diría que el factor diferencial tiene que ver con que los intelectualmente inquietos lo tienen más difícil para alimentar su inquietud. ¿Cuál es la oferta? Instagram, el Rubius, Ibai, la Play… una maquinaria —y muy engrasada— cuyo efecto es la reducción de la inteligencia. No hay comparación entre La Clave y las chorradas del Ibai, pongamos por caso. Es como alimentarse solo de chips: al final, el cuerpo lo nota. Estamos ante una crisis social a la que asistimos como impotentes. Quítales los móviles a los jóvenes durante una mañana y su reacción será el de un adicto a la heroína. ¿Mejores? No me atrevería a decirlo. Un buen número de chicas y chicos acceden a la enseñanza universitaria ignorando que significan palabras como coherente o importunar. No exagero. Incluso uno está tentado de creer que detrás hay una voluntad de convertir a nuestros jóvenes en estúpidos. Basta con echarle un vistazo a la ley Celaá. ¡Balbín citando a Tocqueville en un programa de televisión! Hoy en día, no es que fuera imposible: es que estaría, sencillamente, vetado.

canciones de amor

junio 23, 2022 § Deja un comentario

¿El amor? En las canciones, lo obvio: una fuerte atracción. Sin embargo, lo cierto es que, en muchos casos, lo que hay —lo que pesa más— es resignación, un tener que aceptar la tara del otro por miedo a quedarse solo o sola (¿aún no tienes novio?). No hay sentimiento que sea químicamente puro. De ahí que, en Israel, la cuestión metafísica —qué es, qué hay por debajo de las apariencias— no llegara a plantearse. Para Israel, lo que es —el último decir— se decidirá más allá del presente. Y no porque lo decidamos. No es casual que el imperativo —amarás— admita una lectura temporal: terminarás amando. Pues, bíblicamente, lo real o unívoco es siempre pensado en clave de esperanza.

Jean Paul

junio 22, 2022 § Deja un comentario

Sarte, en su momento, distinguió entre la mujer necesaria y la contingente. Imagino que Simone de Beauvoir hizo de tripas corazón —aunque quizá, en vez de corazón, intelecto. No sé si llegó a decir que a la mujer contingente le dirigimos palabras que seríamos incapaces de pronunciar ante la necesaria, palabras que, al estar cargadas de emoción, nos parecen más verdaderas. Sin embargo, no lo son. Que creamos que somos dueños del significado —que basta con sentirlo para garantizar la referencia— no deja de ser una ingenuidad.

pensamiento mágico

junio 21, 2022 § Deja un comentario

Hay algo de pensamiento mágico en el postureo habitual. Ponerse la camiseta de Kurt Cobain no te convierte en Kurt Cobain. En cualquier caso, expresa un deseo de ser como él. Pero ¿quién de entrada no adopta una postura en su intento de configurarse? De ahí que Pascal escribiese aquello de que, en ausencia de fe, al menos arrodíllate. Al fin y al cabo, el pensamiento mágico consiste en creer que el predicado alcanza al sujeto. Sin embargo, nunca es así. Cuanto vale suele tener un alto precio. Pero solo los necios, como decía Machado, confunden precio y valor. De hecho, el creyente difícilmente dirá de sí mismo que es un ejemplo de fe. A menos que confunda la fe con el me gustan las cosas de Dios.

del milagro y la dieta

junio 20, 2022 § Deja un comentario

Dice Pier Paolo Pasolini: quiero volver a consagrar las cosas en la medida de lo posible, quiero volver a mitificarlas […]. Vivimos en una cultura que ya no cree en los milagros, […] intentar transmitir ese sentido de lo milagroso que cada uno de nosotros experimenta al mirar la aurora, por eiemplo: no ocurre nada, el sol se eleva, los árboles se ven iluminados por el sol. Para nosotros, tal vez, es esto lo que ha de llamarse milagro. Tal cual. Por eso, la primera pregunta acaso no sea en qué o quién crees, sino si eres capaz de asombro. Ahora bien, el asombro conecta con una nada de fondo. Porque la nada es retrocediendo —o por decirlo en hegeliano, no siendo— nada más real que las presencias, siempre fugaces. Desde esta óptica, todo es aparición. Y esto equivale a decir que la aparición lo es todo —que no representa nada oculto, salvo que no hay nada oculto o que lo oculto es la nada. Todo se nos da —todo es don— desde el horizonte la nada. Otro asunto es que, a efectos de la superviviencia, tengamos que reducir cuanto aparece a cosas más o menos manipulables. Y esto es caer. Sin embargo, donde no conservamos un resto de lo sagrado —y sagrado significa intratable— acabamos siendo reos de la voluntad de dominio. Aunque vivamos satisfechos con nuestras compras. O por eso mismo. Como ilustrados, creímos haber superado la superstición. Y, sin duda, la Ilustración nos liberó de unos cuantos temores infundados. Pero quizá aún ignoremos que el precio de tirar el agua sucia fue el de un notable adelgazamiento.

endemoniados

junio 19, 2022 § 1 comentario

¿Hubo endemoniados? Pues claro. Al igual que, hoy en dia, ya no puede haberlos. En su lugar, esquizoides o psicópatas. Pero los antiguos, al ver endemoniados, no andaban equivocados. Como tampoco lo estamos nosotros al no poder verlos. Toda visión incorpora un cierto saber —una carga teórica. Ver es siempore un ver como. Ver un martillo supone ver un clavo. La interpretación va con la visión (y esto es así, al margen de que posteriormente se puedan añadir otras interpretaciones).

¿Sucede lo mismo con la visión de Dios? Sí, siempre y cuando la divinidad sea objeto de percepcíón, aunque sea indirectamente, a través de señales. En cambio, no es así cuando Dios no es dios, sino YWHW. Pues YWHW es el Dios que no se manifiesta como dios, sino como la alteridad que está eternamente por venir (y en esto consiste su eternidad). Un Otro que, como tal, no es aún nadie sin su otro de sí, su criatura, la que tiene que, por eso mismo, negarlo. (y esta negación da pie a la historia). El primer dios es irrelevante o anecdótico. El segundo, verdadero. Pues solo la trascendencia de Dios tiene lugar frente a lo que simplemente pasa. Y tiene lugar como lo que no admite ningún presente indicativo, ninguna representación o imagen… que no sea la de quién soporta sobre sus espaldas el peso de un Dios en falta (y obra en consecuencia) En cualquier caso, la señal de YWHW es la Creación, es decir, el todo como no-todo. No porque nos imaginemos a Dios como un artesano espectral, sino porque YWHW crea retrocediendo como Dios. De ahí que la existencia nos haya sido dada como la vida que (de)pende de Dios. Al fin y al cabo, el creyente (de)pende de su esperanza —del imposible regreso de Dios en cuanto enteramente otro.

No es causal que cristianamente, la señal decisiva sea lo que no cabe ver, sino únicamente confesar, a saber, que Dios se hace presente —regresa— como el cuerpo de un despreciado en su nombre. Porque Dios no es una posibilidad del mundo —y en este sentido, decimos que es imposible—, el envés de Dios es el excluido del mundo, el que no cuenta, el incontable.

de los nombres de Dios

junio 18, 2022 § Deja un comentario

Dicen muchos, hoy en día —y muchos que pasan por cristianos: el nombre no importa; lo que importa es la “cosa”, esto es, Dios. Así, los diferentes nombres reflejarían simplemente diferentes perspectivas de lo mismo. No obstante, lo que acaso ignoran es que esta es la tesis del antiguo paganismo. Fácilmente, podrían replicar ¿y qué más da? Y, sin duda, el asunto apenas importa si se trata de la cosa, aunque se añada algún adjetivo inusual como inconmensurable. Pero acaso importe si hablamos de la verdad de Dios.

En este sentido, no es causal que, bíblicamente, el nombre de Dios —YWHW— sea un nombre cuyo referente no es que esté por ver, como si Dios permaneciera oculto tras las cortinas, sino por venir. En la Biblia, el nombre de Dios no funciona como un nombre al uso. Y no lo hace porque carece de concepto. Pues el concepto es lo que orienta el nombre hacia su referente. ¿Shakespeare? El autor de Hamlet (y aquí, como es obvio, caben unas cuantas alternativas). Ahora bien, que carezca de concepto —que su modo de ser esté en el aire— es lo mismo que decir que no hay presente indicativo para Dios. ¿Dios? Vamos a esperarlo, mientras cavamos pozos de agua para los sedientos

El cristianismo, como sabemos, dará una vuelta de tuerca a este asunto. Pues la fe cristiana afirma, frente a cualquier expectativa religiosa, que el modo de ser de Dios —su presente, su referente— es el de un crucificado, precisamente, en su nombre. Y confesarlo no parece que equivalga a decir que da igual hablar de Zeus que de Júpiter.

decimos Dios

junio 17, 2022 § Deja un comentario

Decimos Dios y, automáticamente, viene a nuestra cabeza la imagen de un abuelo espectral. O algo así. El efecto, sin embargo, es que, con ello, nos alejamos de Dios. Y esto al margen de las sensaciones que pueda provocarnos la imagen de Dios. O por eso mismo.

La imagen pone a Dios en la casiila correspondiente por mucho que, más tarde, añadamos que Dios es un misterio. Dios en verdad no pertenece a ninguna dimensión oculta. Su trascendencia es la de los tiempos, no la del espacio. De hecho, quien experimenta la realidad de Dios a flor de piel, por lo común, se queda sin imágenes de Dios (y por extensión sin palabras). Ahora bien, no porque esta experiencia sea equivalente a la de un fenómeno paranormal, sino porque la única imagen de Dios, cristianamente hablando, es la de un crucificado en su nombre.

Al fin y al cabo, difícilmente podemos hablar de la experiencia de Dios sin referirnos a la experiencia de Dios. Pues, desde una óptica cristiana, si cabe experiementar a Dios es porque primero Dios quiso experimentar, por así decirlo, nuestra humanidad. Y quiso experimentarla porque, desde un principio, no quiso ser Dios sin el fiat del hombre. Donde olvidamos esto último nuestra experiencia de Dios se decide solo desde nuestro lado. Y lo que se decide solo desde nuestro lado no puede comprenderse como experiencia. A lo sumo como un chute de sensaciones. Por no decir como un trampantojo.

un café con Miquel

junio 16, 2022 § Deja un comentario

La interioridad, hoy en día, es sobre todo intimidad. Hay intimidad porque creemos que nadie será capaz de leernos —de leer el texto que somos. Hay intimidad porque perdimos de vista a nuestro padre. Y de ahí que la intimidad termine coincidiendo con el incurvatus in se. Al fin y al cabo, un padre es aquel que sabe leernos —que decide lo que acabaremos diciendo de nosotros mismos. ¿Dios? Para muchos, un analfabeto.

Sin embargo, puede que los lodos de hoy en día vengan de las lluvias cristianas. Al menos, porque el Dios cristiano es aquel que le devolvió la pregunta a su criatura: ¿y tú quién dices que soy yo? El cristianismo no es tanto la religión del Dios-Padre como la del Hijo. O mejor, es la de Dios-Padre porque antes fue la del Hijo (aun cuando este antes se debiera a la voluntad de un Padre que, desde el principio, no quiso ser alguien sin el Hijo). Ciertamente, en la cruz estuvo en juego el destino del hombre. Pero porque también estuvo en juego el de Dios. No hay Padre sin la fidelidad del Hijo. Pero al igual que el Hijo es quien es por el reconocimiento del Padre.

Donde el padre deviene una figura espectral, como en Hamlet, el hijo no sabe qué hacer con el mandato imposible —por trágico— del padre. Hamlet se encuentra lejos de Abraham. Y es que Hamlet no quiso cargar con el peso muerto de Dios. Dios sigue más allá de cualquier presente donde se estrechan nuestras espaldas. Y por eso vamos dando tumbos en el territorio pantanoso de la intimidad. O como decíamos, incurvatus in se. ¿El hombre, entonces? Dice Miquel Vilanova: una obra de arte en un planeta deshabitado. Pues eso.

va de citas

junio 15, 2022 § Deja un comentario

Es difícil conseguir que un hombre entienda algo, cuando su salario depende de que no lo entienda.

Upton Sinclair

íntimo, demasiado íntimo

junio 14, 2022 § Deja un comentario

Que Dios se experimente, por lo común, como una especie de amigo invisible le hace un flaco favor a la fe. Pues fácilmente termina por enmascarar nuestra congénita exposición a Dios, a su desmesura. Así, creemos que contamos donde damos por sentado que Dios nos escucha en la intimidad. Como si estuviéramos en el centro del cosmos… cuando, de hecho, no lo estamos. ¿Acaso no se nos insistió en que los únicos que dan testimonio de Dios son, precisamente, los descentrados, los que habitan en las periferias, los incontables? Dios se encuentra al servicio de nuestro narcisismo, una vez dejamos atrás la dimensión cosmológica, muy presente en Pablo, del amor de Dios —de su sacrificio. Y, modernamente, no parece que podamos hacer otra cosa que dejarla atrás. Como dijera Jakob Taubes, la creencia es indisociable de la cosmología (y la cosmología moderna no admite un universo dividido en dos planos cualitativamente diferenciados).

Por suerte, la fe supera la creencia, en el sentido hegeliano de la expresión superar (aquel que señala que en la superación se conserva de algún modo lo superado). Y la supera críticamente, esto es, a través de una crisis brutal. De ahí su catolicismo, su universalidad. No es casual que el sentimiento de Óscar Romero, durante las semanas anteriores a su asesinato, fuera el de un alma seca: no siento la presencia de Dios por ningún lado; soy incapaz de orar. Y no es casual porque lo decisivo con respecto a la fe es qué hacemos a partir de ese momento. La mayoría, dejarlo estar. ¿Óscar Romero? Dar el pan de cada día a los que no tienen pan… esperando lo que, por sí mismo, ya no era capaz de esperar. Al fin y al cabo, en esto consiste la fe.

De anima

junio 13, 2022 § Deja un comentario

Porque hay alma, el mundo es un espectáculo. Muchas veces, un drama. Sin embargo, el alma desaparece donde el cuerpo duele de más. Entonces, del alma solo queda un clamor. O un abrazo. Y ambos son muy físicos —muy corporales.

Dios quiere…

junio 12, 2022 § 2 comentarios

Un sacerdote le dice a su feligreses: Dios quiere que no hagáis ostentación de vuestra riqueza. Otro, en cambio, que lo que quiere es justicia (y no sacrificios). El segundo, ciertamente, está más cerca de las Escrituras. Pero, en cualquier caso, ¿cómo saben lo que Dios quiere? ¿Acaso tienen línea directa? ¿Cómo distinguir a los falsos profetas… si es que un profeta, por definición, no habla más de la cuenta?

Tratándose de Dios, de la alteridad avant la lettre y, por tanto, de la extrañeza que abraza el mundo, uno podría sospechar, cuando menos, que si lo que quiere Dios nos satisface de entrada —si su voluntad nos permite seguir instalados en el hogar— es que la cosa no va bien. Pues la irrupción de Dios —la aparición del aún nadie— nos saca de quicio. Tiene que hacerlo si es que hablamos de Dios y no del dios a medida de nuestra necesidad de amparo. Al fin y al cabo, la voluntad de Dios se desprende de su inexistencia —de su paso atrás hacia un porvenir imposible, esto es, más allá de los tiempos.

De ahí que el verdadero profeta escuche la voz de Dios en el llanto de los sin Dios, el reflejo especular de la trascendencia de Dios. Y es que los excluidos del mundo —los que no cuentan— son el envés de la exclusión originaria de Dios, aquella por la que fuimos arrojados al mundo. Ante este Dios, el que huele mal a causa de su pobreza se revela como hermano. También, el heraldo del horror. No obstante, ambos se pueden mostrar igualmente como los que compiten por el pan de cada día —como rata, como enemigo. Que aparezca de un modo u otro dependerá, en definitiva, de si nos hallamos expuestos a la alteridad o si, por el contrario, seguimos incurvatus in se, alimentando a la bestia que llevamos dentro. Como si no fuéramos más que chimpancés.

identidad de género

junio 11, 2022 § Deja un comentario

Está de moda: lo que tu dices de ti mismo es un producto social (y por tanto, un artificio). Incluso —se vocea en la cancha pública— que creas que eres hombre o mujer obedece a un estereotipo cultural. Podríamos aceptarlo hasta cierto punto. Pues es cierto que los modos de ser hombre o mujer varían según las épocas. Sin embargo, esto es así dentro de ciertos márgenes. Hay lo biológico. La chimpancé no está programada como el chimpancé. Estamos, sencillamente, ante algo que nos viene de fábrica, por así decirlo. ¿Somos menos libres por nacer con un género determinado? No me atrevería a defenderlo, aun cuando es indiscutible que, socialmente, el trato entre hombre y mujer está lejos de ser un trato entre iguales.

Es verdad que la conciencia supone una salto cualitativo con respecto al chimpancé. Y es que, en tanto que autoconscientes, tenemos un cuerpo (y no solo somos cuerpo, como es el caso de los chimpancés). Podemos decir yo soy ese cuerpo porque el yo continuamente da un paso atrás con respecto al cuerpo con el que se identifica. Mi cuerpo está, de algún modo, frente a mí. Y por eso puedo tratarlo, embellecerlo, modificarlo. No hay chimpancés que pretendan cambiar de aspecto —no hay chimpancés que sean un problema para sí mismo y, por eso, deban resolverse.

La idea de que deberíamos elegir nuestra identidad, incluyendo el género, sin estar condicionados por nada es absurda. Pues, de hallarnos bajo una absoluta indeterminación, no seríamos nadie. Una decisión que no estuviese influenciada por ningún motivo no sería nuestra decisión: sería un tirar una moneda al aire, pura aribitrariedad. Quizá esta decisión, por arbitraría, podría provocar en nosotros las sensación de libertad. Pero al precio de estar sometidos a las consecuencias de nuestra decisión.

Aquí podría objetarse que no se trata de tirar una moneda al aire, sino de dejarse llevar por lo que no quiere o desea. Ahora bien, ¿quién dijo que nuestro deseo es, en realidad, nuestro? Todo deseo es un implante, como quien dice. Otro asunto es hacer lo que uno quiere. Al menos, porque el querer siempre cuenta con un motivo, el cual nos es dado. Nadie elige sus motivos. Carga con ellos. Así, desde esta óptica, la libertad en tanto que hacer lo que uno quiere consiste en asumir nuestros motivos hasta el final. En última instancia, lo que en el fondo queremos es lo que quiere nuestro padre de nosotros (y aquí la cuestión es quién es tu verdadero padre, quien decide lo que vales). El querer es, en este sentido, una respuesta incondicional a una demanda que, viniendo de arriba, hacemos nuestra, un atarse al mastil en nombre de lo que importa. Que, por lo común, confundamos el querer con el desear es el síntoma de que actualmente ya no sabemos qué hacer con la figura del padre, salvo obviarla, ignorando, de paso, que donde el padre deviene un nadie acabamos siendo su reflejo especular. Esto es, otro nadie.

¿Soy más libre porque, habiendo nacido hombre, pueda decirme a mí mismo que soy mujer —recrearme como tal—… porque así lo siento o me apetece? Si lo creyera entendería que no hay otra libertad que la del consumidor (y esta libertad es, ciertamente, ilusoria). Tenía razón Marx. El mercado termina infectando el conjunto de las relaciones sociales (y aquí podríamos añadir: hasta la relación con uno mismo). Como también Kojéve acertó al decir que el superhombre, el resultado de la muerte de Dios, sería antes un idiota que un clon de Zaratustra.

creencia y verdad

junio 10, 2022 § 2 comentarios

Si nunca te has preguntado por la verdad de tu fe —si te contentas con lo que sientes como verdadero—, entonces probablemente esa fe solo tenga que ver contigo. La usas como puedas usar un tenedor: para satisfacer tu hambre. Aquí la creencia no rebasa el horizonte de la suposición. También podemos suponer que hay karma o que los astros deciden nuestro destino. Es un error creer que la experiencia se reduce a la sensación.

Sin embargo, y con respecto a la fe, tampoco se trata de encontrar esos hechos que se correspondan con los enunciados del credo. No hay hechos que sean químicamente puros. La verdad de la fe tiene que ver con lo que en verdad acontece, esto es, con las cosas últimas y no con una descripción aséptica de lo que simplemente sucede o pasa. Ahora bien, cristianamente, las cosas últimas no son cosas, sino palabra. Para un cristiano, lo decisivo es que Dios nos dio su palabra. Y aquí por palabra entendemos nombre y promesa. Traducción: al final, solo contamos con el nombre de Dios —precisamente, el de un crucificado en su nombre— y una promesa que no podemos tomarnos en serio donde aún confiamos en nuestra posibilidad. Aunque esto último no significa que el cristiano espere la intervención de un titiritero espectral. Pues que Dios sea el Dios que quiso depender del hombre que depende de Dios dificulta, si es que no lo impide, que podamos seguir suponiendo, como quien no quiere la cosa, que Dios está ahí arriba como las focas puedan estar en el ártico.

disminuidos

junio 9, 2022 § 3 comentarios

Es una pena… Pero algo que observo en las nuevas generaciones de estudiantes es la tendencia a despreciar cuanto ignoran o les frusta… porque no terminan de comprenderlo. Sobre todo, si el asunto es de letras. Se trata de una actitud general, obviamente. Es lo que tiene una cultura que les ha hecho creer que son lo más —que ya han desembarcado cuando lo cierto es que apenas han salido del puerto. ¿El resultado? Un empobrecimiento mental —una prolonganción de la infancia. A mis alumnos, cuando me comentan que Platón o Shakespeare son unos plastas, se supone que tras haberlos ojeado, suelo decirles que no me están hablando de Platón o Shakespeare, sino de ellos. Otra sería su oportunidad si en vez de concluir lo que concluyen, se dijeran a sí mismos que aún no están a la altura de Platón o Shakespeare. Al fin y al cabo, la educación es política. Y la cuestión de la política es quién manda. Pues bien, donde manda el estudiante —donde él decide qué vale y qué no— no hay modo de crecer. O por decirlo de otro modo, de dejar de ser, literalmente, unos idiotas. Y el problema de seguir siendo unos idiotas —el problema de no tener otra munición que la que nos proporciona el Rubius— es que, tarde o temprano, la vida nos pasa por encima. Por lo común, duramente. Y es que, como leemos hacia el final de la Apología, una vida examinada posee más valor, en el doble sentido de la palabra, que una vida sin examinar.

pascaliana

junio 8, 2022 § Deja un comentario

Decía Pascal que todo el mundo quiere ser feliz. Incluso los que se ahorcan. También decía, no obstante, que los males del hombre comienzan donde no sabe estar a solas en una habitación. Esto es, donde siente la necesidad de distraerse. Pues en la distracción nos dispersamos —nos disolvemos en lo anónimo. Ciertamente, no podemos soportar demasiada realidad (Eliot dixit). Y de ahí la distracción. Pero donde no hay más que distracción seguimos siendo unos bonobos.

escenas cotidianas

junio 7, 2022 § Deja un comentario

Él todavía no ha vuelto —murmura ella hacia sus adentros. Por eso el todo no puede ser el todo. ¿Es esta la esencia de la religión?

el hogar

junio 6, 2022 § Deja un comentario

Una casa, de saber leerla, nos dice mucho. Una casa, como un ciudad, es un refugio. Sus muros —sus murallas— hacen posible un mundo habitual en el que las piezas encajan, un mundo previsible hasta cierto punto y al que podemos acostumbrarnos como si no hubiera nada más allá. Lo familiar nos mantiene al margen de la presencia de lo extraño —de la perseverante resistencia de lo real. No fue casual que en la ciudad, los dioses se convirtieran en estátuas —o en un reflejo especular de la intimidad. Nada que ver con la exposición, espiritual en tanto que física, a la que nos obliga un desierto. O una cruz.

pater, domus

junio 5, 2022 § Deja un comentario

La cristiandad, ciertamente, acabó llevando al cristianismo de nuevo a casa. Esto es, transformando lo que, en principio constituía una superación de la relación religiosa del hombre con Dios en una religión entre otras. Y de esas lluvias el barro de las espiritualidades aconfesionales de hoy en día. Pues si la divinidad es, en el fondo, la misma, las diferentes devociones son simplemente aspectos. De ahí que pudiéramos considerar el actual revival de las espiritualidades como un neopaganismo. Al menos, porque el presupuesto del paganismo es, de hecho, que da igual referirse a Zeus o a Júpiter.

Pero ¿por qué la confesión cristiana supera la religión (y aquí superar significa conservar de algún modo lo que es dejado atrás)? En la cristiandad, Dios funciona como ente divino. Es decir, como el dios del que dependen sus criaturas análogamente a como los hijos dependen de sus padres. En el cristianismo, sin embargo, la relación es un tanto distinta. Pues el Dios que se reveló en el Gólgota es el Dios que, desde el principio, quiso depender del hombre que depende de Dios. No se trata exactamente de lo mismo. Y es que aquí la analogía sería la de un padre que, ya convaleciente o en fase terminal, está en manos de unos hijos que se le fueron abruptamente de casa, de tal manera que, en tanto que sigue siendo su padre, su absolución o condena dependerá de que lo acojan o, por el contrario, sigan con la suya. Como si no tuvieran padre.

Al fin y al cabo, la cuestión que el cristianismo pone encima de la mesa —¿quién es en verdad nuestro padre?— no es accidental. Pues nadie quiere nada, en cualquier caso simplemente desea, donde ignora que quiere de él su padre. Es cierto que también podemos decirnos a nosotros mismos que no tenemos padre. Pero aquí podríamos preguntarnos qué ídolo ha ocupado su lugar.

paradojas de la creencia

junio 4, 2022 § 1 comentario

Llamas a Dios en la intimidad. De acuerdo. Pero ¿podrías aceptar que te cogiera el teléfono? ¿O que se te apareciese, da igual en qué forma, diciéndote soy Dios, qué quieres de mí? ¿Acaso nos extrañaríamos de que nos respondiera aquel al que le enviamos un whatsapp? Esto de por sí ya nos da a entender que, incluso para quien se dirige a Dios religiosamente, Dios no es un dios. No puede serlo. Y esto es una herencia cristiana. Pues un pagano, probablemente, no habría tenido ninguna dificultad con que un dios se le apareciese. Aunque fuese bajo el aspecto de un sapo. Como cristianos —o si se prefiere como herederos del cristianismo—, un ente superior no es más que un ente superior con el que hay que saber lidiar. Esto es, un dios. Y un dios solo se distingue de las focas, pongamos por caso, por su naturaleza.

Sin embargo, el Dios bíblico carece de naturaleza —de concepto. YWHW es un Dios que tuvo en el aire su identidad —que ignoró quién era mientras Adán le siguió dando la espalda. Cristianamente, Dios no tiene otro modo de ser que el del hombre que fue Jesús de Nazaret. Y no lo tiene porque Dios quiso —porque Dios es esta voluntad. O por decirlo en clave trinitaria, el Padre no es aún nadie sin el Hijo (y viceversa). Para la fe cristiana, Dios aparece como cuerpo —y como cuerpo que conserva las marcas de la cruz. Dios es su historia, en absoluto algo inconmensurable. Ahora bien, esto no termina de coincidir, diría, con el dios-denominador-común de las espiritualidades tan de moda hoy en día. Pero este es otro asunto.

lugares comunes

junio 3, 2022 § Deja un comentario

Si no te preguntas por la verdad de lo que espontáneamente crees —por lo común, tópicos—, entonces pregúntate por qué necesitas creer en lo que crees. No estamos, aunque lo parezca, ante un asunto especulativo. La cuestión de la verdad se sufre antes de que lleguemos a pensarla. Y se sufre en los Gólgotas de este mundo, allí donde cualquier encaje de piezas salta por los aires.

ciencia y mito

junio 2, 2022 § Deja un comentario

Todo nos ha sido dado —todo es donación— por el paso atrás de Dios. La explicación científica no anula lo anterior. Pues que el puro haber de Dios, el cual roza con la nada —o mejor dicho, el nadie—, no sea sin que retroceda en favor del haber del mundo, no es algo que exija una explicación. Y no la exige porque no la admite. Una explicación apunta a las cosas que anteceden —y a las leyes que fuerzan la conexión. Pero el origen no es cosa en absoluto. El lenguaje del hágase originario, por así decirlo, pertenece al mito, aunque no a cualquier mito, sino a aquel que funciona, aunque en clave imaginativa, a la manera de un argumento trascendental, esto es, a la kantiana. O también, al mito que se presenta con una lógica implacable. Y quien dice lógica implacable, dice hegeliana. Al fin y al cabo, la Lógica de Hegel es mito hecho concepto. Quien se contenta con la explicación científica aún tiene que responder a la pregunta de Leibniz: por qué algo en vez de nada. Y aquí, la respuesta no puede ser, evidentemente, una cosa última. Si hay algo en vez de nada es porque, en definitiva, hay la nada. Aunque el haber de la nada —o del nadie— no sea sin su negación.

Así, quizá esté más cerca de la verdad aquel supersticioso que cree que el árbol lo ha puesto Dios para que nos dé sombra o podamos alimentarnos con sus frutos que aquel para el cual un árbol no es más que un árbol. La tautología no es el principio de la lógica, sino la implicación de los contrarios. Con todo, sigue siendo cierto aquello de traduttore, traditore. Pues, a pesar de lo dicho, Dios en realidad no es un fantasma bueno. Aun cuando, el cristianismo siempre tuvo esto en mente. Pues el equivalente a la crítica ilustrada a la religión tuvo su condición de posibilidad en el acontecimiento del Gólgota.

decir clásico es decir conservador

junio 1, 2022 § Deja un comentario

La convicción de los de letras es que, a pesar de nuestro prejuicio ilustrado, Platón no ha sido superado —los clásicos, en general. O lo ha sido en el sentido hegeliano de la palabrar superación, a saber el de conservar en su seno aquello que supera. Como las marcas de la crucifixión. Creer lo contrario es no saber de lo que se habla. De ahí la importancia de leer a Platón, de comprender qué dijo —y de paso, también la Biblia. Pues somos, en gran medida, el resultado de lo que se coció en la Atenas del siglo V a.C. Nuestras preguntas —nuestra inquietud, nuestra enfermedad— no es exactamente la misma que la de los aborígenes del Mato Grosso.

Actualmente, está de moda estudiar otras tradiciones. ¿Por qué limitarse a nuestros clásicos? ¿Acaso los esquimales no tienen poetas que exigen igualmente nuestra atención? ¿No es pecar de eurocentrismo destacar solo a los nuestros? Más aún: ¿acaso no tenemos derecho a elegir una identidad? Como si la Universidad tuviera que presentar, a la manera de un puesto de venta ambulante, los diferentes productos para que los estudiantes pudieran decidir qué quieren ser de mayores.

Sin embargo, quien se hace estas preguntas no parece que se haya preguntado antes si es cierto que la identidad se elige como quien opta por una chaqueta azul en vez de gris. Evidentemente, seríamos muy distintos si hubiéramos nacido en el Congo en vez de en Europa. Pero es un error creer que la libertad consiste en escoger entre diferentes opciones sin estar condicionado por nada. Pues quien ejerciera esta libertad no sería nadie. Y un nadie solo puede elegir tirando una moneda al aire. Donde recurrimos al azar, no hay propiamente elección —no hay voluntad—, sino en cualquier caso selección arbitraria.

Es difícil evitar la impresión de que quienes reniegan de Platón en favor, pongamos por caso, de las tradiciones orales de Papúa Guinea, las cuales poseen, sin duda, un notable valor, se aproximan a lo denso de la existencia desde la expectativa del consumidor. Demasiado hinchados de narcisismo como para intuir, cuando menos, que lo denso exige otra munición que la que proporciona la curiosidad o el barniz cultural. Al menos porque nuestra densidad es, precisamente, nuestra (y lo nuestro no vino de ayer). Es verdad que no pecan de eurocentrismo. Pero solo porque siguen centrados en sí mismos.

otra de Nietzsche

junio 1, 2022 § 1 comentario

Lo que no se ha llegado a creer mediante razones no puede ser refutado mediante razones.

F. Nietzcshe

qué más

mayo 31, 2022 § Deja un comentario

Al final, cuando apenas quedan instantes, un gesto de bondad. En el mejor de los casos. De tus hijos, tu esposa. O incluso de la enfermera o el compañero de habitación. O de aquel desconocido con el que recibirás la ducha de Zyklon B. La bondad lo es todo. Nos iremos con la bondad que recibimos. No hay aquí saber. Tampoco reacción. Solo apertura. ¿Lo anterior? Apenas un alimentarse de viento. ¿Lo último? Un beso —una caricia— sobre las manos vacías. Y ese es el milagro.

nietzscheanas 59

mayo 30, 2022 § Deja un comentario

Si es cierto que, según Nietzsche, no hay hechos morales sino una interpretación moral de los hechos —si no hay ni Bien ni Mal en la naturaleza de las cosas, a lo sumo lo que nos favorece o perjudica—, entonces Auschwitz no representa el horror absoluto. En cualquier caso, nos parece que lo representa. Y el parecer, ya se sabe, es una perspectiva. Al fin y al cabo, no hay nada qué representar. Y por eso mismo, el término apariencia deviene prescindible. En última instancia, la metafísica, la cual vive de la distinción entre el carácter oculto de lo real y su presencia sensible, siempre relativa a un punto de vista. Así, en vez del aparecer, tan solo un juego de fuerzas. Las apariencias —lo que nos parece que es— está al servicio del ejercicio del poder. De hecho, a los verdugos Auschwitz les pareció, ciertamente, otra cosa: el precio a pagar para alcanzar los mil años de paz. Doloroso, sin duda. O acaso meramente desagradable. Pues a nadie le gusta, salvo que sea un psicópata, tener que exterminar a una plaga de ratas. Pero en modo alguno, la encarnación del Mal.

Ahora bien, la pregunta es desde qué lugar cabe decir lo anterior. No es casual que Nietzsche simpatizara con Spinoza. Y es que sub specie aternitatis —esto es, desde la distancia de un dios— da igual que crezca la hierba o que se ejecute una masacre. Aquí el prejuicio es qué hay mas objetividad en el relato imparcial que en el de los protagonistas de la escena. Estamos ante el presupuesto griego par excellence —ante el lado oscuro de la teoría. Es cierto que si es cuestión de medir, lo adecuado es distanciarse. Pero no tengo claro que lo real se ofrezca como medida. Más bien, al contrario. De ahí que si se trata de dar testimonio de lo real —de lo que acontece y no simplemente pasa—, entonces quizá estén mejor situados los que padecen la escena que el espectador literalmente antipático. Pues donde simplemente nos limitamos a la descripción imparcial difícilmente caeremos en la cuenta de que lo que acontece es, precisamente, la desaparición de la alteridad, su paso atrás como la condición del mundo. O por decirlo de otro modo, que el haber como el haber de las cosas solo es posible porque el haber como tal es el haber del nadie aún.

Si de repente se hiciera el silencio y la oscuridad, no habría nada. Esto es, habría la nada. Sin embargo, la nada —la muerte— es lo que no puede ser. No cabe un puro haber, sino, como decíamos, el haber de lo concreto. Traducción: lo que debe ser —el Bien—es el haber de lo que hay. En este sentido, o estamos al servicio de la muerte, o de la vida. Basta con imaginar que nos hallásemos expuestos a la nada —o como decíamos, bajo la más impenetrable oscuridad y silencio— para comprender, cuando menos, que el hágase es el envés de la nada. Pues algo tiene que acontecer de la nada. Y este tiene que es, en definitiva, un debo. Al menos, porque el tiene que apunta a la aparición que tendrá lugar junto a ti. Ciertamente, podría no aparecer nada más. Pero en ese caso el cogito, ese testigo de la nada, estaría condenado a la búsqueda de la aparición. Sea como sea, el tener lugar de la aparición va con el deber de preservarla de la amenaza de la nada que, con todo, la hizo posible. Al fin y al cabo, en el principio está el fin. Pero probablemente el plato dialéctico sea demasiado indigesto para el estómago de Nietzsche.

haciendo niños

mayo 29, 2022 § 1 comentario

En la enseñanza, se observa desde hace unos cuantos años una tendencia a la infantilización, por así decirlo. El dato es que los adolescentes tienen muy poca resistencia a la frustación —y de paso, sus padres. Por lo común, creen que tienen derecho a lo mejor —léase a la mejor nota— sin haber pagado el precio. Difícilmente pueden tolerar que el profe les diga que, de momento, no están a la altura —que su ejercicio es mediocre. La respuesta de los pedagogos oficiales es bajar el listón. Como si el objetivo fuera, a pesar de lo que se proclama, evitar la frustación. Pero esto, sencillamente, no es serio. Aprender no es fácil. Hay que picar piedra. Ciertamente, no se trata simplemente de seleccionar. Hay que ayudar al alumno a ponerse en pie. Pero esto no se consigue si él no quiere. Y hoy en día es complicado que quiera. Pues todo a su alrededor le invita a la distracción —a una gratificación inmediata. Por no hablar de que creer que son el centro. La cuestión es qué debe hacer una escuela ante la dimisión de una buena parte del alumnado. Una escuela es, en gran medida, un clima. Y da la impresión de que los vientos actuales provocarán, si no lo han provocado ya, un cambio climático. Donde no hacer nada sale prácticamente gratis, aprobar ya no significa nada. Resultado: los chicos y chicas siguen siendo unos niños en una edad en la que deberían dejar de serlo. Es lo que tiene ceder ante el malcriado —el que le demos nutella en vez de verdura… porque nos monta un pollo cada vez que ve una zanahoria en el plato.

Yo, robot

mayo 29, 2022 § Deja un comentario

Si vemos a los autómatas como humanos es porque antes vimos a los humanos como autómatas.

de reyes y dioses

mayo 28, 2022 § Deja un comentario

La figura tradicional de la familia real cumplió, como es sabido, una función religiosa. Hasta las revoluciones modernas, un rey fue, sencillamente, el representante de dios. Ahora bien, esa representación estuvo lejos de ser simplemente nominal: un rey estaba efectivamente por encima del bien y el mal. Su voluntad era ley… a pesar de que tomase a un dios por excusa. De ahí que resultase natural la creencia en otro mundo. Pues la convicción de que hay seres superiores era palpable en el día a día al encontrar una traducción social. Un rey encarnaba la divinidad como hoy en día una modelo de pasarela encarna el patrón occidental de belleza. Por tanto, no debería extrañarnos que la proclamación cristiana resultase, originariamente, tan provocativa. Pues que el representante de Dios —aquel que, en vez de ejemplificarlo, ocupó su lugar— fuese un abandonado de Dios y no el César, esto es, que Dios no sea aún nadie sin su cuerpo y no, precisamente, el de un noble es algo que, a oídos antiguos, debió de sonar a risa. Por no decir, inaceptable. ¿Acaso no era obvio que un dios no podía morir, y menos como un perro?

Nietzsche, al hacerse eco del carácter paradójico del credo cristiano, estuvo más cerca de comprender el cristianismo que muchos de los cristianos que tienden a creer, aunque sea con la mejor intención, que el cristianismo y el budismo, en el fondo, dicen algo parecido. Pues no es casual que solo de las lluvias cristianas surgieran los lodos de la Bastilla. O por decirlo de otro modo, los de una igualdad por defecto. En algún momento tendríamos que pararnos a pensar si acaso el cristianismo no estará agonizando de éxito. Al menos, porque da la impresión de que una vez subidos al piso del ideal igualitario, que no aún al de la fraternidad, podemos prescindir de la escalera cristiana que lo hizo posible. No hay democracia cristiana como puedan haber teocracias. La democracia tiene que dejar a un lado la confesión. En cualquier caso, las democracias modernas se inspiran en valores cristianos. Pero evidentemente no se trata de lo mismo. Por suerte. Es cierto que, cristianamente, permanecemos ante Dios, sin Dios. Ahora bien, esto no significa que podamos pasar de Dios. Pues donde nos quedamos solo con el sin Dios, el factum de la igualdad deviene un trampantojo. O si se prefiere, una nueva excusa para la voluntad de dominio.

quién soy

mayo 27, 2022 § Deja un comentario

A diferencia del bonobo, vas en busca de ti mismo. Y así le preguntas a papá: dime quién soy; ¿qué me aplaudes, cuáles de mis dibujos te gustan más? O también te dices: yo quiero ser como ese —y por eso lo imitas. ¿Quieres ser un triunfador? ¿Un bohemio? ¿Un arquitecto ilustre? Da igual. Eso no importa. El espejo nunca miente: la más bella es otra. Como escribiera la Dickinson: joven de Atenas, se fiel a ti mismo —el resto es perjurio. Sin embargo, esto es lo que más cuesta: desprenderse, de lo que, estando en ti, no te pertenece (aunque, en un primer momento, creas que sí). De hecho, el hombre va realizando muy lentamente sus posibilidades últimas (Rahner, dixit). ¿Y qué sostiene el cristianismo? Que aquel que te reconocerá como el que eres es el que no cuenta: el desahuciado, el pobre —ese excremento— es tu señor, tu padre. Duro de admitir. Pero puede que sea así. Pues la cuestión es quién es tu verdadero padre —quién decide tu condena o absolución. A quién responde, en definitiva, tu entera existencia (y no solo a quién quieres parecerte… a pesar de que, inicialmente, no hacemos más que copiar). No hay vocación sin invocación.

Biblia y no-dualidad

mayo 26, 2022 § Deja un comentario

El horizonte de la no-dualidad es el de la disolución, me atrevería a decir. Bajo este paradigma no nos encontamos expuestos a la desmesura de una alteridad cuya realidad es, ciertamente, paradójica. Pues la realidad del puro haber de Dios, por así decirlo, es en tanto que no es —traducción aparece en tanto que como tal no aparece. Percibimos el haber de las cosas. Pues todo haber es el haber de algo. Pero no vemos, obviamente, el estar-ahí de las cosas. Es lo siempre dado por supuesto —o dejado atrás en cuanto tal. Basta con imaginar que de repente se hiciera la más absoluta oscuridad y silencio —algo de por sí imposible, pues de darse dejaría de haber mundo: todo haber es, como decíamos, el haber de algo— para hacernos una idea de lo que supone estar expuestos a la desmesura del puro-haber.

Ciertamente, hay aquí un aire de familia con las tesis de la no dualidad. Al menos porque el fondo de lo real —el puro-haber— es, precisamente, paradójico: es-no-siendo. Y de ahí que cuanto es en concreto esté preñado a la vez de sí y no. En definitiva, esto es el tiempo, el fluir. El aparecer va con el desaparecer —la luz con la oscuridad: si todo fuera luz, no habría luz. Sin embargo, el sí y el no, según la experiencia bíblica de Dios, no se encuentran en el mismo plano (y aquí, diría, reside la gran diferencia con respecto a las espiritualidades de la no-dualidad). Es lo que encontramos en el libro de Job o en Isaías. Aunque tanto la bendición como la maldición —la gracia y el horror— obedezcan a la radical trascendencia de Dios, en nombre de la bendición originaria, —de la vida que nos ha sido dada—, el verdugo no puede tener la última palabra. El tiempo aquí no es un eterno fluir, sino un mientras tanto. El horizonte de la existencia no es la disolución, sino un final de los tiempos en el que se decidirá la redención o la condenación —una existencia sin prójimo. Como si estuviéramos en medio de un combate entre ángeles y demonios. La cuestión, en definitiva, es a qué nos obliga la trascendencia de Dios —cuál es el mandato que se desprende del desplazamiento de Dios hacia el futuro de Dios… que es también el del hombre. Bíblicamente, se trata de la voz que nos convierte en rehenes del que sufre nuestra impiedad.

No diría que se trate de lo mismo. Desde la óptica de la no-dualidad, de entrada, somos los que ignoran. Desde la bíblica, culpables, en el sentido de que somos los que debemos responder a nuestras víctimas, a su demanda… en el doble sentido de la expresión. Según la no-dualidad, Jesús de Nazaret fue un hombre de Dios —o, si se prefiere, un maestro espiritual entre otros. Para los cristianos, en cambio, el cuerpo de Dios. Pues Dios no quiso ser alguien sin la fe del hombre. No hay Padre sin Hijo. Y viceversa. Dios, bíblicamente, es un Dios in fieri. De ahí que la historia de la redención sea la historia de Dios. Desde los esquemas de la no-dualidad, lo divino es un fondo.

para qué poetas

mayo 25, 2022 § Deja un comentario

El poeta, ya anciano, es incapaz de escribir un buen verso. Si fuera un Píndaro diría: se me ha ido la inspiración —las musas me han abandonado. Si fuera uno de los modernos diría: las neuronas ya no me funcionan como antes. No se trata de lo mismo, aunque en ambos casos podamos hablar de la finitud. En el primero, todo es visto —vivido— desde la disyuntiva entre lo alto y lo bajo, siendo que lo alto, lo superior rige lo que se encuentra por debajo. En el segundo, todo se ubica en el mismo plano. Sin duda, el moderno podría decir que le han abandonado las musas. Pero sería un modo de hablar. Lo que no puede hacer es vivirlo. Como dijera Holderlin, para qué poetas en tiempos de miseria.

cuerpo y sentido

mayo 24, 2022 § Deja un comentario

Casi da igual la creencia que nos proporciona un encaje en este mundo —un hacia dónde. Para esto están, precisamente, las creencias. La cuestión, sin embargo, es que tienen qué decirnos los muertos, esos desencajados, aquellos que a causa de nuestra injusticia ya no tienen vida por delante (y por eso mismo, ya no puede seguir suponiendo). ¿Qué han visto ellos —si es que han visto algo— que nosotros aún no hemos visto (y quizá no veremos nunca)? En definitiva, la pregunta es si hay vida más allá de la muerte en vida. ¿Qué puede esperar el barbero de Auschwitz después de rasurar a sus hijos antes de que entraran en las duchas… sin que tuviera el valor de acompañarlos? La respuesta cristiana es que no la hay por defecto. Más bien, por defecto lo que hay es el sheol, un territorio de fantasmas. Si hay vida más allá es porque hubo quien volvió con vida de la muerte —y una vida nueva que, con todo, conserva los estigmas de la cruz. Se trata de la vida que ofrecen como perdón a sus verdugos, un perdón que no es solo del hombre, aunque tampoco solo de un dios que permanece en las alturas. Para los resucitados el sentido no es una hipótesis: es su cuerpo (y un cuerpo que, estrictamente, no es suyo, sino el del Dios que quiso no ser nadie sin ese cuerpo).

de apariciones

mayo 23, 2022 § Deja un comentario

Basta con imaginar que eres de los que viven en las aceras o en un coche, con tus hijos a cuestas y a los que apenas tienes que darles de comer, para intuir, cuando menos, por dónde van los tiros de una verdadera epifanía. Pues es suficiente con imaginar a continuación que alguien te preguntase sinceramente qué puedo hacer por ti y por tus hijos, mientras el resto sigue con lo suyo. Y además lo hiciera. El cristianismo no reconoce otro Dios que aquel que quiso incorporarse como hombre de Dios. Y esto está lejos de ser una fantasía.

un asunto personal

mayo 22, 2022 § Deja un comentario

Hoy en día, preferimos hablar de Dios, si hablamos, en clave impersonal. Como si al hacer de Dios un Tú, temiésemos regresar a las procelosas marismas del mito. Y de ahí que hayamos transformado a Dios en un Ello, sea en la versión oceánica o en la un anónimo espíritu de interconexión. Al fin y al cabo, en una variante del arjé de los presocráticos. Es verdad que se suele añadir que el fondo de la existencia es un fondo nutricio: como si hubiera un alguien que se preocupase de alimentarnos. Pero un como si no es un como. Ciertamente, suponer que la divinidad posee un carácter impersonal es lo más razonable. Sin embargo, creer que lo razonable va de la mano de lo verdadero —de lo que en verdad tiene lugar frente a lo simplemente pasa— no deja de ser un prejuicio. Cristianamente, Dios es inevitablemente un alguien. Y lo es, no porque sea algo así como un ente espectral, sino porque es un Dios con cuerpo o, por decirlo de otro modo, un Dios que aún no es nadie sin su cuerpo. Más que actualizar el cristianismo a categorías que podamos digerir, olvidando de paso lo que el cristianismo tiene de indigerible, quizá lo que deberíamos hacer, cuando menos, es intentar comprender mejor lo que dice.

¿por Dios?

mayo 21, 2022 § 2 comentarios

¿Les limpias el culo a los del Cottolengo porque Dios te lo manda (y de paso te sientes bien haciéndolo como el niño que obedece a papá para obtener su aprobación)? Dios ya te condenó —a ti y al resto. Desde el principio. Y te condenó renunciando a ejercer como dios. En su lugar, los cuerpos por lavar de esos deficientes. Para que si ellos te preguntaran por qué lo haces solo puedas responder por ti, porque no puedes ir por ahí con tu mierda encima. Por lavarte. Este es el sentido original del bautismo: un volver a empezar en nombre de una común orfandad. Ya se nos dijo: ante Dios, sin Dios. Como el crucificado. Dios manda renunciando a mandar desde los cielos como pudieran hacerlo los dioses del Olimpo o los espectros del esquizoide. Esto es, anulándose a sí mismo hacia lo otro de sí —hacia el que, en un primer momento, tiene que negarlo para que Dios pueda abrazarlo y, así, llegar a ser alguien. Quizá no sea casual que Teresa de Calcuta tuviera que dejar de sentir la presencia de Dios para que se le revolvieran las entrañas viendo como tantas mujeres y hombres morían como perros tirados en las calles. Para que su agonía se le volviera intolerable. Para comprender, en definitiva, que Dios no es nadie sin el cuerpo de quienes soportan su altura.

los dos planos

mayo 19, 2022 § 1 comentario

Hay el plano del cuerpo. Pero también el del alma. No tienen por qué ir a la par. Pero pueden ir —y cabe añadir, deberían. Aquí uno puede dejarse llevar por la tópica y creer que el alma es un producto lateral del cuerpo —que sus razones no son más que racionalizaciones, un intento de convencerse a uno mismo que lo que se decide emocionalmente es lo que, en cualquier caso, debe ser. Esto es Hume, aunque no solo Hume: el alma —la razón— es esclava de las pasiones, y por eso mismo carece de fuerza motivadora. Sin embargo, el alma no es solo razón, esto es, no solo es la capacidad de ver lo que se encuentra más allá de los sentidos, sino también eros (Platón, dixit). Y quien dice eros dice impulso hacia el bien. En el fondo, uno es lo que ama —y tan solo cabe amar lo que no podemos poseer y, con todo, exige ser perseguido. Nadie quiere ser, pongamos por caso, médico, sino un buen médico (y si no fuera así —si nos bastase con ejercer la medicina—, entonces podríamos decir que, en realidad, no queremos ser médicos). Otro asunto es que no terminemos de saber qué es lo que, en el fondo, queremos. Saber lo que uno quiere —saber cuál es nuestra vocación— cuesta. Es fácil saber lo que deseamos. No tanto, lo que amamos. Pero nuestro deseo no nos pertenece. Pues, al fin y al cabo, todo deseo es un implante. No obstante, el alma es impulso hacia el bien porque somos ese continuo diferir del cuerpo con el que por otro lado nos identificamos: nunca terminamos de encontrarnos en donde estamos —en las reacciones del bonobo que llevamos dentro. Decir alma es decir inquietud —y no me atrevería a decir que haya por ahí algún bonobo que sea un problema para sí mismo, que se sienta llamado a descentrarse en nombre de lo que importa.

Sea como sea, donde el cuerpo se alinea con la aspiración del alma —cuando nuestra sensibilidad inicial ha sido modificada como el fuego transforma el hierro—, entonces la imaginación está al servicio de la verdad, esto es, de lo que en verdad tiene lugar y no simplemente pasa. Por ejemplo, tan solo llegamos a distinguir entre lo que importa y lo que no cuando nos anuncian que nos queda poco tiempo de vida. Y hay que meditar bastante para anticiparse a ese momento —al momento de la verdad. De ahí el recurso al imaginario. Pues es más fácil interiorizar el memento mori donde culturalmente podemos tomarnos en serio, pongamos por caso, la imagen de que llevamos incubando un alien desde que nacemos —un monstruito que, cuando crezca, terminará por rasgar nuestras entrañas. Ciertamente, el imaginario corre el riesgo de sustituir la luna por el dedo que la señala. Pero una cosa no quita la otra. La crítica ilustrada al imaginario religioso tuvo su razón de ser. Sin embargo, acabó por tirar al niño con el agua sucia. Y de esas lluvias, estos lodos —los de nuestra dificultad epocal para los asuntos de Dios.