tercera

enero 9, 2023 § 1 comentario

patologías de la creencia

enero 26, 2023 § Deja un comentario

Que seamos tolerantes —y mejor que lo seamos— supone que no podemos tomarnos del todo en serio nuestras creencias fundamentales. En cualquier caso, creeremos que creemos (y aquí paz y después gloria). De hecho, quienes se las toman en serio suelen pasar por fundamentalistas. Por ejemplo, los antiabortistas que dinamitan las clínicas donde se practican abortos. O aquellos que creen seriamente que serán juzgados al final de los tiempos conforme a Mt 25 —y que, por eso mismo, les tiemblan las piernas. Su obsesión ¿acaso no nos parecería patológica?

Sin embargo, puede que esto haya sido así desde que hay humanidad. Pues aunque sepamos que vamos a morir, tampoco viviríamos si llevásemos a flor de piel la posibilidad de que nos diera un ictus en cualquier instante. En el día a día, nos decantamos por el no n’hi ha per tant. Todo a su debido tiempo, como decía Qohelet. De ahí que, y con respecto a la fe, lo decisivo sea, precisamente, el momento en el que se nos exigirá dar un paso al frente. Durante el mientras tanto, prevalece el hasta cierto punto.

resumiendo

enero 25, 2023 § Deja un comentario

Decimos: el Padre es aún-nadie sin el Hijo. De acuerdo. Pero ¿en qué sentido decimos que es? Evidentemente no estamos hablando de un ente que sufra una crisis de identidad. El Padre es no siendo aún. Hablamos, por tanto, del Padre como el absoluto porvenir de Dios. En este sentido, el Padre es su porvenir, al fin y al cabo, su invocación del hombre. La convicción bíblica es que dependemos del Padre en tanto que dependemos de su invocación, aun cuando vivamos como si no. Ahora bien, esta dependencia no es unidireccional. Pues lo que está en juego en la respuesta del hombre, no es solo su destino, sino también el de Dios. Es lo que tiene un Dios que, desde un principio, quiso depender del hombre que depende de Dios.

En este sentido, no es casual que su presencia sea, bíblicamente, la de la promesa de Dios (en el doble sentido del genitivo). Como tampoco lo es que cristianamente se proclame que no hay otro Padre que el que soporta el Hijo sobre sus espaldas. De ahí que el Padre, como tal, sea un misterio —y un misterio que no admite representación. Pues se trata, en cuanto absolutamente otro, de lo que no puede reducirse a imagen o concepto. Donde hay reducción, hay idolatría. De hecho, cristianamente no hay otra imagen del Padre que la del Hijo que fue elevado a la altura de una cruz. Por eso mismo, la experiencia humana del Padre no es del Padre, sino de lo que se desprende de su extrema trascendencia, a saber, el don —la gracia— y la Ley, un tener que responder. Por no hablar de experimentar su cuerpo.

confi

enero 24, 2023 § Deja un comentario

¿La fe? Una ciega confianza en aquel que nos sacó del pozo. Por tanto, no hablamos de la suposición. La fe, a diferencia de la mera creencia, parte de la redención. Ahora bien, quien nos sacó del pozo no es un héroe, sino un cualquiera, aquel que despreciamos hasta colgarlo de un madero, en definitiva, un maldito de Dios. Y quizá por eso mismo, no hablamos de lo extraordinario, sino de lo imposible, de lo que no cabe integrar en ningún puzle, en última instancia, de la novedad que divide los tiempos históricos en un antes y un después.

cabalismos

enero 23, 2023 § Deja un comentario

El eje central de la cábala consiste en la reparación de la divinidad mediante la ejecución humana de los mandamientos.

Moshé Idel

IA

enero 22, 2023 § Deja un comentario

El hijo de la mona superó a la mona. El hijo del hombre —Hal 9000—superará al hombre. El aprendiz de brujo no puede doblegar los espíritus que convoca. Sin embargo, la superación no tendrá lugar, o no solo, por la vía del superlativo —más fuerza, más poder de cálculo…—, sino por la de la delegación. Donde la máquina se encargó de las tareas pesadas perdimos peso muscular. Del mismo modo, donde el algoritmo se encargue de pensar por nosotros —y de pensar lo sumamente complejo— veremos como disminuye nuestro coeficiente intelectual (o cuando menos el promedio). Y es que la inteligencia no se desarrolla si no la ponemos a trabajar. Por tanto, la cuestión quizá no sea si la Matrix de turno será capaz de simular a la perfección el pensamiento o incluso de crear belleza. Pues es obvio que ya es capaz. Ni siquiera si llegará a ser consciente. Al menos, porque, como sabemos desde Descartes, la conciencia del otro es siempre supuesta (y por eso, en el caso de que ya no pudiéramos distinguir entre el animal consciente y su réplica, el asunto dejaría de tener importancia: nadie se pregunta si Yoda es consciente; lo da por hecho). De hecho, tampoco sabremos si el replicante se siente realmente culpable ante los que no cuentan para nadie… en el caso de que pueda simular dicho sentimiento. La cuestión es, como decíamos, si este progreso no supondrá que nuestra inteligencia vuelva a ser la de los simios. Y si acaso Matrix no llegará a la conclusión de que lo conveniente sea tratarnos como tales. Ciertamente, caben unas cuantas preguntas más. ¿Tendrán derechos los algoritmos? Y de no tenerlos, ¿podrán ganárselos, esto es, conquistarlos? ¿Podremos admitirlos como hijos de Dios?

Con todo, quizá dé un poco igual que el algoritmo pueda escribir una obra como Ser y Tiempo. En cualquier caso, lo decisivo será que podamos seguir escribiéndola nosotros. O algunos de los nuestros.

Israel y la imposibilidad de la ontología

enero 21, 2023 § Deja un comentario

Decir es juzgar —decantarse por uno de los lados de la ambigüedad de lo presente. Pues cuanto es en concreto es mezcla. Así, por ejemplo, no todo en el amor es entrega o sacrificio. También hay voluntad de dominio. Que se nos presente como lo uno o lo otro es cuestión de proporción. Pero, desde fuera, cuesta acertar con las medidas. Al fin y al cabo, lo que sabemos es que no terminamos de saber. Sin embargo, necesitamos juzgar, hacer como que sabemos. Al menos, porque no podemos soportar demasiada ambigüedad. De ahí la pregunta acerca de lo que es más allá o por debajo de la crosta, oscilante, de las apariencias. Así fácilmente decimos que el abrazo de una madre es, sin duda, amor. Que también se trate de otra cosa quedará, como el polvo, bajo la alfombra. En esto consiste estar presos de la opinión, de lo que se dice, el tópico: en que creemos haber dado en el clavo. Ciertamente, el profesional de la metafísica ofrecerá un juicio más sofisticado, diciendo, por seguir con nuestro ejemplo, que en el abrazo de una madre se hace presente el amor que, en cuanto tal, trasciende a quienes lo representan. Pero ello no quita que sea se trate de algo distinto a pronunciar un veredicto. En realidad, su estrategia es semejante a la del prestigitador: salva las apariencias desplazando al territorio de lo invisible aquello de lo que se trata. De este modo, podemos seguir con nuestros asuntos contentándonos con el como si.

En cambio, la convicción de Israel es que el juicio no nos pertenece. Su pregunta no fue qué es, sino qué acabará siendo, de qué lado se decantará cuanto nos traemos entre manos. Mientras tanto, obediencia, esto es, fidelidad a la voz que se desprende de la extrema trascendencia de Dios. No se trata, por tanto, de la pureza, sino del tener que responder a una demanda, seamos putas o sacerdotes. Nadie puede decir de sí mismo que está justificado ante Dios. No es casual que Israel no produjera metafísicos, sino profetas. De ahí que, para Israel, la revelación —el desvelamiento— no apunte a lo subyacente, sino al porvenir, un porvenir que, en tanto que resuelve la ambivalencia de lo presente, no puede comprenderse como una posibilidad del mundo. Al fin y al cabo, hablamos del porvenir de Dios, en el doble sentido del genitivo. Todo se encuentra sub iudice. Y se encuentra sub iudice porque Dios decidió dar un paso atrás más allá de los tiempos —fuera del todo— para que fuera posible lo que no es Dios. Ahora bien, dado que el mundo fue creado de la nada, esto es, dado que el mundo es el envés del anonadamiento de Dios, la nada es la imposible posibilidad del mundo. La aniquilación es el horizonte de cuanto es. Y por ello el juicio nos alcanza. Al menos, porque Dios es el Dios que no quiso aparecer como Dios sin la fe del hombre. En la respuesta del hombre a la invocación de Dios no solo está en juego el destino del hombre, sino el de Dios mismo. Por eso no hay teología que no se conciba, en última instancia, como una teodramática.

de los como si

enero 20, 2023 § Deja un comentario

Decía Heidegger que los poetas fundan el mundo. Está claro. Y es que la metáfora no es un modo de decir, brillante en el mejor de los casos, sino un modo de hacer. El poeta crea la realidad diciéndola o, siendo más precisos, llevando a la palabra lo que aún no es —y no es porque aún no ha sido llevado, precisamente, a la palabra. A lo sumo, antes de la palabra, un ruido de fondo. Así, cuando el poeta dice, por ejemplo, que de lo que se trata es de dominar a la bestia que llevamos dentro, no dice algo de la bestia, sino que la crea de la nada —y la crea como quien ve lo que hay. Casi como Dios mismo, aunque quizá de forma menos imperativa. A partir de ese momento ya no podremos comprendernos de otro modo.

Ciertamente, la bestia estuvo antes ahí, correnteando por la selva. Y por eso mismo, fue suficiente con nombrarla. Una bestia es una bestia. Pero con los nombres no vamos muy lejos. Los monos también pueden utilizar post-it. En cualquier caso, el ilustrado riega fuera de tiesto cuando considera el imaginario simbólico como fantasía o superstición. Quien dijera que, de hecho, no hay ninguna bestia en nuestro interior, sino únicamente hormonas, lo que nos estaría diciendo, más bien, es que no sabe leer. Pues aunque sea obvio que, de hecho, no hay una bestia, la hay en realidad (aun cuando esta distinción entre los hechos y lo real haya dejado de ser actualmente una obviedad). Al menos, porque para dirigirnos hacia lo real debemos ir más allá de la cantidad —de lo medible. Mejor dicho, tenemos que exponernos. Y difícilmente nos expondremos donde, desde la grada del espectador, nos limitamos a medir.

En este sentido, puede que teólogos los de la analogia entis no anduvieran tan errados. Sobre todo, si tenemos en cuenta que siempre añadían aquello de mayor es la desemejanza. Otro asunto es que el creyente de a pie se olvidase de esto último. Pero una cosa no quita la otra.

la bestia

enero 19, 2023 § Deja un comentario

Hallarse ante el poder que puede aniquilarte: esta es la experiencia mas elemental de lo divino (aunque también, junto a ella, la de la admiración). La vida seguirá sin ti. Tú no cuentas para un dios: Baal te ignora o desprecia. El descrédito de la religión va de suyo con el creerse alguien. Y esto es, sin duda, una ingenuidad. Sin embargo, por encima de Baal, hay el único verdadero, aquel que por situarse más allá del todo, posee la entidad del desaparecido (y por eso mismo, de aquel que está por venir). El todo —y Baal pertenece al todo— pende del hilo de la aparición de Dios como el que es, a saber, un nadie. Pues donde nadie se hace presente —y se hace presente como oscuridad y silencio absolutos—, todo queda reducido a nada. Ahora bien, solo en nombre del nadie podemos permanecer en pie frente a Baal —y de paso, caer en la cuenta de que únicamente nos tenemos los unos a los otros.

stricto sensu

enero 18, 2023 § Deja un comentario

Ninguna modelo admite que sea bella (aunque pueda reconocerlo objetivamente). Jesús murió sin poseer el significado de su entrega. Esto es, no dijo de sí mismo que fuese Dios hecho carne. Kafka ordenó quemar su obra. Nadie posee lo que representa. Pues si lo representa es porque su yo ha sido desplazado por la representación hasta rozar, precisamente, el nadie. Adriana Lima no está a la altura de la Adriana Lima de las portadas. De ahí que la frase nadie posee lo que representa pueda leerse en positivo: quien posee el sentido —quien lo soporta— es, en definitiva, un nadie.

Ahora bien, y aterrizando en el plano teológico, lo que confiesa el cristianismo es que el crucificado no quedó desplazado por Dios. De ahí que no represente a Dios, sino que lo encarne. El crucificado es el cuerpo de Dios. Y lo es porque, sin ese cuerpo, Dios no quiso ser alguien. En este sentido, podríamos decir que Dios, en sí mismo, es esta voluntad. Al fin y al cabo, Jesús de Nazaret no fue un representante de Dios porque de Dios no hay nada que representar. Sin embargo, es igualmente cierto que el crucificado, al margen de su abandonarse a Dios donde fue abandonado por Dios, no es más que un cadáver. Quizá la perijóresis de la que hablaban los antiguos Padres se entienda mejor donde tenemos en cuenta que la relación de mútua implicación entre las personas de la Trinidad tiene lugar entre quienes no son aún nadie sin el otro.

fenomenología básica

enero 17, 2023 § Deja un comentario

Hay haber. Esto es lo primero. Sin embargo, es sabido que, a partir de Descartes, lo primero en el orden de la reflexión no es el haber de las cosas, sino el haber del pienso, aun cuando luego la idea de Dios le obligue a reconocer la primacía de una exterioridad ilimitada —en definitiva, de un puro haber— en el orden ontológico. Ahora bien, la suspensión de la certidumbre espontánea acerca del haber que lleva a cabo la duda hiperbólica no deja de ser un truco retórico, en el mejor de los casos, y una falacia lógica, en el peor. Pues dicha suspensión presupone lo que terminará concluyendo, a saber, el carácter fundamental del cogito. De ahí que sea racionalmente legítimo, si no obligatorio, comenzar con la pregunta sobre la consistencia del haber: ¿en qué consiste el haber —o si se prefiere, el aparecer— en cuanto tal?Descartes, una vez llega a la certeza del cogito, tendría que haber caído en la cuenta —es un decir— de la primacía de la pregunta por el haber. Y es que lo primero, ni siquiera en el orden del pensar, salvo que aquí el pensar no sea mucho más que un ejercicio de rétorica, en modo alguno puede ser el cogito… si la conclusión del uso metódico de la duda es, precisamente, el haber del cogito. Al fin y al cabo, la certeza del cogito consiste en el aparecer indiscutible de la res cogitans a la conciencia como el soporte de la corriente del pensamiento (y por eso mismo como aquello que le confiere unidad, al menos porque lo que unifica el flujo de la representaciones mentales es que son mías). No es causal que Spinoza, un cartesiano que corrige a Descartes, inicie su Ethica more geometrico con la afirmación de que hay Dios (y aquí no estamos hablando, como es obvio, del Dios que el creyente invoca, sino de Dios como el nombre de la totalidad). Como tampoco lo es que Hegel comience su Lógica reflexionando sobre el concepto de ser… aunque sostenga que debemos pensarlo como sujeto y no como sustancia. En realidad, la operación hegeliana podríamos entenderla como un intento de resolver el problema del cogito. Al menos, porque el hecho de pensarse como el que piensa implica, aunque sea oscuramente, la exterioridad de lo que piensa. O dicho de otro modo, si la certeza de sí a la que apunta la afirmación existo mientras pienso solo puede ser intuida —y aquí intuir significa ver con los ojos de la mente—, entonces, y teniendo presente que la intuición apunta a un enfrente, no hay razón para que no quepa dudar de ella.

fe y confesión

enero 17, 2023 § Deja un comentario

La fe, antes que una creencia, es un acto de fe. Es decir, una confesión. Ahora bien, la confesión creyente, originariamente, no tenía lugar en los confesionarios, sino ante un tribunal romano. Poca broma. O César o el crucificado —o Mundo o Dios—. Y como no cuesta imaginar, optar por el crucificado era aceptar una condena a muerte. Pero ¿cómo Lázaro podrá escupir sobre el rostro de aquel que, siendo de carne y hueso, le levantó de entre los muertos en nombre de Dios? No es causal que los gnósticos no tuvieran mártires entre sus filas. Pues al gnóstico —y al neognóstico de hoy en día— le basta con un saber para salvarse. Donde olvidamos el carácter confesional de la fe, nos queda la suposición. Y es obvio que una suposición, por muy gratificante que sea, siempre puede ponerse en duda. Esto no significa que la inquietud por la verdad no importe. Significa que la verdad cristiana o es una verdad hecha cuerpo o no es, sencillamente, verdadera. Como Dios mismo.

sin padre

enero 16, 2023 § 1 comentario

Que nacemos como los que tenemos que negar a Dios es algo obvio para quien se sale de la tópica religiosa. En esto consiste, nuestro orgullo o soberbia: que no quisimos tener padre (la Modernidad, en este sentido, sería la máxima expresión de esta voluntad). Pues un padre es aquel que decide nuesto valor, aquel que, en definitiva, nos juzga. Y quien dice juicio, dice la posibilidad de la humillación. Sin embargo, el hallazgo bíblico consiste en caer en la cuenta de que el verdadero padre es aquel que nos juzga desde su vaciamiento (y por eso mismo, nos libera del creer en nuestra importancia). Y dado que el juicio de Dios se manifiesta, según Israel, a través de la demanda de quienes no cuentan para nadie, no hay otro padre que el que cuelga de una cruz.

de la trinidad

enero 15, 2023 § Deja un comentario

Tres niñas salvadoreñas, de 12, 9 y 2 años, fueron rescatadas por la policía mexicana cuando intentaban cruzar el río Bravo. Ningún adulto con ellas. Basta imaginar el porqué para, cuando menos, intuir por donden van los tiros del peccata mundi. La historia de estas tres niñas, sin duda, nos conmueve. Pero, en realidad, no nos importan. No sea que le perdamos la pista a los coletazos del vídeo de Shakira.

oficio y fidelidad

enero 14, 2023 § Deja un comentario

Se nos dijo: no pases de largo ante quien no tiene el pan de cada día. De acuerdo. Pero ¿qué sucede? Que somos cuerpo. Y lo que esto significa es que en la frontera también terminamos pasando de largo, haciendo de la entrega un oficio. Ningún cuerpo soporta el delirio del alma. Sin embargo, el oficio no supone necesariamente una traición —un rechinar de dientes—. También puede presentarse como fidelidad. Pues, al fin y al cabo, la fidelidad se realiza en las formas. Y ello en nombre de lo que nos fue dado en su momento. Esto es, en nombre de la gracia. Resulta ingenuo suponer que nuestro corazón bomberará la sangre siempre con la misma fuerza. No es casual que la shemà comience con aquello de recuerda Israel.

Is 45,7 y la cuestión de la teodicea

enero 13, 2023 § Deja un comentario

Gershom Scholem expresó en su momento la dificultad que experimentaba con Is 45, 7: Yo soy el que ha creado la luz y las tinieblas; yo soy el que hace la paz y crea la adversidad. Normal. ¿Cómo Yavhé, un Dios de vivos y no de muertos, puede provocar la desgracia? Estamos, como es obvio, ante la cuestión de la teodicea. Sin embargo, me atrevería a decir, que esta cuestión solo se plantea donde permanecemos atados a una concepción religiosa de Dios, esto es, donde nos imaginamos a Dios a la manera de un titiritero espectral. O en su defecto, como si fuera algo así como una energía positiva (y aquí el mal obedecería a que nos terminamos de encontrar el enchufe).

En cualquier caso, los tiros bíblicos no van por ahí. Dios es, ciertamente, el misterio que abraza el mundo. Y no porque sea un ente misterioso que no llegamos a captar porque carecemos de las antenas adecuadas —al igual que nosotros seríamos un misterio para las chinches—, sino porque la trascendencia de Dios responde al vacío de una alteridad avant la lettre. O por decirlo en cristiano, Dios en verdad, desde la caída hasta el Gólgota, es el Dios que tuvo pendiente su modo de ser. De ahí que la confesión cristiana proclame a Jesús como el quien de Dios y no solo como su heraldo (y esto no deja las cosas de Dios como estaban). En este sentido, la luz y la tiniebla —la bendición y la desgracia— serían las dos caras del retroceso de Dios hacia el futuro del hombre (y de paso, de Dios mismo). Como absolutamente otro, Dios en sí mismo es el aún nadie. O en trinitario, el Padre no es aún nadie sin el Hijo (y viceversa). Es lo que tiene un Dios que, desde un principio, quiso depender del hombre que depende de Dios.

de la kenosis

enero 12, 2023 § Deja un comentario

La kenosis —el autovaciamiento de Dios— no es un atributo de Dios: es Dios en cuanto tal. Y esto equivale a decir que Dios es amor, la voluntad de no ser sin lo otro de sí, esto es, sin aquel que, precisamente como otro de Dios —y por tanto, como el que difere de Dios—, de entrada tendrá que negarlo de entrada. De ahí que hablar de la kenosi como algo que se predica de Dios sea un modo de hablar. Y de ahí también que la realidad de Dios sea la de la historia de la reconciliación. Otro asunto es que nos resulte difícil admitirlo —es decir, vivir conforme a esta verdad—. Pues religiosamente es innegable que preferimos un dios-ya-hecho, un dios que no dependa del hombre que depende de Dios.

Charles

enero 11, 2023 § Deja un comentario

El camino de Charles de Foucauld fue un camino de despojamiento, en paralelo, podríamos decir, a la kenosis divina. Como escribe Pablo d’Ors, fue a encontrarse con los pobres y se encontró —aún más— con su propia pobreza. Desde fuera, podemos tener la impresión de que esta negación de sí es patológica: como si, en el fondo, se tratara de una pulsión autodestructiva, una pulsión que, según Freud, está presente en cada uno de nosotros (y de ahí quizá que la espiritualidad de Foucauld resulte tan atractiva para muchos). Y es posible que algo de esto haya (y si lo hay, entonces la ascesis incluye un notable desprecio de sí). Otros eligieron el alcohol o la heroina. Y si únicamente hubiese pulsión, el otro Charles —Bukowski— sería el negativo fotográfico de Foucauld. Lo dicho: aparentemente hablamos de una vía enfermiza. ¿Quién en su sano juicio propondría a sus hijos el modelo de vida de Charles de Foucauld? ¿Acaso no estamos propiamente ante un ejemplo de muerte en vida? ¿Se trata simplemente de localizar nuestro sepulcro? ¿Es que el primer mandato de Dios no fue el de engendrar?

Sin embargo, cuando el punto de partida, aunque se ubique en medio del trayecto, no se encuentra en uno mismo —en la oscura necesidad de negarse—, sino en los que no tuvieron que autodestruirse porque el mundo ya se encargó de destruirlos antes —cuando lo primero es un no poder soportar que vivan como perros—, el asunto adquiere otro tinte. Pues ser alguien frente a los nadie es homicidio. Al fin y al cabo, los rasgos de carácter del alma, incluyendo los más oscuros, ceden ante la irrupción de quien te coloca en la posición de quien debe responder a su demanda. Me trevería a decir que tan solo dicha irrupción nos descentra en verdad (y en este sentido, nos libra de nostros mismos). El resto, un mientras tanto. Esto es, entretenimiento. Y ya se sabe que lo que nos entretiene es la ficción.

¿por qué una revelación?

enero 10, 2023 § Deja un comentario

El budismo habla de iluminación mientras que el cristianismo, de revelación. ¿Hablan de lo mismo? No exactamente. Pues aunque en ambos se trate de un caer en la cuenta, la revelación apunta a lo inadmisible desde una óptica meramente humana, a saber, que no haya otro Dios que el crucificado. Y aquí vale lo que decía Richard Feynman con respecto a la mecánica cuántica: que si la entendemos es que aún no la hemos entendido. Así, podemos aceptar que el ego sea una ficción —que no hay otro horizonte que la vacuidad—, pero difícilmente lo que confiesa un cristiano al pie de la cruz. Pues lo primero nos impulsa a prácticar la ascesis de sí con el objetivo de alcanzar la plenitud. En cambio, el envés de la confesión cristiana es un tener que responder a la demanda, en el doble sentido de la palabra, que se desprende de un perdón inmerecido (y nadie, por lo común, prefiere responder). La bondad que emana el monje budista es una bondad, me atrevería a decir, que nace de dentro (y tras una conveniente purificación). Sin embargo, la bondad de la que somos capaces, según el cristianismo, es el efecto de una iniciativa exterior. A pesar del aire de familia, no parece que las coordenadas sean idénticas.

del asombro y la sospecha

enero 9, 2023 § 1 comentario

Que haya fuego. Que haya lluvia. Que crezca la hierba. El imperativo de Dios es el envés de nuestro asombro. Y lo es, no porque Dios proceda a la manera de un demiurgo, sino porque la nada —el retroceso de Dios hasta devenir el aún-nadie— es el fondo inescrutable de cuanto es (y por eso mismo podemos hablar de creación). Como nos recuerda el poeta, la rosa es sin porqué. Toda presencia es un acontecimiento para quien conserva una capacidad para el asombro, en definitiva, lo mejor de su infancia.

Así, en modo alguno será casual que, donde la sospecha sustituye al asombro como actitud fundamental —y esto es lo que significa el advenimiento de la Modernidad—, difícilmente podremos comprender nuestra existencia como la de aquellos que se encuentran expuestos a una genuina trascendencia. Y esto probablemente sea un error. Aun cuando suponga a la vez una cierta liberación. Pues el asombro va, inevitablemente, con unas cuantas dosis de temor.

de la vocación religiosa

enero 8, 2023 § Deja un comentario

Dices que no lo dejas por Dios —porque sientes que Dios te pide continuar. Pero esto no tiene nada que ver con Dios, sino contigo —con la película que te gusta. También puede que no lo dejes por la buena gente de la parroquia. De acuerdo. Pero para este viaje puede que las alforjas sean muy pesadas. Basta con que aparezca una chica maja —una que no sea del montón— para que tus argumentos cambien. Aun cuando quizá sería suficiente con que recordaras una de las moralejas de Dogville, la que apunta, precisamente, a la buena gente. Otro asunto es que sigas porque no puedes dejar en la estacada a los sin techo —a quienes, siendo despreciados, se han convertido en tus hermanos. En ese caso, seguirías, ciertamente, por Dios, esto es, en su nombre o lugar. Aunque probablemente sin Dios mediante. Sea como sea, lo cierto es que siempre nos movemos entre sombras. Difícilmente, desde lo último o verdadero. Al menos, hasta el instante en el que se nos reclamará una fe.

de dónde se parte

enero 7, 2023 § Deja un comentario

No sabemos quién es Dios al margen de Jesús. Como tampoco sabemos quién es Jesús donde prescindimos de su estar expuesto a un Dios que, en sí mismo, aún no fue nadie hasta el Gólgota. Otro asunto es que procedamos como si esto no fuera cristianamente así. Pero que vivamos nuestra creencia religiosa como si no hubiera habido encarnación no quita que, en verdad, no partimos de Dios para comprender a Jesús —como si Jesús fuese la ejemplificación de nuestra idea de Dios—, sino que partimos de un Jesús crucificado para topar con Dios. Y esto, obviamente, no deja las cosas de Dios tal y como estaban. De ahí que la confesión creyente no derive propiamente de una iluminación, sino de una revelación. No es lo mismo. Porque el velo del templo se partió en dos pudimos descubrir que tras él no se ocultaba ningún ente gigantesco, sino el pellejo del que pasó como enviado de Dios colgando de un poste. Tampoco pudo ser de otro modo, teniendo en cuenta que la revelación acontece donde cualquier idea de Dios o figura de lo divino se muestra como un trampantojo. Por no decir como vanidad.

vivificación

enero 6, 2023 § Deja un comentario

Dice Pablo: “El Espíritu de la resurrección que vivifica nuestros cuerpos mortales…” (Rom 8,11). ¿Que hay detrás de esta afirmación? Diría que una capacidad para el asombro que nosotros, mujeres y hombres modernos, hemos sepultado bajo capas de sospecha. Pues es asombroso que un cuerpo viva —o que deje de vivir en un momento dado—. Así, la visión más espontánea de las cosas es que tiene haber un poder que anime la carne, un poder sin el cual el cuerpo es materia inerte. En tanto que no podemos poseerlo, este poder nos supera. Y de ahí que los antiguos experimentasen ese poder como divino. No estamos ante una superstición, sino ante una percepción natural. La Biblia añade, aunque tardíamente, la fe en la resurrección de los muertos. Y esto no resulta secundario, tratándose de una fe que apunta a un Dios que se identifica con los que murieron injustamente antes de tiempo. Por eso mismo, la esperanza de quien da por descontado que, tras morir, Dios nos está esperando en los cielos —esto es, quien supone que el alma es inmortal— en modo alguno es bíblica. En cualquier caso, pagana. Pues, de no haber resurrección, la muerte gana. Y si la muerte gana, gana el verdugo, la injusticia, el genocidio. Ahora bien, la resurrección de los muertos es un imposible, algo que en absoluto puede entenderse como una posibilidad del mundo. Sin embargo, quien no cree en la imposible posibilidad de Dios en nombre de no cree, sino que, a lo sumo, imagina.

la piedad contra el misterio (y 2)

enero 5, 2023 § Deja un comentario

Teniendo en cuenta que estamos bastante lejos del entusiasmo visceral que provocó la resurrección del Mesías, la espiritualidad cristiana tiene que optar hoy en día entre o bien convertirse en una variante de la espiritualidad en general —con lo que renunciaría de facto a la confesión originaria—; o bien, endurecerse, por así decriro. Y lo que esta segunda opción significa es que, si quiere conservar el sello de la revelación, el creyente tiene que admitir de una vez por todas que el Dios que se revela en la cruz es un Dios cuyo en sí no admite otra personificación —otra entidad— que la del cuerpo que fue elevado, en el sentido de Juan, a la altura de una cruz.

De ahí que quien se dirige a Dios como si este tuviera otro rostro que el de Jesús de Nazaret —esto es, como si, en su encarnación, Dios se hubiera limitado a adoptar el aspecto de Jesús o, si se prefiere, como si Jesús no fuese más, aunque tampoco menos, que un heraldo de Dios— falte a la verdad que se nos reveló en el Gólgota. Pues el hallazgo cristiano consiste, precisamente, en hacer del predicador de Dios —del Mesías— el predicado de Dios, en definitiva, su quién. Ahora bien, de ser cierto esto último —y cristianamente lo es—, entonces la piedad tiene más que ver con cumplir con la voluntad de Dios —la que se desprende de su continuo más allá— que con el diálogo íntimo con el dios que se presenta a la conciencia como una variante del amigo invisible de la infancia. Pues quien cumple con dicha voluntad tarde o temprano deberá cumplirla sin Dios mediante, esto es, como si no hubiera Dios… mientras permanece a la espera del acontecimiento final. Dicho de otro modo, una espiritualidad que pretenda ser cristiana o se realiza como una espiritualidad del mientras tanto, o me atrevería a decir que no es cristiana, sino acaso religiosa, aunque con motivos cristianos. Al fin y al cabo, el misterio de Dios tiene que ver con la eterna invisibilidad del aún-nadie-en-sí —y, por extensión, con el imposible triunfo de la bondad—. Así, seguimos regando fuera de tiesto donde entendemos el misterio de Dios como si se tratara de la ininteligibilidad de un ente inconmensurablemente superior. Pues esta ininteligibilidad hablaría antes de nosotros —de nuestra limitación— que de Dios en realidad.

nadie es profeta en su tierra

enero 4, 2023 § Deja un comentario

Franz Jäggestäter —el austriaco que fue condenado a muerte porque, con motivo de su fe, se negó a prestar juramento al Fürher— probablemente fuese, como campesino que era, un hombre rudo. Sin embargo, en la película de Terrence Malick, Una vida oculta, no da esta impresión. Más bien, la contraria. Pero, de haber tratado con él, fácilmente hubiéramos creído que su fidelidad responde más a un carácter tozudo que a su fe. De hecho, sus amigos y familiares no acabaron de entender su empecinamiento. Al menos, en la película de Malick. Ciertamente, todo es mezcla —y más si hablamos de los asuntos del alma—. Como también es cierto que, de cerca, antes percibimos la deformidad de nuestros semejantes —el polvo bajo la alfombra— que su brillo. Pero nadie dijo que fuéramos puros —que el alma pudiera prescindir del cuerpo (y es sabido que el cuerpo siempre acumula suciedad)—. El heroísmo de Franz es debido a que permaneció fiel a pesar de su obcecación (y no —o no solo— porque fuese un obcecado). Y es que los rasgos del carácter no bastan para hacer frente a los heraldos de Ha-Satán. En vez del no es más que tozudez, un es más– De ahí la necesidad del poeta —y Malick, sin duda, lo es—. Cuando menos, porque únicamente el poeta es capaz de ver la belleza que sobrevive a la podredumbre. Quizá los antiguos no andaran tan equivocados al creer que, al fin y al cabo, somos lo que encarnamos de lo alto. Aunque sea cojeando.

la piedad contra el misterio

enero 3, 2023 § 1 comentario

Si nos tomamos en serio del misterio de Dios, entonces el horizonte es el no saber —y no un no terminar de saber. Paralelamente, si nos tomamos en serio la encarnación de Dios —esto es, que no hay otro Dios que el que fue crucificado—, entonces no podemos dirigirnos al Padre como si fuese alguien con independencia del Hijo. Según la confesión cristiana, los cielos no están en los cielos, sino al final de los tiempos. Como decía K. Rahner, incluso en los cielos, Dios seguiría siendo un misterio. De topar con Dios, no toparíamos con Dios, sino con su cuerpo. Ergo, qué hacéis mirando al cielo(Hch 1,11).

Así, con respecto a Dios nada que decir… más allá de que hay Dios porque hubo —y siguen habiendo— quienes se abandonaron a Dios sin Dios mediante, siendo, no obstante, fieles a su voluntad. Y difícilmente puede ser de otro modo, si Dios, como tal, es el misterio del mundo, por emplear la fórmula de E Jüngel. Que la fe del cristiano sea la fe de Jesús significa que no cabe algo así como una relación con Dios al margen del encuentro con el crucificado —y por extensión con los crucificados con los que se identifica. De ahí que haya ciertas formas de piedad que, sin mala intención, probablemente tomen el nombre de Dios en vano… al prescinidir de la Encarnación, confundiendo, así, al Dios que se revela en la cruz con el que se imagina quien sustituye al padre de su infancia por uno acaso más poderoso, por espectral.

teo-lógica

enero 2, 2023 § Deja un comentario

Si el Padre, en sí mismo, aún no es nadie, entonces el Hijo es el que es. Traducción: el cuerpo de Dios. De ahí las secuencias del cuarto evangelio que giran en torno al Yo soy. Pero solo es el que es porque se abandonó a un Padre que no supo quién era, por así decirlo, hasta el fiat del Hijo. Ahora bien, el Hijo, evidentemente, no murió poseyendo el significado de su entrega o fidelidad. Ni siquiera se le pudo pasar por la cabeza que él era la encarnación de Dios (o que no hay otro Dios que el encarnado). En el Gólgota, el crucificado creyó religiosamente en el Padre. Como si el Padre ya fuese alguien. Esto es, como si, desde el principio, estuviera determinado como pueda estarlo un dios. La confesión cristiana no termina de coincidir con la fe del crucificado. Sin embargo, porque el crucificado creyó como creyó —y en quien creyó— cabe confesar que su rostro es el rostro de Dios.

de lo bajo y lo alto

diciembre 31, 2022 § Deja un comentario

Cuado todo a tu alrededor es bajo —maloliente, vulgar…— es fácil constatar que hay lo elevado o divino. Y más si lo elevado posee una traducción política: los príncipes van a caballo, a las princesas no se le caen los dientes… Sin embargo, una vez se impuso la igualdad por defecto es fácil creer que la elevación es cuestión de suerte o, si se prefiere, de perspectiva. Así, no es que uno sea simple o noble, sino que simplemente nació en la orilla equivocada. Además siempre cabe la posibilidad de hacer una revolución para invertir el orden. Será verdad que la cristiandad murió de éxito. Como quien prescinde de la escalera que hizo posible el ascenso.

in extremis

diciembre 30, 2022 § 2 comentarios

Al final, en la oscuridad, cualquier voz es un milagro, una aparición. ¿Es? ¿O más bien esta es nuestra impresión? Puede que estemos ante una falsa cuestión. Pues en verdad es lo que aparece de la nada —cuanto la niega.

a ciegas

diciembre 29, 2022 § Deja un comentario

La imagen de ciegos palpando un elefante —y aquí el elefante es un símil de Dios o, si se prefiere, de lo divino— nos permite entender rápidamente la aparente heterogeneidad, por no decir inconmensurabilidad, de las religiones. Sin embargo, el hallazgo bíblico es que, con respecto a Dios, no hay nada que palpar —nada qué experimentar—, salvo el cuerpo del apestado de Dios con el que Dios se identifica. Y quizá por eso mismo no se trate, estrictamente, de una religión. Al menos, porque el hombre nada puede hacer para acercarse a Dios. —y menos si lo que lo impulsa es participar del fuego de la divinidad. En este sentido, y teniendo en cuenta lo que decíamos antes sobre el apestado de Dios, lo más honesto sería reconocer que Dios en realidad nos repugna. Pues nadie en su sano juicio desea palpar a quien huele mal.

a medio camino

diciembre 28, 2022 § 1 comentario

¿Creer que hay un Dios que nos ampara —y que quiere algo de nosotros? Claro. No hay nada de malo en creerlo. Sin embargo, aquí la creencia aún no es fe. Es como si no hallásemos a mitad de camino, esto es, por Galilea. Pues aún no creemos porque alguién creyó antes por nosotros donde no había ningún motivo para seguir creyendo. Aunque lo cierto es que la fe tampoco depende de nosotros. Incluso esta tiene su momento. De hecho, el creyente de a pie solo puede, honestamente, esperar que llegue el tiempo de la fe… aun cuando, de hecho, prefiera lo contrario: que pase de mí este cáliz. Si creer supone seguir al de Nazaret, entonces ya sabemos sobre qué cima termina el trayecto. Esto es, en aquella donde la suposición creyente salta hecha pedazos, y por eso mismo, de permanecer fieles, se hace cuerpo. Ahora bien, lo que esto significa es sin Dios mediante. Con todo, ahora lo tenemos más fácil que en el Gólgota. Pues ya hubo, como decíamos, quién creyó antes por nosotros. Y esperando lo imposible en nombre de.

de la existencia de Dios

diciembre 26, 2022 § Deja un comentario

La cosa no va de preguntarse si existe o no Dios… tumbados en el sofá. Y no va porque de existir, y estando en esa posición, nos daría igual. En cualquier caso, tendríamos una hipótesis de trabajo más encima de la mesa (o de más). Aquí la pregunta aún no se ha hecho cuerpo. Y donde no hay cuerpo, tan solo el ídolo. Es cierto que bíblicamente, la existencia de Dios nunca se pone en duda —de hecho, quien lo hace es calificado de insensato (por ejemplo, en el sal 14). Pero no porque se dé por descontado que hay un ente superior con el que debamos negociar bajo la lógica del do ut des, sino porque su realidad se experimenta como la de un Dios cuya trascendencia cae en la inexistencia. Como si la nada —o el aún nadie— fuese más real que cuanto cabe ver y tocar. En este sentido, los capaces de Dios son aquellos que parece que no cuenten con ningún Dios de su parte, los que lo hallan, precisamente, en falta. De ahí que en la Biblia lo decisivo con respecto a Dios no sea el contacto con Dios, como tampoco la negociación, sino lo que se desprende de su extrema trascendencia. Esto es, la cuestión no es si hay o no hay Dios, sino a qué nos obliga una realidad que no se revela como la de un ente superior. Con respecto a Dios, todo apunta a su por-venir, el cual y por lo que acabamos de decir, no podrá realizarse a la manera de una aparición ex machina. Quiza no sea anecdótico el que la primera intervención de Dios sea la de la voz que interpela a Caín por el lugar de Babel. Como tampoco lo es que el cristianismo termine confesando que Dios no tiene otra entidad que la de un elevado en su nombre sobre la cima de un calvario.

cuestión de ethos

diciembre 25, 2022 § Deja un comentario

Para llevar la piel cristiana hace falta, quizá, echarle un poco más de coraje. Pues, al fin y al cabo, es cuestión de decir, pongamos por caso, que la vida de aquella viuda que da como limosna lo poco que tiene por misericordia hacia los que viven peor que ella es mejor que vivir al son de la música que más suena. Y decirlo como quien dice que llueve en un día de lluvia —aunque para eso haya que estar junto a la viuda. Sencillamente, es así.

todo nos habla de Dios

diciembre 24, 2022 § Deja un comentario

¿Creer en Dios equivale a ver las cosas desde la óptica del sentimiento de que hay un Dios que nos ama o, cuando menos, se preocupa de nuestra suerte? ¿Como si todo nos hablase de la presencia de Dios? No me atrevería a decirlo. Y no me atrevería, porque la fe no es un prejuicio, entre otros, desde el que enfocar lo presente. Sin embargo, es cierto que muchos creen en Dios como algunos creen en el poder heurístico de la cartomancia. Los enfoques son, ciertamente, plurales. En cambio, el acto de fe, de seguir la huella de los testigos de Dios, tiene lugar sobre los Gólgotas de la historia. Esto es, en aquellas situaciones en las que ya no es posible la suposición o el sentimiento de amparo. Al fin y al cabo, sin Dios de por medio. Un cristiano no cree en Dios como otros puedan creer en el espíritu de los bosques, sino que cree en Dios porque antes hubo quien creyó por él —esto es, en su lugar— donde ya no quedaban motivos para seguir creyendo. Y, por eso mismo, la óptica es la de la redención. Quien da por sentado que no necesita redimirse difícilmente llegará a creer —y quien dice creer, dice confiar en nombre de. Para encajar las piezas, le basta con que el sentimiento de hallarse bajo la protección de lo divino. Y esto, formalmente, no está lejos de creer en los dioses del hogar.

Yavhé ante Caín

diciembre 23, 2022 § 1 comentario

Si Dios no nos interpela —o mejor dicho, si nunca nos saca del quicio del hogar—, entonces no nos hallamos ante Dios, sino ante un Dios a medida de nuestra necesidad de amparo o sentido. Esto es, ante un ídolo. Aunque, por lo común, lo vistamos con la tela del amor. Ahora bien, Dios nos interpela con el clamor de los Abel de la historia. Pues no tiene otro rostro que el de un crucificado en su nombre. Y esto es lo que no estamos dispuestos a admitir.

el espíritu de Israel

diciembre 22, 2022 § Deja un comentario

Suele decirse que Israel carece de espiritualidad. Que su espiritualidad es, más bien, seca. O que su centro de gravedad es el imperativo moral y no el contacto con lo divino. Y algo de esto hay: entre los santos de Israel, no hay muchos que floten. Como es sabido, la espiritualidad judía se centra en la Ley. Pues en el tiempo diario no hay otra conexión con la trascendencia de Dios. De ahí que la pregunta sea cómo Israel vive la Ley —o cree que debe vivirla. Ciertamente, no como nosotros la viviríamos, de tan desbordados que estamos de sentimiento. Esto es, como si el corazón y la Ley fuesen antagónicos.

Sin embargo, no es así. Para Israel, la Ley se desprende de la experiencia de un Dios cuya presencia es la de su hallarse en falta. La vida nos ha sido dada desde el retroceso de Dios hacia su porvenir. Y de ahí que estemos obligados a preseverla frente a nuestra impiedad. Por eso mismo, la Ley también se ocupa de marcar el día a día con los signos de dicha experiencia: recuerda Israel… En Israel, espiritualidad y memoria van de la mano. Al fin y al cabo, cuando se disuelva el entusiasmo inicial, cuando se nos seque el corazón —y tarde o temprano se nos seca—, tan solo nos quedarán las formas. La fidelidad es un asunto, en definitiva, formal. De ahí, la importancia de la memoria. Y es que, de olvidar, la práctica de la Ley se convierte en mero legalismo.

Así, hagamos lo que hay que hacer en nombre de Dios… y luego Dios dirá. Incluso con respecto a la fe qua sentimiento estamos en manos de Dios. La espiritualidad judía es la espiritualidad de los tiempos del hombre, del mientras tanto. Creo que hay más lucidez —más seriedad— en la espiritualidad de Israel que en aquellas que dan casi por descontado que es posible, si seguimos las pautas del recetario espiritual, permanecer conectados a lo trascendente. En este sentido, la alegría de Israel no arraiga en la iluminación, sino en la esperanza que nace de un haber sido testigos del acontecimiento de la bondad en medio del infierno. Sin embargo, que se trate de un alegría con puntos suspensivos no le quita intensidad. Más bien, indica que su acento no reside en el corazón del hombre, sino en el de Dios. Y quien dice Dios, dice aquellos con los que Dios se identifica.

meditaciones cartesianas 21

diciembre 21, 2022 § Deja un comentario

Platón no se planteó la cuestión de la certeza —cómo cabe asegurar la verdad de nuestras representaciones de lo real— porque no pudo plantearla. Y no pudo porque daba por descontado que, de entrada, estamos en contacto con la manifestación de lo real —y no con contenidos mentales. Para el pensamiento de la Antigüedad la cuestión era qué realidad hay tras las apariencias, esto es, en qué consiste lo real al margen su hacerse presente a una sensibilidad (y por eso mismo, relativamente). Y ello porque en las apariencias, como decíamos, siempre aparece, precisamente, lo real. Así, la diferencia de la que parte el pensamiento pre-moderno es la que distingue entre lo real y su aparecer en lo sensible. No se discute que haya lo real. Al contrario: que hay lo real —que hay un ahí— es el punto de partida. Las sombras, por emplear una imagen platónica, son siempre sombras de. Ciertamente, en principio tendemos a tomarlas como lo real (y no como sombras de lo real). De este modo decimos, aunque equivocadamente, que las cosas son tal y como nos parece que son. Sin embargo, las apariencias son relativas a una sensibilidad o punto de vista. Y de ahí que podamos preguntarnois por lo real en su carácter otro o absoluto, es decir, con independencia de la sensibilidad. La convicción del filósofo de la Antigüedad —y de algún modo, también la del científico— es que el ver y el tocar apunta a una realidad que, en su carácter absoluto o en sí, solo es accesible a la razón. El presupuesto del pensamiento de la Antigüedad es, por consiguiente, el hecho de encontrarnos expuestos a la desmesura de lo real. De ahí la pregunta por lo real más allá de lo que nos parece real.

La cuestión que plantea Descartes es muy distinta, a pesar del aire de familia. Y lo es porque su presupuesto ya no es el de Platón. Así, que nos interroguemos sobre la posibilidad del saber —o dicho de otro modo, por la posibilidad de una afirmación sobre lo real de la que no quepa en absoluto dudar— da por supuesto que, de entrada, no estamos en contacto con el ahí, sino con representaciones mentales del ahí. Por tanto, cabe la posibilidad, aun cuando insensata para el sentido común, de que nuestras representaciones solo estén en nuestra mente, esto es, que solo sean secreciones de una mente solitaria, por así decirlo. De entrada, lo que hay no es el haber, sino la idea de un haber. Es posible, por consiguiente, que no haya ningún ahí —ninguna exterioridad—, sino únicamente el contenido mental acerca de un ahí. Es cierto que Descartes llegará a la conclusión de que la certeza de sí, en tanto que limitada por el mientras de la actividad mental, exige que haya un ahí, un afuera. Pues no hay límite que no limite con lo que queda, precisamente, más allá del límite. Ahora bien, lo que implica que Descartes entienda la cuestión de la certeza como la cuestión principal —y esto es lo que caracteriza un pensamiento como moderno— es que la realidad del ahí ha dejado de ser un punto de partida y, por extensión, el principio y fundamento del saber. A partir de Descartes, el punto de partida —el principio y fundamento— será la certeza de sí que se frevela como el envés de la actividad mental. Pues pensar es pensarse y pensarse como soporte del flujo de las representaciones. De hecho, la certeza del afuera —la certeza sobre la realidad de Dios como la realidad de lo ilimitado— es segunda en el orden del saber, aunque el cogito reconozca que, en el orden de lo real, antes tiene que haber el haber —el haber de Dios, según Descartes, como realidad infinita o ilimitada— para que el cogito pueda estar seguro de sí mismo mientras piensa. En cualquier caso, el cogito deviene la sustancia que soporta el ahí. Pues nada es real que no haya sido previamente asegurado como tal por la conciencia de sí.

tabla de multiplicar

diciembre 20, 2022 § Deja un comentario

Como es sabido, el prodigio de la multiplicación de los panes se encuentra en los cuatro evangelios. Esto nos da a entender la importancia que este episodio tuvo para las primeras comunidades. Sin embargo, la pregunta es a qué se debe su relevancia. La respuesta apunta a la eucaristía. Pues de lo que se trata en la eucaristía es de compartir el pan duramente ganado durante la semana. Donde solo hay pan para diez comen veinte. Es como si hoy compartiéramos nuestros salarios. El pan de cada día no cae, por tanto, del cielo, sino que es el resultado del compartir: nadie padecerá hambre. De hecho, no es casual que los discípulos de Emaús reconocieran al resucitado tras partir el pan. Pues solo poseídos por el espíritu casi terminal de la redencion podemos atrevernos a ir más allá de la limosna. Es obvio que estamos bastante lejos del sacramento. No es casual que, para salvar los muebles, la Iglesia se inventase aquello de la transustanciación.

fe y psicología

diciembre 19, 2022 § Deja un comentario

Con el rotulador grueso, me atrevería a decir que hay dos sensibilidades religiosas. Por un lado, aquella que está convencida de que tarde o temprano deberíamos tomar conciencia de que formamos parte de aguas que nos cubren, por decirlo a la Merton. Por otro, aquella cuyo punto de partida es la conciencia del desarraigo. Desde la primera, se trata, en definitiva, de sintonizar de nuevo con la buena vibración, por así decirlo (y esto es griego u oriental). Desde la segunda, de esperar un reset de dimensiones cósmicas. Pues hay algo roto en el mundo que no cabe reparar a través de nuestro esfuerzo religioso o moral. Esta es, grosso modo, la sensibilidad bíblica. ¿Estamos ante diferencias, en el fondo, psicológicas? Quizá, si solo tuviéramos en cuenta a quienes viven más o menos satisfactoriamente. No, si nos situamos en la perspectiva de los abandonados de Dios. Y es que, en su caso, el desarraigo es físico antes que mental. De ahí que no sea anecdótico que, bíblicamente, la redención sea un asunto corporal. Y corporal hasta el punto de que un Dios que no sea capaz de sangrar devenga irrelevante.

rupturas epistemológicas

diciembre 18, 2022 § Deja un comentario

La experiencia del chamán y la del sujeto moderno tras ingerir peyote son inconmensurables. Al menos, porque el primero da por descontado que hay un más allá, mientras que el segundo, tan solo territorios por decubrir —y territorios que en modo alguno serán normativamente superiores. Así, el chamán entenderá que el peyote le permite cruzar la puerta que lo separa del mundo de los demonios, mientras que el segundo no dudará de que eso que ve solo se encuentra en su mente, aun cuando lo viva como real. Sin embargo, este último no se encuentra más cerca de la verdad. Y esto es lo que significa inconmensurabilidad. Con todo, lo cierto es que para el sujeto moderno un mundo de demonios, de haberlo, no será más que un mundo de demonios. Y aquí sí que podríamos decir que está más cerca de la verdad. Pues que al chamán le parezca que ese mundo es superior solo tiene que ver con que, precisamente, se lo parece. La superioridad de un mundo superior es meramente circuntancial. De hecho, este fue, antes que moderno, un hallazgo bíblico. Pues la genuina superioridad —lo que nos supera por entero— no es, según la Biblia, el ente superior —el dios, con minúscula—, sino que Dios en verdad se revele como un Dios aún por-venir y, por eso mismo, en falta.