un asunto personal

mayo 22, 2022 § Deja un comentario

Hoy en día, preferimos hablar de Dios, si hablamos, en clave impersonal. Como si al hacer de Dios un Tú, temiésemos regresar a las procelosas marismas del mito. Y de ahí que hayamos transformado a Dios en un Ello, sea en la versión océanica o en la un anónimo espíritu de interconexión. Al fin y al cabo, en una variante del arjé de los presocráticos. Es verdad que se suele añadir que el fondo de la existencia es un fondo nutricio: como si hubiera un alguien que se preocupase de alimentarnos. Pero un como si no es un como. Ciertamente, suponer que la divinidad posee un carácter impersonal es lo más razonable. Sin embargo, creer que lo razonable va de la mano de lo verdadero —de lo que en verdad tiene lugar frente a lo simplemente pasa— no deja de ser un prejuicio. Cristianamente, Dios es inevitablemente un alguien. Y lo es, no porque sea algo así como un ente espectral, sino porque es un Dios con cuerpo o, por decirlo de otro modo, un Dios que aún no es nadie sin su cuerpo. Más que actualizar el cristianismo a categorías que podamos digerir, olvidando de paso lo que el cristianismo tiene de indigerible, quizá lo que deberíamos hacer, cuando menos, es intentar comprender mejor lo que dice.

¿por Dios?

mayo 21, 2022 § 2 comentarios

¿Les limpias el culo a los del Cottolengo porque Dios te lo manda (y de paso te sientes bien haciéndolo como el niño que obedece a papá para obtener su aprobación)? Dios ya te condenó —a ti y al resto. Desde el principio. Y te condenó renunciando a ejercer como dios. En su lugar, los cuerpos por lavar de esos deficientes. Para que si ellos te preguntaran por qué lo haces solo puedas responder por ti, porque no puedes ir por ahí con tu mierda encima. Por lavarte. Este es el sentido original del bautismo: un volver a empezar en nombre de una común orfandad. Ya se nos dijo: ante Dios, sin Dios. Como el crucificado. Dios manda renunciando a mandar desde los cielos como pudieran hacerlo los dioses del Olimpo o los espectros del esquizoide. Esto es, anulándose a sí mismo hacia lo otro de sí —hacia el que, en un primer momento, tiene que negarlo para que Dios pueda abrazarlo y, así, llegar a ser alguien. Quizá no sea casual que Teresa de Calcuta tuviera que dejar de sentir la presencia de Dios para que se le revolvieran las entrañas viendo como tantas mujeres y hombres morían como perros tirados en las calles. Para que su agonía se le volviera intolerable. Para comprender, en definitiva, que Dios no es nadie sin el cuerpo de quienes soportan su altura.

los dos planos

mayo 19, 2022 § 1 comentario

Hay el plano del cuerpo. Pero también el del alma. No tienen por qué ir a la par. Pero pueden ir —y cabe añadir, deberían. Aquí uno puede dejarse llevar por la tópica y creer que el alma es un producto lateral del cuerpo —que sus razones no son más que racionalizaciones, un intento de convencerse a uno mismo que lo que se decide emocionalmente es lo que, en cualquier caso, debe ser. Esto es Hume, aunque no solo Hume: el alma —la razón— es esclava de las pasiones, y por eso mismo carece de fuerza motivadora. Sin embargo, el alma no es solo razón, esto es, no solo es la capacidad de ver lo que se encuentra más allá de los sentidos, sino también eros (Platón, dixit). Y quien dice eros dice impulso hacia el bien. En el fondo, uno es lo que ama —y tan solo cabe amar lo que no podemos poseer y, con todo, exige ser perseguido. Nadie quiere ser, pongamos por caso, médico, sino un buen médico (y si no fuera así —si nos bastase con ejercer la medicina—, entonces podríamos decir que, en realidad, no queremos ser médicos). Otro asunto es que no terminemos de saber qué es lo que, en el fondo, queremos. Saber lo que uno quiere —saber cuál es nuestra vocación— cuesta. Es fácil saber lo que deseamos. No tanto, lo que amamos. Pero nuestro deseo no nos pertenece. Pues, al fin y al cabo, todo deseo es un implante. No obstante, el alma es impulso hacia el bien porque somos ese continuo diferir del cuerpo con el que por otro lado nos identificamos: nunca terminamos de encontrarnos en donde estamos —en las reacciones del bonobo que llevamos dentro. Decir alma es decir inquietud —y no me atrevería a decir que haya por ahí algún bonobo que sea un problema para sí mismo, que se sienta llamado a descentrarse en nombre de lo que importa.

Sea como sea, donde el cuerpo se alinea con la aspiración del alma —cuando nuestra sensibilidad inicial ha sido modificada como el fuego transforma el hierro—, entonces la imaginación está al servicio de la verdad, esto es, de lo que en verdad tiene lugar y no simplemente pasa. Por ejemplo, tan solo llegamos a distinguir entre lo que importa y lo que no cuando nos anuncian que nos queda poco tiempo de vida. Y hay que meditar bastante para anticiparse a ese momento —al momento de la verdad. De ahí el recurso al imaginario. Pues es más fácil interiorizar el memento mori donde culturalmente podemos tomarnos en serio, pongamos por caso, la imagen de que llevamos incubando un alien desde que nacemos —un monstruito que, cuando crezca, terminará por rasgar nuestras entrañas. Ciertamente, el imaginario corre el riesgo de sustituir la luna por el dedo que la señala. Pero una cosa no quita la otra. La crítica ilustrada al imaginario religioso tuvo su razón de ser. Sin embargo, acabó por tirar al niño con el agua sucia. Y de esas lluvias, estos lodos —los de nuestra dificultad epocal para los asuntos de Dios.

no a la contaminación

mayo 19, 2022 § Deja un comentario

Claro. Sin embargo, ¿acaso no seguimos consumiendo plásticos? ¿Hamburguesas? ¿Verduras seguras —esto es, con plagicidas? Que sigamos ingresando ¿es que no depende, en última instancia, de la obsolescencia programada? ¿Acaso no es esta obsolescencia el aceite que hace que gire el motor? Venga, vamos a manifestarnos contra la contaminación. Como si esta no tuviera que ver con nosotros, los manifestantes. El esquema, sin embargo, es viejo: la mierda que hay en nosotros, mejor depositarla sobre otros. (Aun así, algo habrá qué hacer. O no habrá nada qué hacer.)

mero cristianismo

mayo 18, 2022 § 1 comentario

El cristianismo no es una religión entre otras. El Dios al que apunta no es un denominador común. Un cristianismo que, en su intento de hacerse un hueco en el mercado de las espiritualidades, concibe a Dios como una especie de fondo nutricio, olvida que Dios tiene cuerpo —y un cuerpo que terminó colgando de una cruz como si fuera un perro. Jesús de Nazaret no fue, según la confesión creyente, un símbolo de Dios entre otros, sino la carne de Dios, de tal modo que Dios —el Padre— no es aún nadie sin esa carne. Dios es el Dios que quiso depender del hombre que depende de Dios. Y no parece que esto sea lo que dicen los hinduistas o los budistas. O el musulmán.

setze jutges…

mayo 17, 2022 § Deja un comentario

El pobre, según Hume, inspira nuestra compasión —una reacción empática. Según el cristianismo, no solo: también nos juzga. Por un lado, el pobre nos invoca. Pero, por otro, nos obliga a responder a su acusación. Sin embargo, no entendemos que ante él nos hallemos realmente sub iudice, donde nos encontramos por encima, tan satisfechos de habernos conocido. Esto es, no lo entendemos hasta que no caemos en la cuenta de que su demanda, en el doble sentido de la palabra, es una oportunidad de redención.

del ánima

mayo 16, 2022 § Deja un comentario

Basta con imaginar que, de repente, cualquiera de nuestras mascotas tuviera un rapto de melancolía —¡y nos los dijera!— como para caer en la cuenta de lo que es el alma. Como si no terminara de encontrarse en donde está. Al fin y al cabo, ninguna profundidad puede haber sin esa falta de coincidencia con uno mismo.

amaos los unos a los otros…

mayo 15, 2022 § Deja un comentario

La lectura de Jn 13: 34-35 suele provocar buenas vibraciones entre los creyentes. Pues ¿quién, en lo más íntimo, no se siente fuertemente inclinado al amor? Sin embargo, estas vibraciones pierden su fuerza inicial —su poder evocador— donde aquel a quien hay que abrazar huele mal, por no decir que escupe sobre nosotros. ¿Abrazar al leproso? Quizá no haya para tanto… Pero el cristianismo es muy consciente de que no hay amor sin sacrificio. Pero ¿quién podrá? No quien decida ponerse las pilas —esto sería pelagianismo—, sino aquel que responde a la acusación del muerto de hambre —una acusación que, sin embargo, se ofrece antes como el perdón de quién ya carece de fuerzas para acusarnos—: ¿dónde estabas? O también: ¿dónde, pues te estaba esperando? Al fin y al cabo, el amor nunca se decidió desde nuestro lado.

Matusalen

mayo 14, 2022 § Deja un comentario

Quizá las primeras generaciones de Israel —la de los patriarcas— estuvieron más cerca de saber de qué hablamos cuando hablamos de Dios que nosotros. Pues la experiencia que hubo detrás es la de estar en manos de quien da la vida y la muerte. O mejor, del Dios que nos ofrece la vida porque al final nos entrega a la muerte. Hay vida porque hay muerte. Y es que difícilmente vamos a percibir la vida como donación o milagro donde demos por hecho que no hay muerte, sino simplemente un paso a otra dimensión. Para dichas generaciones, la bendición de YWHW se traducía en una vida larga y plena. Que Israel pasara a esperar que Dios resucitase a los muertos no fue, por tanto, algo que se diera de entrada. Esta fe surgió, como es sabido, durante la época de los Macabeos y como respuesta a la cuestión acerca de qué vida pueden esperar los mártires de Israel, esto es, aquellos a los que, permaneciendo fieles a YWHW, se les arrebató la vida antes de tiempo. La convicción de fondo es que Dios no abandona a los suyos y, por eso mismo, los muertos tienen que resucitar. Hablamos del imperativo que va con la fe. No, obviamente, de lo que creemos que será porque no podemos soportar que la película termine mal. Hablamos, en definitiva, de lo imposible en nombre de Dios. Y es que la fe o apunta a lo increíble, o no es fe, sino suposición. Dios, sin embargo, no interviene ex machina. Pero este es otro asunto.

cronos

mayo 12, 2022 § Deja un comentario

La vida es demasiado corta como para saber qué es un dios. Si viviéramos mil años como ahora podemos vivir diez, quizá caeríamos en la cuenta de que incluso una madre puede convertirse en un extraña. Nada resiste la erosión del tiempo. No en vano cronos fue, durante siglos, el dios. Y que solo lo fuera durante siglos —que esta evidencia pasara a considerarse una superstición— confirma su supremacía. Quizá el presupuesto de la Modernidad sea, al fin y al cabo, una impostura. Pues creer que nos hallamos en el centro —que no hay dios— es una ingenuidad. Como quizá tampoco sea casual que el único Dios que estuvo a favor del hombre fuese aquel que, frente al tiempo, prometió una paz eterna. La profundidad del paganismo, sin embargo, es más creíble. Al menos, porque resulta evidente que nada permanece. Ahora bien, hay más realidad —más alteridad— en lo que desapareció que en lo palpable —en lo sepultado que en los estímulos del presente. De ahí que quién se encuentra expuesto a la desmesura de la alteridad no pueda esperar más que la imposible resurrección de los muertos. No hay equilibrio de las fuerzas. O Cronos vence, o vence YWHW.

al final

mayo 11, 2022 § Deja un comentario

¿Qué quedará de nosotros al final? Los griegos creyeron que la gloria, las gestas, lo digno de ser recordado. En definitiva, lo superior. Pues tan solo la superior brilla, destaca, se singulariza. Sin embargo, todo brillo se alimenta de viento. Y por eso no hay triunfo que tenga que ver con nosotros. Todo éxito es un malentendido. Nos iremos con las manos vacías. De ahí que prefiera creer que lo que permanecerá serán esos gestos de bondad de los fuimos capaces, a pesar de no terminar de ser buenos. Y permanecerán en aquellos que los recibieron. Aunque también nos iremos con la bondad —la piedad, el perdón— que recibimos. Y por la que fuimos —y seremos, aunque ignoremos el dónde y el cuando— absueltos. O eso espero.

Dios es bueno

mayo 10, 2022 § Deja un comentario

Decimos, Dios es bueno. Pero ¿qué hay detrás de esta afirmación? No me atrevería a decir que un hecho. Como si dijéramos que las focas comen peces. Pues la realidad de Dios no es la de los entes, sino la de una falta fundamental o un eterno por-venir. De topar con un ente inconmensurablemente superior aún no habríamos topado con Dios, sino con su sucedáneo. En realidad, Dios no es algo con lo que topar. ¿Entonces? Por lo común, es una afirmación que responde a un sentimiento: siento que hay un Dios que me ama. Ahora bien, en ese caso lo de menos es la verdad (y aquí la pregunta sería quién necesita decirse a sí mismo que cuenta con ese Dios). Cristianamente, la bondad de Dios no es un predicado de un Dios entendido a la manera de un ente espectral. Cuanto cabe decir de Dios en concreto es cuanto cabe decir de aquel que terminó colgando de una cruz (y regresando como crucificado con la vida de Dios, en el doble sentido del genitivo). Sencillamente, Dios es bueno porque lo fue su cuerpo, por decirlo así. Con todo, ello solo fue posible porque Dios como tal —y desde un principio— no quiso ser Dios sin la adhesión del hombre. De otro modo, porque Dios es su salida de sí —su negación de sí— hacia lo otro de sí. Digamos también bondad.

terraplanismo

mayo 9, 2022 § Deja un comentario

La tierra me sigue pareciendo plana. Pero sé que no lo es. De ahí que no diga que la tierra es plana, aunque actúe como si lo fuera. No sucede lo mismo con la religión. Así, muchos sienten que hay un Dios y que los tiene en cuenta, aun cuando sepan que el haber de Dios no es el de los entes. Sin embargo, y a pesar de saberlo, siguen diciendo que la tierra es plana. Religio duplex.

afinando

mayo 8, 2022 § Deja un comentario

Ante nuestras víctimas, ¿nos hallamos sub iudice? ¿O simplemente nos sentimos así? Desde Hume a Nietzsche el pensamiento moderno se decanta por lo segundo. En cambio, para Israel, la alteridad obliga, manda. Y obliga porque estamos en deuda con el otro. Pues es otro, precisamente, porque lo excluimos del todo. No cuenta —no cabe tenerlo en cuenta. Al negarlo —al convertirlo en invisible— hemos suprimido la adoración que reclama. En su lugar, el trampantojo de una imagen divina. Con el otro, por defecto, no cabe hacer otra cosa que preservar la distancia, respetarlo, conservar su aura, cuidarlo. En definitiva, responder a su invocación. Tan solo así es posible encontrarse con él. Donde olvidamos que existimos por haber negado a Dios —porque no lo echamos en falta— solo quedan los sentimientos. Y ya sabemos que estos, al igual que vienen, se van.

verdad y don

mayo 7, 2022 § Deja un comentario

La verdad —lo que en verdad tiene lugar— antes que una correspondencia entre enunciados y hechos, la cual siempre se decide desde el lado del sujeto del conocimiento, es lo que nos ha sido dado. Las condiciones de posibilidad del saber —las gafas que nos permiten hacernos una idea de cuanto nos rodea, unas gafas que llevamos puestas de fábrica, por decirlo así— no pueden dar fe de cuanto tiene lugar, en definitiva, del don. Tan solo de ciertas apariencias como adecuadas o conformes a. El don, en cambio, se nos ofrece y, por eso mismo, solo puede ser reconocido —y por extensión rechazado o aceptado. La donación es el índice de una genuina alteridad. Los padres que, tras la muerte del hijo, decidieron conservar el balón con el que jugaba, no proyectan un significado sobre lo que no es más que un balón: lo reconocen. Pues ese balón lleva adheridas las huellas del hijo. De ahí que el balón del hijo sea más que un balón. Al fin y al cabo, la pérdida —la desaparición— es el origen del valor. Y nada tiene el lugar —nada es verdadero— que no posea un valor absoluto.

una declaración

mayo 6, 2022 § Deja un comentario

Si Dios es, en verdad, un Dios hecho hombre, entonces Dios es el Dios del hombre de Dios (y en concreto, de aquel que cuelga de una cruz). No decimos el Dios de aquellos que creen o suponen que hay un Dios en las alturas que cuida de nosotros, aunque de un modo a menudo desconcertante. Esto es, no decimos, el Dios del homo religiosus, sino el del hombre de Dios. Y es que el hombre únicamente llega a ser de Dios donde permanece fiel hasta el absurdo a un Dios que no aparece como dios —a un Dios que no quiso ser nadie sin el hombre y que, por eso mismo, sigue siendo nadie con anterioridad a la sobrehumana entrega del hombre. De ahí que, cristianamente, estar ante Dios sea lo mismo que estar ante aquel que lo encarna —traducción: ante el cuerpo de Dios. No hay Dios al margen del crucificado. Con independencia del acontecimiento del Gólgota, el haber de Dios es el de un Dios por-venir —un Dios que está a un paso de caer en la nada. Con respecto a Dios, la confesión cristiana no dice otra cosa que la siguiente: el crucificado es el modo de ser de Dios, su quién (y no solo su ejemplificación). Pues con anterioridad al fiat del crucificado Dios, en sí mismo, es el aún nadie. Y lo es porque esta fue su voluntad desde un principio —la voluntad que es Dios, por decirlo así, y que se realiza como voluntad de Dios a través del fiat del hombre. Hay Dios —Dios se hace presente— porque Dios es el sujeto del hombre de Dios, es decir, la invocación o demanda a la que se encuentra sujeto el hombre de Dios. De ahí que el hombre de Dios sea la Palabra de Dios, su predicado, lo que Dios quiere decir. Y lo que Dios quiere decir es que es en el hombre de Dios y como hombre de Dios. En clave trinitaria, si Dios es la relación entre Padre e Hijo, entonces el Padre es el Padre del Hijo. Pues no hay Padre sin Hijo. Ni Hijo sin Padre.

Sin embargo, esto último, y por lo que hemos dicho antes, debe entenderse históricamente. Y es que con la caída Dios quedó enajenado de aquel en quien quiso reconocerse desde un principio —y por eso mismo, quedó herido de muerte como Dios (aunque por eso mismo, también se perdió por el camino la humanidad del hombre). Hasta el Gólgota, de Dios tan solo la voz que clama por la fe del hombre y cuyo eco escuchamos en el llanto de los sin Dios. Esta voz y la gracia de seguir con vida a pesar de existir como muertos. Dios es, sencillamente, la historia de Dios, una historia en la que estuvo en riesgo, de hecho, el ser o no ser de Dios. Y, por extensión, el del hombre. El cristianismo está lejos de ser una ilusión del hombre. En cualquier, será la de Dios.

aparecido

mayo 5, 2022 § Deja un comentario

Te levantas durante la noche y, de repente, te encuentras con una aparecido frente a ti. Inevitablemente, te tiemblan las piernas. ¿Qué revela, sin embargo, este temblor? Que el mundo es mundo por la fuga de lo irreductiblemente extraño. Esto es, por lo que lo trasciende. Lo que ves —el fantasma— no es una posibilidad del mundo o, cuando menos, no es lo habitual. ¿Hablamos de una figura de de una alteridad avant la lettre, de lo que es al margen de su aparecer? Ciertamente. Pero toda figura miente. Pues bastaría con acostumbrarse para que se disolviera su carácter espectral. Y es que el Otro, como tal, no puede aparecer. Es un imposible. De ahí que sea un nadie. Todo aparecido, sin embargo, clama por incorporarse —por volver a hacerse cuerpo. Por eso, más que nadie, se presenta como el aún nadie. No es casual que, bíblicamente, la alteridad de Dios encuentre su envés en los que no cuentan —en los que dejamos atrás en nuestro pasar de largo. Pues si el pobre irrumpiese en nuestra vida irrumpiría como aparecido, esto es, como el aún nadie. En definitiva, como Dios. Lo dicho: de entrada, temor y temblor.

Dios y la gramática

mayo 4, 2022 § Deja un comentario

No nos libraremos de Dios hasta que no nos libremos de la gramática, dijo Nietzsche. Pero Dios ha muerto, según Nietzsche (y también Lutero, aun cuando Lutero añadiese unas notas al pie). Esto es, Dios como los dinosaurios. Vivimos en la época en la que Dios es apenas una suposición. ¿Dónde queda, entonces, la gramática? ¿Es que acaso Nietzsche pudo liberarse del sujeto proposicional? La aportación de Nietzsche, dejando a un lado sus excesos acerca de übermensch, ¿no será la pregunta que se interroga sobre qué dios habremos puesto en el altar vacío de Dios?

un breve

mayo 3, 2022 § Deja un comentario

Estar expuestos a la trascendencia és hallarse expuestos al abismo que nos separa de Dios. ¿Su presencia? La de un levantado en su nombre. Demasiado para el cuerpo. Como para tener luego que intimar.

la gran objeción

mayo 2, 2022 § Deja un comentario

No hay esperanza para los malditos de Dios que no suponga un confiar en el poder de Dios, un poder capaz de resucitar a los muertos. Aunque sea un poder impotente sin las manos del hombre. Ahora bien, no parece que esto sea muy distinto a poner los dedos en un enchufe (y aquí lo decisivo es que la central eléctrica proporciona la corriente). Sin embargo, lo es. Al menos, porque esta visión del asunto aún resulta demasiado creíble como para que la esperanza apunte a lo imposible.

eucaristía y espíritu

mayo 1, 2022 § Deja un comentario

Para un cristiano, el pan con el que se comulga es el cuerpo de Cristo. Aquí cualquier antropólogo podrá encontrar vestigios de la convicción de los primeros cazadores: la carne de la presa transmite la fuerza necesaria para seguir con vida. Otro asunto es que, al comer a diario, hayamos olvidado la conexión que nuestros ancestros —y los pobres de siempre— vivían a flor de piel: que un animal tiene que morir para que otros puedan vivir. El sacrificio es la base de la existencia. Y es por ello que el culto eucarístico posee una connotación sacrificial. Inicialmente, el pan eucarístico era, tal cual, el pan de cada día. El pan que se ganaba durante la semana, por decirlo así, se compartía. Ningún miembro de la comunidad pasará hambre. En esto consiste, en definitiva, el milagro de la multiplicación de los panes. De ahí el íntimo vínculo, tal y como leemos en el relato de Emaús, entre el espíritu de la resurrección y compartir el pan, lo cual sería, hoy en día, como compartir el sueldo. Los tiempos han llegado a su final —y al margen de las fechas, para los pobres cualquier tiempo es terminal. Por tanto, nada de lo que suele importarnos, importa. Únicamente, el espíritu de la fraternidad. Sin embargo, donde no hay fraternidad que valga —donde aún confíamos en nuestras posibilidades—, la comunión pasa a ser un acto puramente devocional o psicológico, por no hablar de la mistificación que supone creer que en la sagrada forma se encuentra, vete a saber de qué modo, la sustancia de Cristo. Y de aquí a tomar el nombre de Dios en vano media un paso —y un paso más bien corto.

la sabiduría del tabú

abril 30, 2022 § Deja un comentario

¿A qué obedece el tabú de no matar? Mejor dicho, ¿por qué necesitamos que el mandato se imponga como tabú? ¿Acaso no basta con la ley? Quizá porque el hombre se guía por las apariencias, por lo que le parece que es. Y no sería la primera vez que los otros se nos aparecen como una plaga de ratas.

del ver y la verdad, esto es, de Caín.

abril 29, 2022 § Deja un comentario

Nos preguntamos qué hay de verdadero —de sólido— en cuanto hay o nos ocupa. ¿Acaso que lo que hay es que no hay nada sólido —que todo es un ir y venir? Otra sería la respuesta si por verdadero entendiéramos lo que en verdad tiene lugar. Pues entonces comenzamos a pisar aire. Al menos, porque lo que tiene lugar no se decide de nuestro lado —desde el criterio—, sino desde el lado de la interpelación del aún nadie. Aquello que tiene lugar —aquello que acontece y no simplemente pasa—, y aquí sobra el aquello que, es por defecto la alteridad, lo extraño avant la lettre. Sin embargo, la alteridad no se da en los tiempos del presente indicativo. Su realidad, la de un fue inmemorial —la de un continuo retroceso con respecto a su forma, aunque puede que, por eso mismo, la de un eterno por-venir. Y es que ver es reducir, asimilar, re-presentar. En la representación, la alteridad es tan solo un presupuesto —lo que tuvo que dejarse atrás (y por eso mismo roza la irrealidad). La mente es un lecho de Procusto. De ahí que no sea casual que la primera intervención de YWHW sea una demanda: ¿dónde está tu hermano Abel? Como si se nos quisiera dar a entender que únicamente el semejante se revela como hermano donde topamos con nuestra orfandad.

doxa

abril 28, 2022 § Deja un comentario

No es casual que doxa significase originariamente tanto brillo como apariencia —y de ahí que terminase siendo sinónimo de opinión, de un creer que uno sabe de lo que habla. El lenguaje dice más de lo que dice: tan solo hay aprender a hurgar. Y es que, de entrada, somos reos del aspecto, de las superficies —de su resplandor. Quizá porque en el fondo anhelamos lo sin tara, lo cual no deja de ser el envés del desprecio que sentimos por nuestra deformidad (y de paso por el deforme que la representa). En cualquier caso, el polvo siempre por debajo de la alfombra. Y hay que partir de ahí… si uno pretende desprenderse de su infancia. O, cuando menos, de su confusión. Pues el bien no se encuentra del lado de la pureza.

límite y trascendencia

abril 27, 2022 § Deja un comentario

Solo quien puede seguir avanzando sabe lo que es una frontera. Sin embargo, donde hay una frontera, hay un más allá. Y esto es así por defecto. Ahora bien, hay dos tipos de frontera: la circunstancial y la absoluta. Con respecto a la primera, de hecho no podemos avanzar, pero podríamos… si hubiera una puerta. Aquí el más allá es una prolongación, aunque quizá desconocida, del mundo, y por eso mismo algo de lo que es posible hacerse una idea. En relación con la segunda, no cabe dar un paso al frente. Se trata del non plus ultra de la existencia. Hablamos, obviamente, de la muerte. Y aquí el más allá es inconcebible, al menos honestamente. El más allá de la muerte se nos ofrece como un puro haber —como una absoluta extrañeza o alteridad, que, como tal, no admite representación. Pues se presenta como no siendo (y de ahí que no quepa re-presentarla). La profundidad comienza, me atrevería a decir, con un hallarse expuesto a este más allá. Ciertamente, podríamos creer —o simplemente imaginar— que la muerte es un parto que nos arroja a otro mundo. Pero con ello tan solo habríamos conseguido desplazar la frontera. Pues incluso en el caso de que en ese nuevo mundo no hubiera muerte, de seguir habiendo un yo de por medio, el todo seguiría siendo un no-todo. No obstante, podría darse el caso de que el carácter otro del puro haber fuera únicamente la de una vida que continúa sin ti. Esto es, un tiempo en el que no cuentas, ni puedes contar. Y esto sería Nietzsche.

del perdón y la fe

abril 26, 2022 § 1 comentario

Al igual que, estrictamente, tan solo se puede perdonar lo imperdonable, tan solo cabe creer en lo que humanamente no es posible creer. Pues lo que no es perdón es una simple disculpa. Y lo que no es fe, suposición. Tan solo el daño irreparable exige un perdón. Paralelamente, en la suposición permanecemos a resguardo, en modo alguno ex-puestos a una genuina alteridad, la cual siempre se ofrece como la del aún-nadie. Ni la disculpa, ni la suposición trascienden la inercia. En el caso del perdón y la fe nos enfrentamos, en cambio, a un imposible, a lo que ningún mundo puede admitir como posibilidad. Y donde no nos encontramos expuestos a lo imposible permanecemos en la situación del bonobo, aunque con un poco más de inteligencia. Quizá no sea casual que el perdón y la fe vayan de la mano. Al menos, porque el perdón es un acto de confianza en quien no merece ninguna confianza. La cuestión es, sin embargo, en nombre de qué —o de quién— caben el perdón y la fe.

subsistemas

abril 25, 2022 § Deja un comentario

No hay sociedad o sistema social, salvo como abstracción. Hay subsistemas. El mundo de los negocios, el del poder, el de la política… Está también el mundo de los ascetas, el del homo religiosus, el de los amantes de la verdad. Uno tiene que elegir. O acaso no pueda. Pues nace como nace. En cualquier caso, la virtud está al alcance de cualquiera. Esto es Platón. Otro asunto es el subsistema que domina culturalmente, el que le imprime un sesgo a la época. Y hoy en día ya no es el de la cristiandad. Obviamente. Es el del poder de los negocios. El cristianismo no puede pretender la hegemonia. Tampoco la de servir de complemento. Su posición es la de la resistencia.

primavera

abril 24, 2022 § Deja un comentario

Basta con apretar el botón de las hormonas para que todo se ponga en marcha. Como si fuéramos títeres. ¿Libertad? ¿Acaso la de verse a uno mismo desde fuera, la que proporciona la reflexión, ese volver sobre sí como quien topa con un extraño? Sin embargo, los resultados de la reflexión difícilmente llegan a ser incorporados. La sensibilidad sigue con la suya. Aun cuando sepas que la inclinación es siempre una reacción, en el día a día te siguen gustando los dulces, por decirlo así. A menos que el cuerpo deje de acompañarte. Es entonces que devienes un irónico: juegas como aquel que no está en el juego —como el que intuye, al menos, que el juego es otro. El extraño que hay en ti toma la plaza. Vives como un desplazado del mundo. El cristianismo añade, con todo, una guinda: como desplazado, sí, pero junto a los desplazados. Y cavando. Al fin y al cabo, la libertad tiene que ver con haber alcanzado el non plus ultra de la existencia. Sin embargo, por eso mismo, hay más allá. Aunque no necesariamente el de otro mundo. Es suficiente con que la vida siga sin ti (y aquí el nihilista tendría razón). En cualquier caso, no pertenecemos al mundo. Y esto es gracia. O lo que viene a ser lo mismo, de agradecer. El resto —lo que pueda venir después— es inconcebible, por no decir paradójico. Como el gato de Schrödinger. Así, o nos hallamos expuestos al misterio —que no a algo aún por descubrir—; o Nietzsche estuvo en lo cierto.

sheol

abril 23, 2022 § 1 comentario

¿Qué pueden esperar los muertos en vida? ¿Aquellos para los que todo es No? ¿Para el que está solo en una celda de aislamiento? Todo es oscuridad para el deprimido. Al resto, las cosas les van más o menos bien. No a ti. No cuentas, no eres nadie. Perteneces al sheol. ¿Dios? ¿Puedes creer que siempre te acompaña y que sufre contigo? Esta creencia ¿no se encuentra cerca del placebo? Que Dios sea un Dios de vivos puede entenderse de dos modos. O bien, que no hay Dios para los muertos. O bien, que Dios no quiere que mueras —y de ahí la esperanza en la resurrección. Sin embargo, teniendo en cuenta que el asunto de la resurrección de los muertos es, cuando menos, problemático, la anterior alternativa es como decir o la tierra es redonda, o soy Napoléon. Y evidentemente, no eres Napoleón. Traducción: o la cruz es un fracaso —y el destino del hombre de Dios es topar con la falta de Dios—, o el crucificado es el Hijo de Dios. Y sin resurrección, lo segundo suena a broma.

pedagogías

abril 22, 2022 § 1 comentario

Parece que ahora se trata de educar en competencias. Nada de memorizar y vomitar. De acuerdo. Sin embargo ¿de qué estamos hablando? Básicamente, de que los chicos, al terminar su formación, sean capaces de entender —y a ser posible, de manera lo suficientemente crítica— un texto que vaya más allá de los cuentos infantiles (o los mensajes de Instagram). Y esto implica ser capaz de plantear buenas preguntas. También, de que estén lo suficientemente familiarizados con el lenguaje de la matemática, de manera que puedan resolver problemas que exijan un planteamiento abstracto. Estas son, grosso modo, las competencias.

Ahora bien, el prejuicio dominante es que estos objetivos se pueden alcanzar reduciendo contenidos. Y esto es, en parte, así: no es necesario acumular ingentes cantidades de saberes. No obstante, lo que solemos escuchar es que los contenidos no importan. Y esto no es así. Es imposible leer un texto de una cierta complejidad sin haber integrado en cierta medida algunos saberes fundamentales. O al menos, no cabe hacerlo críticamente. Es como si en la facultad de periodismo no se impartieran asignaturas relacionadas con la historia, la socio-política o la economía: los estudiantes aprenderán a maquetar un periódico o a destacar los titulares de un telenotícies, pero serán incapaces de escribir un artículo. De ahí que tengamos que escuchar que, dado que los contenidos apenas importan, cualquiera puede impartir cualquier materia. Esto quizá valga para primaria. No, para secundaria. Ciertamente, cualquiera puede dar clase de lo que sea. Pero, si es cualquiera, lo hará mal. Sencillamente, no podrá responder a las preguntas de los alumnos más interesados en aprender. Tampoco será capaz de inducirlas. De hecho, el dato es que los chicos cada vez más esperan que alguien —y alguien que sepa de lo que habla— les explique algo interesante y que, por eso mismo, vaya más allá de lo que pueden encontrar en la wikipedia. Alguien, en definitiva, que les abra los ojos. Y es que los alumnos no dejan de ser humanos.

Más aún: se nos dice también que la escuela ha de preparar a sus alumnos para la vida. De acuerdo, también. Pero no se les preparará donde se deje a un lado la formación del carácter. Pues la vida tiene mucho de cuesta arriba. Sin embargo, ¿qué carácter saldrá de aquellas escuelas en las que, siguiendo fil per randa los nuevos vientos pedagógicos, la cultura del esfuerzo ha sido estigmatizada? Y quien dice cultura del esfuerzo, no dice, por supuesto, aquello de que la letra con sangre entra. Hace años que nadie va por ahí. ¿Es posible que alguien crea honestamente que se puede aprender algo serio jugando, como quien dice? De entrada, el juego puede estar bien. Pero tarde o temprano, uno debe coger el toro por los cuernos. Y entonces el juego es otro. A menos que no se trate de un toro, sino de un torito de peluche.

De ahí que dé la impresión de que la educación actual no tiene otro propósito que el de no traumatizar a los chicos, aun cuando se pongan sobre la mesa objetivos más ambiciosos. Ciertamente, no se trata de traumatizarlos. Pero si un chico se traumatiza porque ha suspendido mates, pongamos por caso, a pesar de haber estudiado mucho, el problema no está en el profesor de mates, sino en el chico. También hay que aprender a levantarse. Y no lo conseguiremos si la estrategia es bajar el listón. Al fin y al cabo, educar es forzar —hay que acostumbrarse a nadar contracorriente, aunque la educación no consista solo en eso—… evitando, eso sí, que se rompa la maquinaria. La escuela es un espacio de maduración. Y no puede haber maduración donde no tensamos un poco la cuerda. Donde los retos son fácilmente asumibles, hasta el punto de que aprobar salga prácticamente gratis, seguimos en la infancia. Me atrevería a decir que la escuela deviene una estafa en el momento que un chico que, por ejemplo, suspende los ejercicios de mates termina sacando un notable… vete a saber con qué criterios.

ariel

abril 21, 2022 § Deja un comentario

Cuando alguien dice “esto lo tengo clarísimo” es que aún no se ha hecho las suficientes preguntas.

nietzscheanas 58

abril 21, 2022 § Deja un comentario

Puede que Nietzsche se equivocara al considerar que el cristianismo fue un platonismo para el pueblo. Quizá lo fuese la cristiandad, pero no el cristianismo. Pues el Dios cristiano no es, en realidad, un paradigma. Ni siquiera de bondad. Aunque en muchas cabezas cristianas se siga concibiendo como tal , lo cierto es que el Dios que se revela en el Gólgota, en sí mismo, no es aún nadie. Es el Dios que, tras la caída, tuvo pendiente su modo de ser. En la cruz, el Padre se manifiesta como un Dios impotente. No puede hacer más que guardar silencio. Es lo que tiene un Dios que quiso ponerse en manos del hombre que depende de Dios —un Dios que, desde el principio, renunció a un poder sin resquicio. De hecho, en eso consiste su omnipotencia: en desprenderse del poder. Pues, de lo contrario —de no poder abdicar—, la voluntad de poder estaría por encima de la de Dios. Solo desde el Dios que no quiso ejercer como Dios sin la fidelidad del hombre —solo desde el Dios que quiso reconocerse en Adán, al fin y al cabo, en el que tiene que negarlo en tanto que es lo otro de Dios— cabe confesar que el crucificado es el quién de Dios, su modo de ser, en definitiva, el Hijo. El cristianismo es la raíz del nihilismo, no porque la vida carezca de valor si no es en relación con lo que vale en verdad, a saber, la vida de Dios, sino porque Dios en realidad es el Dios que salió de sí mismo —que quiso privarse de divinidad— para reconocerse en el hombre y, así, llegar a ser el que es. Esto es, porque Dios se puso en riesgo desde el origen de los tiempos. La muerte de Dios —su desaparición como Dios— fue antes un invento cristiano que nietzscheano. Pues el mundo no es nada donde Dios siga siendo un eterno porvenir. Otro asunto es que la cristiandad se decantara históricamente por el pantrocrátor, transformándose en una religión entre otras (y aquí deberíamos darle la razón a Hegel cuando escribió que, con el paso del tiempo, incluso la verdad termina siendo otra cosa). Pero esto no quita que el cristianismo, avant la lettre, diga lo que dice.

nietzscheanas 57

abril 20, 2022 § 1 comentario

El hombre no puede crear valor. Tan solo reconocerlo. Cuando los padres que perdieron a su hijo deciden conservar el balón con el que jugaba, no están proyectando un valor sobre lo que, como tal, no es más que un balón: ese balón es sagrado, intocable, inútil. Sencillamente, es más que un balón. Si se tratara de una proyección o, en términos de Nietzsche, de una lectura, entonces bastaría con sustituirlo por uno igual, de perderlo en una mudanza. Pero es obvio que, para esos padres, el balón del hijo es insustituible. Que solo desde su punto de vista quepa reconocer el carácter sagrado de ese balón no implica que se trate de una interpretación de lo que en sí mismo no es más que un balón. Únicamente, que lo sagrado no puede ser reconocido desde cualquier punto de vista o situación. Al fin y al cabo, no hay un en sí mismo al que podamos referirnos como lo que es en realidad. No hay visión que no incluya un cierto saber de qué se trata. Sin embargo, en lo que respecta al valor —o a lo sagrado— este qué no lo decide el hombre.

Para crear valores, lo humano del hombre tiene que haber sido superado. Tan solo el übermensch es capaz de crearlos. Pero ¿cómo es posible? ¿Cómo puede hacerlo si nada posee valor —si todo valor, según Nietzsche, es interpretación? Un valor discrimina, esto es, nos permite distinguir entre lo que vale y lo que no. Ahora bien, el übermensch no discrimina: tanto vale la inocente alegría de un niño como un genocidio. Todo es milagro, por decirlo así: desde el crecimiento de la hierba hasta los hornos crematorios de Auschwitz. Todo es motivo de danza —y de ahí que Nietzsche contraponga en su obra, a la manera de un leitmotiv, la figura del crucificado a la de Dioniso, el dios de la ebriedad. ¿En qué consiste, por tanto, la creación del valor? Si todo vale, entonces nada vale. Pero esto equivale a decir que vale la nada. En el fondo, la superación de lo humano consiste en amar la nada —en abrazarla.

Atanasio, uno de los primeros intelectuales cristianos, dejó escrito que Dios se hizo hombre para que el hombre se hiciera divino. Nietzsche, sencillamente, se tomó al pie de la letra la sentencia cristiana, aunque dándole un giro particular: Dios se encarnó para que el hombre ocupara el lugar de Dios. Y lo ocupa en el momento en que, perseverarndo en la nada, crea valor de la nada… análogamente a como Dios creó el mundo, precisamente, a partir de la nada. El übermensch crea valor de la nada porque, en definitiva, Dios es nada. Quizá no sea casual que Nietzsche percibiera un estrecha familiaridad entre mística y nihilismo. Pues para el místico, Dios es no siendo nada en particular —o como escribiera Isaac Luria en el XVI, desapareciendo como Dios. Por no hablar de la íntima conexión entre nihilismo y cristianismo. Pues ¿acaso el cristiano no confiesa que Dios tuvo que vaciarse de Dios para hacerse hombre? Pero este es otro asunto.

inhumana pureza

abril 20, 2022 § Deja un comentario

La pureza es inhumana. De ahí que Israel nunca se tomara muy en serio la creencia en la inmortalidad del alma (pues la perennidad de los espectros no tiene que ver con nosotros). ¿Un amor sin sexo? ¿Acaso no valdría con cualquiera? Pero ¿quién, entonces, podría soportarlo? El amor se hace. Y las almas no tienen manos. Ahora bien, las manos, tarde o temprano, alcanzan el barro. No hay plata sin ganga. Por suerte. Ciertamente, seguimos aspirando a la pureza de la divinidad —a un amor sin tara. Pero ¿quién podría soportar ser un Dios? Ni siquiera Dios pudo tolerar ser solo Dios.

nietzscheanas 56

abril 19, 2022 § Deja un comentario

La fuente del valor, según Nietzsche, reside en lo alto, pero Dios ha muerto. Ya no hay valor que valga. Todo se encuentra, por tanto, en el mismo plano. Da igual una masacre que la sonrisa franca de una mujer. En cualquier caso, te parecerá que lo segundo es mejor. Pero solo porque es preferible —porque el cuerpo se inclina hacia ello—, no porque sea mejor o en realidad esté por encima de una pila de cadaveres. Sin embargo, podríamos preguntarnos si la raíz del valor, antes que con las alturas, acaso no tendrá que ver con la pérdida. Las zapatillas de papá, pongamos por caso, se cargaron con el aura de lo sagrado tras su muerte. Sencillamente, dejaron de ser algo útil. Papá de algún modo continúa estando presente mientras sus zapatillas sigan ahí. Por eso, debemos presevarlas de su profanación: nadie las aprovechará. Evidentemente, el reconocimiento del valor exige un punto de vista, en nuestro ejemplo, el del hijo. Pero eso no devalúa el valor. No puede haber ningún valor para quien contempla la escena desde la distancia. Pues tan solo la pérdida revela la alteridad de aquel con quien tratamos —negociamos— a diario. Pues la alteridad del otro es lo intratable del otro, lo que en el otro no admite negociación. En este sentido, podríamos preguntarnos si acaso la vida no se carga de valor precisamente porque Dios ha muerto —o, en bíblico, porque su presencia es la de un ausente o eterno porvenir—. Dios nunca garantizó un sentido, salvo para quien ignora qué significa estar ante Dios, sino en cualquier caso el carácter milagroso de la existencia. Del sentido, ja en parlarem (si es que puede haber algún sentido para quien el todo nunca puede ser el todo). Al fin y al cabo, la vida se carga con el aura de la excepción donde caemos en la cuenta de que se nos ha dado desde el horizonte de la nada o, mejor dicho, del aún-nadie como tal.

jesuología

abril 18, 2022 § Deja un comentario

Dicen, algunos: no creo en las iglesias, ni en sus dogmas; creo en Jesús. Esto es, en su causa. Sin embargo, Jesús, el profeta, fracasó. ¿Su causa? Una causa perdida. Moloch gana. Los partidarios de Jesús a secas harían bien en releer a Pablo y en concreto 1Co 15, 14. O resurrección de los muertos, o nihilismo. Aunque esto sea como decir nihilismo. Sobre todo, donde ya no nos comprendemos como aquellos que se encuentran expuestos a la imposible posibilidad de la bondad. Ni cultural, ni existencialmente.

¿qué esperar?

abril 17, 2022 § Deja un comentario

¿Qué esperanza para Caín? ¿Acaso el perdón de Abel? Sin embargo, para ello debería levantarse de entre los muertos. Y es que únicamente la compasión de su hermano puede resetear la existencia del fratricida. ¿Como le ocurrió a Pablo? Probablemente. Pues, asistiendo a la ejecución de Esteban, y tras su perdón, Pablo pasó de exterminar a los seguidores de Jesús a proclamar su evangelio. O como contaba aquella mujer, que estando prisionera en los campos de Pol Pot llegó a arrancar la comida de la boca de su hija, la cual murió, días después, de inanición: que lo único que esperaba era poder encontrarse con su hija más allá de la muerte para que pudiera perdonarla… y comenzar juntas de nuevo. Obviamente, se trata de un imposible.

Ahora bien, el cristianismo no profesa otra fe. Sencillamente, los muertos deben resucitar en nombre de aquella bondad que nos fue dada en medio del horror. De lo contrario, no hay redención para el culpable. ¿Y quién no lo es, al menos a causa de su pasar de largo? Quizá, por eso mismo, la esperanza en la resurrección de los muertos concierne antes a los culpables que a la víctimas. Pues no solo se trata de que los que murieron antes de tiempo a causa de nuestra impiedad puedan vivir la vida que les resta. Los muertos tienen que resucitar para que las víctimas puedan apiadarse de sus verdugos. La justicia de Dios es, antes que venganza, una última oportunidad. Hay esperanza, precisamente, porque Dios espera. El juicio de Dios arranca con el perdón del crucificado. De ahí que el verdugo se condene donde, tras el gesto de misericordia, recoge de nuevo el hacha. Y aquí la condena es una eternidad sin rostro (al menos, porque la existencia deviene eterna para quien está solo).

En cualquier caso, la resurrección sigue siendo, literalmente, increíble. No es algo que podamos esperar desde nuestro lado. Sin embargo, Dios o tiene que ver con lo que ningún mundo puede admitir como posibilidad, esto es, con lo inconcebible en nombre de; o no es Dios, sino un trampantojo al servicio del onanismo espiritual. En definitiva, o resurrección, o nihilismo. Y para aquellos que no nos encontramos abiertos a la imposible posibilidad de Dios, esto es como decir nihilismo. Pero por suerte —o mejor dicho, por gracia— hubo quien permaneció abierto por nosotros, los incapaces. Pues solo por su fe cabe la fe.

el despojo de Dios

abril 16, 2022 § Deja un comentario

Jesús murió en la cruz como un apestado de Dios. La crucifixión transformaba el cuerpo de un hombre en un despojo. Nada que ver con la serena muerte del asceta. Deberíamos imaginar el rostro del crucificado como el de un enajenado, con los ojos fuera de las órbitas. Esto es, soportando el peso del mal. Y quien lo soporta no puede menos que repugnarnos. Como un saco de vísceras. Hay que tener mucho estómago para confesar que ese carne es la de Dios. O mucha humildad para aceptar su perdón. ¿Cómo pudo el que fue abandonado de Dios morir abandonándose a Dios? ¿Acaso esa fe no fue la de un muerto, la de quien ya no podía esperar nada del mundo? ¿No es cierto que, por eso mismo, su último aliento, el que nos da la fe, lo entregó regresando de la muerte, aun colgando, con la vida de Dios, en el doble sentido del genitivo? Es posible que la única pregunta que importe sea qué tienen que decirnos los muertos. O mejor, ese muerto. Aunque, obviamente, no nos lo parecerá donde seguimos tan satisfechos de nosotros mismos (y puede que también de nuestra fe).

Cristo, ¿un campesino judío?

abril 15, 2022 § Deja un comentario

Hace un siglo, Rudolf Bultmann puso sobre el tapete la disyuntiva entre el Jesús histórico y el Cristo de la fe. Aunque no fuera este el propósito de Bultmann, lo cierto es que la distinción sugería, cuando menos, que el Cristo de la fe era una interpretación… entre otras. A partir de entonces proliferaron una serie de imágenes alternativas: desde el Jesús guerrillero hasta el Jesús cínico. Sin embargo, la cuestión no es si caben diferentes interpretaciones —pues resulta obvio que sí—, sino si la confesión creyente fue originalmente una interpretación. No me atrevería a decirlo. Y es que una cosa es interpretar desde la grada —y aquí la interpretación se añade, por decirlo así, a lo que se ve— y otra muy distinta ver de un cierto modo, lo cual es, en cualquier caso, inevitable. De hecho, no hay visión que no incorpore en su seno una carga teórica. Ver es siempre un ver como. Así, por ejemplo, quien ve un martillo, ve un clavo. Siempre y cuando pertenezca a un mundo en el que haya martillos, no ve en primer lugar una cosa que, a continuación, interpreta. Directamente, ve el clavo que acompaña al martillo. En este sentido, la visión de lo que hay supone un reconocimiento. Cuando topamos con un amigo tras años sin verlo, no estamos propiamente interpretando, sino reconociendo… aunque, en un primer momento, podamos dudar. Vemos al amigo como lo que es, a saber, un viejo amigo. Si hoy en día fácilmente damos por sentado que el Cristo de la fe es una interpretación entre otras, quizá sea porque ya dejamos atrás los presupuestos culturales —los pre-juicios— que hicieron posible su reconocimiento. Y quien dice presupuestos, dice mundo.

topar con Dios

abril 14, 2022 § Deja un comentario

Para el sujeto moderno, como para Israel, Dios no es un ente superior. De topar con dicho ente, aún no habríamos topado con Dios. Tan solo con un ente con el que deberíamos lidiar. De hecho, con Dios, como tal, no cabe topar. Incluso en los cielos, seguiría estando por ver. Sin embargo, no hay relación con Dios que no implique la pobreza del hombre, su descentramiento. El exceso de Dios sitúa al hombre en la perferia. La dependencia del hombre con respecto a Dios no es, por tanto, la del perro con respecto a su amo —no se trata del sentimiento de dependencia propio de la infancia—, sino la de aquel que, bajo el cielo impenetrable de los Auschwitz de la historia, clama por una redención que no está en sus manos asegurar, aunque tampoco solo en las de Dios. Cristianamente, todo comienza al pie de una cruz. ¿Topar con Dios? Por supuesto: ahí está, colgando.