un podcast entre amigos

abril 28, 2023 § 2 comentarios

una cosa va con la otra

agosto 27, 2026 § Deja un comentario

No me parece viable creer honestamente que Dios habita el mundo a la manera de una presencia invisible… sin que, a su vez, se dé la posibilidad de creer en los espíritus de los bosques o en un informe Warren. Una cosa va lógicamente con la otra… aunque, de hecho, subjetivamente —y de manera incoherente— quepa creer en una y no en la otra. Me refiero a que un mundo que acepte la posibilidad de la presencia invisible de Dios es el mismo mundo que admite la posibilidad de los demonios

Sé que muchos cristianos viven su fe bajo el sentimiento de que Dios siempre les acompaña a la manera del ángel de la guarda de la infancia. Pero lo cierto es que el Gólgota reveló que el mundo se hallaba vacío de Dios —que su presencia es, de hecho, la de su espírtu, ese resto que se realiza en la comunidad fraternal. Quizá estaría bien que tuviéramos en cuenta que los miembros de las primeras comunidades permanecieron a la espera de Dios, mejor dicho, de su regreso. Y esto no es exactamente lo mismo que creer que Dios está ahí a nuestro lado… como puedan estarlo los demonios.

el ABC de la sensibilidad religiosa

agosto 26, 2026 § Deja un comentario

En Les Phares, Baudelaire escribe este verso memorable (y aquí una paráfrasis): … un lacerante llanto que atraviesa los tiempos, agotándose en la orilla de vuestra Eternidad. ¿Acaso esta falla —lo mortal frente a lo eterno, lo inmutable— no es la que, inicialmente, provocó en nosotros la impresión de hallarnos frente a lo divino? La piedad que convierte a DIos en un asunto íntimo o el neognosticismo actual que hace de Dios una especie de superalimento ¿no olvida, precisamente, en qué consiste la divinidad por defecto? No parece que haya mucha continuidad en el significado de la palabra Dios. Quien entiende que con esta palabra nos referimos al poder último del que depende la existencia probablemente no sepa de qué esta hablando. Pues decir esto es como no decir nada, esto es, como abrir la puerta a que cualquier cosa pueda ocupar el lugar de Dios —el amor, la maldad, las energías… Y digo probablemente porque también podría haber caído en la cuenta de que, en efecto, es como no (decir nada). Esto es, como decirlo todo.

hegelianas (4)

agosto 25, 2026 § Deja un comentario

La superación del esquema sujeto-objeto —un esquema en el que el yo queda, por así decirlo, por encima del mundo a la manera de un dios— exige la estrategia de Spinoza, esto es, partir de Dios en tanto que realidad infinita: hay el todo. Pues, de partir de la pregunta por la posibilidad de una certeza absoluta, será inevitable terminar colocando al cogito en el centro de control. De hecho, esta centralidad es el presupuesto implícito del ejercicio metódico de la duda.

Ahora bien, la consecuencia de partir de este Dios —en definitiva, de dar por descontado que el cogito también forma parte de la totalidad— es que la conciencia deviene, lógicamente, la conciencia de Dios. Es decir, que Dios deviene para sí mismo a través de la conciencia de la humanidad. Como si Adán fuese el espejo de Dios. Elohim fue, con anterioridad a la negación de Adán, una bestia. Al fin y al cabo, comprender la relación con Dios como la relación con el absolutamente otro es el suelo en el que se asienta la relación sujeto-objeto y, por ende, la objetivación del mundo. El pensamiento de Kant es judaísmo por otros medios.

hegelianas (3)

agosto 24, 2026 § Deja un comentario

Las religiones, o bien, acentúan la pertenencia —tarde o temprano, deberíamos darnos cuentan de que nos hallamos bajo aguas que nos cubren, decìa Thomas Merton—, o bien, la separación (y su Dios absolutamente otro). Sin embargo, Hegel quizá diría que, en tanto que pertenecemos, existimos como arrancados. Y que la enajenación no es la última estación. Aun cuando la reconciliación —la autoconciencia de Dios, el regreso de Dios a sí mismo a través del hombre y por el que deviene alguien— pase por regresar con las manos vacías.

progreso y escatología

agosto 23, 2026 § Deja un comentario

La idea de progreso no es un mero trasunto secularizado de la escatología cristiana. Quiero decir que su secularización cambia las tornas por completo. Es como cambiar las coordenadas: los valores ya no pueden leerse del mismo modo. No se trata, por tanto, de que sea lo de antes, pero sin Dios. Es verdad que, en un primer momento„ podemos suponer que se trata de lo de antes, aunque con otros odres: en lugar del Reino de Dios, el del ideal de la libertad, la igualdad y la fraternidad. De hecho, sigue habiendo un sentido, un hacia dónde. Pero hay truco. Espontáneamente, el sujeto moderno cree que, haciendo lo debido, podrá alcanzar el horizonte. En este sentido, podríamos decir que el sujeto moderno peca de pelagianismo. Sin embargo, la lógica del dominio técnico del mundo —la que sostiene nuestro progreso— no entiende de ideales. Su principio es otro: si es posible, debe hacerse. Me refiero a que cuando sea viable diseñar un spiderman, se diseñará. No hay límite moral, salvo el que pueda imponerse uno a sí mismo, que lo impida. Y esto no es exactamente lo mismo que seguir una senda cuyos límites laterales están franqueados por los mojones del tabú.

socráticas

agosto 22, 2026 § Deja un comentario

Y— ¡No tenemos por qué ser madres!

S— De acuerdo. Pero ¿quién dice que debas serlo?

Y— La sociedad. No tener hijos está mal visto.

S— ¿Solo la sociedad? ¿Tu cuerpo no te dice nada?

Y— A veces. Como cuando me pide venganza… o cuando me pide beber. Pero no todo lo que el cuerpo pide es una obligación.

S— Salvo beber.

Y— Obviamente. Si no bebo agua, me muero.

S— ¿Por qué?

Y— Porque estamos hechos de agua. Forma parte de lo que somos.

S— ¿Y la maternidad no forma parte de lo que eres?

Y— La maternidad es solo una posibilidad. Las mujeres no somos madres por naturaleza.

S— ¿Y no consiste nuestra naturaleza, precisamente, en realizar nuestras posibilidades?

Y— ¡Exacto! Pero solo las posibilidades que nosotras elegimos, no las que se nos imponen. Si me resisto a la maternidad es porque la siento como una imposición.

S— Dime una posibilidad que hayas hecho tuya sin que nada ni nadie te la haya impuesto de entrada.

Y— Mi deseo de ser actriz. Me muero por actuar. Ahí sí me siento yo misma.

S— ¿Naciste con ese deseo?

Y— No, claro. Pero la primera vez que mis padres me llevaron al teatro supe que quería estar ahí, sobre el escenario.

S— ¿Por la actuación… o por los aplausos?

Y— Los aplausos cuentan, pero lo decisivo fue el impulso de vivir otras vidas.

S— ¿Y si actuar solo reportara abucheos y desprecio, seguirías sintiendo ese impulso?

Y— Supongo que no…

S— Entonces, para «llegar a ser tú misma» como actriz, ¿no has tenido que aceptar un estímulo que vino totalmente de fuera? ¿El reconocimiento de los demás? ¿O vivir otras vidas… porque la tuya te parecía gris?

Y— ¡Me estás mareando! Te vas por las ramas. Yo solo digo que no estoy obligada a ser madre y no busco el aplauso de nadie por decir esto.

S— Pero lo dices con fuerza. Si a nadie le importara lo que dices, ¿seguirías gritándolo?

Y— Probablemente no…

S— Luego te peleas contra una exigencia porque sientes que te la imponen como algo «natural», tan inevitable como beber agua.

Y— ¡Exacto! ¡Y no lo es!

S— Pero si eso que uno es implica hacer propio lo que al principio era solo una posibilidad impuesta o sugerida por el entorno —como tu vocación teatral—… ¿por qué descartas que otras mujeres se realicen haciendo suya la maternidad?

Y— Porque en muchos casos no la hacen suya: se la tragan. Hay esclavos que también dicen sentirse realizados sirviendo a su amo.

S— Pero la maternidad como cadena ¿acaso no tiene más que ver con cómo están organizadas las relaciones entre hombre y mujer que con el hecho de ser madre?

Y— Voy a por un gelocatil.

de lo uno y lo vario

agosto 21, 2026 § Deja un comentario

El problema que sacó de quicio a los pensadores griegos fue el de la transición de lo uno a lo múltiple. Pues el punto de partida es que el arjé es uno. Ciertamente, la respuesta es, al menos, posible para la física. Se trata de localizar el ladrillo. Pero no, para la metafísica, es decir, para quien comprende que el arjé es apeiron. Al fin y al cabo, la intuición fundamental de la metafísica es que el fundamento del todo no pertenece al todo. De ahí que el ex nihilo sea el único problema de una filosofía que se precie.

la mala ingenuidad y el pensar

agosto 20, 2026 § Deja un comentario

Es posible leer el relato del Génesis tal cual —DIos prohibe y Adán desobedece—. Pero también cabe comprenderlo. Y es que comprender significa caer en la cuenta de lo que se nos está diciendo, en definitiva, ponerse en situación. La prohibición de Elohim no fue como la de nuestros padres cuando nos prohibieron tomar dulce fuera de los domingos. Adán, tras acatar la regla, no se limita a hacer falta. Al contrario: cumple con la intención más sutil del mandato. Es como si nos hubiesen prohibido, siendo aún muy niños, abrir el libro que nos permitiría distinguir el bien del mal. ¿Acaso no tendríamos la sensación de que, con esa prohibición, ya nos lo estarían leyendo? Pues acatar esta prohibición supone saber por donde pasa la frontera entre el bien y el mal. Es decir, desobedecer. Al prohibir tomar el fruto del árbol del conocimiento, Elohim genera, como suele decirse, un doble vínculo: se te castiga por llevar a cabo lo que se te exige. Pero no hay chimpancé que se avergüence de sí mismo.

Elohim, en el fondo, le dio a Adán la oportunidad de ser bueno. Alguien que fuese incapaz de hacer daño no sería bueno, sino únicamente una máquina de la bondad.

(Y luego vendrá el rabino para decirnos, justamente, que la fe o va acompañada de sabiduría o no hay, propiamente, fe, sino charrameca.)

hegelianas (2)

agosto 19, 2026 § Deja un comentario

Dios es Dios solo en la medida en que se conoce a sí mismo; su conocerse a sí mismo es, además, su autoconciencia en el hombre y el conocimiento que el hombre tiene de Dios.

GFW Hegel, Lecciones sobre fiolosofía de la religión

ascenso, descenso

agosto 18, 2026 § Deja un comentario

Venimos de lo que fuimos. Pero no somos lo que fuimos. Precisamente, porque podemos juzgarnos —y acatar el veredicto—. Es fácil verlo en relación con el feto. Aquel que fuimos tiene motivos para avergonzarse. Más aún: momentos por los que debería pedir perdón. Y eso sigue ahí, adherido a la piel. Pero solo porque tenemos algo pendiente —eso que nos saca del quicio— cabe estar más allá de nuestro mal olor.

pertenecer

agosto 17, 2026 § Deja un comentario

Antiguamente, la identidad de cada uno se decidía en relación con aquel a quien uno pertenecía —¿quién es tu señor?, ¿de quién eres siervo?—… salvo en el caso del rey. Bajo este esquema mental, los reyes se presentaban como el correlato político del ente supremo. De hecho, fue una evidencia. Esto hoy en día nos queda bastante lejos. Pero donde el sentimiento de pertenencia no encuentra una base sociopolítica es difícil, por no decir inviable, que encuentre un asiento en la sensibilidad religiosa. La revolución francesa fue el primer clavo. El transhumanismo quizá sea el último. El liberalismo político es, sencillamente, incompatible con el sentimiento de pertenencia que caracterizó durante milenios al homo religiosus. Y sin ese sentimiento no hay Dios que valga, aun cuando pueda adoptar la forma de una dependencia mutua —«si tú crees en mí, yo soy; si no crees, no soy», leemos en el Talmud—.

Es verdad que hay intentos de recuperar dicho sentimiento, a través de la conciencia ecológica y sus derivados —desde la opción rural hasta las jornadas de sexo tántrico—. Sin embargo, se trata de recursos compensatorios. Parches. Un lobo sigue siendo un lobo aunque se ponga encima una piel de cordero. Traducción: no formamos parte del bosque donde, junto al establo, tenemos aparcado el coche. Los aborígenes del Matogrosso nunca tuvieron conciencia ecológica.

miserere

agosto 16, 2026 § Deja un comentario

En la Biblia, leemos que Dios es misericordioso. Y puesto que lo leemos desde Grecia, damos por sentado que estamos caracterizando a Dios. Pero ningún judío puede leer el versículo de este modo. Su lectura podría parafrasearse así: esperamos que Dios se apiade de nosotros. Es lo que tiene la ambigüedad del hebreo en torno al equivalente de nuestro verbo ser: nada es mientras no se decida. Así, Yo soy el que seré.

En cualquier caso, esa esperanza nace de haber experimentado también el lado oscuro de Dios —su ira, su silencio, su indiferencia—. Quien no haya pasado por ahí aún ignora que significa estar ante Dios.

Dioniso contra el crucificado

agosto 15, 2026 § Deja un comentario

Tanto Dioniso como el Crucificado son dioses que mueren. Y, por eso mismo, son divinos. Aquí la única cuestión es a qué Dios obedecemos. No hay Dios —y eso es Dios—. Así, o ebriedad, o fraternidad. Esto es, o Nietzsche, o Isarel. En el primer caso, pasando de Dios (y al pasar, nos convertimos en su extensión). En el segundo, frente a Dios —frente a su aparente impiedad—.

redes

agosto 14, 2026 § Deja un comentario

¿Qué son las redes sociales? La cancha para que el imbécil pueda decir la suya. Y, de paso, creer que tiene razón… simplemente porque grita. ¿El problema? Es difícil que entren los argumentos. Con las prisas que impone el Tik Tok y sus variantes, pronto nadie tendrá la paciencia para seguir un discurso mínimamente elaborado. En su lugar, el griterio, la cháchara, la sentimentalidad a bocajarro, la pérdida de tiempo —y, de paso, de materia gris—.

la escuela del futuro

agosto 13, 2026 § Deja un comentario

Al igual que las máquinas nos hicieron menos fuertes —lejos estamos de tener el aspecto de un vikingo—, la IA nos volverá más estúpidos. Hay que estar ciego para no verlo —y aquí el estar ciego equivale a dejarse llevar por el hype y con el entusiasmo del iluminado—. Se dice —y es así— que una escuela debería enseñar a los alumnos a manejar la IA… con criterio. El problema es que resulta enormemente difícil llegar a tener un criterio utilizando, principalmente, la IA. Distanciarse del marco común —de lo que se dice, se hace…— cuesta. Y mucho. De ahí que me imagine la educación del futuro dividida en dos sectores. El primero agruparía los centros que ofrezcan cafe con leche para todos. En estos, los alumnos aprenderían jugando con la IA desde el principio. ¿El resultado? Idiotas, es decir, esclavos. El segundo, un tres estrellas Michelin, nada de fast food: “aquí se viene a desarrollar la inteligencia y a formar un carácter. Vamos a poner las cosas difíciles.” De entrada, nada de IA —o muy poco—… como tampoco nada de pantallas —o muy pocas—. En su lugar, libros y maestros. Es decir, alguien quiere decirte algo —y algo importante—.

En definitiva, lo que nos espera es más desigualdad. Con todo, podría ser que me faltase imaginación.

pornografía y erotismo

agosto 12, 2026 § Deja un comentario

¿Qué són las escenas pornográficas o las películas románticas? Una cruda expresión, respectivamente, del deseo masuculino y femenino, un deseo con una fuerte carga instintiva. ¿Qué ocultan, sin embargo, ambos deseos? El prodigio de que haya un cuerpo ahí —y se te ofrezca o venga hacia ti—. Todo deseo no pretende otra cosa que ingerir. Y la digestión ignora lo que se le resiste. De hecho, desde la intención del deseo, el milagro es materia fecal.

Rammstein

agosto 11, 2026 § Deja un comentario

Creer hoy en día es como intentar tener una conversación interesante en medio de un concierto de Rammstein.

la monstruosidad de lo divino

agosto 10, 2026 § Deja un comentario

Al fin y al cabo, fue la extrema trascendencia de Dios la que nos libró de Dios. La expulsión del Edén fue, de hecho, una suerte —una gracia—. ¿Hasta cuándo Adán hubiera podido soportar, de no haber sido arrojado al mundo, la cercanía de Elohim? ¿Anhelo de Dios? No sabemos de lo que estamos hablando. En cualquier caso, la aspiración religiosa apunta al lado amable de Dios, aquel que consiste, precisamente, en retirarse. El goce inconfesable de dicha aspiración se asienta sobre la secreta convicción de que no se cumplirá. La experiencia más elemental de lo divino es inseparable del atávico terror a ser devorado —y devorado por un poder que se resiste a la simbolización—. Este terror queda, sin duda, sepultado por los mapas mentales que constituyen el orden del mundo. Pero sigue ahí. Como el dinosaurio de Monterroso. En este sentido, la mística y la psicosis serían las dos caras de un mismo despertar —el luminoso y el oscuro—. Y es que, en ambos casos, el dinosaurio abrió sus mandíbulas y lamió el rostro de su víctima. El psicótico, sin embargo, no regresó —no obtuvo el recurso de una simbólica que volviese a poner las cosas en su sitio—.

excitante

agosto 9, 2026 § Deja un comentario

Puede que vivir intensamente pase por estar continumente excitado —por evitar el ennui. Sin embargo, no es así para la vida que se examina a sí misma y, por ende, permanece a una cierta distancia de cuanto le sucede (y más, si no importa). Ahora bien, para quien elude la reflexión ¿acaso no tiene suficiente con la excitación —acaso no le basta con ir de distracción en distracción y tiro porque me toca? Quizá. Pero, en ese caso, deberíamos aceptar que, entre los humanos, hay quienes están más cerca del simio que de los ángeles.

Los griegos no tuvieron ningún problema en admitirlo. Sin embargo, el cristianismo —y con anterioridad, el primer estoicismo— se opuso frontalmente a esta división. Pues, ante Dios, nadie puede decir de sí mismo que dará el primer paso: las rameras os precederán. Nietzsche, en cambio, estuvo convencido de que el igualitarismo cristiano —la conversión del noble y el plebeyo en ovejas de un mismo rebaño— fue la condición del dominio sacerdotal, el más cruel. ¿Lecturas intercambiables? Es lo que suele decirse. Pero solo si la alteridad propia de lo real no incluye en su seno ninguna demanda.

dineros

agosto 8, 2026 § Deja un comentario

¿Para qué el dinero? Mejor, ¿para qué demasiado dinero? Frente a nuestro apartamento hay dos terrazas, pertenecientes a edificios distintos. Una tiene piscina. La otra tambien, pero de las inflables. ¿Son más felices los que poseen la primera? Por lo que observo, no lo diría. También podrían serlo. Pero no porque tuvieran una piscina de construcción. Hay quienes viajan a Egipto atraídos por las pirámides. Pero también hay quienes se asombran del árbol que contemplan. Diógenes de Sinope supo vivir. En cambio, es posible que Alejandro Magno tuviera pendiente, al morir, haber vivido.

el error de Pascal

agosto 7, 2026 § Deja un comentario

Hay una discontinuidad entre el Dios al que llega la reflexión o la mística —el Dios que es su vaciamiento de sí— y el Dios imaginado por la devoción, el que permite incorporar la verdad de Dios que la reflexión revela. Sin embargo, por esta discontinuidad, Dios sigue siendo Dios. Pues no hay incorporación que no suponga una cierta falsificación… aun cuando ello no quita que donde Dios es tan solo entendido aún estamos lejos de hallarnos ante Dios.

Por eso mismo, la oposición de Pascal entre el Dios de los filósofos —el Dios al que se accede a través de la especulación racional— y el Dios de Abrahán, Isaac y Jacob puede que refleje, al fin y al cabo, una frágil disyuntiva—. La fe es un permanecer a la espera del regreso de Dios —y solo cabe esperar a quien se ausentó—.

paganos

agosto 6, 2026 § Deja un comentario

Para el paganismo hay dioses. Y por todas partes. Pues existimos rodeados de poderes. Desde el que hace germinar las semillas hasta el que ahoga cualquier aliento de vida. El monoteísmo de Israel, como es sabido, supuso una ruptura epistemológica con respecto a la mentalidad pagana, tan espontánea por otro lado. Pues que en verdad haya un único Dios significa no hay dios. El poder del verdadero Dios no es el que hace estallar los volcanes, sino el de crear desde nada. Ahora bien, lo que esto implica es que Dios crea haciendose nada. Mejor dicho, Dios es el hacerse nada que dio pie al mundo. Si Dios fuese anterior a su acto de amor, entonces Dios seguiría siendo un dios. Y de haber sido así, el monoteísmo no hubiera supuesto ningún salto cualitativo con respecto a la típica sensibilidad religiosa. Pues incluso el paganismo contó con sus demiurgos.

De hecho, el relato de la Creación expone en clave imaginativa lo que aconteció en un único acto. De ahí que en el séptimo día, Dios se tome un descanso. Es decir, se retire o desaparezca del mapa. Y esta desaparición es, frente a la sensibilidad pagana, el índice de su realidad.

extensiones

agosto 5, 2026 § Deja un comentario

Si Dios es el misterio de DIos —y por misterio de Dios no hay que entender el de un ente que no acabamos de pillar—, entonces, como decía Rahner, incluso en los cielos Dios seguiría estando pendiente. Ahora bien, no solo en los cielos, sino también en el Reino. Pues el Reino, ese horizonte asintótico de la existencia creyente, no es más, ni menos, que una vida conforme a la Ley de Dios, la que se desprende de nuestra común orfandad.

hegelianas 5

agosto 4, 2026 § Deja un comentario

Las cosas son lo que son y a la vez lo que no son. Esto es Hegel (y a grandes trazos, muy grandes). La contradicción es inherente a lo real. Por ejemplo, la oposición, evidente sobre el papel, entre esencia y accidente se vuelve probemática, por poco que se la piense. Así, referirse a la esencia o naturaleza de algo significa referirse a esos rasgos sin los cuáles nada es lo que es. La esencia del caballo difiere, pongamos por caso, de la de un caracol. Hablamos, por tanto, de los rasgos comunes. Ahora bien, sin los rasgos accidentales —esa pata más corta, esa enorme peca en el lomo— un caballo no sería un caballo. O mejor dicho, eso no sería. No hay caballo que no difiera, en su singularidad, de su concepto, en definitiva, de lo que es. Pues esa enorme peca, esa pata más corta… podrían estar en cualquiera: no le pertenecen como caballo. En este sentido, podríamos decir que los rasgos accidentales constituyen el índice de su pertenencia a un mundo. Son la irrupción del mundo en el concepto, por así decirlo. En consecuencia, sin esos rasgos accidentales, un caballo no es. Y de ahí que podamos decir que son aún más esenciales —más necesarios— que los comunes. No en vano estos también se denominan específicos. En clave antropológica: lo esencial en un hombre es que sea rubio, tuerto, malhumorado…, no que sea humano. Si solo fuese humano no sería humano.

el segundo tiempo

agosto 4, 2026 § Deja un comentario

La esperanza creyente, tarde o temprano, debe enfrentarse a la cuestión sobre el poder de Dios. Quienes sostienen que Dios no puede concebirse —ni, por tanto, experimentarse— como poder es que no se encuentran en la situación de quien necesita que alguien le saque del pozo en el que se encuentra. Sin embargo, este poder no puede ser el de un deus ex machina. Pues Dios, en sí, carece de entidad. De hecho, no es secundario que, cristianamente, el poder de Dios haya sido transferido, y desde el principio, al Hijo del Hombre. Por eso, el poder de Dios está, como quien dice, en nuestras manos. Dios no tiene otras manos que las nuestras, como dejara escrito la Hillesum.

De ello, sin embargo, no se desprende que el Reino sea un ideal moral al que cabe aproximarse progresivamente. Como si el poder del amor fuera, aunque a su ritmo, eficaz. Pues el núcleo duro del mundo se resiste a la transformación. Y quizá sea por esta razón que la esperanza creyente apunte, inevitablemente, a un final del mundo —a la catástrofe, literalmente—. ¿También a un Juicio Universal? Por supuesto. Quienes formen el Reino —quienes vivan fraternalmente frente a un Dios sin otro rostro que el de un crucificado en su nombre— tendrán que ser pocos, un resto, unos elegidos. Pues de multiplicarse de nuevo como conejos, hasta el punto de que dejara de haber comunidad, este segundo tiempo acabaría siendo, de hecho, un mkII de lo mismo. Salvo que la Ley se imponga como tabú y, por eso mismo, desde el temor de Dios, no cabe la fraternidad entre millones de individuos. Y aquí no deberíamos confundir la fraternidad con una igualdad por defecto o definición.

¿Por qué, sin embargo, ese Reino sería de Dios? ¿Acaso porque solo como huérfanos de Dios podemos reconocernos como hijos de un mismo padre?

Con todo, en ese caso, la cuestión mesiánica —qué vida puede esperar las víctimas de nuestra impiedad— seguiría sin respuesta. Y de ahí que la esperanza creyente no pueda prescindir de lo imposible, esto es, de la resurrección de los muertos. La esperanza creyente, al fin y al cabo, nunca fue una expectativa, sino un impertativo en nombre de Dios: debe suceder aunque no pueda suceder.

contexto

agosto 3, 2026 § Deja un comentario

Michael Jones, en El transfondo humano de la guerra, recoge el siguiente testimonio: “Por la noche, nos llevaron al campamento a través de terrenos donde el barro nos llegaba a las rodillas. En la marcha forzada, los alemanes nos pegaban y eliminaban de inmediato a cualquier rezagado. Una de las mujeres tenía tres criaturas pequeñas. El menor se resbaló en el barro y un soldado alemán le disparó en el acto. Cuando los otros dos se volvieron para mirar, paralizados por el miedo, el soldado también les disparó. La madre soltó un grito desgarrador, que pronto se cortó con la última bala.” El libro está cargado de testimonios parecidos.

Hay que partir de las atrocidades de las que somos capaces para saber en qué consiste la redención o aspirar a ella. Al cristianismo adocenado le basta con la promoción de los buenos sentimientos. Es posible que esta promoción sea el humus en el que acabarán brotando las plantas más vigorosas. Pero también es verdad que un exceso de humus difículta, si no impide, su germinación.

exceso y alteridad

agosto 2, 2026 § Deja un comentario

Si Dios es el Dios de Abrahán, Isaac y Jacob —Ex 3—, entonces Dios es inseparable del testimonio de Dios. Dicho de otro modo, un ente superior es lo que es con independencia del ente inferior, aun cuando el calificativo sea, obviamente, relativo. Sin embargo, si Dios es, en verdad, el-Dios-absolutamente-Otro, quienes dan testimonio de su altura, y lo dan en carne viva, entonces en sí mismo no es aún nadie. En este sentido, dar testimonio consiste en haber incorporado el hecho de hallarnos expuestos al aún nadie de Dios. Esto es, a su promesa. Con lo que no contaban los patriarcas de Israel es que la promesa —la realización de Dios como alguien— se realizase en el Gólgota. Desconcertante, sin duda —y, por eso mismo, la revelación nunca fue, propiamente, una iluminación.

la modernidad en breve

agosto 1, 2026 § Deja un comentario

Una vez el todo deviene homogéneo —ya no hay regiones cualitativamente diferenciadas, ninguna jerarquía en el orden del ser—, Adán pasa a comprenderse a sí mismo como producto de fuerzas domésticas. Su aspiración a lo elevado, nada más que un enredo. Modernamente, la noción de verdad solo encontrará su último sentido dentro de las coordenadas de una fisiología de lo verdadero. ¿Qué se le escapa? Que su dependencia de los dioses nunca fue, en realidad, una genuina exposición a la trascendencia. En cualquier caso, una traducción. Y ya sabemos qué se suele decir de los traductores.

antes y ahora

julio 31, 2026 § Deja un comentario

En la Antigüedad, nos dijimos, al dotar de humanidad a los dioses, qué parecidos somos a un dios. Hoy, qué parecidos somos a los chimpancés. Y ello a pesar del giro antropocéntrico. O, quizá, por eso mismo. Pues al situarnos en la atalaya del dios nos hemos vuelto ciegos a lo que significa hallarnos ante el exceso de lo divino —ante su de nada—. La divinidad es eterna. Lo que ha cambiado es nuestra percepción —simplemente, le hemos dado la espalda a dicho exceso: como si no lo hubiese—. Pero, como en el cuento de Monterroso, el disonaurio sigue ahí.

orígenes

julio 30, 2026 § Deja un comentario

El puro haber “no (es nada)” —y de ahí el mundo—. Hay mundo porque el puro haber es en su negació de sí —y, por eso mismo, un acto sin sujeto: un hágase—. No hay algo así como el puro haber —y esto es lo que, en definitiva, hay: lo que hubo en un principio y tuvo que desplazarse fuera de la totalidad.

Sin embargo, quizá fuese un error entender este acto como un hecho. Pues lo que da pie a los hechos no es un hecho. El acceso solo puede ser especulativo. O mítico.

aprendices

julio 29, 2026 § Deja un comentario

Es cierto que los dioses comenzaron a retroceder una vez dominamos el fuego, aunque, con ello, tampoco nos fuimos muy arriba: el arte del fuego siguió siendo, como los frutos de la tierra, una donación. Hoy en día, sin embargo, damos por sentado que nada le debemos a los dioses; que todo depende de nuestra habilidad. Las soluciones será técnicas o no serán. Es lo que reclama un mundo que se nos presenta como lo que está a nuestra entera disposición. Materia prima.

Sin embargo, el aprendiz de brujo ignora que el resultado de su magia se revolverá contra él. Ingenuamente, cree que está vez no sucederá. Pero sucede siempre. Aquí, la anticipación no responde a nuestro temor. Sencillamente, es la Ley. Al fin y al cabo, Dios solo pudo realizarse a través de lo otro de sí. Esto es, a través de aquél que tuvo que negarlo: Adán.

del desierto y la verdad

julio 28, 2026 § Deja un comentario

Tradicionalmente, el desierto ha sido visto como un ámbito de revelación —como un territorio espiritual—. No hay mapas del desierto. Porque en medio del desierto —sobre todo, durante la noche— el ruido y el oropel han sido colocados entre paréntesis nos encontramos expuestos a la anónima desproporción que abraza el mundo. Y quizá sea por esto que, en el desierto, sentimos una mezcla de paz y angustia. Si vemos la puerta de salida —si el desierto es simplemente una ocasión—, predominará la sensación de paz. En cambio, si nos perdimos o fuimos abandonados, la desazón tendrá más peso. Ahora bien, en el primer caso, la paz irá haciendo hueco a una cierta intranquilidad. La presencia del exceso —y precisamente porque ignoramos qué puede suceder a continuación— siempre fue amenazante. En el segundo, sin embargo, la inquietud irá cediendo el paso a la serenidad de quien acepta. En el desierto, permanecemos a solas sobre la arena y bajo un cielo estrellado: nada más. Y este nada más se revela como lo más real o inalterable. Esto es, la nada es más. Pues, por detrás de las estrellas, la oscuridad y el silencio de un puro haber. Sin embargo, por eso mismo, hay la solidez de la tierra que pisamos. Pues la nada solo es donde no es nada. Es decir, donde no (es nada).

lo normal como extraño

julio 27, 2026 § Deja un comentario

La conciencia, la distancia con respecto a uno mismo, encuentra su expresión más delirante en el extrañamiento de sí. ¿Acaso no es motivo de perplejidad el afán por perpetuarse? Ciertamente, no es esta nuestra sensación: queremos perpetuarnos. Pero, de levantar la alfombra, ¿qué veremos? El compulsivo movimiento del gen. Como si fuéramos su instrumento (y esto, no obstante, ya supone una lectura, una interpretación). De ahí que el extrañamiento de sí sea una de las condiciones del dominio de sí. Nadie es el caballo que monta. O dicho de otro modo: el títere deja de serlo una vez deviene consciente de que los hilos los mueve otro. Su libertad, al fin y al cabo, es resistencia, un cierto margen de maniobra. Para que fuera absoluta, tendría que cortar esos hilos que le permiten andar sobre el escenario. Pero en ese caso, lo que no podría hacer, precisamente, es andar.

la religión ¿superada?

julio 26, 2026 § Deja un comentario

La convicción ilustrada es que la religión ha sido superada —y de ahí la tesis de Weber sobre la secularización del mundo—. Sin embargo, a pesar de los logros de la racionalidad científica, sigue habiendo superstición, “espiritualidades” de amplio espectro, revivals religiosos… El miedo a la muerte, el anhelo de sentido, la necesidad de formar parte de una historia que vaya más allá del oficio y la compra diaria… siguen ahí, tercamente. ¿Se equivocaron los ilustrados —se equivocó Weber—? No me atrevería a decirlo. Pues no parece que sea lo mismo vivir en un mundo en que el poder de los dioses es un hecho que en uno donde este poder deviene una suposición con una fuerte carga emocional, aun cuando sea ampliamente compartida. Dicho de otro modo, que algunos, por su cuenta y riesgo, sientan la presencia de Dios como otros sienten la presencia del espíritu de los muertos no demuestra que haya Dios: demuestra que algunos necesitan creer en Dios —o, cuando menos, en el sentido de la existencia—.

Así, la proclamación nietzscheana de la muerte de Dios no se limita a decir que Dios no existe. Más bien, que ya no cabe, salvo mala fe, situarnos ante Dios. El síntoma es que nadie de los que creen creer experimenta el más mínimo temblor de piernas cuando se dirige a su dios. La trinchera de una intimidad confortable es, antes que un último refugio, la sepultura de Dios. Pues, como experimentó el Hijo en Getsemaní, quien intima con Dios sufre su despiadado silencio —el que, no obstante, nos empuja a ocupar su lugar—. Si Nietzsche hubiese leído aquello de ante Dios, sin Dios de Bonhoeffer —y comprendido su alcance— quizá se habría dado cuenta de que la tesis cristiana está lejos de ser una ingenuidad. Weber, de hecho, fue más perspicaz al sostener que la secularización del mundo dio sus primeros pasos en el Horeb.

quién soy

julio 25, 2026 § Deja un comentario

Nos preguntamos ¿quién soy? Pero solo porque se nos exige ser alguien y alguien admirable, famoso, singular: mientras habitamos las cuevas, tuvimos suficiente con el mote—. Ahora bien, lo cierto es que inicialmente buscamos la respuesta por el camino más corto, el del espejo: que nuestra imagen sea digna de aplauso. Quién soy, es decir, a quién me parezco. Por eso mismo, ante el espejo nunca estamos solos: nos rodean los demás. Sin embargo, el espejo nunca miente: la más bella siempre será otra (y tú lo sabrás, aunque hagas ver como si no). De ahí que la vía del espejo no conduzca a ninguna parte. Narciso murió ahogado por las aguas que le reflejaban.

De ahí que la única respuesta saludable comience, de hecho, con otra pregunta: a qué o quién debo responder con mi vida. Es decir, el carácter —el firme, se entiende— obedece a una llamada, al imperativo de un daimon, a una misión. En este sentido, el carácter no es el resultado de la imitación, aun cuando siempre comencemos imitando. Quien soy, es decir, quién es mi padre —que quiere de mí—. Tampoco es fácil descubrirlo. Pero no hay otro camino —ni libertad—. Pues serás alguien cuando deje de preocuparte ser alguien. Y dejará de preocuparte cuando lo único que te interese sea cumplir con la tarea.

la confesión creyente en composición de lugar

julio 23, 2026 § Deja un comentario

Meditar los evangelios significa, en buena medida, hacerse una composición de lugar. Imaginar que el de Galilea, por ejemplo, te pregunta, como se lo preguntó en su momento a Pedro, ¿y tú quién dices que soy yo? Sin embargo, lo cierto es que solo deshonestamente podemos responder como Pedro… a menos que nos hallemos al pie de la Cruz —y como desheredados—. Pues tan solo en ese caso se nos revela lo que la confesión creyente proclama, a saber, que el quién de Dios es el que, bajo el abandono de Dios, invoca el perdón de Dios para sus verdugos. Esto es, que no hay otro Señor que el crucificado en nombre de Dios —y esto, obviamente, no deja las cosas de Dios como estaban—. O por decirlo de otro modo, en su lugar.

NASA

julio 22, 2026 § Deja un comentario

Tras 400.000 simulaciones, la NASA ha llegado a la conclusión de que dentro de 1.000.002.021 años la Tierra se quedará sin oxígeno, como quien dice. Por no hablar del día en que el Sol dejará de iluminarnos. Quienes sostienen la compatibilidad entre religión y ciencia, olvidan que el teísmo religioso va de la mano de una determinada cosmología. En un universo homogéneo, en el que no tiene cabida la división entre los cielos y el infierno, regiones cualititativamente diferenciadas, lo divino queda confinado al poder que nos puede por entero. Porque nos falta imaginación —o mejor dicho, porque esta ha quedado modernamente recluida en la ficción— para darle forma humana a este poder nos hemos quedado con el mero concepto.

Sin embargo, el problema de la transformación de lo divino en una fuerza impersonal —una transformación que no admite vuelta atrás— es que adelgaza la existencia… si es cierto que su densidad consiste en la necesidad moral de enfrentarse al dios. El destino del héroe siempre fue trágico. Pero, como héroe, pudo morir de pie. Ahora, en lugar del dios, un problema técnico. Y ante un problema técnico, el individuo no es más que un instrumento de la lógica del dominio científico del mundo. El héroe se ha transformado en un equipo de operarios altamente cualificados.

Así, la relación con uno mismo ya no puede ser la misma que cuando el poder que nos puede por entero era el propio de un dios. Una cosa es cazar ballenas —y cuantas más mejor—. Y otra, es combatir a Moby Dick. Ahab no fue, simplemente, un pescador. Para el capitán del Pequod, Moby Dick fue más que una ballena. La simbólica hace posible la salida del círculo tautológico al que nos condena el objetivismo moderno: una ballena es una ballena. Por eso mismo, Ahab pudo incorporar —e incorporar es hacer cuerpo— nuestra constitutiva exposición al misterio que abraza el mundo, en definitiva, a la nada que, en tanto que desplazada a un más allá del todo, amenaza cuanto es. No fue anecdótico que, en la Antigüedad, Kronos fuese el dios. Tampoco, estrictamente, una superstición.

creencias blandas

julio 21, 2026 § Deja un comentario

Hoy en día, la creencia en el más allá se sostiene sobre el sentimiento. El cristiano cree en lo que cree porque siente una presencia, una conexión, un hallarse en manos de. En este sentido, el cristianismo moderno, sobre todo el de corte progresista, puede entenderse como el triunfo del protestantismo liberal. Pues fue Schleiermacher quien sostuvo que la fe arraiga en el sentimiento de una dependencia absoluta —aun cuando el término alemán, Gefühl apunta, más bien, a una conciencia inmediata del estado de dependencia, esto es, a una conciencia no cuestionada por la reflexión—. Así, según Schleiermacher, el de Nazaret nos redimió al transmitirnos por simpatía su intachable sintonía con Dios. La salvación sería, al fin y al cabo, el capítulo final de un proceso de maduración espiritual. De este modo, la proclamación del crucificado como Hijo de Dios no altera lo que espontáneamente entendemos como divino. Podemos seguir prescindiendo de Dios.

Es sabido que Karl Barth se opuso frontalmente a este tipo de fe en nombre de la alteridad insobornable de Dios. De hecho, vio en la teología de Schleiermacher “una herejía de proporciones gigantescas”. Esto es, un tomar el nombre de Dios en vano. La fe se decide en el Gólgota, en las simas donde se interrumpe, y verticalmente, la sensación de que Dios está con nosotros. Ciertamente, hay dependencia. La fe fue siempre una fe arrodillada. Pero no porque sintamos que dependemos de lo que nos supera —también hay quien siente firmemente que todo depende de la posición de los astros—, sino porque, en definitiva, ignoramos en carne viva si el verdugo tendrá o no la última palabra. La esperanza nunca se articuló como un saber. Ni siquiera esotérico. Basta con leer de nuevo el libro de Job para, cuando menos, intuir qué significa estar ante Dios. O los relatos de la Pasión.

Israel y la esperanza

julio 20, 2026 § Deja un comentario

Hay una tendencia, pastoralmente reforzada, a hacernos una idea de cómo terminarán las cosas. Así, decimos que, al final, resucitaremos de entre los muertos como quien dice que, en el futuro, Europa será un desierto. O que, tras la muerte, pasaremos a vivir en esa dimensión en la que no habrá más que dicha. Sin embargo, este hacerse una idea ¿no supone caer en una forma de idolatría? ¿Es que aún no nos hemos dado cuenta de que la resurrección es imposible—y que la fe en Dios tiene que ver con, de hecho, lo imposible en nombre de—?

Para, cuando menos, comprender el carácter de la esperanza creyente estaría bien releer Ex 24, 7. Pues, tras el descenso de Moisés del Horeb, el pueblo de Israel seguía sin entender que cabía esperar. De ahí que su respueste fuese primero obedeceremos y luego ya veremos. Traducción: la extrema trascendencia de Dios —la que nos arroja a la existencia como huérfanos de Dios— nos obliga a la fraternidad en un mundo que está lejos de aceptarla. Ciertamente, el pueblo de Israel confió en que la Ley no caería en saco roto. Pero esa confianza no reposaba en la convicción de que si hacían lo debido otro mundo sería posible —pues, el punto de partida es que la humanidad es incapacaz de hacer lo debido—, sino en el reconocimiento, precisamente, de Yavhé como Señor. Y de ahí que las imágenes de la esperanza creyente siempre fuese delirantes. Nada que ver, por tanto, con un ideal que podamos asumir como una expectativa más o menos razonable.

fórmulas actuales

julio 19, 2026 § Deja un comentario

Como quien no quiere la cosa, nos decimos que deberíamos actualizar las fórmulas del Credo… para hacerlas comprensibles hoy en día. De lo contrario, estaríamos condenados a una fe infantil. Vale.

Sin embargo, no es un asunto fácil. Pues de no tener en cuenta —lo que es común— qué significaron esas fórmulas en su momento, más que traducir lo que haremos será confundir las churras con las merinas. Así, podriamos creer que denominar al crucificado como Señor o Hijo de Dios equivale a decir que su modo de ser ejemplificó el modo de ser de Dios. O que su vida y obra nos conmueve hasta lo más profundo. Pero en este caso no habría equivalencia. Más bien, estaríamos confundiendo la parte por el todo. Reconocer al crucificado como Señor implica, ciertamente, que nuestra existencia ha quedado alterada hasta el punto de que no habrá marcha atrás. Pero que quedemos tocados emocionalmente por los relatos evangélicos no conduce, inevitablemente, a confesar a Jesús de Nazaret como Señor. De hecho, espontáneamente no podemos entender dicha confesión donde formamos parte de un mundo en el que nadie depende, cotidianamente, de un señor. Ni mucho menos, el carácter, en su momento, político o revolucionario de la confesión creyente. Pues no había otro señor que el César.

Paralelamente, la que proclama al crucificado como Hijo de Dios no apunta, en realidad, a lo que el sentido común podría sugerirnos. Cristianamente, Jesús de Nazaret no ejemplifica el modo de ser de Dios —al igual que una modelo de pasarela representa el canon de belleza occidental— , sino que es el modo de ser de Dios, su quién. Evidentemente, esta confesión no deja las cosas de Dios como estaban. En realidad, según la dogmática cristológica, el Padre aún no es nadie sin el Hijo. Probablemente, todavía estemos de admitir su alcance.

De lo anterior se desprende que la traducción, más que sustituir unas fórmulas por otras, debería intentar comprenderlas desde el contexto cultural en el que se inscribieron por primera vez. Una genuina traducción, por tanto, tendría que llevarse a cabo como una glosa o paráfrasis. Ahora bien, por eso mismo, traer las fórmulas del credo al presente no es posible sin caer en la cuenta de lo que perdimos de vista una vez cruzamos la puerta que separa la Modernidad del mundo antiguo. Dicho de otro modo, la actualización de dichas fórmulas va de la mano con una crítica del presente que nos ha tocado en suerte. De hecho, también fue así cuando se concibieron.