otro padrenuestro

septiembre 27, 2021 § Deja un comentario

Estando donde estamos, esto es, en el centro, quizá lo más honesto que podamos perdirle a Dios es que nos libre de Dios (como creo recordar que decía Eckhart). No sea que todo salte por los aires.

mito y superstición

septiembre 26, 2021 § Deja un comentario

Es fácil atribuir a los antiguos una predisposición a creer en historias increíbles, los denominados mitos. De ahí que, con igual facilidad, nos sintamos inclinados a la superioridad ilustrada. Pero los antiguos no fueron unos estúpidos. Ellos creyeron en sus mitos como nosotros podemos creer en los nuestros, esto es, suspendiendo la incredulidad. Es lo que sucede, por ejemplo, cuando vemos un episodio de Star Wars o una película romántica como Pretty woman. Pues nadie puede, sensatamente, tomarse en serio que haya por ahí una especie de sapo zen. Y sin embargo, lo cierto es que las palabras últimas, casi un susurro, nos son extrañas (y por eso mismo, no puede pronunciarlas nadie que no proceda de otro mundo). Como También es increíble, por inviable, lo que cuenta Prettty woman. Una escort inocente está cerca del oxímoron. Sin embargo, la moraleja sigue siendo, más o menos, la misma, a saber, que solo lo extraordinario es verdadero. Y esto probablemente sea así.

fe y religión, una vez más

septiembre 25, 2021 § Deja un comentario

La religión no exige ninguna fe: le basta el supuesto. Por no decir, la constatación. En la Antigüedad, hubieron dioses como habían animales. La diferencia entre ambos es que los primeros, aunque efectivos, eran invisibles. La cosa cambió con Abraham. Pues el Dios de Abraham es un Dios que se ofrece como un Dios por venir. O si se prefiere, pendiente. Como si el tema, con respecto a Dios, no fuese Dios, sino la búsqueda de Dios y, en definitiva, la fe. O lo que resulta equivalente el amor. Pues amar significa, literalmente, perseguir lo inalcanzable (y, no obstante, debe ser alcanzado). Con Abraham, Dios dejó de presentarse como un dios natural, esto es, como un poder con el que cabe negociar. El problema es que el Dios de Abraham reclama mucha fe, una ciega confianza. Y puesto que la fe es endeble, el creyente siempre está a un paso de no creer. Ahora bien, mejor esto que creer que se cree.

un nota sobre la muerte de Dios

septiembre 23, 2021 § Deja un comentario

¿Dios ha muerto? Claro. Y desde el origen de los tiempos. Murió con la religión. Donde damos a Dios por sentado —donde hacemos de Dios un dios a medida—, nos alejamos de Dios, de su verdad. Pues la verdad de Dios se revela como la de una alteridad, de por sí, inalcanzable (y, por eso mismo, literalmente sagrada). Nada hay más real que el Otro que se desplazó más allá del tiempo para que pudiéramos habitar un mundo. Nada más real que un Dios muerto o, mejor dicho, siempre pendiente. Esto es, como si no hubiera Dios. Su clamor es el de un espectro. Y nada hay que sea más omnipresente. Aunque lo ignoremos. El creyente —no el que cree que cree— se encuentra expuesto a la desmesura de este perpetuo porvenir (y a lo que se desprende de ella, el don y la Ley). Hay Otro. Pero es eternamente invisible. Ahora bien, no se trata de la cosa invisible —no hay cosas invisibles—, sino de lo que, en modo alguno, cabe ver o concebir, de la alteridad avant la lettre. De ahí que el Otro sea la imposibilidad por la que el todo deviene el no-todo, la brecha que impide el cierre inmanente de la totalidad. Y, bíblicamente, la radical trascendencia de Dios —la grieta del mundo— encuentra su eco en el llanto de los que no cuentan para nada ni nadie. Pues Dios muere con la muerte de los cuerpos que lo representan. Esto es, como nadie.

fases

septiembre 22, 2021 § Deja un comentario

La infancia es, ciertamente, ilusión —y podemos prolongarla hasta momentos antes de morir—. Es inevitable que, de entrada, creamos en las promesas de la ilusión. Es lo que nos permite tirar de nuevo los dados. La madurez, por su parte, comienza con la desilusión. Ya no hay espejismo que valga. El juego de la oca ha terminado. Te has dado cuenta de que el juego es otro —y de que no eres el jugador principal—. Hasta aquí lo prosaico, lo común. Sin embargo, la cuestión es si hay vida más allá del desengaño. Y sin duda la hay. Aunque no va a depender de ti. O no solo.

el gen egoísta

septiembre 21, 2021 § Deja un comentario

En la denominada posmodernidad, todo va en la misma dirección: el hombre no es sujeto de sí mismo. Da igual hablar del inconsciente freudiano, de las condiciones materiales de la existencia o del gen. En cualquier caso, seríamos un efecto, algo así como el instrumento —los títeres— de una instancia superior, aunque en este caso se halle en lo más bajo o subyacente. Por no hablar de lo podrido. Ya lo dijo Nietzsche: no es fácil prescindir de los dioses. La cuestión es sí somos algo más que cuanto nos produce. Y aquí convendría recordar lo que dijeron los estoicos en su momento, a saber, que la conciencia de sí nos sitúa, en cierto sentido, por encima de cuanto nos sucede. Sin embargo, esto en la Biblia se dice de otro modo: en nombre de un Dios ausente o por-venir, el todo no lo es aún todo. Pues existir significa, precisamente, un no terminar de encontrarse en donde uno está. El problema es que la posmodernidad niega legitimidad epistemológica a cualquier intento de dar un lenguaje a este más, de tal manera que podamos entenderlo como un lenaguaje acerca de lo real. Pero esto podría ser solo un problema de nuestros tiempos.

asombro y realidad

septiembre 20, 2021 § Deja un comentario

El asombro nos aleja de la voluntad de dominio —de asegurar un control por medio del saber—. Y, por eso mismo, nos mantiene frente a lo real —a lo que es sin nosotros—. O mejor dicho, formando parte. Aunque sea nanométrica.

variaciones sobre el nihilismo

septiembre 19, 2021 § Deja un comentario

Crees que hay una salida. Que los astros —o las energías— te serán favorables. Que serás seleccionada para el gran premio. Pero el mundo, tarde o temprano, dice No. Si crees que importas es porque aún no has salido del cascarón. (aunque sea muy estrecho o, incluso, irrespirable). La fantasía siempre fue nuestro refugio. La cuestión es si hay vida más allá de la muerte en vida. Esto es, si el No es la última palabra. Y da la impresión de que el No tenga las de ganar. La única esperanza es la que arraiga, no en lo que podamos decir o suponer, sino en los datos, por decirlo así. Y aquí el único dato que cuenta es el de aquellas mujeres y hombres que volvieron con vida donde ya no les quedaba vida por delante. Con todo, deberíamos también preguntarnos en nombre de qué o de quién, si es que pretendemos ir más allá de la reacción psicológica o de la aptitud.

simple

septiembre 18, 2021 § Deja un comentario

La Biblia dice muchas cosas. Pero su leitmotiv es un Dios que no coincide con lo gigantesco, sino con lo minúsculo o despreciable —con lo que anda rozando la desaparición, por no decir el exterminio—. Y esto es algo con lo que, religiosamente, no contábamos.¿Puede la divinidad revelarse como un nadie —como el Dios que no quiso tener otra entidad que la de un crucificado— y seguir siendo divina? Para una sensibilidad religiosa, resulta difícil admitir un Dios con el que no cabe negociar, un Dios que, en definitiva, nada quiere saber de nuestros intentos de sintonizar con la fuente del poder.

luz o bondad

septiembre 17, 2021 § Deja un comentario

Cuando decimos de Dios que es como la luz o una bondad inconmensurable… no estamos recurriendo al tropo literario —no nos hallamos ante un modo de describir, quizá de un modo más adecuado, lo que ya conocemos—. No es un ejercicio de retórica, sino de ontología. En definitiva, se trata de determinar la palabra Dios, esto es, de constituir lo que es Dios (y esto, obviamente, lo hacemos desde nuestro lado, lo cual, de por sí, es sospechoso). Sin embargo, con ello no estamos más cerca de Dios, sino más lejos. Pues con respecto a Dios, lo primero no es una descripción definida—un concepto a la que haya que proporcionar una mayor concreción (que es lo que hacemos cuando decimos, por ejemplo, que lo supremo —aquí el concepto— es la bondad —y aquí la concreción—), sino el nombre. Ahora bien, se trata de un nombre que, dentro de los tiempos históricos, es un puro significante, un trazo sobre la arena, por decirlo así, aquel cuyo referente —cuyo quién— está por ver (o al menos lo estuvo, según el cristianismo, hasta que no llegó el tercer día). Nada entendemos de la Biblia —de su carácter anti-mítico—, si no partimos de la convicción de que Dios es su nombre, una convicción que arraiga en la experiencia de los abandonados de Dios, los únicos capaces de DIos. Al menos, porque si Dios es el nombre del otro-siempre-en-falta, la cuestión religiosa por excelencia no es qué es Dios, sino quién. Y no porque este quién eluda la representación —un quién inimaginable que habita, se supone, en las alturas—, sino porque Dios, en sí mismo, es el aún nadie (y lo es porque quiso). La cuestión, al fin y al cabo, es en qué cuerpo volverá a reconocerse como Dios. En este sentido, desde la óptica bíblica, Dios no es el Dios por descubrir, sino el Dios por encarnar. Es lo que tiene un Dios que no quiso ser Dios sin la adhesión incondicional de aquel que fue creado a imagen y semejanza. En definitiva, sin su cuerpo. ¿Quién eres tú?, le preguntamos a Dios, Y el responde: todavía no lo sé; dímelo tú. Ahora bien, el hombre solo podrá decírselo, no donde crea saber qué o quién es Dios, sino en aquellas situaciones en las que, precisamente, no pueda seguir creyéndolo. Esto es, en aquellas donde tan solo habla nuestra carne.

nihilismo, una definición

septiembre 15, 2021 § 1 comentario

¿Qué dice el nihilista? Que nada tiene sentido o valor. O también que no hay esperanza para los vencidos. Aunque los que triunfan tampoco pueden esperar otra cosa que no sea seguir con vida unos pocos años más. Pues, desde la óptica de la eternidad, todos desaparecemos a la vez. En resumen, en el mientrastanto, unos ganan y otros pierden. Y si eres de los que pierden, este es tu final. Nada, más allá de la derrota.

Puede que esto nos dé un poco igual —que la cuestión nos parezca meramente especulativa—. Pero será que no nos hallamos en los infiernos de la historia. Y es que la única cuestión que importa es si hay redención para los que no cuentan, literalmente, los incontables. Ahora bien, no parece que la haya. De ahí que no terminemos de comprender el alcance de la proclamación cristiana hasta que no partamos de que lo evidente, cuanto cae por su propio peso, no es el Sí, sino el No.

el Dios cristiano y el Dios de Jesús

septiembre 14, 2021 § Deja un comentario

Religiosamente, damos por hecho que el Dios al que invocaba Jesús como Abba es el Dios cristiano. De algún modo, es así. Pero no exactamente así. Y no lo es porque, evidentemente, Jesús, al margen de la conciencia que pudiera tener como heraldo de Dios, nunca dijo de sí mismo que era el quién —el cuerpo, el modo de ser— de Dios… que es lo que confiesa un cristiano. Sencillamente, el hombre que fue Jesús de Nazaret no podía saber que el Padre al que se dirigía íntimamente, el mismo que guardó (el) silencio en Getsemaní, no quiso ofrecerse como tal sin la adhesión incondicional del hombre. No hubo revelación para el abandonado de Dios que se abandonó a Dios. En cualquier caso, para quienes estuvieron al pie de la cruz. De ahí que Pablo dijera que es la fe la que nos salva. Pues si somos capaces de tener fe —de adherirnos— es solo porque antes fue la fe de un crucificado en nombre de Dios. Esto es, en su lugar. Quien cree espontáneamente por su cuenta y riesgo, no cree, sino que, más bien, cree que cree. Y quizá porque aún no se encuentra en aquella situación en la que ya no cabe seguir creyendo, como quien no quiere la cosa, en una divinidad a nuestro favor.

profetas

septiembre 13, 2021 § Deja un comentario

La profecía no es visión del porvenir —no es un oráculo—, sino la expresión del íntimo —y extraño— vínculo entre mandato y promesa. Así, el no matarás, por ejemplo, significa tanto no debes matar como terminarás no matando. Y esto es así porque el mandato que procede de Dios —estrictamente, de su retroceso hacia el casi-nadie— es tan insatisfacible como insoslayable. Pues ¿quién no mata por el simple hecho de existir? ¿Acaso no asesinamos a quienes no tienen pan qué llevarse a la boca donde pasamos de largo? Sin embargo, el excluido ¿acaso no nos convoca, en cuanto tal, también a la fraternidad? El profeta, al fin y al cabo, viene a decirnos una sola cosa: en nombre de Dios, lo que debe ser, será. Ahora bien, no solo porque Dios quiera. Pues el Dios al que apunta la fe no es un deus ex machina, sino aquel que no es nadie —y no lo es porque no quiso— sin la respuesta del hombre. De ahí la exhortación profética a cargar con la voluntad de Dios, precisamente, para que Dios sea el que es. El profeta, por tanto, no nos enfrenta a un destino, sino a lo que cabe esperar. Y ello porque nada está aún decidido. Ni siquiera que termine habiendo Dios (aunque, cristianamente, la resurrección funcione, por defecto, como una prueba a favor).

del no-lugar

septiembre 12, 2021 § Deja un comentario

El paganismo sacraliza el lugar. Y el paganismo es la religión más espontánea o natural. Pues, a la hora de encontrar un lugar en el mundo, espontáneamente nos dejamos llevar por la idea de que habitamos en medio de poderes invisibles. Da igual si hablamos de dioses o de la influencia de los astros. En cualquier caso, prevalece nuestro deseo de ocupar la mejor posición, un saber, en definitiva, a qué atenernos. De ahí lo raro de una fe que apunte a un Dios fuera de lugar (y que sostenga que no hay otro Dios que aquel que no tiene lugar). Como también es raro que los capaces de ese Dios sean, hecho, los expulsados de la tierra, los homeless, los desarraigados. Desde su óptica no es el lugar lo que constituye la significación, sino la desposesión, el éxodo, la erradicación. Y, tarde o temprano, tendremos que preguntarnos cuál de las dos opciones está más cerca de lo verdadero (aunque quién lo esté, quizá no se lo pregunte).

materia

septiembre 11, 2021 § Deja un comentario

Somos algo más que materia, más que una sofisticada organización de electrones. Ves los restos de tu madre: unos huesos, bastante polvo, unos cuantos cabellos aún en el cráneo… Eso no es tu madre, aun cuando siga siendo lo que siempre estuvo por debajo. La materia ha adoptado, sin duda, otra forma. Ninguna inquietud levantará ese esqueleto —y, por eso mismo, no existe, sino que simplemente está ahí—. Cesó el milagro. El problema es que nos hemos quedado sin lenguaje para dar cuenta de la desmesura de la existencia —de su desencaje— como algo real. O mejor dicho, como algo más real que el mundo.

haya cruz y despúes gloria

septiembre 10, 2021 § Deja un comentario

La presentación de la fe ya no puede partir del momento de gloria: como si pudiéramos dar por sentada la resurrección. Al hacerlo, olvidamos que el cristianismo no termina de hacer buenas migas con la religión, la cual grosso modo supone, precisamente, que hay un Dios en las alturas que nos está esperando (y, por añadir la aportación cristiana, que este Dios está íntimamente unido a Jesús tras levantarlo de entre los muertos a la manera de un deus ex machina). Y no termina de hacer buenas migas porque lo que se nos revela al pie de la cruz, aunque solo tras el tercer día, es que Dios —propiamente, el Padre— no es aún nadie sin la fe del hombre. No puede serlo. Pues no quiso serlo.

Ciertamente, en los orígenes del cristianismo, la resurrección fue el pistoletazo de salida. En modo alguno es el nuestro. Cuando menos, porque estamos muy lejos del marco mental que la hizo inteligible como acontecimiento escatológico. De ahí que nos veamos obligados a recorrer de nuevo, como cada generación de creyentes que no lo sean por defecto, el camino que se narra en los evangelios. Y es que el creyente, para serlo, tiene que atravesar Getsemaní, esto es, sufrir el derrumbe de cuanto cree espontáneamente acerca del más allá. No hay fe que no pase por la cruz. En este sentido, la fe es una respuesta al nihilismo, aunque en modo alguno una respuesta bobalicona. Al contrario. La resurrección como acontecimiento —y no tanto como fenómeno paranormal y, por eso mismo, ex machina— revela que no hay otro Dios que aquel que vuelve al presente con el cuerpo de un abandonado de Dios que se abandona a Dios. Y, sin duda, esto difícilmente cabe proclamarlo donde seguimos dentro del marco del prejuicio religioso. Pues que Dios sea el Dios que depende del hombre que depende de Dios no es algo que podamos admitir como quien no quiere la cosa. De hecho, preferimos un dios a medida de nuestra necesidad de contar con una variante espectral del primo de zumosol, aunque actualmente adopte el aspecto de un poder impersonal. Con respecto a Dios, lo único que está en juego es nuestra respuesta a su demanda, la que escuchamos, en realidad, como el eco del lamento de los despreciables a causa de su mal olor (y no porque hayan decidido no ducharse a diario). El resto solo tiene que ver con nosotros. Y aquí la sospecha siempre tiene las de ganar.

imprimatur

septiembre 9, 2021 § Deja un comentario

La Iglesia sostiene que el sacerdocio imprime carácter. Que uno no es sacerdote como podría ser, pongamos por caso, camarero o abogado (y no porque se trate de oficios distintos). Podríamos decir lo mismo de una vocación, en general. Y algo de esto hay. Pues, al fin y al cabo, uno es aquello a lo que se siente llamado, su inquietud, su búsqueda. Eres lo que persigues (y no terminas de alcanzar, por supuesto). ¿Puedes abandonar? ¿Hacer de tu inquietud un oficio —o mejor dicho, tan solo un oficio—? ¿Es posible renunciar al sacerdocio? ¿Por causa mayor? ¿Una mujer? Sin duda. Pero la pregunta es qué revela sobre uno mismo este dejarlo estar. ¿Que acaso no hubo una verdadera vocación? ¿O más bien que la ahogaste? Llega a ser lo que eres, decía Píndaro. Y esto implica soltar mucho lastre —mucho de lo que llevas pegado a la piel y no te pertenece—. Sin embargo, cuando hablamos de vocación —y quizá sobre todo, de la sacerdotal— no hablamos estrictamente de una inclinación característica —como si a uno le fueran las cosas de Dios como a otros la aeronáutica—, sino, como la misma palabra sugiere, de una demanda: hay que sacar a los huérfanos del metro de Moscú, donde viven como ratas. Y aquí quien llama no te deja en paz. Al menos que te decantes por la paz del mundo, la que te abre las puertas del hogar. Pero un hogar es una tumba para quienes han sido mordidos por los que no cuentan. El problema es que como normales, aun en el caso de ejercer el ministerio sacerdotal, pocos nos dejamos morder. Y, siendo así, da igual qué ilusión nos facilita que aguantemos un día más.

antinatural

septiembre 8, 2021 § Deja un comentario

¿Y si Dios fuese, no ya la cumbre de lo natual, sino antinatural? ¿No es el acto de fe un acto contranatura? Ante Dios, ¿acaso no nos encontramos al borde de la locura? Debes amarme, pero no puedes. Quizá sea por este motivo que no lleguemos a tomarnos demasiado en serio a Dios —que prefiramos un sucedáneo, por lo común, una variante del amigo invisible de la infancia—. Aunque quizá sea por el mismo motivo que Dios decidió dejarse caer: para que pudiéramos, al fin, abrazarlo. Pero, abrazar a Dios ¿no supone abrazar un cuerpo repugnante —el pellejo que cuelga de una cruz, al leproso—? ¿No se nos pide demasiado? Sin duda, sobre todo si permanecemos en la distancia de seguridad que nos proporciona un hogar. Pero como desplazados, el asunto cambia. Y no porque en ese caso seamos capaces, sino porque nos hallaríamos en la situación de aceptar el abrazo del que, habitualmente, nos repugna. Pues es posible que el amor a Dios tenga que ver antes con dejarse abrazar por los que huelen mal a causa de su indigencia que con el aspirar al aire puro de las cimas.

de lo limpio y lo sucio

septiembre 7, 2021 § 1 comentario

La suciedad posee un valor ontológico. Siempre lo tuvo. Todo cuerpo es ambivalente. Tan hechizante como repulsivo. Por eso, creemos que debe brillar: para que aparezca —para que no apartemos la mirada—. La suciedad tiene que volverse invisible. Sin embargo, sigue ahí, como el fondo oscuro de cuanto es. Y en este sentido, acaso sea más real que cuanto se muestra como real. De ahí que un Dios que se identifique con los sucios no termina de encajar con lo que esperamos de un dios. Dios no se encuentra arriba a la manera de un ente paradigmático, sino abajo, en las alcantarillas, junto a las ratas. Su invisibilidad es la de quienes despreciamos porque su olor nos repugna. Que siga siendo un Dios es algo que solo el cristianismo se ha atrevido a proclamar.

presente

septiembre 4, 2021 § Deja un comentario

No hay presente sin tener presente lo que, de algún modo, siempre está ahí. Ahora bien, lo que siempre está ahí no parece que sea lo mismo para unos que para otros. Pues el presente de quien tiene presente, por ejemplo, la miseria de tantos —y en contraste con un incomprensible sí de fondo— es muy distinto al de quienes solo tenemos presente nuestro interés, aunque este se vista con los oropeles de lo elevado. En el primer caso, hay presente porque hay presencia o, también, aparición (y toda aparición es perturbadora). En el segundo, sin embargo, lo que no hay es, de hecho, presente, sino algo parecido a un hogar.

cordialmente

septiembre 3, 2021 § Deja un comentario

Podríamos decir que lo común a las diferentes espiritualidades es el hecho de tomar conciencia de que habitamos en medio de lo extraño. Al menos, porque quien se eleva por encima de sí mismo termina viendo en la costumbre la huella de lo insólito, de una intriga que en modo alguno podrá resolverse. Desde el horizonte del no-saber, el mundo es un motivo de perplejidad (aunque también de escándalo). Hay en el fondo de tot plegat un rumor que no acabamos de traducir. Con todo, nadie dijo que el misterio fuese cordial.

imaginar a Dios

septiembre 2, 2021 § 1 comentario

Hay en lo más hondo un anhelo de aparición, como quien dice. De ahí que el niño que permanece en nosotros siga invocando, de un modo u otro, al ángel de la guarda. Sin embargo, si es cierto que, como decía Karl Rahner, incluso en los cielos Dios seguiría siendo un misterio, entonces incluso en los cielos continuaríamos teniendo a Dios pendiente, deseando su aparición. Ningún ángel logró nunca ocupar el lugar de Dios. Aunque, de entrada, pudiera parecérnoslo. Junto al ángel, estamos cerca. Pero todavía no hemos llegado. Con todo, al apuntar a Dios no podemos evitar imaginarlo como aquel que podría aparecerse. Es lo que tiene llevar un cuerpo a cuestas. La imaginación es, sin duda, ambivalente. Por un lado, nos permite incorporar nuestra exposición a lo más íntimo o verdadero. Por otro, lo falsea. En cualquier caso, no podemos negar que muchos vivimos de espaldas a lo que en el fondo anhelamos. Así, en vez de ir por la senda, vamos de compras: de oca en oca y tiro porque me toca. Esto es, perdiendo el tiempo. Aun cuando sea intensamente. Como las bestias.

modos de dirigirse a Dios

agosto 31, 2021 § Deja un comentario

Hay dos modos de invocar a Dios. El primero presupone que Dios está en el piso de arriba, esperando que llamemos a su puerta (y también que, de hacerlo, estará dispuesto a echarnos un cable… si es que no tiene otros planes). El segundo, en cambio, parte de un padecer su silencio: no parece que haya nadie en las alturas. Aquí la invocación es, más bien, un clamor. Ahora bien, la respuesta a ese clamor nunca será de Dios, sino de las mujeres y hombres que permanecen sujetos al mandato que procede, precisamente, de dicho silencio. Y es que podríamos decir que esto de la fe cristiana comienza con una sola pregunta, aunque vivida a flor de piel: qué queda de Dios donde ya no queda nada de dios.

la vuelta de lo religioso

agosto 30, 2021 § Deja un comentario

La Iglesia acaso haría el ridículo si, tras años a la defensiva, echara las campanas al vuelo con el retorno de lo religioso en Occidente. Pues el resurgimiento de un interés general hacia los asuntos de la trascendencia no es cristiano de per se. Al contrario: es pagano. Literalmente, una creencia campesina. Ni siquiera cabe entender dicho retorno como el estiércol en el podría crecer de nuevo la fe. Pues la esperanza cristiana parte, precisamente, del derrumbe de lo religioso. Un Dios que pende de un madero no es que sea, precisamente, un dios. Más bien, el Dios que quiso tener un cuerpo de hombre para llegar a ser el que es. No en vano en el Talmud encontramos aquello de si tú crees en mí, yo soy; si no crees, no soy.

2001

agosto 29, 2021 § Deja un comentario

Imaginémonos que nos encontrásemos en la situación del protagonista de 2001, la película de Kubrick, durante las escenas finales: como él, no entenderíamos nada. Todo allí es muy raro. ¿Misterioso? Sin duda. Necesitamos una explicación. Pero ¿divino? A unos, ciertamente, se lo parecerá. Sobre todo, si ese misterio se muestra superior… según nuestra medida —más inteligencia, más poder, más belleza: pues ¿podríamos admitir como dios a un ente sumamente fuerte pero feo, desagradable, monstruoso…?—. Ahora bien, está sensación religiosa ¿acaso no dura solo mientras dura el misterio? Contra el postulado de la vía racional, casi podemos dar por descontado que el fondo de lo real es ininteligible. Como decía Richard Feynman, quien entiende la mecánica cuántica, no la entiende. O Plotino: el Uno es incognoscible (y esto es lo mismo que decir tan esencialmente extraño que, ni siquiera, se trata de algo). Pero de ahí a creer media un paso. Un gran paso. Para los tiempos modernos, el misterio no basta. Ni siquiera lo misteriosamente superior. Sencillamente, un ser supremo no deja de mostrarse, aunque en mayor cantidad, como más de lo mismo. Lo gigantesco ya no nos dobla las rodillas. En cualquier caso, nos asombra o aterroriza. Pero poco más. Todo lo relativo a lo desbordante permanece en la epidermis. O tendría que ser así, siendo ya mayores. Sin embargo, cuanto acabamos de decir podríamos considerarlo antes una herencia de la tradición bíblica que de la novedad ilustrada. Y es que para el monoteísmo de Israel, el misterio nunca fue el de la cosa misteriosa, sino el de la constante presencia del impresentable. De ahí que, para Israel, la pregunta no sea qué o quién hay o pueda haber en el otro mundo —pues no sería Dios—, sino a qué nos obliga el que, en definitiva, Dios se nos revele, en sí mismo, como el eterno aún nadie —como el otro ab-soluto que ningún mundo puede admitir como posibilidad—. Y me atrevería a decir que únicamente desde este punto de partida cabe, cuando menos, entender de qué hablamos cuando hablamos de la Encarnación. Pues en modo alguno se trata de un dios dándose un garbeo por la tierra.

de los “pobrets”

agosto 28, 2021 § Deja un comentario

¿Amarlo? Por supuesto. Pero ¿porque nos pide desde abajo el pan de cada día? Debemos hacerlo, en cualquier caso. ¿Y si fuera un desagradable? No solo porque lleva meses sin ducharse, sino porque es un resentido, una mala hierba, alguien dispuesto a vengarse… ¿Podemos? ¿Desde dónde—bajo qué situación? ¿Logró Oseas amar a la ramera con la que tuvo que desposarse en nombre de YWHW? Fácilmente, nos sentimos inclinados a compadecernos del pobret. Viene de fábrica. Ahora bien, siempre y cuando no nos plante cara. Sin embargo, la verdad de la compasión va más allá. Literalmente. De hecho, es sobrenatural (y de ahí que, con respecto a ella, siempre estemos en falso). Un imposible. Como Dios mismo. Y lo imposible significa lo que ningún mundo puede admitir su posibilidad. Quizá, otro tiempo. Aquí la cuestión es que prevalecerá: si lo subyacente —lo posible, lo natural— o el por-venir. Sin embargo, lo segundo es increíble. Desde nuestro lado, la fe es sencillamente una ilusión.

inmolarse por amor

agosto 26, 2021 § Deja un comentario

El sacrificio es la prueba del amor. O mejor, lo que constituye el amor como tal. Pues con anterioridad al sacrificio, tan solo cabe la inclinación, el juego de las fuerzas, la querencia. Por tanto, y contra el mito naïve, no parece que podamos hablar del amor sin un estar sujetos a la demanda que procede del otro —y el otro, más allá de sus máscaras, es siempre un indigente, un nadie—. Sencillamente, tú no debes morir. Ahora bien, naturalmente no nos sentimos inclinados a amar a nadie. La Pasión no fue una pasión. Donde el otro se revela como nadie siempre preferiríamos estar en otra parte. De ahí que el horizonte del amor sea la redención y no el encaje de las piezas, la fusión. No hablamos de lo mismo. Pues la redención preserva, al superarla, la distancia de la alteridad. Quien cree que el horizonte es el encaje, olvida que el amor solo puede ser narrado. Y aquí el amor —el sacrificio— es el final de la historia. Sin embargo, si esto es cierto —y diría que lo es—, no parece que podamos asegurar desde el principio hastá qué punto seremos capaces.

Mark

agosto 25, 2021 § Deja un comentario

La verdad es lo más valioso que tenemos. Así que economicémosla”.

Mark Twain

activismo vacacional

agosto 24, 2021 § 1 comentario

Donde las cosas nos van los suficientemente bien, no podemos evitar preguntarnos si eso es todo —si acaso no habrá algo más, algo por descubrir. El todo es el aún no todo para el cul inquiet que somos. Así, aspiramos a lo extra-ordinario, a la interrupción. Y de ahí la necesidad de llenar el ocio con actividades. “Y hoy ¿qué hacemos?” Difícilmente admitiremos la que, probablemente, sea la única respuesta: nada. Pues, aun cuando vayamos de excursión, llegaremos a lo mismo de siempre. Al fin y al cabo, se trata de la distracción, del chute emocional, de la novedad, ese sucedáneo de lo nuevo. No fuese que cayésemos en la cuenta de que no hay nadie alrededor.

spoiler

agosto 23, 2021 § Deja un comentario

Una de las moralejas de la cruz es que el hombre de Dios responde a la voluntad de Dios —la que se desprende de su vaciamiento— sin Dios mediante, esto es, bajo un cielo impenetrable. Esto significa que esta moraleja no constituye un motivo para responder. El abandonado de Dios no se abandonó a Dios porque supiera que solo puede realizar su voluntad donde no parece que haya un Dios de nuestro lado. De hecho, cualquier verdad queda en suspenso en esa situación. El dar razón siempre fue algo póstumo. O como decía Hegel, el vuelo de la lechuza al anochecer. De ahí que el sentido no pertenezca a quien lo soporta sobre sus espaldas. Sin duda, aquí alguien podría decir que la resurrección lo cambia todo: que, tras las apariciones, los creyentes que penden de una cruz pueden morir en paz, sabiendo cuál es el final. Quizá esto fuese así para los que aún podían creer en el carácter físico de la resurrección. No ya, para aquellos que consideran que los relatos del resucitado son, en el fondo, una interpretación, en clave mítica, del significado de la cruz. Pues el horror pesa más que la hermenéutica.

obviedades que dejaron de serlo

agosto 21, 2021 § Deja un comentario

Ningún enunciado del credo significa nada —o nada que no sea, hoy en día, una insensatez— sin la historia que hay detrás. Podríamos decir que el kerigma cristiano emplea el lenguaje religioso disponible para aplicarlo a lo que en modo alguno puede admitirlo. Es como si dijéramos que el autor de Hamlet fue un analfabeto que se entretuvo trazando al azar durante décadas unos cuantos garabatos sobre unos pliegos de papel. Esto, sencillamente, no cabe en nuestro mundo (ni en nuestra cabeza). Es imposible. Pero también lo es que un crucificado sea proclamado Hijo de Dios. ¿Acaso no nos tomaríamos a risa —o como una provocación— que un diseñador de moda organizara un pase de modelos con leprosas, mientras insite en que solo ellas son realmente hermosas? Tras el cristianismo no podemos seguir hablando de Dios a la religiosa, como si Dios fuese un ente sin cuerpo. Y quien dice hablando dice experiementando. Por ejemplo, según el cristianismo, María concibió por el espíritu de Dios. Y aquí fácilmente nos imaginamos a María poseída por un poder que procede del más allá, como la niña de El exorcista, pero en bueno. Aquí el cristianismo aplica a María un símbolo de la tradición profética (y no solo profética): el de la doncella que concibe milagrosamente. Sin embargo, las cosas no sucedieron tal y como se nos narran. Probablemente, María fuese una joven madre soltera. Algunos biblistas defienden que concibió tras una violación. ¿Qué hizo, de hecho, María? Amar a ese fruto de su vientre. Basta con imaginarlo para caer en la cuenta de que estamos ante un imposible. El rostro de Jesús terminaría siendo el de los romanos que la forzaron. ¿Qué hicieron los primeros cristianos? Proclamar por medio del antiguo símbolo que este es el verdadero milagro: María es la virgen. El horror no alcanzó, por así decirlo, su corazón. Aunque fuese un corazón roto. O por eso mismo. María regresó con vida de la muerte, como quien dice, la vida que, precisamente, ofreció a su hijo. ¿Qué hizo, en cambio, la cristiandad? Prescindir de la historia, para quedarse solo con la fórmula. Y de ahí al mito —cuando el cristianismo es el antimito por excelencia— media un paso. Pues los hechos que se corresponderían con la fórmula son, inevitablemente, paranormales. Y lo paranormal no invita a la fe —a confiar, contra pronóstico, en que al final habrá un Sí—, sino a una mejor explicación.

del gran otro

agosto 20, 2021 § Deja un comentario

La moraleja de tot plegat: no hay sujeto omnisciente —un gran otro que posea el saber. Esa es nuestra fantasía (y aquí Lacan podría inscribirse en la parroquia). El Otro es nadie. Acaso no haya otra realidad —otra alteridad, otro más allá— que la del nadie. De ahí que prefiramos lo tratable —lo a mano—, esa sombra. El Otro no tendrá otro cuerpo que el de aquel que responda a su lamento, el que solo como abandonados llegamos a escuchar. Papá nunca fue el que imaginamos.

casi programático

agosto 19, 2021 § Deja un comentario

Para comprender qué significa un estar expuesto a la trascendencia quizá baste con sufrir el horror bajo un cielo radiante: la desmesura de un cosmos indiferente se muestra como lo último o definitivo. Is 45, 7. De ahí lo desconcertante de un Dios que, desde el principio, quiso incorporporarse, esto es, hacerse cuerpo. Desde una óptica bíblica, Dios carece de naturaleza. Pues es el Dios que, de buen comienzo, quiso salir de sí hacia lo otro de sí (y esto está muy cerca de decir que se afirma en su negación de sí). La pregunta, sin embargo, es cómo llegamos a saberlo o, mejor dicho, cómo pudo revelársenos. No es casual que los evangelios, al hablar de Dios, no hablen de Dios, sino del Dios de aquel que pasó por enviado de Dios y que murió etsi deus non daretur. Esto es, como si no hubiera Dios. Aquí podríamos objetar que Jesús resucita por el poder de Dios (y que, por tanto, Dios siempre estuvo ahí, tras la cortina, esperando su momento para intervenir espectacularmente). Sin embargo, y dejando al margen cómo podemos aún creer en la resurección de los muertos, lo cierto es que el crucificado vuelve a la vida con la vida de Dios, en el doble sentido del genitivo. Como si Dios fuese incapaz sin la entrega del hombre. Pues si Dios es el Dios que quiso, desde el origen, reconocerse en el hombre, entonces Dios no tiene otro quién que el hombre que regresa hacia Dios.

la verdad y sus historias

agosto 18, 2021 § Deja un comentario

Las proclamaciones cristianas —pero, ¿quién las proclama hoy en día?— solo recuperan su sentido original si tenemos presente las historias que hay detrás. No es causal que los evangelios, a la hora de presentar a Dios, cuenten la historia de un hombre… que murió como un apestado de Dios. Ahora bien, al tenerlas en cuenta, la palabra Dios ya no significará lo que significa por defecto. No podrá. Es como si el cristianismo cambiara el ámbito de aplicación de las categorias religiosas. Y esto no es fácil de tragar para quien se siente inclinado hacia las cosas divinas. Para comprender, cuando menos, el alcance de los enunciados del credo hay que partir del desconcierto. ¿Ese colgado es Dios? No sabes de lo que hablas. Gregoire de Ahongbonon (https://www.cesal.org/ong/figura-de-gregoire/gregoire-ahongbonon_3513_326_5002_0_1_in.html) ve a Dios —al que llama, el único que merece su nombre— no en los elevados por la ascesis o en los ministros de Dios, sino en los locos de atar, literalmente, los despreciados de los despreciados. Y estos huelen mal. Ante Dios, la primera reacción es la de quien se aparta.

Si colocamos el dibujo de un niño en el lugar de la Gioconda —y nos tomamos en serio la gamberrada— difícilmente podremos seguir manteniendo el concepto tradicional de Belleza. No hay continuidad entre el arte moderno y el renacentista. Como no la hay entre el cristianismo y la religión. Ciertamente, si decimos que la verdadera belleza es la de esos garabatos infantiles es porque presuponemos la validez del concepto de belleza. Y aquí podríamos creer que tan solo hemos cambiado de referente. Pero únicamente hace falta imaginarnos en la situación de los sin salida —las mujeres de Afganistan, quienes ven morir a sus hijos de hambre ante la indiferencia del mundo…— para captar la revelación que supone que tu pequeño trace unos garabatos sobre un papel: ese dibujo es, sencillamente,. sagrado. Ahí, las giocondas se mostrarán como vanas. Porque lo son. Podemos tomarnos en serio la gamberrada porque la gamberrada es seria. Es innegable que hay una idea general de Dios como la hay de la Belleza (y por eso hay algo así como religiones o una Historia del arte). Sin embargo, su carácter es meramente formal (y quien dice formal, dice vacío o tautológico). Como sostuvo Platón, no sin perplejidad, podemos ascender a la idea última —y esto en Platón equivale a decir a lo real—, pero no deducir de ella lo concreto: su carácter formal nos lo impide. De ahí que no podamos pasar de la noción general de lo divino a la concreción cristiana. Defender que las diferentes religiones apuntan a lo mismo es lógicamente trivial (y por eso mismo irrelevante). Con todo, solo porque Leonardo pintó la Gioconda fue posible invertir los términos.

del misterio y la llamada

agosto 17, 2021 § Deja un comentario

Si Dios es el que llama, entonces no hay experiencia de Dios donde uno no se siente invocado por Dios. Y ya sabemos como invoca Dios: siempre a través de los sin Dios. La apertura a lo desconocido o, si se prefiere, al misterio, no basta. Es necesario, además, que alguien nos desmonte el hogar. No es secundario que nuestro hallarnos cabe Dios se revele en los tiempos finales, esto es, donde los cielos se derrumban. Ahora bien, quien dice Dios, dice el Dios que no se presenta —no es— salvo como el que fue y será (si el hombre quiere).

el pasado domingo

agosto 15, 2021 § Deja un comentario

En el sermón del último domingo, el sacerdote reprodujo unas palabras de Karl Rahner sin citarlo. De hecho, lleva un par de domingos haciéndolo. Ignoro los motivos de tanto rubor. Podría imaginar, intentando salvar la proposición del prójimo, que no quería parecer un erudito ante la parroquia. Pero, ¿no resulta sorprendente que la mayoría de los cristianos no tengan ni la más remota idea de quienes fueron aquellos que dedicaron —y dedican— una buena parte de su vida a esclarecer la fe? ¿Acaso a los cristianos de hoy en día les importa un rábano esto de la verdad? ¿Por qué ahorrarles, al menos, la cita? Los Rahner y compañía ¿no merecen un mínimo de respeto? ¿Hay que ocultarlos? Los sacerdotes ¿no son también responsables de adormecer la inquietud de sus ovejas —de enervarlas, literalmente—? ¿Basta con cultivar el sentimiento? Sin embargo ¿a quién le basta el sentimiento? ¿A los niños —y no hablamos aquí de quienes lograron serlo de nuevo—? Esto lo sabe cualquier maestro: si tratas a los niños como niños, seguirán siendo unos niños. Incluso donde estos ya alcanzaron oficialmente la mayoría de edad. ¿Por qué tanto sacerdote ha renunciado a la paternidad? ¿Miedo? ¿A qué? ¿A no saber qué responder? Pero esta dificultad ¿no tendrá que ver antes con la falta de recorrido creyente que con la erudición? Ciertamente, la reflexión tiene sus riesgos. No en vano decía Hegel que donde esta nos atrapa, no vuelve a crecer la hierba. O cuando menos, no la misma que antes. Pero ¿es que no debería preocuparnos que aquellos que se hacen según qué preguntas tengan que salir de la parroquia para encontrar una respuesta? ¿Y aún no nos hemos dado cuenta de que la primera que hallarán será la que proporciona, precisamente, el mundo?

valores

agosto 14, 2021 § Deja un comentario

¿Hay valores? No. O mejor, no para quienes vivimos anclados en el mundo. Ahora bien, esto es así no porque nos decantemos por el nihilismo, sino porque el valor no admite el presente indicativo. En cualquier caso, su simulacro, la novedad o el precio. Aunque también podríamos decir que hay valor, solo que no somos capaces de verlo, sometidos como estamos a la presión del momento. Pues quizá solo caigamos en la cuenta de lo que vale el presente cuando ya es demasiado tarde —cuando jugamos la prórroga, por decirlo así—, una vez perdimos de vista cuanto nos fue dado desde el horizonte de la nada. Sin embargo, podemos preguntarnos si estamos meramente ante una cuestión epistemológica —como si solo se tratase de precisar las condiciones del reconocimiento del valor— o bien ante un asunto ontológico (y aquí tendríamos que decir que solo la pérdida constituye la realidad del valor). Sea como sea, difícilmente vivimos el presente como presente.

Abraham y la isla del tesoro

agosto 13, 2021 § Deja un comentario

Ante YWHW, Abraham solo se atreve a balbucear aquello de “heme aquí; qué quieres que haga”. Interesante. Veamos por qué. Primero: el heme aquí está lejos de ser una obviedad. Abraham, por supuesto, no indica una coordenada geográfica. Frente a Dios, uno no permanece arrojado a las posibilidades que le ofrece el mundo —de hecho, han dejado de haberlas—, ni tampoco atado por su pasado: simplemente se halla, en el sentido más amplio de la expresión, en donde está. Y esto es lo mismo que decir solo. Puede convenga recordar que aquí YWHW no se revela estrictamente como presencia, sino como un Dios por-venir. Literalmente. No hay epifanía en el episodio de Abraham. Nada numinoso que pueda sobrecogerlo. Tan solo la voz —el silencio elocuente— de un Dios que, por eso mismo, se ofrece como promesa de Dios. Y no porque esté por descubrir, como si Dios fuese un tesoro enterrado que deberíamos localizar. Con respecto a Dios, no hay nada que des-cubrir. Dios no permanece velado por las apariencias, aunque ya nos gustaría que fuese así. Abres la puerta que se te prohibió cruzar… y ahí no hay más que cuatro paredes. Quizá no sea casual que en el sancta santorum, el lugar de la presencia de Dios en el templo de Jerusalén, careciese de imágenes. Ahora bien, Abraham topa con YWHW solo tras fracasar en su búsqueda del tesoro.

Segundo: el qué quieres que haga refleja la disposición de quien cae de rodillas ante un Dios en falta o por ver, la que también se observa en la respuesta del pueblo de Israel a Moisés: primero obedeceremos y luego ya veremos. Podríamos decir que el heme aquí, con cuanto implica, es indisociable de un interrogarse por la voluntad de aquel ante quien nos situamos. Ciertamente, podemos permanecer de pie ante el abismo, como los héroes del romanticismo. Pero en ese caso, seguiríamos inflados de poder. Ningún heme aquí vamos a escuchar de quien experimenta lo sublime al borde de la desmesura de un cosmos sin final o propósitp. Pues solo podemos pronunciarlo ante aquel que, como enteramente otro, no es aún nadie. Y dado que solo lo igual sabe de lo igual, únicamente como nadie podemos hallarnos ante el aún nadie. Por lo común, nos situamos desde la posición que ocupan nuestros ídolos. Son ellos los que, de entrada, establecen la medida de lo que creemos valer para los demás —son ellos quienes, en un primer momento, nos dicen qué debemos ser mayores—. Y aquí ser equivale a lograr. Sin embargo, esta situación carece de solidez. No hay ídolo que no posea pies de barro. Un ídolo nunca cumple su promesa. Nuestra situación deviene un tener lugar tan solo ante el aún nadie. Pues solo ante el aún nadie caemos en la cuenta de que, en realidad, no somos nadie. Ahora bien, si hablamos del aún nadie y no de, simplemente, la nada, no es porque seamos unos fantasiosos, sino porque el hecho de existir supone un estar en el mundo como arrancados del Otro y no solo como unos distantciados. Nadie puede aparecer como Otro, sino en cualquier caso como otro en apariencia (y aquí estamos casi en el terreno de las tautologías: nadie aparece como Otro=el Otro aparece como (el aún) nadie). De ahí que Abraham se pregunte ¿qué quieres de mí?, y no ¿y ahora qué hago?. Esto es, ante Dios estamos solos como nadie y, en consecuencia, en manos de… ¿nadie? Y esto, bíblicamente, está muy cerca de decir en manos de los nadie.

De ahí que la respuesta que escucha Abraham no sea directa, sino la que se desliga de un Dios enmudecido, el Dios del séptimo día, el que está por regresar. No hablamos, por tanto, del esquizofrénico que oye voces en su interior, a menudo imperativas, sino de quien escucha el mandato de Dios en su silencio. Tan solo el que no sabe leer —y no me refiero tanto al texto como a la vida que hay detrás— puede tachar a Abraham de supersticioso. Abraham no fue un iluso. Todo lo contrario: fue un desterrado, un sin tierra y, por consiguiente, un sin Dios (pues, en la época, no había dios que no fuese territorial o, cuando menos, que no tuviera un ámbito). Consecuentemente, no deberíamos leer este fragmento bíblico como si su autor se hubiese limitado a transcribir una conversación telelefónica. La voz de Dios es de Dios no como nuestra voz es nuestra. Nos hallamos ante la voz que se desprende, precisamente, de una alteridad en falta —eternamente en falta—, una voz cuyo eco escuchamos, precisamente, en el clamor de los que no cuentan para nadie. Y solo porque esta es la eternidad de Dios, cabe la Encarnación. Pero este es otro asunto.

Sancho y Nietzsche

agosto 12, 2021 § Deja un comentario

¿El Valor? Se le supone. Literalmente. Pues la mayoría de los condecorados en el frente tuvieron el valor que tuvieron porque iban cocidos de opiáceos. No solo en Vietnam, sino en cualquier guerra. El hecho es que quienes los condecoraron lo sabían: hay que mantener la ilusión —también podríamos decir el photoshop— a cualquier precio. Y es que con la ilusión, seguimos siendo unos niños, aquellos que miran desde abajo. Al menos, porque no hay ilusión sin vidas ejemplares o, lo que viene a ser lo mismo, sin autoridades que las señalen. Por suerte, siempre tendremos a Sancho: no son héroes, mi señor, son toxicómanos. De ahí que su pensamiento siga siendo tan sanador, tan cauterizante. En este sentido, podríamos decir que la filosofía de Nietzsche o, mejor dicho, su lectura escolar sigue reposando sobre una lógica sacerdotal. Pues, en el fondo, dicha lectura se limita a sustituir al santo por el noble. Al igual que la Iglesia muestra a sus santos como ejemplos de integridad sin grieta, Nietzsche presentaría a la bestia rubia como hecha de una pieza, aunque con otro material. Ante las bravatas de los nietzscheanos, Sancho siempre podría replicar: no son dioses, mi señor, son idiotas. Y aquí no parece que haya mucho resentimiento que digamos. Tan solo lógica campesina.

En realidad, la figura del noble en Nietzsche no funciona como una categoría socio-política. Por tanto, no hablamos de los que, de hecho, detentan un cierto poder, sea el que proporcionan las riquezas o la belleza, sino del psicópata, por decirlo en breve. Y aquí el asunto es otro. Frente al psicópata, un campesino se limita a afilar el azadón. O a huir. El psicópata no es envidiado: es temido. Nada de cuchichear en voz baja intentanto encontrar las vergüenzas de quien se nos presenta como de otro mundo. No hay como en el caso del psicópata: es un dios hecho cuerpo, aunque un dios del lado oscuro de la fuerza, un heraldo de Ha-Satan. Para una sensibilidad religiosa, lo habitual es reaccionar ante este dios suponiendo que hay un dios de nuestro lado o, al menos, un psicópata bueno, un mesías cargado de luz. Sin embargo, los tiros cristianos no van por ahí. El cristianismo no se enfrenta a la encarnación de Ha-Satan con un hombre-dios resplandeciente, sino con un Dios que no es nadie sin la respuesta del hombre, el único que hay. Y llegados a este punto quizá convenga recordar que algunos de los santos fueron lo que fueron —o son lo que son—, no porque se hubiesen apropiado de un poder sobrehumano, sino porque, habiendo regresado del más allá, por decirlo así, habían constatado que ahí no hay ningún dios, obrando en consecuencia. Desde la óptica de una eternidad vacía de dioses, incluso el psicópata deviene ridículo.

Steiner y Platón

agosto 11, 2021 § Deja un comentario

Dijo George Steiner que es incomprensible, por no decir escandaloso, que la Shoa fuese ejecutada por quienes habían sido educados por —y no solo en— Bach, Mozart, Schubert… ¿Cómo pudieron hacerse compatibles la sensibilidad más exquisita y la barbarie? Aquí podríamos jugar con las definiciones. De este modo, podríamos argumentar que, en realidad, la instrucción no fue verdadera: la bestia no fue domesticada (creo que está fue la vía elegida por Hannah Arendt). No hubo transformación, sino acaso únicamente snobismo. Pero jugar con las definiciones sería caer en lo tautológico, si no un zanjar la cuestión antes de tiempo. Las preguntas de fondo son, de hecho, más inquietantes. ¿Es posible, por ejemplo, que la barbarie sea, precisamente, el resultado de la elevación? Si una vida reflexionada posee más valor que una sin reflexionar, como escribió Platón hacie el final de su Apología, quien se ha distanciado lo suficiente de sí mismo ¿acaso no terminará viendo a las mujeres y hombres del móntón como chimpancés —como reos de su circunstancia—? Es ingenuo dar por descontado que somos iguales (y no solo ante la ley). De ahí que afirmar una igualdad por defecto suponga caer en lo ideológico. Al menos, porque la ideología —la opinión— enmascara, bajo el manto de lo indiscutible, lo que resulta obvio para quien sepa verlo. Hace falta un Dios que brilla por su ausencia, como decía la Weil, para que caigamos en la cuenta de que únicamente ante este Dios cabe proclamar que, a pesar de las apariencias, el noble y el esclavo se encuentran en la misma línea. Como si la fraternidad tan solo pudiera revelársenos desde una común orfandad.