de las analogías

enero 20, 2022 § Deja un comentario

Se dice, cristianamente, que Dios quiso ser como nosotros. Y nos lo imaginamos, análogamente: como cuando alguien quiere algo. Sin embargo, lo que hay tras estas palabras no puede decirse del mismo modo que habitualmente. Para hallar qué tienen de verdaderas tenemos que escarbar en el concepto —forzar el lenguaje. Sin embargo, aun cuando la verdad siga siendo esquiva, los resultados del pensar no se dejan traducir fácilmente al lenguaje de la devoción. Como dijera Platón, podemos ascender, pero una vez arriba será imposible deducir de lo que es en verdad al que pesca con caña. Salvo que hagamos trampas.

presente indicativo

enero 18, 2022 § Deja un comentario

¿Qué tenemos presente en el presente? De hecho, no el presente, en el sentido del don. Más bien, lo que satisface nuestro necesidad, lo útil, lo que, por eso mismo, será desestimado. De ahí la importancia de la pregunta por el qué. Las impresiones —las apariencias— suelen desviar el tiro. ¿Un cuerpo atractivo? Quizá. Pero no solo. También —y quizá sobre todo— su falta de coincidencia consigo mismo —su indigencia, su inquietud. Al fin y al cabo, su sin porqué. Con todo, estamos en el mundo como los que cayeron. Y esto significa que vivimos de espaldas a lo real. Aunque en el fondo no anhelemos otra cosa que lo extraordinario, la aparición.

Les dones i els dies

enero 17, 2022 § 1 comentario

La guerra supuso la muerte del Padre, decía Gabriel Ferrater. Pues el Padre, así con mayúscula, es quien pronuncia las palabras que la justifican. El hombre experimenta el exceso de Ha-Satan como el más verdadero. Pues el horror carece de medida. Y donde solo hay creencia más o menos espontánea en el amparo de un abuelo espectral, quizá nadie llegue nunca a Dios.

fe y nihilismo

enero 16, 2022 § Deja un comentario

Cristianismo y nihilismo andan muy cerca. Pues basta con que no sepamos qué hacer con la resurrección de los muertos —y aquí no vale traducirla a una vaga creencia en la inmortalidad del alma— como para que la confesión cristiana —Dios mismo cuelga de una cruz— adquiera un giro insólito. Pues dicha confesión, sin resucitados de por medio, es como decir que no hay Dios.

Pi

enero 15, 2022 § Deja un comentario

Creer que todo apunta a un secreto impenetrable está cerca de decir que no hay secreto —o no para nosotros. Al final, unos niños columpiándose, el pájaro sobre la rama, la luz atravesando las nubes… También, el llanto. Y todo sin un porqué. Pues, aun cuando se nos revelase el secreto, todavía nos preguntaríamos si acaso eso es todo. El último porqué tiene que permanecer fuera del todo —y permanecer eternamente como nada o nadie. El todo no puede ser el todo para quien sabe cuál es la pregunta. Al fin y al cabo, lo profundo es la superficie. Y en la superficie, no ya los hechos, sino la donación.

fe e imágenes

enero 14, 2022 § Deja un comentario

Las imágenes de las Iglesias pretenden provocar la sensibilidad, la reacción emocional. Sin el recurso de las imágenes, la pauta —en Israel, en el Islam— ocupa su lugar. Pues si la fe tiene que ser incorporada, el cuerpo debe seguir los pasos del alma. Incluso Dios tuvo que encarnarse para que su fe en el hombre no cayera en saco roto. No obstante, al cuerpo le cuesta. De hecho, no lo consigue sin traición. Al final, la desnudez, la impotencia, la ignorancia de quien ya ha leído todos los libros. Esto es, la exposición, la gracia. En el mejor de los casos.

Jn 16, 16 ss

enero 13, 2022 § Deja un comentario

Tras aparecer, un ángel debe desparecer para que siga siendo un ángel. Este es su imperativo moral. Tan pronto me veréis como no me veréis… Lo extraordinario, por defecto, no puede durar. Un dios al que pudiéramos acostumbrarnos pasaría a formar parte de nuestro mobiliario existencial. Incluso en los cielos. La huida va con lo divino.

asombro y mal

enero 12, 2022 § Deja un comentario

El escándalo es la otra cara del asombro. Así, únicamente quien es capaz de asombrarse de que haya vida en vez de lo inerte será capaz de escandalizarse ante el hecho de que un hombre pueda arrancarle la vida a otro hombre. Y sin embargo, los hombres se matan entre sí como quienes aplastan cucarachas. Pues el mal, a diferencia de la mera desgracia, posee una profunda carga simbólica. En este sentido, no es casual que las matanzas que atraviesan la historia siempre se hayan llevado a cabo en nombre del Bien, con mayúscula. La víctima, por defecto, encarna la mala hierba que hay que arrancar del jardín. Los gaseados murieron justamente porque antes fueron culpables. Aunque solo para sus verdugos. La raíz del mal reside, por tanto, en lo simbólico, en lo que el otro representa. Y lo que representa es la lepra que impide que podamos vivir sanamente.

En nombre del Bien, matamos como quien mata moscas. No es casual que Auschwitz estuviera precedido de los encendidos discursos del führer contra el poder financiero que ahogaba la Alemania de los años treinta… un poder en manos, precisamente, de los judíos. Fue evidente para muchos. Aprender de la historia supone caer en la cuenta de que nosotros podríamos haber sido ellos, los malos. La bomba de Hiroshima fue lanzada con la misma convicción con la que los nazis pusieron en marcha las cámaras de gas. Es lo que tiene pertenecer al mundo: que no podemos desembarazarnos de lo simbólico. De ahí la necesidad del cultivar el asombro, esto es, de contemplar, al menos de vez en cuando, lo que es al margen de lo que representa. Y esto es lo mismo que decir desde el fondo de la nada. O también desde la óptica del milagro. Ya quedó escrito que la rosa es sin porqué. Sin embargo, la contemplación —Hannah Arendt habló del poder de la reflexión— en modo alguno es una solución, o al menos, no lo es en el plano de lo político. Pues el presupuesto de lo político es lo común. Y lo común no es, ciertamente, ver cuanto nos rodea con la mirada del asombro. De hecho, el piñón fijo de la historia son las fosas comunes. Los poetas siempre fueron unos raritos.

la cuestión religiosa

enero 11, 2022 § Deja un comentario

La cuestión religiosa es la cuestión sobre el poder de Dios. ¿En manos de qué o quién nos hallamos? El problema hoy en día es que no admitimos fácilmente estar en manos de, a menos que sigamos siendo unos niños. El sujeto moderno se comprende a sí mismo en relación con su libertad (y esto no suele hacer buenas migas con el sentimiento de dependencia). ¿Orgullo? Quizá. Pero también, en cierto modo, una liberación, aunque el precio a pagar sea el frío de la intemperie o la idiotez del superhombre. De ahí que la espiritualidad de nuestro tiempo se decante por el sentido de formar parte, aun cuando su motivo sea el de compensar la aridez de una existencia reducida a los estrechos márgenes del oficio; o también por una imagen benévola de la divinidad, la cual tiene más de materna que de paterna.

Aquí el poder al que apunta lo que queda de la sensibilidad religiosa, no es el que nos sitúa sub iudice, sino el que nos invita a una conexión transformadora. Como si el poder de Dios fuese simplemente una fuente de energía, a la red bull: si quieres puedes alimentarte de mi fuerza. Y algo de esto hay, sin duda, en el cristianismo. Sin embargo, de quedarnos solo con esto quizá nos olvidemos que muchos de los testigos de Dios murieron como abandonados de Dios, lo cual resulta enormemente significativo cara a lo que entendemos cristianamente como fe. De hecho, lo que se nos dijo fue el que quiera venir conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga, y no pon tus dedos en este enchufe o haz yoga a diario para vivir una existencia plena. La pregunta, sin embargo, es en nombre de quién el testigo decide cargar con su cruz. Pues la cruz con la que carga nunca es, propiamente, suya, sino la de otros. La cuestión religiosa, en definitiva, no deja de ser la del joven rico: qué he de hacer para alcanzar la plenitud —para participar del poder de Dios. Sin embargo, el tema, para quienes se encuentran bajo el paradójico poder de Dios, nunca fue su felicidad.

sensaciones e ideas (y 2)

enero 10, 2022 § Deja un comentario

No es posible que una madre ame a su hijo sin amar a la vez su vínculo con el hijo. Del mismo modo, no cabe amar a Dios —dejar que Dios sea Dios— sin amar al mismo tiempo nuestro vínculo con Dios, esto es, sin amarnos a nosotros mismos antes que a Dios. Una cosa va con la otra. La cuestión es, como siempre, en qué medida se dan los componentes de la mezcla. Aunque esta quizá sería una pregunta a la griega. Pues acaso sea más justo preguntarse por el tiempo de cada cosa (o por la cosa de cada tiempo).

sensaciones e ideas

enero 9, 2022 § Deja un comentario

Muchos creyentes no aman tanto a Dios como a su vínculo con Dios. En este sentido, podríamos decir que se dejan llevar por el poder de las sensaciones de estar unidos a un padre celestial. Sin embargo, el escriba, cuando denuncia el poso infantil de dicha experiencia, no está tan lejos. Pues mientras los primeros permanecen prisioneros de sus sensaciones, él lo está del encadenamiento lógico de las ideas acerca de Dios. Al final, todos nos iremos con las manos vacías. Y ojalá sea así.

botánica elemental

enero 8, 2022 § Deja un comentario

Un árbol no es tan solo un árbol. Es algo más. Pero únicamente porque un árbol es un árbol. En la tautología reside el secreto de la trascendencia. Como viera el Silesius, la rosa es sin porqué.

extraños

enero 7, 2022 § Deja un comentario

No deja de ser extraño que vivamos y luego lo dejemos estar (a menudo, muy a nuestro pesar). Como si estuviéramos a prueba. O como si tuviera que haber un y continuará. No es el único modo de sentirlo. El primer Israel creyó que a lo único que podíamos aspirar, en el mejor de los casos, era a una vida larga y saludable. En modo alguno, a la inmortalidad. Y uno no puede evitar la idea de que acaso esta posición —una creencia es, al fin y al cabo, una postura— sea la más coherente con respecto a un hallarse bajo el exceso de lo divino. Aún gracias. La posición cambia, sin embargo, cuando nos preguntamos qué vida pueden esperar los que murieron antes de tiempo a causa de nuestra injusticia (y de ahí que Israel comenzase a especular con una nueva creación, aunque en modo alguno con una vida post mortem). En cualquier caso, Dios no resuelve lo extraño de nuestro estar arrojados al mundo. Y acaso la posición de quien permanece a la espera sea la posición creyente más honesta. Pues a veces resulta difícil eludir la sospecha de que la certeza sentimental sobre una existencia post mortem ahoga cuanto pueda haber de verdadero en nuestro estar expuestos a la desmesura de Dios.

Novell

enero 6, 2022 § Deja un comentario

El asunto Novell es, cuando menos, desconcertante. Como tantos otros. Y no porque haya dejado los hábitos por haberse enamorado. Pasa aquí como con aquellas parejas que lo dejan estar después de haberse amado tanto: que uno no puede evitar preguntarse si hubo realmente amor. Y no porque creamos que la verdadera pasión sea eterna, sino porque el amor no puede morir sin traición, por decirlo así. Aunque esto hoy en día no se entienda fácilmente, amor y deuda van de la mano. Evidentemente, el amor tiene poco que ver con el gustar y la costumbre, aun cuando en el día a día prevalezca, de hecho, el anar fent. Análogamente, uno puede preguntarse, en este caso, si la vocación fue una respuesta y no una fuerte inclinación; si se quemaron algunas naves o, en su lugar, se trató simplemente de un me atraen las cosas de Dios. Es cierto que cada uno vive como puede y que andamos lejos de estar a la altura de nuestras confesiones más sinceras. No se trata, por tanto, de evaluar. Pero una cosa no quita la otra. De hecho, testigos hay pocos. Y ni siquiera ellos pueden decir que lo sean.

gorda

enero 5, 2022 § 1 comentario

Poca alegría —y sí mucho desprecio de una misma— por unos pocos quilos de más. No triunfarás. Otras, sí. O eso es lo que creemos. Las mujeres y los hombres tenemos las de perder ante un dios —aquí, el patrón. De hecho, el actual culto al cuerpo, lejos de ensalzarlo, oculta una repulsa de fondo. Pues solo somos capaces de aceptar un cuerpo si es perfecto (a pesar de que la perfección no sea abrazable). Como viera el viejo Israel, aunque también Epicuro, hay que pasar de los dioses. Los eslóganes de la autoayuda no nos sirven —como tampoco, su antigua variante: Dios te quiere tal y como eres. Sirve, por decirlo así, orientar la propia existencia cara a lo que importa. Y lo que importa no es lo que tenga que decirte un espejo.

de-votos

enero 4, 2022 § Deja un comentario

¿Qué piedad —qué devoción— para quien ya no puede considerarse a sí mismo como criatura o dependiente? Acaso le quede la contemplación. Pero ¿desde qué lugar? Aún quedan montes. Pero también simas. Quizá no sea casual que los monjes se recluyeran en celdas, esa mezcla de altura e infierno.

pastillas

enero 2, 2022 § Deja un comentario

¿Qué conseguiríamos si tomásemos la pastilla que disuelve el peso de lo traumático? ¿A qué renunciaríamos? Podríamos decir que es cuestión de proporción. Pues hay traumas que nos sepultan en el infierno. Sin embargo, el resucitado, el cual conserva las marcas de la cruz, ¿hubiese preferido olvidar? ¿Se trata de volver a comenzar como si nada hubiese ocurrido? ¿Qué redención, entonces, cabría esperar? ¿Tan solo la que nos sitúa de nuevo en una infancia perpetua?

cosmos

enero 1, 2022 § Deja un comentario

Quizá la experiencia más cercana que podamos tener del antiguo estar cabe Dios la tengamos imaginando que, habiendo perdido el contacto con la nave, nos desplazamos a la manera del viejo Job, aunque sin ir de la mano de Dios, por un cosmos sin duda excesivo y anónimo… en el que no contamos para nada ni para nadie. Para comprender —y no solo comprender— el anuncio cristiano quizá deberíamos partir de ahí. Pues el crucificado tuvo que experimentar algo parecido. De hecho, la fe, en tanto que confianza, nunca se basó en nuestra suposición de que nos hallamos bajo el amparo de un dios, sino en la fe de aquel que, abandonado de Dios, no podía humanamente seguir confiando. Y es que con respecto a la suposición, ciertamente, da igual un dios que otro.

déficit de bien

diciembre 31, 2021 § Deja un comentario

O el mal es carencia de bien, o el otro lado del bien, del mismo modo que no hay luz sin oscuridad. En el primer caso, se trataría simplemente de aumentar la temperatura, por decirlo así, para dejar de tener frío. Como si fuese cuestión de alcanzar una cumbre que, en este mundo, nunca lograremos alcanzar. En el segundo, de admitir que el mal es el resultado de la realización del bien. Donde pensamos el bien como si solo hubiera bien, aunque este trascendiese el plano de lo sensible, no pensamos el bien. En su lugar, la fantasía. En cambio, donde intentamos pensarlo, tarde o temprano tendremos que ceder al rigor de la dialéctica. Pues el fuego es el efecto de la combustión de la madera. O de otro modo: que solo puede avanzar consumiendo —negando— aquello que lo hace posible. Si el bien se da en particular —y solo, como cuanto se da, puede darse así—, entonces el bien no puede darse en absoluto. Ciertamente, la oscuridad puede reducirse al mínimo —y en eso estamos—, pero no eliminarse. Pues en un mundo donde no fuese posible la oscuridad inevitablemente produciría en nosotros la sensación de irrealidad. De hecho, sería irreal. Por eso mismo, podríamos decir que los cielos son inconcebibles. Salvo que en ellos quedase una pizca de dolor, el que acaso provocase un Dios que, incluso ahí arriba, seguiría estando por ver. Pero, en ese caso, no deberíamos hablar propiamente de los cielos, sino de una nueva creación.

imaginar que no todo da igual

diciembre 30, 2021 § Deja un comentario

Desde la óptica de un tiempo sin final —sub specie aeternitatits, decía Spinoza—, da igual hallarse en la posición del verdugo que en la de la víctima, un día de fina lluvia que un genocidio. No hay juicio final. Como si lo que es primero para nosotros no lo fuera según naturaleza. No en vano Nietzsche reconoció en Spinoza a un semejante. Por consiguiente, se equivoca quien cree que se halla sub iudice. Sin embargo ¿es así? ¿Se equivoca, por ejemplo, el supersticioso que se toma en serio la imagen de que nacemos con un alien en nuestro interior y que solo es cuestión de tiempo que nos desgarre las entrañas? ¿Acaso no le sitúa más verdaderamente ante la realidad de la muerte —ante el hecho de que vivimos dentro de un plazo— que aquel que simplemente se limita a constatar la caducidad de los cuerpos? Desde la atalaya ¿es posible incorporar lo que en verdad acontece y no tan solo pasa? ¿Acaso la prohibición de no matar no se nos reveló como el envés del carácter intocable de una alteridad avant la lettre? Y ¿qué alteridad puede haber para el geómetra?

fe y sentido

diciembre 29, 2021 § Deja un comentario

El credo tiene que ser dejado atrás para que sea posible la fe. Pues al final solo quedará una absurda confianza —y absurda porque se dirige contra la evidencia del mundo. Esto es lo que significa cargar con la cruz, la existencia cristiana como seguimiento: el corazón seco y la fidelidad intacta en nombre de la verdad del niño. El credo no pertenece a quien nos da la fe. En cualquier caso, a quien da fe. Pues el sacrificado, en tanto que apenas es algo más que su confianza, no posee el sentido de su sacrificio. Fe y credo quizá fueran de la mano durante los comienzos. Al menos, porque aún cabía creer en la resurrección como hecho. En los comienzos, lo decisivo no fue lo que la resurrección reveló acerca de Dios, a saber, que crucificado era el quién de Dios, sino el hecho de que Dios levantó al ajusticiado en nombre de Dios entre los muertos y que, por eso mismo, el fin de los tiempos era inminente. Hoy en día acaso no nos quede más remedio que creer en ella a la manera de Israel: en nombre de quienes soportan el peso de la bondad de Dios, lo imposible debe acontecer. Aun cuando no podamos concebirlo.

brujas

diciembre 28, 2021 § Deja un comentario

Durante la Edad Media, casi bastaba con acusar a una mujer de bruja para que fuera llevada a la hoguera. Como si de lo que tratase no fuese de quemar a la bruja, sino de quemar. Podríamos decir algo parecido con respecto a la fe de muchos: que, con la excusa de un Dios hecho hombre, algo que, si se piensa bien, debería provocar cuando menos nuestra perplejidad, de lo que se trata es sencillamente de creer que hay algo más.

razones para el bien

diciembre 27, 2021 § Deja un comentario

Quizá sea absurdo preguntarse por las razones del bien moral… como quien busca unos argumentos que tuviéramos que aceptar como aceptamos una demostración a la matemática. De hecho, cualquier derivación lógica parte de lo que se acepta sin más, del axioma. Y aquí el axioma sería lo que el sujeto es, en tanto que, precisamente, sujeto al bien. Pues la exigencia del bien —de lo sin tara— constituye el para sí de la subjetividad. Todo comienza, de hecho, con la crítica de la inclinación: no todo cuanto me gusta es bueno. De este modo, el bien se presenta como el horizonte asintótico de la existencia. Al fin y al cabo, somos esos cuerpos que estan obligados a decirse a sí mismos que lo mejor aún está por realizar. Preguntarse por las razones del bien sería, por tanto, como preguntarse por qué lo mejor es lo mejor. No hay un último porqué para la tautología. Con respecto a este asunto y como viera Kant, el único argumento es el trascendental, aquel que se interroga por las condiciones formales de posibilidad del dato indiscutible, en nuestro caso, el hecho de que distinguimos entre el bien y el mal. Otro tema es cómo se determina la integridad, bajo qué mandatos en concreto. Pero lo que no que se cuestiona es que la libertad que proporciona el ser de una pieza es preferible a ir de oca en oca (y tiro porque me toca). Y es que esta preferencia —este juicio— es lo que, en definitiva, somos.

de miradas

diciembre 26, 2021 § Deja un comentario

En principio, lo que hay va a depender de la mirada —de su alcance. Ver cuanto te rodea con los ojos del asombro no es lo mismo que verlo con los ojos de la codicia. No es lo mismo partir del don que de la propiedad. No hablamos de pareceres, sino de puntos de vista que nos permiten apuntar a lo real en su carácter otro o ab-suelto.

Sin embargo, cabe un tercer grado, por decirlo así, aquel que consiste en ser mirado. De hecho, este es el inicio. Aunque lo obviemos. Aquí la cuestión es quién te mira —quién decide tu lugar en el mundo, esto es, quién es tu padre, tu señor. Y donde creemos que no dependemos de la mirada de nadie es que aún no hemos caído en la cuenta de que nuestro padre es la gente, con lo cual terminanos hundidos en lo impersonal: en lo que se dice, se hace, se espera. Al fin y al cabo, sometidos a lo objetivo —a lo que admite una medida—, cuando lo cierto es que no hay más realidad que la que, desde su más allá, interrumpe la certidumbre del espectador.

En este sentido, la audacia bíblica debería provocar, al menos, nuestra perplejidad. Pues desde la óptica de Israel lo decisivo es hallarse sujeto a la mirada del que no cuenta, el paria, el despreciado por el orgullo de los hombres. Estos, y no los que se llenan la boca con los asuntos de Dios, son el envés del aún nadie de Dios. Y lo que esto significa es que un creyente es aquel que, a la hora de hacer o deshacer, siempre se pregunta si lo haría de encontrarse en medio de aquellos que no tienen el pan de cada día. Aunque, sin duda, facilita las cosas el que ya se encuentre junto a ellos.

sí y no

diciembre 25, 2021 § Deja un comentario

¿Por qué el asombro es preferible al ver y el tocar? ¿Por qué el Sí al No, la vida a la muerte? ¿Se trata, en el fondo, de impulsos? Los antiguos ¿no se decantaron por el equilibrio? ¿Quizá porque la naturaleza lo busca? ¿Porque el Bien se halla inscrito en la naturaleza de cuanto es? ¿Pueden haber otras razones? ¿Cabe decidirlo por nuestra cuenta? Cuando tomamos del fruto prohibido ¿no elegimos el extravío en vez de la inocencia? ¿Acaso pretendemos que la respuesta nos la de un tercero, un espectador imparcial? Como si las plagas se preguntaran si es mejor comer que no comer y nosotros tuvíéramos que darles una respuesta…

la sorpresa de los justos

diciembre 24, 2021 § 1 comentario

Cristianamente, ya sabemos qué debemos hacer: dar de comer al que no tiene el pan de cada día (y no lo tiene porque a otros nos sobra). Sin embargo, de hacerlo, nunca terminaremos de saber hasta qué punto nuestra intención es sin tara. Además, con el tiempo, tampoco podremos evitar la impresión de que actuamos de oficio. Y donde prevalece el oficio no hay aparición. Por suerte, cuanto más cerca de Dios, más alejados. No sea que pongamos a Dios al servicio de nuestra autojustificación. Así, puede que no sea accidental que la fidelidad encuentre su habitat en la sequedad del corazón —en la mera forma. De ahí, la sorpresa de los justos durante el día del Juicio. Pues solo al final sabremos de qué se trata… si es que hay un final. En realidad, la fe apunta a un imposible que, con todo, debe acontecer en nombre de una bondad hecha cuerpo. Una fe sin paradoja no es fe, sino opinión. Ahora bien, no será hasta entonces porque nadie puede dar la medida de sí mismo desde sí mismo. En el mientras tanto, todo es oscilación. O también, el trigo con la cizaña.

Marxen y la resurrección

diciembre 23, 2021 § 1 comentario

W. Marxen, discípulo de Bultmann, en un intento de hacer modernamente digerible los relatos de la resurrección, sostuvo que estos no son más que un modo de expresar, por medio de unas imágenes que, ciertamente, nos resultan ajenas, la convicción de que la causa de Jesús seguía adelante. Sin embargo, esta idea, de algún modo aún muy presente en algunas comunidades de base, quizá suponga regar fuera de tiesto. Y ello por dos razones. La primera tiene que ver con la creencia, propia del judaísmo apocalíptico de la época, de que la resurrección de los muertos indicaba el inminente final de los tiempos. No se trata, por tanto, de seguir con la causa, sino de permanecer a la espera. La segunda apunta al escándalo de la cruz. Pues la crucifixión representó el fracaso de quién creyó haber intimado con Dios. Sencillamente, Dios no estaba con él. La causa de Jesús es indisociable de su persona. Para sus discípulos, Jesús no fue simplemente un heraldo de Dios, sino el Mesías. Y aquí vale aquello de que muerto el perro, muerta la rabia. Si la resurrección hubiera sido simplemente un modo de hablar, entonces las apariciones tampoco hubieran provocado tanto entusiasmo. Otros hubieran ocupado el lugar del líder. Es decir, Jesús no habría pasado de predicador a predicado —y predicado, precisamente, como predicado de Dios. Con todo, una buena pregunta es cómo podemos encajar hoy en día el anuncio de la resurrección, una pregunta que Marxen se tomó, sin duda, muy en serio, aunque su respuesta fuese incongruente. Pero este es otro asunto.

Platón estuvo en lo cierto

diciembre 22, 2021 § Deja un comentario

Como es sabido, según Platón, el cuerpo es el zulo del alma. De acuerdo. La cuestión es si esto es verdad. Uno, dejándose llevar por el clima cultural, puede creer que no; que Platón regaba fuera de tiesto. Sin embargo, nuestras creencias, en tanto que dependen en gran medida de lo que nos parece, no interesan a nadie. De hecho, ninguna opinión es nuestra. Al opinar, más bien, replicamos lo que se dice por ahí. Hace falta poner la creencia contra las cuerdas si de lo que se trata es de la aspiración a la verdad, a lo que en verdad tiene lugar frente a lo que simplemente sucede o pasa. Y con respecto al asunto del cuerpo y el alma, lo cierto es que, por lo común, el gen prevalece. Aunque, ingenuamente, opinemos lo contrario.

Imaginemos, por ejemplo, que nos enamoramos de alguien por su carácter, pero con un aspecto sumamente desagradable. Al principio nos diremos, llevados por el entusiasmo que provoca la aparición, que eso no importa. Sin embargo, el cuerpo tiene sus motivos —y un cuerpo sabe que la tara suele ser el signo de una salud deficiente. De ahí que el cuerpo, con el paso de los días, nos empuje a abandonar al deforme. Al final, pesará más el asco que el brillo del alma, al menos porque no hay aparición que dure lo suficiente como para contrarrestar. Pero esto es lo mismo que decir que el cuerpo, por lo habitual, nos obliga a alejarnos de lo mejor de nosotros mismos. Los cuerpos tan solo negocian. Y en los negocios, no hay redención que valga. Esto, sencillamente, es así, salvo que, guiado por el alma, el cuerpo esté dispuesto a abrazar la tara.

Sin embargo, esto no es fácil. Como no lo es ascender hasta la boca de la caverna. Antes uno tiene que morir para sí mismo. Esto es, tiene que aprender a morir. A veces, no puedo evitar la impresión de que el sujeto moderno, en su desprecio de la sabuduría de los antiguos, es como un adolescente, el cual está convencido de que ya ha llegado cuando apenas se ha levantado de la sofá.

indiviso

diciembre 21, 2021 § Deja un comentario

Tan solo el individuo —el que ya no siente que pertenezca a nada ni a nadie— clama por un consuelo. No, quienes difícilmente pueden comprenderse a sí mismos como arrancados, aquellos que viven su formar parte de un cosmos en donde todo habla, un mundo en el que hasta las piedras poseen un alma. Ellos no necesitan un consuelo: necesitan un ardid, técnicas que les permitan lidiar con poderes invisibles. La magia, como sabemos, precedió a la religión. De hecho, un dios amb cara i ulls fue impensable durante milenios. Ahora bien, una vez suplantaron a los espíritus de las montañas, los bosques, el mar… las múltiples divinidades prefirieron, como dueñas del terruño, tratar antes con pueblos que con individuos. Los dioses tuvieron que retroceder —y bastante— para que el mero nombre de Dios, tan impronunciable como religiosamente inútil, ocupase su lugar. Y con este Dios, el individuo. Pues la individualidad es el envés de un Dios desencajado de su concepto. Aunque de ahí a prescindir de Dios —o lo que viene a ser lo mismo, a imaginarlo como amigo— media un paso. No es casual que Israel, en un rapto de lucidez, creyese antes en el Mesías que en el poder ex machina de Dios. Un Dios que tiene pendiente su quién —su referente, su esencia— no puede actuar por su cuenta. Únicamente, gemir. Como tampoco lo es que el cristianismo se desvirtúe donde pierde de vista su impronta mesiánica para decantarse por el cultivo de los buenos sentimientos con la excusa de Dios.

Panikkar and Co.

diciembre 20, 2021 § 1 comentario

A tu sparring hay que tomárselo en serio. Y por eso, de entrada, es conveniente reconocer sus razones. Incluso los que condenaron a Sócrates, tuvieron sus buenos motivos (y hay que partir de ahí si uno quiere comprender el alcance de su muerte). Pannikar está en lo cierto cuando defiende la conciencia de pertenecer a lo que, de algún modo, nos supera. Algo perdimos cuando progresamos hacia el individuo. Es lo que tiene sustituir el asombro como actitud fundamental por la sospecha. No hay logro que no entrañe un coste. En este sentido, Merton decía que tarde o temprano deberíamos darnos cuenta de que formamos parte de aguas que nos cubren. Sin embargo, hubo la cruz. Y la cruz impugna la pretensión religiosa del hombre, aquella que pretende restaurar desde nuestro lado la conexión con el fondo nutricio del cosmos. Más aún: nos obliga a entender dicha pretensión como impiedad. No formamos parte. Mejor: algunos sobran. En realidad, muchos. Hay algo roto en el mundo. Y algo que no está en nuestras manos reparar. Aunque tampoco solo en las de Dios. El estoico, al fin y al cabo, hace oídos sordos al clamor de tantas mujeres y hombres. Va con la naturaleza de las cosas. De hecho, es natural que unos se eleven y otros caigan.

seducciones

diciembre 18, 2021 § Deja un comentario

Si alguien nos seduce es porque nos hace creer, por lo común, de manera espontánea, que coincide con lo que esperamos de él… cuando lo cierto es lo contrario: nunca terminará de coincidir. Pues, en realidad, ni siquiera coincide consigo mismo. El hombre y la mujer son, uno para el otro, extraños. Y con la extrañeza conviene mantener la distancia, a pesar de que, sin duda, puedan haber momentos epifánicos. De ahí importancia de las formas, en definitiva, del culto, que, no casualmente, conecta con cultivar o, lo que viene a ser lo mismo, con cuidar.

de la realidad y la aparición

diciembre 17, 2021 § Deja un comentario

Aparición es irrupción. O también, interrupción. Nada más real que cuanto se resite al dominio —nada más real que un dios. Su alteridad se presenta como lo nuevo o, literalmente, extraordinario que altera la continuidad de los días. Por eso no puede durar sin petrificarse. De ahí que el otro —la mujer para el hombre y viceversa— quiebre, como el cuerpo de un ángel, el perímetro de seguridad en el habitamos. Y aquí conviene tener en cuenta que no todo ángel es luz. Hay algo que cojea en la sentencia que equipara ser y permanecer. A menos que permanecer signifique fuera del presente. O lo que es lo mismo, eternidad. Contra los delirios de Nietzsche, quizá la muerte de Dios, aunque fuese inevitable, haya dado paso, antes que a un superman, a una humanidad gris. Ciertamente, no podemos dejar de ir en busca de lo nuevo. Pero en su lugar, tan solo la novedad.

adorable

diciembre 16, 2021 § Deja un comentario

Es cierto que vivimos entre sombras. Tratamos con lo que es tal y como nos viene, esto es, como cosa. Y al hacerlo, inevitablemente perdemos de vista su carácter excepcional: el que sea algo en medio de la nada. Lo que provoca nuestro asombro —lo ab-suelto de cualquier juicio que pretenda dar con su quiditas— no acaba de incorporarse en el día a día. Pues el mundo nos pide, sobre todo, comer. Y comer a diario. De ahí que cuanto provoca nuestro estupor tan solo pueda ser adorado. En este sentido, podríamos decir que la experiencia de lo sagrado es anterior incluso a la experiencia de hallarse bajo el dominio de un dios.

meditaciones cartesianas 19

diciembre 15, 2021 § Deja un comentario

meditaciones cartesianas 19

A pesar de que la sospecha va con la filosofía, ¿por qué Platón o Aristóteles no llegaron a ejercerla metódicamente a la manera de Descartes? ¿Por qué esta solo pudo ser moderna? Pues porque la duda metódica se dirige a las representaciones del mundo, estrictamente, a las fuentes de dichas representaciones, la sensibilidad y la razón. En el fondo, la pregunta que se plantea Descartes es si hay alguna representación de la pura exterioridad, del puro haber. De hecho, cualquier representación del mundo presupone que hay un afuera, en tanto que apunta a un afuera. Y porque se trata de lo siempre supuesto —de lo que espontáneamente damos por descontado— puede ser cuestionado: cabe la posibilidad, aunque esta sea insensata, de que mis representaciones del mundo estén o bien solo en mi mente, como en el caso de sufrir una alucinación, o bien que, aun siendo racionales, esto es, lógicamente necesarias, en modo alguno coincidan con el afuera: es posible que el afuera sea, sencillamente contradictorio. La sensación no garantiza el afuera. Pero tampoco los enunciados de la física matemática… a pesar de que no podamos concebir un mundo contradictorio. El escepticismo se desprende de colocar en primer lugar la pregunta por las condiciones de la certeza y no la pregunta sobre la consistencia de lo real (¿en qué consiste que algo sea algo y no más bien nada?). En último término, la conclusión escéptica es su punto de partida. Pues si cabe dudar incluso del afuera es porque el escéptico parte de un sujeto para el que lo primero no es un estar expuesto a las apariciones de lo real, y por tanto a la escisión entre lo que nos parece que es y lo que es en verdad, sino a sus representaciones del mundo. En este sentido, no es casual que Descartes llegue a concluir que la primera certeza es, precisamente, que él existe mientras duda. Ni Platón, ni Aristóteles pudieron llegar a esta conclusión. Y no porque fueran incapaces, sino porque para ellos —estrictamente, para su época— lo real es irrepresentable, en tanto que, en su carácter absolutamente otro o ab-suelto, difiere continuamente de su concreción sensible.

respeto

diciembre 14, 2021 § Deja un comentario

El sentimiento de respeto, aquel que Kant entiendió como sentimiento racional, arraiga racionalmente en el carácter absuelto de la alteridad. Pues la alteridad avant la lettre es sagrada o, dicho de otro modo, intocable. El yo de quien tenemos enfrente, como trasunto de lo real-en-sí, es siendo nadie. Traducción: es en tanto que continuamente difiere del sí mismo, de su forma o aspecto. De ahí, que, como nadie, no podamos hacer más que presevar su distancia. Como dijera también Kant, deber es poder, en este caso, estrictamente un no poder. Pues el puedes respetarlo es, al fin y al cabo, la imposibilidad de alcanzarlo.

imágenes

diciembre 13, 2021 § Deja un comentario

Somos reos de la imagen. O mejor dicho, de la mejor imagen. De ahí que no sepamos qué hacer con los cuerpos. Pues ninguno se ajusta a lo que debería, según su photshop. Tarde o temprano, aparece la ambivalencia, la tara como sello de su singularidad. Así, o desechamos una y otra vez el cuerpo que nos desgrada, a la manera del consumista, o aprendemos a vivir con la tara. Esto es, a amarla, por decirlo así. De hecho, ningún cuerpo perfecto se deja abrazar (ni, por lo común, abraza: la perfección, tarde o temprano, muere de éxito). En cualquier caso, un cuerpo perfecto exige adoración. Y ahí convertimos nuestra existencia en un error. Pues nos equivocamos donde orientamos nuestra vida hacia lo que no existe. Con todo, con respecto a este asunto tampoco hay receta que valga: hay cuerpos —carácteres— ciertamente malignos. Y uno haría bien en alejarse de los tóxicos. A menos que pretenda salvarlos (aunque pagando un alto precio). Sin embargo, solo un Dios fue capaz de querer tal cosa.

hay amores que matan

diciembre 12, 2021 § Deja un comentario

Al igual que hay madres que aman más el vínculo con el hijo que al hijo, tal y como dice mi amigo Víctor, psicoanalista, hay creyentes que, antes que creer en Dios, creen en su relación con lo trascendente. De ahí que, para ellos, el nombre de Dios sea una especie de comodín. Como si fuera lo mismo un Dios con cuerpo —y un cuerpo que sangra sobre un madero— que el espíritu de interconexión.

epicureísmo y cristianismo

diciembre 11, 2021 § Deja un comentario

No hay tragedias, ni catástrofes, ni castigos —escribe John Sellars en su libro sobre Epicuro—; tan solo materia desapasionada en movimiento, que en sí misma no es nada a lo que se deba temer. No en vano Lucrecio decía que la salvación consistía en contemplar los naufragios ajenos desde la grada. Obviamente, no van por ahí los tiros del kerygma cristiano. Para el mundo greco-romano, nada humano sobrevive al derrumbe de los cielos. En cambio, para el cristianismo, el sí o el no de la existencia se decide ante la pro-vocación de los que sufren, precisamente, la caída de Dios. Son ellos quienes alzarán el pugar (o no). Evidentemente, estamos hablando de lo que no admite medida. Y por eso mismo, aquí no hay saber que valga. Ni siquiera hipotético. En cualquier caso, una espera sin expectativa.

a cada cual con sus creencias

diciembre 10, 2021 § Deja un comentario

El otro día hablando con un cristiano tradicionalista, pero del ala sensata, me dijo aquello tan típico de nuestros días: yo creo en Dios y en la Virgen, no tengo por qué dar ninguna explicación; cada uno es libre de creer en lo que cree. En principio, uno se siente inclinado a dar por buena esta opinión. Pues no en vano formamos parte de una sociedad tolerante. Sin embargo, sigo preguntándome si el que la fe tenga que ver con las últimas cosas acaso no implicará un poco más de atrevimiento, por no decir unas cuantas dosis de espíritu de contradicción.

inmaculada

diciembre 9, 2021 § Deja un comentario

Hay que imaginarse a Lucas escribiendo su relato de la anunciación teniendo en mente a una chica de pueblo y, probablemente, a una chica que se quedó embarazada antes de tiempo. Los fariseos acusaron a Jesús de ignorar quién era su padre. Y por ahí probablemente van los tiros. Como dice el dogma, María concibió inmaculadamente, esto es, sin pecado (lo cual no tiene nada que ver con la virginidad). Pecado significa alejada de Dios. Y hay que estar muy cerca de Dios para amar al hijo ilegítimo. Por no decir, al hijo de una violación. Como si la violencia del mundo no hubiera alcanzado el corazón de esa chica de pueblo que fue María.