qué me pasa

agosto 5, 2025 § 1 comentario

Para la Modernidad, el centro reside en el yo. ¿Qué significa esto con respecto al haber —a nuestro estar originariamente expuestos? Pues que si, de repente, se impusiera la más completa oscuridad y silencio, quien sufriera esta situación se preguntaría, no sin espanto, qué me está sucediendo. Esto es, no hay imposición como tal —y por eso mismo, tampoco revelación. El mundo no desaparece —diríamos—, sino que, simplemente, habríamos perdido nuestras facultades.

Sin embargo, la oscuridad y el silencio sostienen el mundo. Y esto es lo que no podemos pensar desde los presupuestos del cientifismo moderno: que existimos como arrojados porque la nada es en su negación de sí. O por decirlo en clave teológica, lo impensable para el cientifismo moderno es que el mundo nos ha sido dado por la kenosis de Dios —por la kenosis que es Dios en sí.

Es verdad que no parece que la cuestión acerca de Dios sea, hoy en día, de una cuestión crucial. Pero no nos lo parece porque no hemos estado al pie de ninguna cruz.

el ahí

agosto 4, 2025 § Deja un comentario

Kant viene de Descartes. Y esto significa que el ahí será reducido a los esquemas de la subjetividad. Sin embargo, esto solo fue posible porque, previamente, la cuestión sobre lo real se planteó desde los presupuestos de la teoría del concimiento, aquellos para los que solo hay saber donde cabe asegurar la verdad de nuestras representaciones del mundo. Así, la decisión típicamente moderna consiste en admitir como real únicamente lo que se corresponde con los enunciados ciertos.

Por consiguiente, para el cientifismo moderno, tan solo es lo que admite una medición. De ahí que el cientifismo moderno permanezca ciego al hecho de encontrarnos originariamente expuestos a la imposible posibilidad de un puro ahí, esto es, a la imposible posibilidad de la nada —de un absoluto silencio y oscuridad. Pero lo cierto es que este permanecer ciegos nos empobrece. Así, para el individuo moderno, tan solo emociones y trato. No habrá más. Aunque lo haya.

dime qué hay

agosto 3, 2025 § Deja un comentario

Cuando nos preguntamos qué hay de real en cuanto nos rodea, Descartes dice: tan solo lo cuantificable, lo que admite medida, es decir, los cuerpos. Sin embargo, Descartes, estrictamente hablando, no responde a la pregunta sobre lo real, sino a la que se interroga sobre las condiciones de la certeza. No es lo mismo.

Es verdad en sus meditaciones Descartes alcanza, a partir de la demostración de la existencia de Dios, conclusiones metafísicas: ciertamente, hay un afuera. Pues la limitación temporal del cogito, exige que lo haya. Donde hay limitación, hay un más allá del límite. Ahora bien, a la hora de determinar en qué consiste dicho afuera—cuál es su contenido—, la respuesta de Descartes se encuentra determinada por la cuestión epistemológica: solo puede estar seguro de que el afuera es un afuera material. Estrictamente, Descartes no dice que tan solo haya cuerpos —de hecho, para Descartes es evidente que hay un yo que, mientras siga pensando, difiere del cuerpo al que se siente unido—, sino que únicamente hay saber con respecto a los cuerpos. Serán otros quienes darán el paso al cientifismo moderno, el que sostiene que tan solo es lo que admite una medida.

Ahora bien, deducir de esta certidumbre que no hay más que lo material supone un pasarse de rosca. Me refiero a que la reducción cientifista, al cerrar el tema de la metafísica desde los presupuestos de la epistemología, se despreocupa, impertinentemente, de la pregunta sobre la consistencia del haber, en definitiva, de la cuestión que se interroga sobre el ser en cuanto tal. Y aquí, como sabemos, la respuesta no la darán las mediciones. Tampoco podrían darla… en tanto que, con respecto a lo real avant la lettre, no hay nada que medir. Pues, en sí mismo, el afuera —un puro haber— es no siendo nada.

Más aún: quien sabe leer entre líneas, comprende que este ser no siendo nada equivale a una negación de sí del puro haber. Hay, por tanto, mundo —y por extensión, ciencia— porque el envés del aparecer es el retroceso de un absoluto afuera a un pasado anterior a los tiempos. Hay lo absoluto porque, por así decirlo, no lo hay —porque el haber de lo absoluto, como viera Platón, se encuentra más allá de los mundos. Y esto es así porque solo hay el haber de las cosas. La imposibilidad del puro haber es la condición real de lo posible.

¿Qué es, por tanto, lo que acontece en cuanto sucede? Es decir, ¿qué es lo siempre presente —lo eterno— en lo que pasa? La kenosis de Dios. El problema —o mejor dicho, el problema del cientifismo moderno— es que no es posible asumir existencialmente dicha kenosis sin recurrir a las imágenes del mito, debido, precisamente, a su carácter imposible.

Dios es

agosto 2, 2025 § Deja un comentario

Si Dios en verdad es un Dios hecho cuerpo, entonces no cabe una descripción del en sí de Dios, ni siquiera aproximada. Y ello significa que al dar cuenta de la experiencia de Dios no podemos referirnos, honestamente, a las sensaciones que provoca lo suponemos que es Dios. Como sucede con el amor, con respecto a Dios, únicamente cabe una historia. Dios es la historia de Dios. Esto es, había una vez un hombre que

ghostbusters

agosto 1, 2025 § Deja un comentario

Dios es espiritu. Esto es, un fantasma. Ahora bien, el fantasma es lo más real, el en sí que hay más allá del fenómeno. Ahora bien, no hay fantasma que no clame por tener un cuerpo. Nada más real, por tanto, que lo real en busca de ser algo —de la existencia.

heme aquí (y 3)

julio 31, 2025 § Deja un comentario

Dios —de hecho, su silencio— nos saca de quicio. Abraham. Pero no como pueda hacerlo lo gigantesco o el cuerpo desnudo de una mujer. Ante ambos, tan solo cabe reaccionar. No, en el caso de Dios. Pues de topar con el en sí de Dios —esto es, con la cruz, la oscuridad que desplaza el mundo hacia atrás—, tan solo cabe responder con un heme aquí; qué quieres que haga. O esto, o perecer.

el fiat de Maria

julio 30, 2025 § Deja un comentario

Debería llamar nuestra atención que el fiat lo pronunciase tanto Dios, al crear el mundo, como María. O su hijo, colgando de una cruz. Y más si tenemos en cuenta que el fiat creador encuentra su envés en la negación de sí de Dios. Como también, en el caso de María —o el del Hijo. Y teniendo en cuenta esta correspondencia quizá entendamos mejor qué significa que Dios, desde el principio, es el Dios que quiso depender del hombre que depende de Dios. De no haber habido ningún fiat por parte de la humanidad, Dios seguiría siendo la ignotum X de la existencia. Esto es, seguiría siendo aún nadie.

Así, la respuesta cristiana a la pregunta acerca de si hay Dios es que lo hay porque hubo quien llegó a responder su demanda. Es decir, porque hubo quien creyó.

la paz de Dios

julio 29, 2025 § Deja un comentario

Dios es interrupción. Hay un antes y un después en quien se encuentra cara a cara con el en sí de Dios —con el impenetrable silencio del Padre. Dios nos saca del quicio del hogar. No hay vuelta a Itaca que valga. El relato de Ulises es irreconciliable con el de Abraham.

Sin embargo, cristianamente, ¿acaso no se nos habla la paz de Dios? Sí, pero la paz de Dios no nos deja en paz. Al fin y al cabo, que Dios siga siendo depende del fiat del hombre a su elocuente silencio.

los justos de Sodoma

julio 28, 2025 § Deja un comentario

Quien lea Gn 18,20-32, el fragmento en donde Abraham intercede ante Yavhé por los justos de Sodoma, quizá se pregunte por qué Abraham considera que basta con diez para liberar al pueblo de la devastación… una devastación que, dicho sea de paso, vendrá por si sola. Pues Yavhé, debido precisamente a su altura, no va hacer, precisamente, nada. La pregunta, por tanto, es si acaso con nueve ya no valdría la pena.

Esta pregunta, sin embargo, revela lo que tienen las lecturas más espontáneas de los viejos textos, a saber, que arrastran los prejuicios de nuestro tiempo. Y es que estas lecturas probablemente olvidan que, en ese momento, lo que contaba no era el individuo, sino la tribu. ¿Un justo a solas? Inconcebible. O nos salvamos todos, o no se salva nadie. El individuo, de hecho, es un invento relativamente reciente. En el fondo, la pregunta que Abraham le dirige a Yavhé sería algo así como la siguiente: ¿y si la comunidad de los justos fuera insignificante?

Me atrevería a decir que una manera de entender este fragmento —y por extensión, la parábola del grano de mostaza— sería recordando aquello que contaron algunos de los que sobrevivieron a Auschwitz: que, aun cuando el lager los hubiera convertido en alimañas, si pudieron mantener una cierta esperanza —si pudieron creer que la aniquilación no sería la última palabra… a pesar de las evidencias— es porque hubo algunos hombres buenos en medio del infierno. Hombres sagrados, para los embrutecidos. Es decir, intocables. El Mal no alcanzó su corazón. Aunque terminasen muriendo a manos de los demonios. Al fin y al cabo, su presencia fue, antes que algo constatable, un acontecimiento vertical. Como todo acontecimiento.

heme aquí (2)

julio 28, 2025 § Deja un comentario

¿Qué observamos, por lo común, en la gente? Un continuo ir de aquí para allá. Esto es, un siempre estar en otra parte. Desesperación. Se trata de mantenerse ocupado, distraído, disperso. Y aquí la imaginación —la fantasía— juega su papel, un papel determinante. En el fondo, sigue operando la lógica del deseo, el cual siempre promete en falso. Como si la paz de espíritu dependiera de obtener lo que aún no poseemos.

¿Inquietud? No, en el mejor sentido de la palabra, aquel que vincula la inquietud con el espíritu de la búsqueda. Más bien, no poder soportar estar a solas. Pues detenerse supondría darse cuenta, como en el caso del coyote, de que bajo nuestros pies solo hay abismo. Todo, entonces, sería espejismo.

Por contraste, el momento de la sensación verdadera sería aquel en el que no cabe ir más allá, algo así como un hasta aquí hemos llegado. Ciertamente, estamos ante un momento paralizante. Es lo que tiene lo serio. Sin embargo, dicho momento también abre la posibilidad de un nuevo comienzo. Habrá un antes y un después.

Aunque, cogiendo el rotulador grueso, diría que hay dos tradiciones espirituales con respecto a este asunto. Una, sería la de Israel. La otra, la del budismo zen. ¿Qué las distingue? En ambos casos, el presente se vive, ciertamente, como absoluto: estar de una pieza en el aquí y el ahora. Como el artesano que vive centrado en —y por— su tarea. Pero, en el caso de Israel, a la constatación del hasta aquí le sucede el ahora qué quieres que haga. Y esto es lo interesante.

Pues la pregunta no es y ahora qué hacer, sino qué quieres… ¿Quizá porque el creyente se imagina un tú espectral? Es posible. Sin embargo, el al que responde Israel es, en verdad, el de aquellos que sufren el peso de un Dios en falta. Al menos, porque Dios se refleja, precisamente, en el rostro de los que claman por Dios.

En realidad, al margen de ester reconocerse en su rostro, Dios aún no sabe quién es. Como quien dice.

Ha-Satan

julio 27, 2025 § Deja un comentario

Que Satán sea el príncipe de este mundo no es un modo de decir que simplemente hay por ahí mucho mal. Significa que el Mal se escribe con mayúscula. Esto es, que no podemos erradicarlo simplemente haciendo lo debido. De hecho, los genocidios de la historia siempre se hicieron en nombre del Bien, escrito también con mayúscula: hay que arrancar las malas hierbas del jardín, exterminar la plaga. Evidentemente, ello remite a una culpa original.

Ahora bien, por eso mismo, la esperanza creyente no puede evitar la pregunta por el poder de Dios. Pues si existimos en medio de un combate entre las fuerzas de la bondad y las del odio, entonces el final de los tiempos no puede simplemente consistir en la extinción de la humanidad.

Sin embargo, tomarse en serio el cristianismo supone, por tanto, tomarse en serio que el poder de Dios reside en un crucificado en su nombre, el envés de la kenosis originaria de Dios. Y esto es, sencillamente, increíble. Y tiene que serlo. Pues la reparación del mundo no podrá suceder ex machina. De ahí que la fe no repose en la idea que podamos hacernos del cómo, sino en lo que debe acontecer en nombre de.

trascendencia y alteridad

julio 26, 2025 § Deja un comentario

La verdadera trascendencia, en tanto que alteridad tot court, no puede comprenderse honestamente en los términos de otro mundo. Como si este fuese una réplica de lo bueno que hay en el que nos ha tocado en suerte —y además, amplificada. En cualquier caso, imaginar otro mundo sería un modo legítimo de, literalmente, hacerse una idea y, en definitiva, de incorporar la trascendencia—… a condición de que ese otro mundo fuese extraño, por no decir delirante. Pues una absoluta alteridad es, por defecto, inasimilable. Y lo es, porque, al finy al cabo, carece de entidad. Estrictamente, es no siendo nada —y, por eso mismo, negación de sí, ur-acto.

Así, la alteridad no significa simplemente desconocimiento del en sí que sostiene lo fenómenico, sino que el en sí —lo absoluto— es kenosis. De ahí que haya Creación. De ahí que, en realidad, seamos criaturas. Aun cuando, de hecho, vengamos del mono.

combate e inteligencia

julio 25, 2025 § Deja un comentario

Me atrevería a decir que el cristianismo riega fuera de tiesto donde pretende adaptarse a los tiempos. Ciertamente, no puede prescindir de los tiempos a la hora de dar razón. Pero los tiempos siempre fueron el mundo. Y Dios y mundo no terminan de hacer buenas migas.

De ahí que el cristianismo no pueda evitar enfrentarse al mundo en nombre de la revelación que tuvo lugar en el Gólgota. El espíritu de combate es inherente a la espiritualidad cristiana. Esto es, sencillamente, así, aun cuando haya —es obvio— diferentes frentes y, por eso mismo, diferentes maneras de combatir.

El problema eclesial, diría, es que a los grupos más combativos les suele faltar inteligencia, mientras que los que poseen inteligencia no suelen enfrentarse al mundo. O al menos, de una manera lo suficientemente contundente como para que el enfrentamiento no ponga a Dios como excusa. Aun cuando no sea esta, obviamente, la intención.

messiah (y 2)

julio 24, 2025 § Deja un comentario

Esperamos al Dios interventor, ex machina. Normal. Pero no llega. Así, esperamos como quien espera a Godot. Pero ¿qué nos dice esto acerca de Dios? ¿Que no existe? ¿Que esperamos en vano? Quizá. Pero también podría darse el caso de que el mesías hubiese estado entre nosotros y no hubiéramos sido capaces de reconocerlo. De hecho, es lo que sostiene el cristianismo, a saber, que dicho reconocimiento fue post mortem —y solo pudo ser post mortem… en tanto que el acontecimiento mesiánico va de la mano de la revelación. De ahí que la esperanza cristiana consista en esperar su regreso y, consecuentemente, el final de los tiempos. Pues no regresará antes de que finalice el presente histórico. Estamos lejos de comprender el cristianismo donde renunciamos a su horizonte apocalíptico. No hablamos, por tanto, de un acercarse progresivamente a un ideal. Dios es interrupción.

Fedro y el saber leer

julio 23, 2025 § Deja un comentario

En el Fedro, Platón desconfía, como es sabido, de la escritura como medio para transmitir lo verdadero. Y algo de esto hay, obviamente. Pues, en principio, no es lo mismo leer en República 486a que el alma no tiene motivos para temer la muerte que escucharlo de labios de alguien. Y digo en principio porque que esto sea así dependerá de cómo lo pronuncie. Me refiero a la posibilidad de que no podamos tomarnos en serio a quien diga lo anterior simplemente por decir. No da igual que lo diga quien no tiene otra intención que la de impresionar, pongamos por caso, que aquel que ha encarado la muerte. Pueden utilizar las mismas palabras. Pero no dirán lo mismo. Este lo mismo, sencillamente, no saldrá a flote en el decir del provocador. Más bien, veremos solo su propopósito… si es que tenemos olfato para ello.

Así, que el decir logre transmitir lo verdadero dependerá de si ha sido o no incorporado —de que exprese un haber caído en la cuenta, en vez de un hablar de oídas. Pero que lo sepamos ver —que podamos olfatear a quien no sabe de lo que habla— dependerá, por su lado, de que, de algún modo, participemos de lo dicho. De ahí que comunicar o transmitir lo verdadero no consista simplemente en soltar una información. Se trata, en el fondo, de un ser con-vocados. En la escritura, por tanto, es más difícil que podamos distinguir entre el sabio y el impostor —que podamos experimentar la con-vocación. Pero que sea más difícil no significa que sea imposible. De hecho, el poeta, cuando consigue dar con las palabras y el ritmo justos, consigue transformar lo que podamos dar por obvio en un motivo de extrañeza.

En cualquier caso, leer bien supone leer como si el autor, de merecerlo, nos estuviese diciendo lo que escribe. Y no es algo que podamos hacer como quien no quiere la cosa.

Levinas y el carpintero

julio 22, 2025 § Deja un comentario

La alteridad, en sí misma, no es nada en concreto. Ni puede serlo. Por eso mismo, se revela como eterna promesa de lo verdaderamente otro. Es lo que tiene su carácter absoluto.

Ahora bien, debido a su irreparable invisibilidad, todo se hace presente sin porqué. Es decir, todo es aparición, el eco de la alteridad avant la lettre. La promesa que es inherente a lo absoluto se cumple, por consiguiente, en lo dado. Pues lo dado es el envés de la negación de sí propia de lo absoluto —de lo que es no (siendo nada). Sin embargo, lo dado exige igualmente dominio, conocimiento, reducción. Y es que no todo es la rosa del Silesius. También nos fue dado el depredador. El hermano lobo se alimenta de ti —y de tus hijos.

¿Qué hacer, por tanto? Entre la contemplación y el dominio que no escucha ningún eco, el respeto devocional del artesano a la resistencia de la materia. O, en el caso del cazador, el ritual que nos recuerda el carácter dado —sacrificial— de la bestia que, al matarla, nos permite seguir con vida.

Al fin y al cabo, toda espiritualidad, como comprendió Israel tras la dura experiencia del exilio, reposa sobre un imperativo: ten presente lo que el mundo nos empuja a olvidar —el acto primordial por el que el mundo es lo que es. Y, por supuesto, vive en consecuencia.

ante quien no importas

julio 21, 2025 § Deja un comentario

Dice el nihilista: no le importamos al dios. Pero ni siquiera un dios importa. Por tanto, da igual lo que hagas. Creer que algo importa —tu vida o, mejor, la de tus hijos— solo obedece a la emoción. No hay respuesta. Únicamente, reacción.

Y frente al nihilismo, no vale poner encima de la mesa un mapa mental, donde todas las piezas encajan. Pues, en verdad, no hay modelo que nos permita encajarlas. Este es el punto de partida.

Pero, ¿el de llegada? O bien, carpe diem, y el mundo es ruido y furia, con algún que otro espejismo a modo de oasis. O bien, una resistencia abierta a lo imposible en nombre de. El resto es inercia.

Dios y el tiempo

julio 20, 2025 § Deja un comentario

Si la realidad de Dios debe comprenderse en términos temporales —pues su presente es el de un Dios por venir desde un pasado absoluto, anterior a los tiempos—, entonces su eternidad ¿no debería entenderse como la de un Dios siempre por venir?

Claro. Pues lo que está siempre por venir es Dios en sí mismo, en cristiano, el Padre. En su lugar, el Hijo. Cristianamente, DIos no tiene otro presente, otra presencia que la de su cuerpo. ¿Cómo pudimos olvidar tan fácilmente la audacia cristiana? ¿Cómo es que el cristiano aún sigue dirigiéndose a Dios como si no hubiese habido Encarnación?

mysterium

julio 19, 2025 § Deja un comentario

La pregunta es simple: ¿por qué el misterio de Dios, en vez de simplemente el misterio? ¿Porque, espontáneamente, nos preguntamos por el padre — por aquel que, desde arriba, responda a la cuestión sobre el sentido de la existencia y de paso ayudarnos? Quizá. Pero, como dijera Yeshayahou Leibowitz —creo recordar—, los que dejaron de creer tras Auschwitz, nunca creyeron en Dios, sino en la ayuda de Dios.

Ahora. bien, si Dios es el nombre al que apunta nuestra dependencia esencial, la pregunta, entonces, debería reformularse: ¿de qué depende nuestra entera existencia —de qué poder? La respuesta más natural, aquella que señala lo gigantesco, fue tachada de idolátrica por los profetas. En lo gigantesco, no reside la verdad de Dios. Sencillamente, el dios no es en verdad Dios. Y es que la dependencia del poder de un dios fue siempre relativa o circunstancial, un asunto de proporciones. Al fin y al cabo, el poder cambia de manos. Ciertamente, la crítica a la típica sensibilidad religiosa fue antes profética que ilustrada.

Pero si la extrema altura de Dios, la que apunta a un más allá de los cielos —y por eso mismo, de los tiempos— expresa el misterio bajo el que nos movemos, entonces la pregunta que se interroga sobre el qué —o el quién— de Dios ¿puede admitir una respuesta? Diría que no. O no, en los términos que esperaríamos. Pues Dios no es un ente aún por descubrir. Ni siquiera, un ente incognoscible… Al menos, porque lo incognoscible es en relación con nuestras capacidades cognitivas. El misterio de Dios es absoluto. Y lo es porque en la expresión el misterio de Dios pesa más el misterio que Dios. Dios es misterio. De lo contrario, Dios sería un dios, aun cuando añadiéramos el adjetivo supremo. Un Dios determinado no puede imponerse como la respuesta a la pregunta por la realidad de Dios.

Ahora bien, lo que esto significa, en última instancia, es que el referente del término Dios no puede ser Dios en sí mismo. Tan solo es lo que muestra una forma o aspecto. De ahí que la realidad de Dios en sí —la de su radical trascendencia— solo pueda pensarse como la nada que es no siendo. Y lo que esto significa, en definitiva, es que el misterio que es Dios en sí es el del acto inherente a la nada… por el que la nada es en su negación de sí: la nada no es. Y quien dice acto dice voluntad de sero amor. Ahora bien, comprender esto último supone comprender que no hay amor que no sea kenótico.

Hablar, por tanto, del misterio de Dios —o de Dios como misterio del mundo— supone, por tanto, una crítica implacable a la senbilidad tópicamente religiosa, aquella que da por descontado que Dios es un ente superior o, si se prefiere, supremo. Y de estas lluvias, la Encarnación, el que Dios se revele como carne. Pues la revelación de la que da fe la confesión cristiana consiste, precisamente, en reconocer que el crucificado es la forma de Dios —su presente, su cuerpo, su entidad, su quién.

¿El referente de Dios? Un crucificado en su nombre.

heme aquí

julio 18, 2025 § Deja un comentario

La expresión heme aquí es empleada en el Antiguo Testamento para transmitir la situación en la que nos hallamos ante Dios. Se trata de un estar en el que ya no hay escisión, es decir, en el que nos encontramos de una pieza, algo así como un hasta aquí. La inquietud —el espíritu de la búsqueda— pertenece al tiempo secular, aquel en el que no terminamos de encontrarnos en donde estamos.

Israel comprendió que el envés del heme aquí es un ¿y ahora qué? Es decir, ¿y ahora que debo hacer? Revelación y misión van de la mano. Teniendo en cuenta que Dios en sí mismo no se revela como dios, sino como el silencio que abraza cuanto es —el silencio que nos saca de quicio con asombro y temblor—, lo que sigue es obediencia o un tener que responder, el cual parte del no poder soportar el clamor de quienes viven como perros bajo el poder del Faraón. Mientras no nos hallemos en la situación del heme aquí , esto es, sin poder andar, descalzados, por no decir depojados, dicho clamor podrá herir nuestra sensibilidad, pero difícilmente con-movernos.

hacerse una idea

julio 17, 2025 § Deja un comentario

La esperanza creyente apunta a lo imposible. En concreto, a la resurrección de los muertos. Quien aún cree que Dios es una posibilidad del mundo —que Dios puede intervenir o mostrarse como tal en el presente histórico— no cree en Dios, sino en su idea de Dios.

Sin embargo, cuesta permanecer en lo imposible. Y de ahí que, inevitablemente, intentemos hacernos una idea. En este caso, como si la resurrección de los muertos fuese una historia de zombies. Ahora bien, Dios retrocede donde nos hacemos una idea —una imagen— de Dios. Pues toda idea es un posible. Quizá no sea anecdótico que Israel articulase su esperanza por medio del imperativo: en nombre de la bondad que tuvo lugar en medio del infierno, el Sí debe triunfar sobre el No —lo imposible, sobre lo posible. Aunque no podamos hacernos una idea del cómo sucederá. O por eso mismo.

esperanza y expectativa

julio 16, 2025 § Deja un comentario

La fe apunta a lo imposible en nombre de. Pues, de apuntar aun escenario del que pudiéramos hacernos una idea, la esperanza no sería más que una mera expectativa. Y la expectativa —el ideal— cuesta de mantener ante la evidencia, aplastante, de los poderes del mundo.

Así, comprender lo anterior supone que no cabe esperar la resurrección de los muertos como quien aguarda la lluvia tras meses de sequía.

conocimiento sensible

julio 15, 2025 § Deja un comentario

Nos dicen que nuestros deseos son un implante. Esto es, que no son nuestros. Y lo admitimos. Pues el argumento resulta inobjetable. Pero seguimos identificándonos con ellos —seguimos creyendo en su promesa. Como si no lo supiéramos.

Ahora bien, caeríamos en la cuenta, es decir, veríamos de qué se trata— si, tras finalizar el experimento del que formamos parte, nos dijeran que nuestros últimos deseos nos fueron directamente inyectados en nuestra mente. Tendríamos un conocimiento sensible de la situación.

Esta incoporación del saber —este hacer cuerpo— no equivale al momento eureka de Arquímedes. Al igual que el asombro no equivale a la curiosidad. No es lo mismo entender que comprender. De ahí la importancia de las imágenes a la hora de incorporar un caer en la cuenta.

El problema de las imágenes, sin embargo, es que fácilmente creemos en ella —fácilmente nos las tomamos demasiado en serio—… cuando lo cierto es que no cuentan toda la historia, por no decir que, sencillamente, no dan en el clavo de la verdad. Ciertamente, el memento mori que nos libera de lo que nos sucede y no importa lo tendríamos más presente si pudiéramos creer que nacemos incubando un alien que, tarde o temprano, terminará destripándonos. Pero, en ese caso, tampoco viviríamos. De ahí que nuestra relación con la verdad sea, cuando menos, tensa.

Y quizá sea por este motivo —porque las imágenes conducen fácilmente a la idolatría, a tomar el símbolo por lo que simboliza— que Israel se decantó por la shemà: antes que caer bajo la seducción de las imágenes, recuerda —ten presente— las historias que nos condujeron a la fe.

cuerpo y objeto

julio 14, 2025 § Deja un comentario

La incorporación del saber —el que este se haga cuerpo— solo es posible en relación con lo sensible. Pues el cuerpo solo conoce imágenes. Así, el temor y el temblor que provoca, por ejemplo, nuestro hallarnos ante lo gigantesco traduce, por así decirlo, nuestra constitutiva exposición a la extrema trascendencia del haber de Dios, de un puro il-y-a… en el que Dios permanece, precisamente, pendiente o porvenir.

¿El problema? Que nos quedemos fijados al índice que señala la Luna. De ahí que la relación con el imaginario simbólico sea, inevitablemente, irónica, como la que mantiene el actor que se toma en serio su papel. Y más, si uno ya ha pisado el Gólgota.

experimentar el más allá

julio 13, 2025 § Deja un comentario

La experiencia de Dios —de estar ante Dios— me parece indisociable del momento en el que la muerte se presenta como inminente. Sea la propia o la de tantos que no cuentan. Memento mori y vida del espíritu van a la par. Pues es en ese momento en el que caemos en la cuenta de que existir significa hallarse expuesto. Por no hablar de una dependencia esencial. Otro asunto es que lo vivamos como simplemente una desconexión —y puede que apretando los dientes. En cualquier caso, no habrá ningún saber que nos salve.

messiah

julio 12, 2025 § Deja un comentario

Israel comprendió en su momento que la presencia de Dios solo podía ser la del Mesías. Esto es, la de aquel que pudiera cargar con el peso de un Dios en falta o eternamente por venir. Lo que el cristianismo comprendió frente a Israel es que el Mesías no fue simplemente un heraldo , sino el cuerpo mismo de Dios. Y quién comprende la declaración cristiana hasta el final, comprende que, sin su cuerpo, Dios aún no es nadie. O mejor dicho: es el aún nadie.

el ser y el como

julio 11, 2025 § Deja un comentario

Decimos: esto es X. Pero lo que hay en el fondo es una metáfora, un como: esto como aquello. O mejor dicho, lo que hay en el fondo… una vez intuimos, cuando menos, el alcance de la cópula. Pues la cópula es reveladora donde el esto aún no es nada sin el como.

Evidentemente, la relación predicativa se sostiene sobre un uso pragmático de los nombres. Así al decir, por ejemplo, mesa por primera vez no hacemos más que etiquetar. Con la frase esto es una mesa no hacemos mucho más que ponerle un post-it al esto —a algo ahí. Posteriormente, convertiremos esta etiqueta en concepto, abstrayendo los rasgos comunes de las diferentes cosas que poseen el mismo nombre, precisamente, por su parecido. También, paralelamente, surge el adjetivo. Y aquí la cópula tiene únicamente la función de matizar: esta mesa es de madera.

Algo muy distinto, sin embargo, sucede cuando decimos Dios es carne. Pues, en este caso, nombramos lo desconocido a través de lo conocido. Y aquí la metáfora no es un modo de decir… entre otros. Es el decir por el que tiene lugar la aparición. Referirse a Dios, por tanto, es lo mismo que referirse a quien fue crucificado en su nombre.

¿Significa lo anterior que Dios no es más que el cuerpo que pende de una cruz? Esto es lo que defendería el nihilismo. Ahora bien, el cristianismo tampoco está tan lejos. Pues, en sí mismo, Dios aún no es nadie sin su aspecto. Y, cristianamente, el aspecto de Dios es el de un abandonado de Dios que se abandona a Dios. No obstante, y frente al nihilismo, lo que el cristianismo comprende —y lo comprende en tanto que Dios es, literalmente, padecido antes que comprendido— es que Dios es el cuerpo de Dios porque el más de Dios es el del sujeto que, en sí mismo es no siendo aún nadie. En la metáfora Dios es carne, hay un exceso que la identificación no agota. Y porque no la agota puede haber, en realidad, identificación. Este exceso, por consiguiente, no es el de lo gigantesco, sino el del residuo. Pues Dios, en cuanto tal, es lo que queda de Dios donde ya no queda nada de Dios. Espíritu. Jn 4, 24.

lingüística del misterio

julio 10, 2025 § Deja un comentario

¿Dios es misterio o, más bien, el misterio es Dios? ¿Cómo entender el primer es? No, como atribución, obviamente. A menos que estemos dispuestos a hacer de Dios un ente misterioso —y en ese caso, no sería Dios, sino un dios, la superioridad del cual es, por defecto, meramente circunstancial o relativa. Sin embargo, no entender el primer es como atribución supone entenderlo a la manera del segundo. Y aquí el término Dios no es simplemente el nombre —la etiqueta, el post-it— del misterio. Pues decir que el misterio es Dios presupone que la palabra Dios posee un sentido de antemano. No decimos, por tanto, el misterio es el misterio, llamémosle “Dios” como podríamos llamarlo “Pedro”. Dicho sentido, dejando a un lado los matices, remite a un hallarse bajo una dependencia fundamental. Pero ¿qué tipo de dependencia, teniendo en cuenta que, honestamente, no podemos comprenderla —o no, de entrada— como la de un perro con respecto a su amo?

La respuesta pasa por tener en cuentra que si el misterio es de Dios, entonces nuestra exposición no termina en la ignorancia socrática o en la mera aceptación de la finitud, sino que, de algún modo, exige una respuesta. Israel fue el primero en plantear el interrogante de la responsabilidad: ¿a qué nos obliga la absoluta invisibilidad de Dios? Mejor dicho: ¿a qué nos obliga nuestra orfandad ante el clamor de quienes la experimentan a flor de piel —y por eso mismo, ni siquiera han logrado sustituir a Dios por un Dios a medida? Es así que Israel entendió, ya desde el principio, nuestra dependencia de Dios como ética: ante Dios —y enfrentados a su extrema trascendencia— nos debemos los unos a los otros el pan de cada día. De lo contrario, padeceremos el silencio de Dios. Esto es, su ira. En definitiva, un mundo sin Dios.

Me atrevería a decir que solo desde la situación de los que no cuentan podemos aventurarnos a incorporar nuestra relación con el misterio de Dios como una relación entre padre e hijo. Por eso mismo, la analogía solo sería pertinente si el padre fuese un anciano que necesitase la ayuda del hijo para levantarse. Como hemos dicho a menudo, Dios es el Dios que quiso desde el principio depender del hombre que depende de Dios.

En este sentido, quizá no sea simplemente retórica que, proféticamente, el clamor de los abandonados de Dios sea escuchado como el clamor de Dios. De concebir la relación entre padre e hijo a la manera habitual, es decir, como si el hijo fuese un niño que da sus primeros pasos de la mano del padre, entonces aún estaríamos un tanto lejos de comprender el alcance del imaginario bíblico y, por ende, cristiano.

misión

julio 9, 2025 § Deja un comentario

Ante Dios, obediencia. Cuesta comprenderlo. Por no decir, incorporarlo. Estar en el mundo, ya sin otra inquietud que la de hacer lo que debes —un deber nace de una deuda—, cumplir con el papel asignado. Tu obsesión, tu delirio. Tu pasión. Y como quien esculpe la piedra. Lo debido, con todo, no es tuyo porque lo hayas elegido frente a otras opciones, sino porque lo asumes. ¿Adónde ir, si no? El resto es distracción. O te enfrentas a la maldad. O eres su siervo. No hay otra. Y la maldad tiene muchos rostros, uno de los cuales, el más común, es el de la indiferencia.

La ironía es un salvavidas, un salvoconducto. Un modo de retraimiento: nadie podría soportarte de saber quién eres. Pero una vez se impone lo serio —y lo serio sucede cuando hay quien quiere tu muerte o la de los indefensos— no hay ironía que valga. O mejor, si la hubiera, entonces sería a costa de la integridad.

Sócrates. O también, el crucificado. Aquí no hubo un eppur si muove.

pies de barro

julio 8, 2025 § Deja un comentario

pies de barro

Las apariencias religiosas —el dios que se nos muestra espontáneamente como tal— están configuradas por los paradigmas del inconsciente colectivo, como diría Jung. Así, es difícil, por ejemplo, que la muerte no se nos presente naturalmente como figura, esto es, como la personificación de un poder. Y todo poder irrumpe. Esto es, interrumpe. Resulta, pues, inevitable que se nos (haga) presente de este modo… siempre y cuando nos encontremos a nosotros mismos expuestos —y por eso mismo, a la expectativa de la aparición.

¿Cómo salimos históricamente de esta posición? Principalmente, ganándole terreno a la naturaleza. Los dioses comenzaron a retroceder una vez aprendimos a hacer fuego. Sencillamente, el fuego dejó de presentarse como un don de los cielos. Fueron los profetas de Israel quienes antes comprendieron de qué iba nuestra relación con la trascendencia: Dios, en verdad, no se revela como dios. Nuestra dependencia de los poderes naturales es, por defecto, circunstancial. Y por eso mismo, nada último o definitivo. Ante Dios, un hallarse sub iudice.

Pero ¿por qué sub iudice? ¿Quizá porque ante el Dios que guarda (el) silencio nos vemos obligados a responder? De hecho, nos juzga en mayor medida el silencio de un padre que su bronca. La naturaleza del verdadero Dios tiene que ver, precisamente, con su retirada —y de ahí que su naturaleza no sea, propiamente, una esencia. Dios siempre fue el Dios del séptimo día. En realidad, la esencia o modo de ser de Dios, cristianamente hablando, es la del enviado. Y no porque el enviado la representeen sumo grado, sino porque Dios, en sí mismo, no es aún nadie sin su cuerpo.

En cualquier caso, puede que no sea casual que, bíblicamente, los testigos de la verdad de Dios fuesen desde un principio los que lo encuentran a faltar, los desgraciados. Y es que la posición creyente es la de quienes caen en la cuenta de que no cuentan. O mejor dicho, las de aquellos que cuentan, precisamente, porque Dios, y desde los orígenes, no quiso contar como dios.

las dos atalayas

julio 7, 2025 § Deja un comentario

La teoría, como su etimología sugiere, exige tomar distancia —estrictamente, la del dios. En medio del juego, lo que nos puede parecer un fuera de juego, puede no serlo desde las gradas. Así, de las lluvias griegas, el barro de la objetividad.

Pero, ¿por qué el barro? Una visión imparcial —y más donde esta solo admite como cierto lo cuantificable— se limita a constatar. ¿Su horizonte? Lo aprovechable o instrumentalizable, aun cuando también quepa la admiración sobre el hecho de que el cosmos sea algo así como un caos ordenado. Y quien solo vive bajo el horizonte de lo meramente útil acaba siendo una cosa entre otras, una bola de billar que se limita a reaccionar a golpe de taco.

Muy distinta es la distancia que provoca la reflexión dentro de la cancha de juego. Pues la reflexión, a diferencia de la visión táctica o, incluso, estratégica, abarca la totalidad. ¿Acaso el juego que jugamos no se le revelará, al menos, como extraño para quien se atreve a reflexionar? No debería soprendernos que quede fuera de juego, por no decir que, a la vista del resto de jugadores, parecerá que no sabe jugar. Literalmente, un inútil. La reflexión desde las gradas conduce, en el mejor de los casos, al descubrimiento. La que sucede dentro del juego, a un caer en la cuenta paralizante.

Ahora bien, lo que me parece interesante del asunto es que la reflexión que nos saca del juego, aunque sin interrumpirlo —pues se sigue jugando— no logra obtener respuesta. De ahí, precisamente, su carácter paralizante. Sócrates, recordémoslo, fue considerado un tábano. Y no la obtiene porque la preguntá —de qué se trata, en definitiva—, tarde o temprano, alcanzará la paradoja. Por eso la cuestión será cómo vivir sabiendo que nos hallamos expuestos a una nada que es no siendo nada. Esto es, sabiendo que con respecto a lo verdadero —a lo que en verdad acontece y no simplemente pasa— no hay mapa mental que valga. El rompecabezas viene sin modelo.

payasos

julio 6, 2025 § Deja un comentario

Cuando se nos dice que Sócrates fue considerado como una especie de payasete ingenioso por muchos de sus conciudadanos, tendemos a situar esta aprecicación en un segundo plano. Pues, de entrada, se nos impone la grandeza de la figura histórica de Sócrates. Sin embargo, para comprender su alcance… antes, quizá, deberíamos partir del diagnóstico ciudadano. Al fin y al cabo, es lo que intentó transmitirnos Platón al escribir en su Apología que ese payasete fue el verdadero Aquiles.

Algo parecido podríamos decir de la confesión cristiana. Pues difícilmente caemos en la cuenta de lo que supone si damos por hecho, como quien no quiere la cosa, que Jesús es Dios.

ahí, la rosa

julio 5, 2025 § Deja un comentario

Una rosa es sin porqué. Y, por eso, tú no importas. Ella, ahí. Como el dios, imperturbable en el instante de la aparición. Y, con todo, habrá perturbación. Esto es, tiempo. Aunque no solo. También, habrá quien la arranque para ofrecérsela a su amada… o porque sí. Pues el Mal no tiene otro porqué que el de negar la aparición. Aun cuando, por lo común, encuentre como excusa la ilusión de un mayor bien. ¿El mundo? La imposibilidad de permanecer en un mero estar ante el milagro. En lugar de la aparición, las apariencias. Y estas siempre reclamarán una dosis de violencia. Estricta reacción, en vez de respuesta.

Será verdad que Dios, como la rosa del Silesius, es frágil. Y será también verdad que, por eso mismo, exige una tener que responder. En lugar de un andar con cuidado con Dios, un tener cuidado de Dios, es decir, de aquellos con quienes se identifica. Para que siga siendo el que es. Ahora bien, porque es frágil es terrible. Pues terrible es quedarse sin nadie.

vida real

julio 4, 2025 § Deja un comentario

¿Qué es un vida real? Una vida opuesta a la inercia, el aburrimiento, lo anticipable. Sentirse vivo, es decir, frente a. O lo que sería equivalente: enfrentado. Al fin y al cabo, una vida con un enemigo eterno. Es de este modo que pertenecemos a una obra. Pues no hay yin sin yan —o luz sin sombras. Desde la grada, tan solo la teoría, la observación del dios. Y aquí, el enemigo sigue siendo un colega. Los dioses siempre jugaron con los hombres. Nunca se vieron forzados a doblegarlos. Su hybris, en cualquier caso, tan solo un motivo de risa para el dios. De ahí que la vida del dios sea ficticia.

En realidad, nada importa para el satisfecho. La inquietud que no se ve obligada a vencer —incluso en la derrota— es simplemente un desdoblamiento, un no terminar de hallarse en donde uno está.

actores

julio 3, 2025 § Deja un comentario

Existimos como actores de una obra que ya ha comenzado. Y una obra es un mapa mental. De ahí que tengamos que asumir un papel —y no solo ejercerlo.

¿Qué hace posible, sin embargo, la reflexión —la posibilidad que nos distingue del bonobo? Un caer en la cuenta de lo que acabo de decir. De ahí, Sócrates. Pues solo irónicamente cabe volver a la escena. Y aquí ironía no significa insinceridad. En cualquier caso, sería la sinceridad de quien sabe que la obra en la que nos movemos no lo es todo. Y que, con respecto a este más, no hay saber.

potencia y acto: un ejercicio de lógica delirante

julio 2, 2025 § Deja un comentario

¿Que es la posibilidad ? Mejor dicho: ¿qué sería una posibilidad absoluta o primera? ¿Sobre qué potencia o poder se asienta el todo? ¿Qué hubo antes de que hubiera lo que es?

Como sabemos, la pregunta, si lo pensamos bien, es aparentemente absurda. Al menos, lo fue para los eleatas. Y con razón: no puede haber algo fuera del todo —de todo lo que hay. Nada, más allá de la totalidad. De ahí que el todo sea ilimitado y eterno. O dicho de otro modo, no es resultado —no puede pensarse como tal. Sencillamente, hay el todo. Y el todo, como la rosa del Silesius, es sin porqué. Así, decir que hay el todo equivale a decir que hay el haber —y que la nada no es. Que no haya el haber es, sencillamente, imposible.

Ahora bien, el todo es lo contrario a la nada. Si hay el todo es porque la nada no es. ¿Cómo entender, sin embargo, este porqué? Evidentemente, no como si la nada fuese algo de lo que se desprende el todo. La nada, por defecto, carece de entidad. Ni siquiera podemos pensarla, aunque sí imaginarla, como vacío. Aquí , la causalidad sería formal. Esto es, la imposibilidad de la nada —del no haber— solo puede comprenderse, por tanto, como principio, en el sentido lógico de la palabra. La imposibilidad de que la nada sea debe entenderse como el otro lado del todo, un lado sin el cual el todo deviene, sencillamente, ininteligible. Ahora bien, el no haber nada es la negación del todo, un no-todo. En este sentido, este no-todo soporta, por así decirlo, la totalidad de cuanto es, su eternidad e infinitud. Y lo soporta en tanto que es su envés.

Sin embargo, que la nada no sea es, lógicamente, la negación de la nada, una doble negación. El todo es un no (no-todo). De ahí que la negación de la nada subyazca, lógicamente, al todo. Se trata de los dos lados de una misma moneda, Ahora bien, por eso mismo, al igual que decíamos que el no haber de la nada soporta la totalidad de cuanto es, cabría decir que el todo soporta el no-todo, en definitiva, que la nada no sea. Así como la doble negación equivale a una afirmación, una afirmación equivale a una doble negación. Hay el todo porque la nada no es. Pero la nada no es porque hay el todo.

Quizá comprendamos mejor cuanto acabamos de decir reflexionando, una vez más, sobre el sentido del haber. Hay el haber de las cosas —el todo. Y lo que tienen en común las cosas que son es, precisamente, que son. Sin embargo, no hay el haber en cuanto tal, esto es, un puro haber. No hay haber que no sea el haber de las cosas. Y, por eso mismo, el puro haber no es… nada. Es decir, es no siendo nada. Porque hay mundo, no puede haber un puro haber. O viceversa. El puro haber es lo dejado atrás, como quien dice, por el haber del mundo —y permanece como lo eternamente dejado atrás. Ahora bien, esto equivale a decir que cuanto es —y nada es que no sea en concreto— no termina de permanecer en su aspecto o forma. El haber de las cosas es tiempo. Dicho de otro modo, no haber. El haber de las cosas es, en el fondo, un no haber. Normal, si el no haber de la nada es el otro lado del haber del todo. Hay lo que no hay. Y porque el haber es la negación del no haber: la nada —el no— no es. Quizá no sea casual que a lo dado le corresponde un de nada. El todo es la superación de la nada y, por eso mismo, su realización. Pues la nada se realiza en su negación de sí, esto es, como cuerpo.

La potencia absoluta es, en definitiva, acto. En cierto sentido, podríamos hablar de un big-bang metafísico, el cual, obviamente, no puede pensarse como hecho. Con anterioridad al todo, no hubo nada. Y esto es lo que hubo. Kenosis.

comprender la Trinidad, es un decir

julio 1, 2025 § Deja un comentario

El HIjo es Hijo porque abraza hasta el final el aún nadie del Padre. Y por eso hay Padre. Y por eso mismo, también, el haber del Padre es el del Hijo. Mejor dicho, el de su cuerpo. No fue fácil caer en la cuenta de que el Hijo es la Palabra del Padre. Pues el Padre, en sí mismo, no puede más que guardar silencio, un silencio que encuentra se eco en el clamor de los inocentes.

Quizá no sea casual que, en castellano, espíritu y esperanza mantengan un aire de familia. El Espíritu es el rastro del Gólgota, su onda expansiva, lo que hace posible que permanezcamos a la espera de lo imposible, esto es, de un nuevo comienzo. Pues no puede haber nada nuevo que no suponga un reset de dimensiones cósmicas, un mundo en el que Satán permanezca bajo las botas del arcángel. De no haberlo, tan solo nos queda la ilusión del unboxing, de la novedad, ese simulacro de lo nuevo.

presencia real

junio 30, 2025 § Deja un comentario

A Dante, Beatriz, esa niña con la que se cruzó y que le dejó en estado de suspensión, se le presentó —se le hizo presente— como divina. Pero ¿quién fue en realidad Beatriz? ¿Fue en verdad divina? ¿Cómo se presenta cuanto hay? ¿Es posible prescindir del como? ¿Qué es lo que se presenta como tal o cual? Esta es la cuestión.

Sin embargo, de responder, ¿no estaríamos ante otro modo de presencia —y, por eso mismo, ante un en relación con? ¿Cabe ir más allá de lo que nos parece? Desde Grecia, este trascender las apariencias corre a cargo de la razón. Pero los resultados del ejercicio de la razón siempre fueron —y serán— paradójicos. Al menos, porque ese que, en tanto que absoluto, nunca podrá aparecer bajo una forma. Pues todo aparecer es siempre en relación con. Sin embargo, porque no puede aparecer como tal, eso que aparece no es. O mejor dicho, es no siendo.

De ahí que la rosa del Silesius —y por extensión cuanto es— sea sin porqué. No hay más que lo dado —y lo dado es aparición. Ahora bien, no hay más porque el más es no siendo nada, negación de sí, kenosis. Nuestro pecado original, por así decirlo, consiste, en gran medida, en un tener que dominar cuanto es donación. Y este tener que dominar implica permanecer atados al como —y por eso mismo, a las apariencias. Pero la rosa es sin porqué. Y esto significa que la aparición no equivale a las apariencias. La aparición no admite perspectiva. Únicamente, testimonio.

Con todo, como escribiera Eliot, no podemos soportar demasiada realidad. Es lo que tiene que la existencia consista en vivir como arrancados. Y quizá no sea casual que ser y estar se revelen como las dos caras de una misma moneda. Pues incluso el como del como arrancados se disuelve como un puñado de sal en el mar donde simplemente estamos ante lo que se nos da sin porqué.

nada hubo

junio 29, 2025 § Deja un comentario

Dos cuerpos copulan. Y luego se separan. Nada más y, por eso mismo, nada hubo. Esto es normal en la bestia. La bestia no espera más. Pero por qué, en nuestro caso, el placer pide eternidad, como dijera Nietzsche. ¿Qué sería este más que esperamos? ¿Acaso recuperar, como leemos en El Banquete, la parte que nos falta? ¿El complemento? ¿Es que el amor no supone el encuentro, la aparición que nos saca de quicio?

¿Qué es, sin embargo, lo que no se nos cuenta? Que tras el encuentro, el hiato. Aunque no es lo mismo que el hiato surja entre individuos con peso que entre niños. Pues estos últimos no sabrán de qué va el juego. Y quien lo ignora se limitará a reaccionar. Como las bestias. O como quienes creen tener el poder. Quien espera el amor como quien espera que en la fiesta repartan el pastel que más le gusta ignora que tras la satisfacción de los gustos, el contenedor.

centros de ayuda

junio 28, 2025 § Deja un comentario

La retórica de la nueva pedagogía, la que coloca el alumno en el centro, quizá peque de ingenuidad. Y no, o no solo, porque no sea cierto —pues el centro es, en realidad, la cosa, lo que hay que aprender… lo que no quita que haya que tener en cuenta dónde se encuentra quien debe aprender—, sino porque el envés de dicha centralidad es que el profesor deviene prescindible. En su lugar, monitores… que guíen el trabajo que los alumnos realizan por su cuenta y riesgo siguiendo las pautas de un proyecto, más o menos, estandarizado. Monitores… y alumnos narcisistas, chicos y chicas que se creen el ombligo del mundo y que, por eso mismo, difícilmente estarán dispuestos a ponerse en manos de una autoridad. De hecho, estamos muy cerca de que llamarle seriamente la atención a un alumno se entienda como abuso de poder. Y aquí los padres —los denominados helicóptero— son los primeros en aplaudir. Me imagino perfectamente un futuro en donde las escuelas compren a las majors las lecciones impartidas por expertos mundiales. Y, evidentemente, que se compren unas u otras dependerá, una vez más, de la capacidad adquisitiva. Amazon gana. Demiasado pastel para que se reparta entre los demasiados. En este caso, los profes.

Desde la perspectiva del dron, parece que todo va en la misma dirección. Por decirlo en breve, los trabajos intermedios comienzan a ser prescindibles en la nueva economía. Las plataformas, los bots, la IA… se encargarán de hacer lo que, hasta ahora, hacían profesionales. Mientras tanto, la pedagogía progre, bailándole el agua a la oligarquía. Y con entusiasmo. Som els capdavanters.

Sin embargo, en Eaton siguen —y seguirán— habiendo profesores. Por supuesto. Ahí no vemos —ni veremos— ningún iPad. Tampoco, proyectos. Únicamente, maestros hablando con sus discípulos —y por eso mismo, estimulando su inteligencia y habilidad. Pero es como ha sido siempre: para el vulgo, la mierda. Quizá la diferencia es que, hoy en día, se pretende que se la coma con gusto y ganas. Como si fuera un Donut.