el ethos del poder
junio 27, 2025 § Deja un comentario
No hay que ser muy espabilado para intuir por dónde están yendo los tiros de los nuevos tiempos. La tecnoligarquía, sencillamente, se está haciendo con las riendas. Basta con leer el libro de Quinn Slobodian, El capitalismo de la fragmentación, para hacerse una idea del asunto. Hay el mundo. Hay países. Y hay las zonas liberadas de las regulaciones estatales. Muchas. Más de las que nos imaginamos. Y no me refiero solo a los paraísos fiscales. Esto significa que el Estado tiene los días contados… si las élites consiguen realizar su propósito. Para la tecnoligarquía, el Estado es sinónimo de corrupción, empobrecimiento, burocracia estéril… , en definitiva, un obstáculo. Su ethos: que se jodan los improductivos. Se trata, obviamente, de un ethos de matones. Desde esta óptica, creer que compartir es vivir es de idiotas.
De hecho, el Estado sobrevive —y cojeando— exprimiendo, hasta secarlo, el limón de la clase media. Es lo que tiene vivir a golpe de deuda publica. Quizá no sea simplemente retórica que Varoufakis hable de tecnofeudalismo. Para las élites tecnocráticas, no se trata de colonizar las estructuras de poder, sino de situarse por encima… atrincherándose en los huecos del sistema. Como la carcoma. Capitalismo y democracia comienzan a entenderse como incompatibles. Aunque esto ya viene de lejos —de los tiempos de Friedman. O incluso antes.
Quién cree tener el poder —y lo cree porque lo detenta— inevitablemente dividirá a los hombres en superiores e inferiores —en nobles y esclavos. Y lo que no soporta el hombre superior es bailarle el agua al inferior. Casi por defecto, el inferior irá siempre con una flor en la mano, creyendo, por ejemplo, que el amor es más fuerte que la muerte o cosas por el estilo. Nietzsche fue, sin duda, el profeta del “nuevo” ethos. Y un ethos, conviene no olvidarlo, es el aire que respiramos, un clima, lo que acabamos dando por obvio.
Al final, el cristianismo que sobreviva a la “revelación” de Moloch como el único dios tendrá que asumir lo que supo ver desde el principio y que guardó en un cajón cuando se dejó llevar por la ilusión, en definitiva moderna, de un progreso moral, a saber, que su fe es un acto de resistencia en medio de un combate de dimensiones cósmicas. Y son cósmicas porque la lucha del fuerte contra el débil se presenta como natural. Por eso mismo, la cuestión de fondo sigue siendo teológica: ¿en manos de quién reside el verdadero poder? Y no parece evidente que resida en un Dios cuya voluntad fue —y sigue siendo— kenótica.
cristianismo anticlerical (y 2)
junio 26, 2025 § Deja un comentario
El sacerdote corta las flores que nacen del humus que pretende conservar, olvidando que son precisamente esas flores la que justifican su pastoreo. El desvarío profético apunta, en cambio, a las flores. Pero fácilmente olvida que, sin el humus —sin su mal olor—, no hubieran germinado. Ciertamente, no hay luz sin oscuridad. Y viceversa.
alturas
junio 25, 2025 § Deja un comentario
¿Acaso nuestro congénito no estar a la altura de la Ley de Dios no es el envés, precisamente, de su altura? ¿Quién, por excesivo, no pasa de largo del tener que responder a la demanda del que carece del pan de cada día? Dios y culpa ¿no van de la mano? El cristianismo que rechace como antiqualla la culpa original ¿no estará construyendo, una vez más, un dios a medida?
Ciertamente, hubo redención, se nos dirá. Pero ¿en que consistió? Es verdad que el sacrificio del Gólgota nos hizo, de nuevo, capaces de Dios —un sacrificio que el cristianismo comprende como el de Dios mismo. Pero este regreso a la inocencia ¿no nos puso sobre las espaldas el peso de Dios? Pues ¿qué puede significar, si no, que se nos revelase que Dios en verdad es el Dios que, desde el principio, quiso depender del hombre que depende de Dios?
cristianismo anticlerical
junio 24, 2025 § Deja un comentario
La Iglesia es necesaria. Pues sin Iglesia, el cristianismo se hubiese disuelto como un puñado de sal en un mar de aguas dulces. Ahora bien, esto es lo mismo que decir sin hipocresía. Pues el clergat se ocupa, principalmente, de apaciguar el rebaño. Esto es, de darle a la parroquia lo que quiere. Y lo que quiere la parroquia —de hecho, cualquiera— es un Dios a medida de su necesidad de Dios. Pues ¿acaso el sacedote no sigue promocionando una relación directa —interior— con Dios al margen de su hacerse presente en la carne? Como si Dios fuese alguien sin su cuerpo. Como si fuese posible, cristianamente, dirigirse a Dios sin dirigirse a aquellos con quienes se identifica. ¿El resultado? Idolatría y buenos sentimientos. Profetismo y sacerdocio nunca hicieron buenas migas. ¿Tan pronto hemos olvidado que quienes condenaron a Jesús fueron, precisamente, los cuidadores del Templo —y que, por eso mismo, sus razones fueron religiosas?
Y, sin embargo, la Iglesia, como decíamos, es necesaria. El paralelismo con la muerte de Sócrates surge de inmediato. ¿O es que Sócrates no bebió la cicuta en nombre de la Ley que su paideia puso, cuando menos, en cuestión?
la invisibilidad de Dios
junio 23, 2025 § Deja un comentario
Leemos en Isaías 45 15-7: Sin embargo, tú eres un Dios invisible. ¿Cómo entender esta invisibilidad? Hay dos modos. O bien —y este sería el modo religiosamente común—, como si el carácter invisible de Dios fuese solo circunstancial, esto es, relativo a nuestra incapacidad. Así, no podríamos ver a Dios al igual que no podemos ver el infrarrojo… —y, por eso mismo, damos por sentado que podríamos verlo si tuviésemos otros ojos. O bien, Dios sería de por sí invisible. Pues, con respecto al en sí de Dios, no habría nada que ver. Como apuntó Karl Rahner en su momento, incluso en los cielos, Dios seguiría siendo un misterio.
En el primer caso, Dios es un ente misterioso. Esto es, un dios, pero no Dios. En el segundo, el misterio —el resto invisible de lo visible, la alteridad avant la lettre. Desde la primera óptica, la Encarnación solo puede comprenderse o bien, a la doceta, es decir, como si Jesús de Nazaret fuese Dios mismo con aspecto —un disfraz— humano; o bien a la platónica, es decir, como si Jesús representase a la perfección, se supone, la esencia o el modo de ser de Dios. En cambio, desde la segunda, Jesús de Nazaret es el quién de Dios, esto es, el modo de ser de Dios, y no únicamente su ejemplificación sensible. En el primer caso, Jesús sería una ilustración de Dios. En el segundo, el cuerpo sin el que Dios en sí —el Padre— aún no es nadie, sino nada más, aunque tampoco nada menos, que el acto —la voluntad— de salir de sí hacia lo otro de sí. Y esto último, sin duda, supone una brutal distorsión de lo que entendemos espontáneamente como divino. Pues nadie admitirá como quien no quiere la cosa que Dios sea el Dios que quiso depender del hombre que depende de Dios. Y desde el principio. En realidad, la dogmática cristológica nos habla antes de Dios que de Cristo. O mejor dicho, nos habla de Dios al hablarnos de Jesús de Nazaret como el Cristo.
Desde el primer modo, la Trinidad es un galimatías. Desde el segundo, la manera más clara de exponer la revelación. Sobre todo, si no cometemos el error de identificar naturaleza y esencia.
fases
junio 22, 2025 § Deja un comentario
La primera fase: creer que la fiesta siempre se celebra en el piso de arriba. Y así nos decimos: hay que hacer ese viaje.
La segunda: en cualquier parte cuecen habas. Te uniste a la fiesta. Pero, entonces creíste que la mejor fiesta, ahora, se celebraba en el piso de abajo. No hay luz sin oscuridad. Y viceversa. Al final, fuisteis a Sri Lanka. Pero ahí también hubo mal olor.
La tercera, en el mejor de los casos: la rosa es sin porqué. Contemplación y caridad. El resto es aguardar a que la bondad no caiga en saco roto. Aun cuando no podamos hacernos una idea del cómo.
rosal
junio 21, 2025 § Deja un comentario
Que la rosa sea sin porqué no es lo primero. Pues lo primero —aquello con lo que topamos de entrada— es que la rosa nos resulta más o menos útil: o porque nos gusta su perfume o aspecto, o porque la cortamos para regalarla, etcétera. Su ser —su independencia o alteridad— solo se nos revela donde no hay nada que hacer con ella, aunque esto no significa que no quepa hacer nada. El carácter otro de lo que tenemos a mano aparece como inútil. El ascenso desde el fondo de la caverna hasta su boca supone un caer en la cuenta de esta escisión. La moraleja, sin embargo, ya sabemos cuál fue: no hay regreso. Y no solo porque, políticamente, no haya modo de integrar la revelación, sino porque existir significa, en cualquier caso, vivir como arrancados.
De ahí que la cuestión religiosa —la que se interroga, precisamente, por la integración— sea una cuestión vital y, por eso mismo, irrenunciable. Haya o no dioses de por medio. Quien deambula por el mundo ignorándola, vive como quien juega a la Oca: y tiro porque me toca. Aun cuando, a menudo, se lo pase bien. Platón, siendo más certero, prefirió hablar de la oscuridad.
lo más
junio 20, 2025 § Deja un comentario
El nihilismo no es un mero concepto, una declaración sobre el sinsentido de la existencia. Es un nadie cuenta vivido a flor de piel —y, por eso mismo, un tú no cuentas. No habrá quien coja el testigo de lo que hicistes, creyendo que había un hacia donde. No habrá un Homero que narre tu vuelta a Itaca. Y si lo hubiese, su esfuerzo terminará disolviéndose como una gota de agua en el océano de una temporalidad para la que un millón de años es apenas un inicio. Ante Cronos, todo sentido se revela como una ilusión óptica. Basta con imaginar que no hubiese habido ningún evangelista que proporcionase un significado a la inmolación del enviado para caer en la cuenta de la carga de profundidad del nihilismo.
Así, difícilmente comprenderemos el alcance del libro de Job si entendemos su última parte como un diálogo. De hecho, Qohélet fue su mejor comentarista: todo es vano, un alimentarse de viento. Pues Job no topa con la verborrea de Yavhé, sino con su silencio. Y tú qué sabes: el sentido, si lo hubiese, está por ver. Por no hablar de la posibilidad de seguir siendo si llegara a realizarse. Al menos, porque el horizonte de la existencia es, precisamente, asintótico. No hay fe con anterioridad al momento crucial. En cualquier caso, suposición, mapa mental, espejismo.
Y es que la fe —como las obras que la siguen— es la respuesta humana a la experiencia del Altísimo, esto es, de la radical trascendencia de Dios. Ahora bien, la expresión de la fe —de la espera creyente— es delirante. ¿Muertos que resucitan? Tampoco puede expresarse de otro modo si es cierto que la fe apunta a lo que ningún mundo puede admitir como posibilidad. De ahí que haya otras respuestas. La de Dioniso es la más actual, un ponerse a bailar sin estar sometidos a ningún juicio. Ni siquiera el de nuestras víctimas. También cabe, sin embargo, Mozart. Pero en ambos casos, los mártires de la historia quedarán, sencillamente, sepultados en el pasado. Y si fuese así —si pudiésemos tolerarlo—, entonces el nihilismo vence. O lo que es lo mismo, el mundo.
gnosis y superación
junio 19, 2025 § Deja un comentario
El cuerpo es garbage, dijeron los gnósticos. Nietzsche no llegó tan lejos. Pero algunos gnósticos creyeron que, por eso mismo, con el cuerpo uno podría hacer lo que viniese en gana. Que daba igual la castidad que participar de una orgía. ¿Cómo fue posible que lo defendieran? ¿Quizá porque la gnosis creyó en la posibilidad de estar por encima de uno mismo… hasta el punto de considerar que el cuerpo era un disfraz? ¿Como si el cuerpo fuese la máscara del actor?
Sin embargo, a pesar del distanciamiento de sí propio de quien es capaz de verse a sí mismo como otro, el cuerpo afecta. De hecho, uno no puede comportarse continuamente como un cerdo sin convertirse en cerdo. O dedicarse al tráfico de armas como quien vende muffins. Al fin y al cabo, somos en buena parte lo que hacemos. Pues lo que hacemos es lo que nos hacemos. Acaso porque el cuerpo es ese otro que nos acompaña siempre. Y, por definición, con respecto a lo otro, tan solo podemos aspirar a mantener una debida distancia. En realidad, o somos devorados —absorbidos— por lo otro, o lo alimentamos bien. Y aquí el sacrificio no necesariamente supone una ascesis.
Es verdad que los extremos terminan por cerrar el círculo. Y es que un exceso de gnosis está más cerca de la estupidez que de una genuina sabiduría.
cristianismo superogatorio
junio 18, 2025 § Deja un comentario
Amar al enemigo. No poder soportar que haya quien pase hambre, aunque sea el último hambriento de la tierra. Ofrecer la otra mejilla. Abrazar al leporoso. Más aún: besar sus pústulas a la Francisco de Asís. ¿No es excesivo? Sin duda. Pero este exceso es el envés del exceso de Dios. Un creyente es, al fin y al cabo, un pasado de vueltas. En este sentido, el paganismo, incluso si se viste con la camiseta cristiana, resulta más humano.
miradas
junio 17, 2025 § Deja un comentario
Suele decirse, en las canchas cristianas, que deberíamos mirar cuanto nos rodea con los ojos de Dios. De acuerdo. Sin embargo, ¿qué tal si nos atrevemos a soportar la mirada de Dios sobre nosotros? Y aquí no valen las componendas de la interioridad. Pues esa mirada es la que nos dirige, pongamos por caso, esa madre soltera que, con su hijo en brazos, nos implora por una botella de leche a las puertas del super. ¿Acaso un Dios que no nos saque de quicio puede valer como Dios? ¿Es que el creyente no es un desquiciado por el clamor de Dios? Pero ¿quién podrá aceptarlo? ¿No fue Pedro quién, tras el paso atrás del joven rico, le preguntó al maestro quién será capaz de cargar con esa cruz? Y ya sabemos cual fue la respuesta. Nuestro no estar a la altura es el punto de partida.
De hecho, quienes responde al clamor de Dios no ven a Dios por ningún lado. Ni mucho menos, sienten que haya Dios. De ahí lo del poder del Espíritu. Pues el Espíritu de Dios es lo que queda de Dios donde, por así decirlo, ya no queda nada de Dios.
uf
junio 16, 2025 § Deja un comentario
¿Es posible que aún no hayamos caído en la cuenta? En el Nuevo Testamento, cuanto se dice de Dios en el Antiguo, se predica de Jesús de Nazaret, ese hombre. Y a menos que hagamos del galileo un dios con aspecto humano, la confesión creyente es, sencillamente, inadmisible para quien parta de la experiencia más espontánea de lo divino, aquella que equipara la desmesura de la divinidad a la de lo gigantesco.
El crucificado ¿omnipotente? Por supuesto. Pues omnipotente no significa, de hecho, el que posee una fuerza inconmensurablemente superior, sino el que puede con el todo. Y únicamente quien abraza el silencio de Dios y obra en consecuencia es capaz de vencer a los poderes del mundo. Y quien dice vencer dice nacer de nuevo. Como quien regresa con vida de la muerte.
rodillas que sangran
junio 15, 2025 § Deja un comentario
Es así: la revelación de Dios nos pone de rodillas. De lo contrario, no estaríamos hablando de Dios. Sin embargo, también es verdad que lo gigantesco doblega nuestra espalda, a la vez que nos fascina. Y por eso mismo, solemos equiparar su exceso al exceso de Dios. Pero ambos excesos no tienen nada que ver. Pues con la revelación, caemos en la cuenta de que, con respecto a la radical trascendencia de Dios, no hay, precisamente, nada que ver. Al menos, porque Dios, en sí mismo, es no siendo nada. Literalmente, negación de sí en favor de lo otro de sí. Esto es, voluntad —acto creador, big bang.
No es anecdótico que Jakob saliera cojeando de su encuentro con el ángel. En realidad, el arrodillarse va con el enfrentarse. Y este enfrentarse muestra dos lados. El primero, tiene que ver con la resistencia a admitir lo que se nos revela. El segundo, en cambio, con la posición creyente: heme aquí, qué quieres que haga. Tan solo hay una voz: la que escuchamos sepultados por el silencio de Dios. El resto es hablar por hablar.
Ahora bien, lo cierto es que la mayoría de los que aún creen no se hallan en la situación de Jakob. Por eso, su fe —su arrodillarse— debería apoyarse, no en la costumbre, sino en el tener muy presente a quienes se hallan en el desierto, bajo un cielo tan inmenso como inaccesible. Y con sed. Con mucha sed.
Al fin y al cabo, no rezamos donde no reza nuestro cuerpo. Y si este aún no es capaz, quizá lo mejor sería arrodillarse cerca de esas viejecitas que, en aquellas iglesias que todavía huelen a sacristía, ya no pueden hacer mucho más que implorar. Ellas rezan por nosotros. Es decir, en nuestro lugar.
es decir
junio 14, 2025 § Deja un comentario
La expresión es decir es, de por sí, significativa. Pues aquí hay una elipsis: es, decir. De otro modo, es es decir. Nada, que no pueda decirse. Aunque, al final, el decir acabe pisando los terrenos pantanosos de la paradoja. Y quizá sea por eso mismo que cualquier es decir sea un es un decir. O un como quien dice.
Como viera Schelling, si el fundamento del mundo no pertenece, ni puede pertenecer al mundo —en realidad, a ningún mundo—, entonces el mito es el único recurso. Como quien dice. Pero aquí es necesario saber leer. Pues de lo contrario, haremos del mito la descripción, ciertamente delirante, de otro mundo. Y no van por ahí los tiros.
fascinación
junio 13, 2025 § Deja un comentario
Interrogarse sobre la obviedad supone romper el hechizo. ¿Qué nos queda, sin embargo? ¿El desierto? Quizá alrededor. Pero también es posible que, entonces, la existencia apunte a su real-imposible. El resto sería aguardar. Si Sócrates supo que nada sabía, ¿acaso nosotros podremos desmenir su ignorancia?
negar para creer
junio 12, 2025 § Deja un comentario
Hay un primer imperativo para el creyente si quiere encontrarse ante Dios —y ¿quién podrá quererlo?—, a saber, el de abjurar de su dios, aunque tenga el nombre del verdadero Dios. Negarse a creer en ese dios tan espontáneo —y por eso mismo, tan injustamente íntimo— y, así, vivir a flor de piel qué significa estar frente al exceso de Dios. Al menos, de entrada.
secrets 2
junio 11, 2025 § Deja un comentario
En realidad, el valor de lo oculto remite a lo que representa. Y lo que representa es, siempre, una pérdida. En definitiva, lo que fue dejado atrás sin que, en su momento, cayéramos en la cuenta de, precisamente, su carácter excepcional. Y todo es excepción donde el horizonte es la nada de un puro haber. El presente nunca fue el tiempo de la excepción, sino el del trato, la negociación, el comercio.
la trascendencia de lo intrascendente
junio 10, 2025 § Deja un comentario
El autor, al detenerse en lo irrelevante, dota de trascendencia a lo intrascendente. Pues trascender es resistirse a la nada. Y nos resistimos a la nada cuando simplemente ponemos un pie en el suelo o cogemos un pañuelo para secarnos el sudor. Me refiero al milagro. Pues hay milagro. Pero solo el autor logra que nos demos cuenta. Aun cuando para eso necesitemos leerlo. Y, sobre todo, volverlo a leer. Al menos, porque, en el día a día, prevalece la negociación.
contar y narrar
junio 9, 2025 § Deja un comentario
Un mal escritor se limita a pegar escenas: primero pasa esto y luego esto otro. En el mejor de los casos, incita nuestra curiosidad —y, por eso mismo, nos entretiene. El buen escritor, en cambio, logra que las escenas que empalma tengan, cada una, un relieve propio. Tal y como es en verdad, aunque no sepamos verlo en medio de la erosión del tiempo. Al fin y al cabo, la belleza —la aparición— es instante. El primero cuenta —y aquí es preciso tener presente que contar es lo que hace un contable. El segundo, el autor, se detiene en la minucia mientras narra —a pesar de que no es fácil hacerlo bien, quiero decir justamente, guardando la debida proporción. Pues, en realidad, no hay nada que contar. Y, por eso mismo, la minucia lo es todo.
prosa, diría
junio 8, 2025 § 1 comentario
Nos levantamos del sofá. Abrimos la puerta, guardamos las llaves en el bolsillo del pantalón y salimos a la calle. Esto mismo, mientras lo hacemos, es simplemente lo que pasa, es decir, nada extraordinario. SIn embargo, basta con que un buen escritor lo ponga en palabras para que adquiera el relieve de un acontecimiento.
El efecto es parecido al de la fotografia callejera, cuando capta el instante: la mueca de una mujer hermosa, imperceptible de haber estado ahí, la mirada perdida de quien ojea la prensa sentado en un banco, la torsión de un cuerpo al darse cuenta de su error…. La sensación es de extrañeza, la que provoca, de hecho, el marco al aislar el momento. Pues el marco prescinde de lo que permanece fuera del mismo. Como si no fuese nada… aun cuando esa nada siga ahí, rodeando la delimitación. Por eso, quien consigue un buen enfoque, sea a través de la palabra o la imagen, revela lo ordinario como excepción. Como si la existencia fuera, precisamente, un acto de resistencia al poder de la nada, un acto que trasciende, en nuestro caso, el instinto, la reacción. Y lo trasciende, precisamente, porque podemos escribirlo.
Luego, vendrá el filósofo para decirnos que ese acto es inherente a la nada. Y entonces, el asunto será otro.
secrets
junio 7, 2025 § Deja un comentario
El secreto es que no hay secreto. O mejor, que, de haberlo, no importaría. ¿Qué ocultan unas manos que se cierran? ¿Sería decepcionante que no escondiesen nada? Como la cebolla, cuyo núcleo es, precisamente, el vacío. El prestigio de lo oculto se debe al velo —y a nuestra congénita necesidad de aparición. Al igual que nuestro deseo es incitado por la prohibición.
Sin embargo, dice el nihilista, nada nuevo bajo el Sol. No esperes nada, literalmente, extraordinario. A lo sumo, su simulacro: la sorpresa, la novedad, el unboxing. ¿Qué será? —y quizá esta sea la pregunta… aunque solo alcance el tuétano donde la existencia, en su conjunto, deviene un interrogante en vez de, simplemente, un oficio. Las piezas del rompecabezas no encajan, ni encajarán. En el caso de que las manos ocultasen un diamante único, no sería más que un diamante, algo a lo que tan solo hace falta acostumbrarse para que desaparezca su brillo inicial. Por definición, el secreto es insoportable. Pues acaso el secreto sea, al fin y al cabo, que lo excepcional no se revela como caso singular, sino como lo que tuvo que negarse —y por eso mismo, desaparecer— para que hubiese, precisamente, mundo.
Nussbaum 3
junio 6, 2025 § Deja un comentario
¿Es posible que una vida reflexionada, aquella que posee más valor, según Platón —y es así—, se integre en la polis? Nussbaum, como tantos otros que abonan actualmente el campo de la filosofía política, cree que es cuestión de que se cumplan ciertas condiciones sociopolíticas. Es cierto que Nussbaum no solo tiene en mente, cuando se refiere a la necesidad de una vida realizada, a quien se examina a sí mismo en su búsqueda del secreto, de lo que hay más allá de nuestras visiones hasta cierto punto espontáneas. Pero, entonces, uno también podría preguntarse si el bienestar emocional, la posibilidad de realizar nuestras aspiraciones, la interacción amable con el prójimo, etcétera…. se encuentran al mismo nivel de una existencia que se interroga a sí misma en nombre de lo que se presenta o, cuando menos, se intuye como el horizonte asintótico de nuestro estar en el mundo, lo que, en términos que no pretenden ser altisonantes, sería lo verdadero. Ahora bien, lo verdadero es lo que, en defintiva, tiene lugar y no simplemente pasa. Esto es, lo que tuvimos que dejar atrás, precisamente, para lidiar con el mundo.
En cualquier caso, diría que Nussbaum esquiva la cuestión. No todas las aspiraciones se encuentran en el mismo plano. Y no porque haya algunas que, ya de buen comienzo, pactan con el lado oscuro de nuestra condición. Como tampoco podemos entender el bienestar —en definitiva, la felicidad— en términos emocionales. Al menos, porque las emociones son enormemente equívocas. Por no decir, tramposas. Si la felicidad es, en deifnitiva, un saber vivir la pregunta sería, más bien, de qué saber estamos hablando.
De hecho, una vida reflexionada , tarde o temprano, se interrogará sobre el todo. No estamos hablando, por consiguiente, de una afición que se entretiene con un darle vueltas a tarro. Quien jugando al fútbol se pregunta por el sentido de ir tras un balón para colocarlo entre tres palos queda, literalmente, fuera de juego. Y quien se encuentra en esta situación no puede integrarse en la polis como si nada hubiera sucedido… salvo que devenga un irónico, algo así como el actor que, tomándose en serio su papel, no olvida que se trata, en realidad, de un papel. Tras la reflexión, decía Hegel, no vuelve a crecer la hierba. O al menos, podríamos añadir, la misma hierba.
Quizá no fuese causal que Platón concibiese su República como utopía. Pues una utopía no es un ideal al que podamos aproximarnos como quien, por ejemplo, pretende adelgazar. Es un imposible. Sócrates vivió a flor de piel el extrañamiento que va con el cuidado del alma. Al fin y al cabo, estamos en el mundo como si no perteneciéramos al mundo. La diferencia entre nosotros pasa por ser o no consciente de ello. No hay ciudad que valga para el filósofo. Sócrates solo tuvo amigos.
Será que no puedo evitar la impresión de que la filosofía política de Nussbaum es algo así como un manual de autoayuda para la polis.
Nussbaum 2
junio 5, 2025 § Deja un comentario
Más aún: ¿qué puede significar desarrollar las propias capacidades o potencialidades en un mundo donde, a través de las redes o los medios de comunicación, se magnifica lo trivial, en definitiva, la distracción, el entretenimiento, la dispersión? O por decirlo de otro modo, ¿qué supone realizar las propias capacidades donde la mayoría vive como abducida? ¿Acaso es posible, en el contexto de la sociedad liberal, y por eso mismo tolerante con las diferentes concepciones de la vida buena, una reflexión pública sobre lo que en verdad importa o vale la pena al margen de nuestras preferencias? ¿No es cierto que esta reflexión implicaría una crítica del deseo… que el capitalismo, al fin y al cabo, nuestro modo de vivir, no está dispuesto a aceptar? O como decía en la primer entrada dedicada a Nussbaum ¿es posible hablar de la felicidad sin una concepción fuerte del bien —de cuanto vale la pena amar o perseguir? ¿Es posible sin que ello implique una distinción, en el fondo propia de una sensibilidad aristocrática, entre la vida de quienes ascendieron hasta la boca de la caverna y quienes permanecen atados entre sombras? En definitiva, a la hora de enfrentarnos a la posibilidad de una vida lograda, ¿podemos prescindir del memento mori?
sin final
junio 5, 2025 § Deja un comentario
¿Imaginar a Jesús de Nazaret anunciado la irrupción del Reino durante doscientos años? ¿A Mozart, componiendo sonatas a lo largo de quinientos? ¿Podrían soportarlo? Al final, será cierto que, por suerte, no gozamos de la inmortalidad del dios. De ahí que la pregunta decisiva no sea qué eternidad nos espera más allá de la muerte —pues acaso no pudiéramos admitirla—, sinó qué vida podrán recuperar las víctimas de la historia. Y lo inquietante de esta pregunta vital es que la respuesta apunta a lo imposible.
Nussbaum
junio 4, 2025 § Deja un comentario
Es posible que la pregunta por los marcos institucionales y culturales que deberían facilitar el desarrollo de nuestras potencialidades se ahorre alguna que otra cuestión de fondo.
La primera sería la siguiente: cuando admitimos que. con respecto a dicho desarrollo, no hay algo así como un único criterio, esto es, ningún acuerdo sobre en qué consiste una vida lograda, ¿acaso no estamos obligados a situar en el mismo plano una vida que se diga a sí misma que lo único que vale la pena es terminar su colección de sellos antes de morir que aquella que se haya centrado en dar el pan a los hambrientos? ¿Cómo situar bajo los presupuestos del liberalismo democrático aquello que decía Mill de sí mismo, a saber, que prefería ser un Sócrates insatisfecho a un cerdo satisfecho? La satisfacción difícilmente puede presentarse como criterio de una vida lograda. La felicidad se sitúa al margen del par satisfecho-insatisfecho. Más bien, tiene que ver con hacer lo que uno quiere —y por consiguiente, con la libertad interior. Sin embargo, esto último no es posible sin obedecer a un mandato que no podremos cumplir… hasta el final. A lo sumo, permanecer fieles a su demanda —que no es poco. Nada que ver, por tanto, con poder hacer lo que uno desea. Un deseo, al fin y al cabo, reposa sobre una ficción.
La segunda surge a propósito de lo anterior: ¿podemos concebir una vida lograda al margen de la búsqueda de lo que en modo alguno cabrá poseer —de lo que solo admite, literalmente, ser amado y no solo deseado— y, por consiguiente, sin un cierto sentido de hallarnos ante lo que nos supera por entero? Si dudamos, entonces estaría bien que volviéramos a leer el relato de la caverna. Renunciar a ello supondría caer, sencillamente, en el nihilismo. Sin embargo, el liberalismo democrático, en definitiva, nuestro sentido de la tolerancia, no puede admitir dicho relato como normativo… sin regresar a un sentido aristocrático de la existencia.
La tercera: ¿es posible que una vida lograda —una vida que vaya más allá de la dedicación al hobby— no entre en conflicto con la polis? De hecho, si aceptamos la sentencia final de la Apología de Sócrates —una vida reflexionada tiene más valor que una sin examinar—, entonces, y teniendo en cuenta que la polis obvia lo que considera obvio, quien se interroga, aunque sin hallar respuesta, sobre lo que la polis da por descontado no termina de hacer buenas migas con la gente. Más bien, molesta.
La cuarta: ¿puede nuestra realización pasar de largo ante el hecho de que nuestra fina sensibilidad se asienta, como decía Walter Benjamin, sobre documentos de barbarie? La cancelación de quienes, con sus crímenes, hicieron posible que ahora podamos plantearnos cómo alcanzar una vida plena ¿no nos empuja a desantender nuestra responsabilidad histórica? ¿No es como si los hijos del capo, los que gracias a la sangre derramada por su padre viven en la abundancia, dijeran nosotros no tenemos nada que ver con él? Esa renuncia al padre, ¿no conserva algo de la culpa original? Sin embargo, ¿hay redención para esta culpa?
Pues eso.
war
junio 4, 2025 § Deja un comentario
La barbarie está en el origen de una fina sensibilidad. Ya lo dijo Benjamin a propósito de la gran cultura. De ahí que una vez elevados necesitemos condenar a quienes hicieron posible nuestra elevación. “Las bestias no tienen nada que ver con nosotros”, decimos. Las almas bellas ni siquiera pueden soportar una cicatriz sobre su rostro. Toda cultura se refleja en las aguas de Narciso. Pero esas aguas nunca mienten: no eres el que te gustaría ser.
Ahora bien, nuestra condena redime, en cierto modo, a los que hicieron la tierra más fértil con los cadáveres de los vencidos. Pues los convierte en los que fueron sacrificados para que el dios pudiera sonreírnos. Y aquí no vale aquello de que, en verdad, el dios no quiso a esos cruzados. O, al menos, no vale para los que sufrieron la derrota.
una más de Mt
junio 3, 2025 § Deja un comentario
La sorpresa de los justos, una vez son elevados a la derecha de Dios, es sorprendente. Sin embargo, ¿los justos que hayan leído Mt 25 se seguirán sorprendiendo? ¿Qué nos da a entender el texto? Que aun cuando lo sepamos, en el momento crucial, nada sabremos. Todo —cualquier sentido— saltará por los aires. Tan solo, un paso al frente o retroceder. Ante Dios, sin Dios.
trascendencia y Ley
junio 1, 2025 § Deja un comentario
De la extrema trascendencia de Dios se desprende la gracia —el don— y la Ley. Nada más. De ahí el peligro de aproximar a Dios hasta una altura humana, demasiado humana. Pues en ese caso, fácilmente surgen los inspirados, esos que pretenden poseer un talento especial para interpretar lo que Dios quiere aquí y ahora. Y los inspirados son enormemente peligrosos. Por sectarios.
Aquí alguien podría decirnos que es necesario leer los tiempos. De acuerdo. Ahora bien, esa lectura siempre tendrá que ver con las mediaciones, no con el horizonte. Y el horizonte es Mt 25.
profecías
mayo 31, 2025 § Deja un comentario
Con la declaración de la muerte de Dios, Nietzsche actuó, es un decir, a la manera de un sofista, esto es, de un prestigitador del lenguaje. Me refiero al hecho de que poniendo el foco sobre la imposibilidad actual de seguir creyendo en el Dios de la tradición cristiana, lo que alejaba de la mirada del espectador era el hecho de que la voluntad de poder ocupaba el lugar de Dios. Pues, si Dios es el nombre del exceso al que nos hallamos sometidos por completo, entonces Nietzsche no hizo otra cosa —también, como quien dice— que sustituir un Dios por otro. Pues me parece evidente que nos hemos convertido en los títeres de una dinámica cuyo principio es si puede hacerse, debe hacerse. La única salida, según Nietzsche, es la que sintetiza la figura del superhombre: ponerse a bailar más allá de Bien y el Mal. Esto es, siendo indiferente si es sobre las cenizas de los gaseados o entre amapolas. El lema sería si no puedes contra ellos, únete a ellos —y aquí el ellos es la voluntad de poder.
Es cierto que algo de esto también se encuentra en la Biblia. Pues la luz y la oscuridad son debidas, precisamente, a la extrema trascendencia de Yavhé. Basta con leer el libro de Job o Is 45, 7 para caer en la cuenta. Sin embargo, lo que Moisés dedujo de su haber visto a Dios cara a cara —de su enfrentarse a Dios— es el deber de la fraternidad. Ante Dios, es decir, frente a Dios o sucumbimos, o damos de beber al sediento. Y por eso mismo, este mandamiento es de Dios. En realidad, cristianamente, Dios no tiene otro presente que su hacerse presente en el hombre de Dios que permanece fiel a Dios donde Dios en sí mismo se revela como la nada de Dios —o siendo más estrictos, como el aún nadie.
Moisés y Nietzsche ante el abismo
mayo 30, 2025 § Deja un comentario
¿Hay exceso en Nietzsche? Quiero decir, no ya si su pensamiento es excesivo, sino si Nietzsche tiene algo que decirnos con respecto a cómo situarnos ante el exceso de un haber sin porqué, del cual se desprenden tanto la luz como la oscuridad (Is 45, 7). La pregunta es retórica. Pues la verdad es que acaso sea lo único que tenga que decirnos, glosas al margen. Y me atrevería a sostener que en esto consiste su ateísmo. Así, ante el exceso de lo real —un exceso irreductible—, Nietzsche nos invita a ponernos a bailar como Dioniso, siendo irrelevante si es sobre un lecho de flores o sobre los cadáveres de los hijos. En esto consistiría su hybris, su desafío al Dios. Pues es evidente que para Nietzsche hay Dios. Aunque se vista con los ropajes de la nada. Ciertamente, lo que no hay, según Nietzsche, es el Dios titiritero. Pero, en realidad, nunca lo hubo. Y por eso Dios es Dios. Como supo ver Israel —y no sin sufrir hasta los tuètanos esta hallarse en falta de Dios.
Por tanto, Moisés también vio el abismo. Sin embargo, su respuesta fue muy distinta. En vez de entregarse al bailoteo y a la carcajada, descendió con las tablas de la Ley. Pues, frente a la nada de Dios —ante su insobornable trascendencia—, el desafío consiste en crear hermandad: la ira de Dios no nos podrá. Y ello en nombre de Dios. Es decir, en su lugar.
De hecho, ya Bonhoeffer dejó escrito que la existencia creyente se mueve entre la resistencia y la sumisión. Aun cuando es posible que no lo dijera en el mismo sentido.
metafísica y positivismo
mayo 29, 2025 § Deja un comentario
Decimos: el principio es el acto creador, un acto sin sujeto, la negación de sí inherente a la anda, etc. Y entonces surge la objeción del positivismo: ¡esto es incomprensible! Pero ¿por qué es incomprensible? Porque se presupone que cualquier comprensión, cualquier inteligibilidad, es sobre las cosas.
Ahora bien, este intento de comprender el fundamento por detrás ¿no exige el recurso de la analogía? La sustancia como sujeto, que decía Hegel. Y en ese caso ¿no hablaríamos de un intento de decir las cosas últimas, precisamente, como cosas? Sería así… si no fuera porque lo último posee un carácter paradójico o, si se prefiere dialéctico, que impide, precisamente, concretar lo último como cosa… Y de ahí la docta ignorantia.
Ur-Sí
mayo 28, 2025 § Deja un comentario
Dios, en sí mismo, no es nada. Y porque este no es nada es, en realidad, una doble negación, Dios en sí mismo es el acto creador. El big bang fue antes metafísico que físico. El Sí originario —el hágase creador— es el resultado de la negación inherente a la nada. De ahí que el mundo fuese creado “de la nada”. Y de ahí también que la distinción mosaica entre el Dios verdadero y el falso Dios suponga, cuando menos, intuir que Dios es siempre más que dios. Esto es, más de lo que espontáneamente se nos presenta como divino.
Quizá no sea secundario que, bíblicamente, los capaces de Dios fueran, precisamente, los que no formaban parte de un mundo en donde los nobles eran los elegidos de los dioses.
nihilismo y fe
mayo 27, 2025 § Deja un comentario
El nihilismo es un momento necesario de la fe —un momento, literalmente, crucial. Pues la fe es la respuesta al No de Dios —a su negación de sí. Bajo el derrumbe de los cielos, los hombres no pueden evitar preguntarse ¿y ahora qué? ¿A qué estamos obligados? Y aquí caben tres respuestas: la del nihilista pasivo —la depresíón—, la del émulo de Dioniso y la creyente, la fraternidad. Esta última deviene, por consiguiente, un acto de resistencia ante Dios de quienes se encuentran sin Dios, es decir, los cualquiera.
Con todo, esta respuesta, en tanto que creyente, tiene lugar en nombre de Dios, esto es, en su lugar. Al menos, porque el Dios que se revela en el Gólgota es el Dios que, ya desde un principio, no quiso ser nadie sin la respuesta del hombre a su sacrificio. Me refiero, obviamente, al de Dios.
cuidado de sí y paganismo
mayo 26, 2025 § Deja un comentario
El papel de los dioses en el cuidado del alma socrático es, sin duda, residual. Pues este se lleva a cabo en nombre de un amor a la verdad, una verdad que, sin embargo, apunta a una realidad última que hay que perseguir racionalmente y cuya naturaleza anda rozando la nada. Por abstracta. Y esto es lo interesante. Pues en un mundo rebosante de dioses —un mundo en el que los hombres se hallan a merced de poderes arquetípicos a los que debe ajustar su existencia—, la posibilidad de un cuidado del alma que se desmarque de este ajuste —de un armonización con el orden natural— constituye, cuando menos, una rareza. Por no decir, una singularidad cósmica. De hecho, el ajuste va a resultar difícil en tanto que la reflexión —el cuestionamiento de sí con el comienza el cuidado del alma— produce un desplazamiento que está muy cerca del exilio.
Ciertamente, la Atenas del momento facilitó el cuidado del alma. Pero no pudo admitir su resultado, la corrosión de los tópicos que vertebran la cohesión social. Al fin y al cabo, no es posible una ciudad de filósofos. Es decir, de desarraigados mentales. Quizá no sea casual, como supo ver Filón de Alejandría, que la república platónica guarde un cierto aire de familia con la Jerusalén celestial. Pues en ambos casos, la reconciliación apunta a un más allá de los tiempos. En este sentido, Nietzsche fue un pensador pagano: no hay más que fuerzas . Aunque, como heredero del monoteísmo, el paganismo de Nietzsche fuese el de un solo dios. Dioniso.
trayectos de doble dirección
mayo 25, 2025 § Deja un comentario
Cuando eres joven, fácilmente crees que el sexo es la vía para una mayor intimidad. En cambio, una vez hemos cruzado el umbral de la madurez —y, como decía Shakespeare, la madurez lo es todo—, caes en la cuenta de que el camino es el inverso: de la intimidad al sexo. Y la intimidad no solo está hecha con los materiales del impudor, sino también, y quizá sobre todo, con los de las risas y las sonrisas. O los de un poder soportar juntos el silencio. O los de una sensibilidad común. Etcétera. Pues sin el preámbulo de la intimidad, el final del sexo es la constatación —una triste constatación— de que los cuerpos se juntaron, pero no coincidieron.
En cualquier caso, entre una dirección y otra, una enorme gama de grises.
de la integridad y la utilidad
mayo 24, 2025 § Deja un comentario
Probablemente, mentiríamos si con la mentira pudiéramos salvar la vida de aquellos inocentes que son perseguidos para colgarlos de un palo. Sin embargo, Kant, como sabemos, diría que no es esto lo que debemos hacer, moralmente hablando. Hay que decir la verdad siempre. Y solo con el único propósito de decir la verdad. De las consecuencias no somos moralmente responsables.
Ahora bien, cuando estas son indiscutibles, ¿podemos sostener que no cabe ninguna responsabilidad? ¿Qué deberíamos hacer, por ejemplo, si hemos capturado a quien colocó un maletín nuclear que está a punto de estallar en el centro de nuestra ciudad? ¿Ir arrancándole las uñas, pongamos por caso, hasta que nos diga dónde está? Mal, sin duda. O terriblemente mal. Pero ¿necesario?
Kant nos diría que este no es un asunto de la moral, sino, más bien, de la política. Y es así. Al fin y al cabo, la cuestión de la política es a qué estamos moralmente obligados hacer donde no es posible mantener las manos limpias. En clave teológica, podríamos añadir que esto es lo que tiene que Dios y mundo no terminen de hacer buenas migas. De ahí que, en el momento de tratar con el mundo, sea inevitable abrir la caja de Pandora. Quienes proponen el buenismo como solución a los males de este mundo, simplemente se lavan las manos a la Pilato. Pues imagínate que eres el único que se encuentra cara a cara con el hombre del maletín, teniendo el poder de dañarlo. ¿Bastaría con que mantuvieras una conversación o, incluso, que le abrazases? ¿Te encogerías de hombros si no consiguieras que confesase? No es posible moralizar el mundo hasta el final. Y para comprender el alcance de esto último hay que captar el doble sentido de este hasta el final.
”el amor de Jesús”
mayo 23, 2025 § Deja un comentario
A veces, leo testimonios. Quiero decir los escritos de aquellos que narran su experiencia de Dios. Mejor dicho, del amor de Dios. Pues los tiros suelen ir en esta dirección. Los más parroquiales suelen provocarme un cierto sonrojo. Pues suelen insistir en el factor sentimental… con el aplauso entusiasta de los rectores. El problema de esta insistencia es que está muy cerca del onanismo espiritual. Narcisismo con la excusa de Dios. Sin embargo, no habría nada que objetar… si estas experiencias no se presentasen como el no va más. Pero hay más —y este más no es algo que podamos preferir.
De hecho, quienes han topado cara a cara con Dios permanecen sumidos en el estupor. Poco que decir y mucho por hacer. Basta con leer los evangelios o las vidas de algunos santos, para caer en la cuenta de que quienes dieron un paso al frente lo dieron tras haber dejado de sentir a Dios. Y porque hay quienes lo siguen dando, podemos creer en Dios. De ahí el sonrojo al que me refería antes. Pues ¿cómo podemos hablar de nuestra experiencia de Dios sin apuntar a quienes nos dieron la fe? Y no sin caer antes de rodillas.
absolute
mayo 20, 2025 § Deja un comentario
El absoluto es silencio y oscuridad impenetrables. El no es nada de un puro haber. De ahí que no quepa ninguna visión de lo absoluto —ninguna perspectiva. Desde la nada de fondo, Nietzsche creyó que el resto no era más que voluntad de poder, ruido y furia. Que las perspectivas eran perspectivas de la nada, meros instrumentos del dominio.
Israel, en cambio, hizo otra lectura. Pues que Yavhé no sea un dios, entre otros, sino el nombre de Yavhé, un nombre a la espera de un referente —o dicho de otro modo, que Dios, en cuanto tal, carezca de concepto— significa que la vida es don, gracia, bendición. Pero también que debemos preservarla de la impiedad del mundo. Y luego, ya veremos. No es exactamente lo mismo. Aunque Nietzsche e Israel estuviesen muy cerca, uno del otro.
De hecho, Nietzsche comprendió perfectamente de qué iba el asunto. O Dioniso, o Cristo. Tertium non datur. O mejor, de haber un tertium, este tendrá que ver con nuestra estupidez, es decir, con un no habernos enterado aún de qué va la película.
un Nietzsche casi cristiano
mayo 19, 2025 § Deja un comentario
Probablemente, Nietzsche comprendió mejor que muchos cristianos el alcance del cristianismo. Pues la cruz significa, precisamente, la muerte de Dios. De ahí el nosotros lo hemos matado que sucede al Dios ha muerto de la Gaya Ciencia. Un cristiano señala —o debería señalar— a un crucificado cuando se le pregunta dónde está Dios. Y el crucificado, conviene tenerlo muy presente, murió como un apestado de Dios. En realidad, no hubo ningún deus ex machina en el Gólgota.
Ciertamente, el cristiano no se queda al pie de la cruz. Pues hubo resurrección. Y Nietzsche, obviamente, fue muy consciente de ello. Pero, por eso mismo, no pudo evitar comprender el cristianismo como una brutal ironía. Pues, siendo la resurrección un imposible, es como si el cristianismo nos estuviera diciendo que no hay esperanza para los malditos de Dios —los pobres, las víctimas de la historia, lo que no cuentan para nada ni para nadie.
Ahora bien, lo que Nietzsche no supo ver, preso de un positivismo de fondo, es que no hay otra realidad que la imposible. Pero este es un tema… del cual ya hemos hablado unas cuantas veces.
entender no es comprender
mayo 18, 2025 § Deja un comentario
Donde partimos, a la hora de dar en el clavo de lo verdadero, de la pregunta por la certeza —donde lo primero es asegurar la correspondencia entre nuestras representaciones mentales de los hechos y los hechos— , lo verdadero inevitablemente será objeto. Y, por eso mismo, lo que se encontrará fuera del mundo —lo inobjetable— ya no será Dios, sino el sujeto del conocimiento, el ego cogito. Esto significa que el sujeto del conocimiento, al devenir absoluto, queda separado del individuo que existe —y existir significa estar en el mundo como arrancado.
Sin embargo, solo quien existe se enfrenta a la nada de un puro haber, a su irreductible alteridad. Para el ego cogito el en sí de la alteridad tot court tan solo puede presentarse como la ignotum X del conocimiento, en modo alguno como autoridad. Quiero decir que el ego cogito es incapaz de vincular la experiencia del don —de la gracia— a la del deber que se desprende de ella. Ahora bien, es incapaz porque, al ocupar el lugar de lo absoluto, no puede comprenderse como aquel que se encuentra en manos de. Y aquí no tengo en mente a ningún ente superior. Pues de haberlo, nuestra dependencia sería meramente circunstancial.