el juego del pilla, pilla
julio 15, 2012 § Deja un comentario
Para intuir, cuanto menos, por donde van los tiros de la trascendencia supongamos por un momento que no tenemos ni idea de la posible existencia de un más allá. Que somos algo así como monos que no van mucho más lejos de su instinto. Supongamos también que, por aquello de las casualidades, uno de estos monos se pregunta si eso es todo: comer cuando se tiene hambre, beber cuando se tiene sed, dormir cuando nos alcanza el sueño… Pues bien, no hace falta mucho más. Ese mono ya ha sido arrojado al más allá. Ya no volverá a hacer una siesta en paz. Y es que nuestra relación con la trascendencia probablemente tenga más que ver con las preguntas sin respuesta —con el hecho de permanecer en suspenso— que con el atravesar ciertas puertas.
terminales
julio 15, 2012 § Deja un comentario
La diferencia entre aquel a quien le han diagnosticado unos meses de vida y nosotros es que él sabe cuánto le queda y nosotros no. Nosotros podemos hacernos la ilusión de que viviremos para siempre. Con todo, no está claro de qué lado se da la vida, si del nuestro o el del suyo.
sobre las historias bíblicas
julio 15, 2012 § Deja un comentario
Elie Wiesel pone en escena a Abraham, Isaac y Jacob. Su misión es ir por el mundo para hacer un inventario del sufrimiento de los hombres. Según Wiesel, una vez regresan al cielo dan cuenta de lo visto y Dios escucha en silencio. Dios calla mientras los hombres son devorados por la tiniebla. Su silencio es total, absoluto. “Los asesinos matan, los asesinos ríen», dicen los testigos. Y Dios siempre calla. Oprimidos por este silencio, los tres enviados retroceden, pero Dios no les llama. Y finalmente escribe Wiesel: «en definitiva, el silencio de Dios es Dios. Dios no habla ni escucha. Se tapa las orejas”. ¿Es esto, sin embargo, cierto? Aunque sepamos que estas cosas de hecho no ocurren tal y como nos lo cuenta Wiesel, no podemos evitar la sensación de que en verdad sí ocurren tal y como nos lo cuenta (o de que al menos están muy cerca de la verdad). Pero en ese caso ¿por qué no calificamos este relato de superstición tal y como lo hacemos con la gran mayoría de relatos bíblicos? ¿Acaso los autores bíblicos no escribieron de igual modo acerca de Dios? ¿Es posible que aún no sepamos leer?
antinomias
julio 15, 2012 § Deja un comentario
La realidad cuesta de pillar. Y es que difícilmente llegaremos a saber de qué va tot plegat. Así, podemos decir que uno es lo que hace. Que, por ejemplo, difícilmente podremos dejar de ver las cosas desde la óptica de un sepulturero, si trabajamos enterrando muertos. Pero también es verdad que el hábito no hace al monje. Es cierto que a quien madruga, Dios le ayuda. Pero al igual que no por mucho madrugar, amanece más temprano. Podemos estar convencidos de que quien mal piensa, mal hace. Pero otros lo estarán igualmente de que si mal piensan, acertarán. Todo genio está zumbado, sin duda. Pero al igual que no todo zumbado es, por eso mismo, un genio. Probablemente nos iremos de aquí con los deberes por hacer.
madame
julio 15, 2012 § Deja un comentario
Emma Bovary más que infiel es, en el sentido griego del término, una idiota. Madame Bovary se encuentra enquistada en los vaporosos límites de sus fantasías, encerrada en, lo que hoy diríamos, su mundo virtual. De hecho, es lo que le ocurre a la gran mayoría. Mejor dicho, de ahí partimos todos. Y, así, fácilmente muchos tienen bastante con imaginar, con pelos y pecas, que están con la mujer que desean. O que se enfrentan al cabrón de su jefe. O que, finalmente, consiguen triunfar. En la realidad virtual no hay no que valga. Todo es sí y nada perece. Pero sin negación —sin resistencia—, nadie es capaz de salir de sí mismo. De ahí que nuestras abuelas, tan beatas ellas, le tuvieran tanta prevención a las novelas de quiosco.
el sueño de Barth
julio 14, 2012 § Deja un comentario
Decía Cioran que él solo podía creer en Dios cuando escuchaba a Bach. Por otro lado Karl Barth, tenía por costumbre, antes de sentarse a escribir, tocar alguna de las sonatas de Mozart, como esperando que esa música le permitiera acariciar, al menos con la punta de los dedos, esa altura de Dios que ninguna teología podría ni siquiera vislumbrar. Algo tendrá la música que las palabras no alcanzan.
(De hecho, Barth estaba convencido que solo nos salvaríamos por la infancia que fuéramos capaces de preservar en nuestra alma. Que es como decir, por lo que fuéramos capaces de cantar (aunque también de llorar). Un día Barth tuvo un sueño. Tenía que examinar de teología a Mozart. Y como quería que hiciera un buen examen, le preguntó por la teología de sus misas. Pero Mozart no sabía qué decir. Luego se puso a tararear el agnus dei del Requiem. Y eso fue todo.)
profetas y sacerdotes
julio 14, 2012 § Deja un comentario
Dijo Urs von Balthasar que el privilegio del cristiano era poder dar infinitamente más de lo que posee. Se trata de una gran verdad. De hecho, damos por descontado que uno tan solo puede dar lo que tiene. Sin embargo, cuando se trata de Dios, lo cierto es que uno siempre da antes de tiempo, esto es, antes de que sea capaz de Dios. Otra cosa sería poseer a Dios. De ahí que en la Biblia quienes hablan en nombre de Dios sean los profetas —esos que se resisten precisamente a Dios— y no los sacerdotes.
las manos vacías
julio 14, 2012 § Deja un comentario
La actitud del cristiano que se pone en manos de Dios —siendo este Dios, el Dios que él tiene en mente o en el corazón— al fin y al cabo es idéntica a la del maestro zen que se deja caer en brazos de la Nada. En ambos casos, se trata de lo mismo: de perecer para uno mismo, de alcanzar el milagro de las manos vacías (Bernanos). Que el motivo sea un supuesto Dios o la efectividad última de la Nada es lo de menos. Otra cosa, sin embargo, es que en verdad un cristiano no pueda ponerse en las manos de Dios sin ponerse en manos del pobre. Aquí la cosa cambia, pues no es lo mismo dejarse abrazar por los pobres —los cuales siempre huelen mal— que por la Nada. Cualquier abandono de sí que no se dirija a la desgracia de los hombres tendrá probablemente su qué, pero no irá en la misma dirección que el Dios encarnado.
Lc 18, 9-14 una vez más
julio 13, 2012 § Deja un comentario
Es posible que sigamos sin entender. Es posible que aún no nos hayamos escandalizado lo suficiente. Y es que nos equivocamos, si hacemos del fariseo de la parábola un hipócrita antes de tiempo. En principio no deberíamos sospechar de su fe. El da a los pobres una parte de lo que gana. Hace lo debido, reza, ayuna, cumple con el Templo. Traducción: es socio de Intermón y durante los veranos les hecha una mano a las hermanitas de la caridad. Ese fariseo es probablemente una buena persona, un hombre íntegro, alguien que se siente conectado con Dios y da gracias por ello. Siente la proximidad de Dios, su presencia, su amparo. Incluso podemos ser un poco más sofisticados que Lucas y hacer que el fariseo interceda ante Dios por los que no tienen fe (con la secreta satisfacción, eso sí, que da la desgracia ajena). Que Jesús diga que no es él quien se encuentra en la correcta posición frente a Dios, sino el hijoputa que está en los últimos bancos del Templo, cubierto de su propia degradación, incapaz de Dios e implorando su perdón, debería cuanto menos sonrojarnos. Será, pues, verdad que el hombre solo puede situarse honestamente ante Dios reconociendo su incredulidad, su sempiterna falta de fe. Y, a partir de ahí, el resto.
ornitología
julio 13, 2012 § Deja un comentario
La realidad es como un pájaro. Tienes que matarla para verla de cerca.
Babel
julio 13, 2012 § Deja un comentario
Dice Barth: donde se construyen torres, siempre hay algo que huele mal. Inevitablemente, pienso en Babel, en ese intento tan humano de alcanzar a Dios, aunque sea por la vía de la bondad. Y ya sabemos como acabó ese intento: con la confusión de lenguas, con la dispersión de los dioses, con las mil y una religiones. Acaso sea cierto que el pluralismo religioso hunde su raíz en el deseo de ser como Dios. Como si al fin y al cabo desde Dios no hubiera religión que pudiese valer.
inferno
julio 13, 2012 § Deja un comentario
En el infierno —en los läger, en los gulag de la historia— no hay pureza que valga. Quizá en las proximidades del infierno, pero no en el infierno. Allí no hay vida inmaculada que el hombre pueda interiorizar sin transformarse en marciano. En el infierno el hombre no puede ni siquiera seguir ligado a su bondad, pues el infierno es de por sí degradante. En medio del calor sofocante de los hornos crematorios o de las fosas humeantes, el hombre solo puede hacer dos cosas: o enmudecer o responder a la demanda del musulman desde lo más recóndito de su degradación. O se salva la carne o la salvación no tiene que ver con nosotros, sino con ese fragmento de nosotros que solo entiende de felicidad.
mirada de lince (y 2)
julio 13, 2012 § Deja un comentario
Una cosa es ver a tu mujer como un cuerpo que deseas. Y otra muy distinta verla como esa mujer que te fue dada por los padres que la engendraron. Y es que ver más allá suponer ver las huellas de lo que tuvo que ser dejado atrás para que eso que ves se te hiciera presente. No hay presencia que no arrastre una pérdida, un sacrificio, un olvido. Toda visión posee una historia. Y es obvio (o debería serlo) que el yo que ve en cada caso no es el mismo.
lo sagrado y lo profano
julio 13, 2012 § Deja un comentario
Para entender la vieja distinción entre lo sagrado y lo profano basta con comparar ese momento mágico que viven los amantes —el momento de la sensación verdadera, el de la gran coincidencia, el instante en que el otro se nos revela como fragilidad— con la necesidad de negociar quién de los dos irá a comprar el pan. Por parafrasear a Rimbaud, los amantes se encuentran fuera del mundo, mientras que el matrimonio es un trato, aunque no necesariamente un mal trato. Pasa también con las vocaciones religiosas. Una cosa es el momento de la llamada y otra el del ejercicio del oficio sacerdotal, en donde muchas veces, Dios brilla por su ausencia. De ahí que la cuestión que, más pronto o más tarde, nos plantearemos sea esencialmente una cuestión religiosa, a saber, aquella que se pregunta sobre cómo conectar ambos momentos, ambos mundos; cómo permanecer ahí, en los tiempos originarios, cómo evitar la degradación. O, si se prefiere, cómo regresar al paraíso. La táctica moderna —aunque quizá no tan moderna— consiste en cargar moralmente los tiempos profanos, diciendo cosas del estilo: que cada día sea una sorpresa para tu amada; o bien que cada día puedas descubrir nuevos horizontes… Como si el otro mundo fuera un ideal que podemos implementar técnicamente en el más acá. Como si tuviéramos que transformar el carbón en un cristal puro. Cómo si fuera posible integrar la eternidad con el paso de los días, convertir este mundo en un edén. Sin embargo, la lucidez consiste en aceptar el hiato, el carácter irreconciliable de la existencia. Uno es en gran medida lo que hace. Y una cosa es contemplar el crecimiento de la hierba y otra tener que segarla. De ahí que la solución de los primitivos —aquella que consiste en marcar ritualmente el tiempo profano— sea probablemente la más sensata. Sabemos que tenemos que segar la hierba. Pero una cosa es segarla por completo y otra dejar un resto —porque así lo indica una ley indiscutible, divina—. Pues solo de este modo tendremos presente lo que descubrimos en los tiempos originales, a saber: que la verdad de lo que tenemos ahí enfrente solo se muestra si permanece fuera de nuestro alcance. Ahora bien, sin un dios que valga —sin un dios que confiera autoridad al tiempo originario, que nos impida, al fin y al cabo, ver ese tiempo como una ilusión, como un engaño— no hay presente que pueda escapar de su vacuidad o irrelevancia.
mirada de lince
julio 12, 2012 § Deja un comentario
¿Qué significa ver más allá? Pues que si calzas unas Nike, seas capaz de ver las huellas dactilares del niño sucio que tuvo que escupir sangre para cosértelas.
contrastes
julio 12, 2012 § Deja un comentario
A— Joana Bonet escribe en La vanguardia:
Canosos y bronceados, con gafas de cristales azulados o variaciones de Ray Ban; los ojos pequeños igual que dos chinchetas, tan inquietos como sus cuentas suizas; la voz ronca, casi inaudible. «Acérquense us-tedes, yo no levanto la voz. Que grite este si quiere», dijo Flavio Briatore, dirigiéndose al intérprete, en la presentación de su nuevo club marbellí. Porque tanto él como los Abramovic, Trump o Hilton pertenecen a ese tipo de ricos que sólo levantan la voz cuando el champán está caliente. No se trata de una especie en extinción, pues su vigor no entiende de crisis ni de formalidades y éticas. Mientras abren sus generosas alforjas para la familia y amigos, mandan a sus gorilas por la puerta de atrás para dejar las cosas claras con quien se haya atrevido a toserles. […] Además de sus guardaespaldas, cuyo componente estético cada vez es más importante a fin de establecer castas entre los otros intocables, los acompañan mujeres que, a pesar de la voluptuosidad de sus curvas y de sus labios perfilados, no logran arrancarse el mohín de fastidio: de nada importa que sus brillantes sean proporcionales al tamaño de sus tetas, ni que en su alienante ociosidad traten a sus mascotas como bebés y a sus bebés como mascotas. Y aguardan en silencio un par de posibles destinos: los brazos de otro millonario o el psiquiátrico.
B— en El País de hoy:
Marisol y sus hijos se enfrentan hoy a su segundo desahucio (hace un mes los activistas frenaron el primero). Al contrario que en otros casos, Bankia no ha aceptado ofrecerle un alquiler social por sus bajos ingresos. Ni siquiera a pesar de contar con el aval de diez profesoras que han aportado sus nóminas como respaldo. De 37 años y ecuatoriana, tiene cinco hijos (el mayor, de 18 años; el menor, de seis meses) y solo percibe ayuda económica del padre del bebé, que está a punto de echar a andar. Encontrar trabajo se ha convertido casi en misión imposible para muchas madres solteras con hijos a su cargo. Sin posibilidad de pagar ayuda y sin familiares que puedan echarles una mano, sus casos son a veces desesperados. Los tres niños medianos de Marisol, de 6, 7 y 11 años, pintan en el salón carteles sobre su desahucio mientras su madre expone en otra habitación su caso. De poco sirve que intente ocultárselo, los niños están perfectamente al tanto de la situación de la familia. Fue precisamente que ellos pudieran jugar tranquilos lo que la movió a buscar un piso, explica. Antes los habían echado al menos de cinco pisos compartidos: “Mi meta era tener una casa donde a nadie moleste su bulla y anden a sus anchas”, dice Marisol, que se aferra al piso, un bajo de unos 50 metros con tres habitaciones de Carabanchel.
Hamlet
julio 12, 2012 § Deja un comentario
Un Padre es un fantasma, mejor dicho, un fantasma que te exige lo imposible —vengarte de la madre, arrancar las raíces que te atan a la tierra, una entrega sin fisuras…— y, por tanto, aquél que te mantiene en falso, en la indecisión, la culpa. Tú sabes, en lo más recóndito de ti mismo, que no puedes hacer lo que debes. De ahí que la redención pase por matar al Padre, por librarse del fantasma. Hamlet no pudo y, por eso, tuvo que optar por el arte, esto es, por la sublimación de su impotencia. Jacob, en cambio, supo abrazarlo hasta la extenuación, hasta provocar su silencio. El primero fue condenado a una perpetua juventud. El gesto del segundo, en cambio, reveló el verdadero rostro del Padre: su debilidad, su carencia, su falta de valor. Pero será por esto mismo que solo Jacob fue, al fin y al cabo, capaz de obedecerle.
religare
julio 12, 2012 § Deja un comentario
Para que haya religión, no basta con que el hombre se relacione con Dios (o Dios con el hombre). En la relación, el hombre trata con Dios como pueda hacerlo con las cosas que más le importan. Pero, si hemos de hacer caso de la etimología, entonces deberemos admitir que solo puede haber religión donde el hombre intenta recuperar el vínculo perdido con Dios, al fin y al cabo, la experiencia de encontrarse enteramente sometido a una alteridad radical, el hecho de enfrentarse a lo real. Es esta experiencia la que precisamente olvidamos cuando el mundo se convierte (divinidad incluida) en aquello que podemos interiorizar. Por eso le resulta esencial a la religión el que Dios haya sido dejado atrás. Cualquier otra cosa es técnica o, lo que acaso sea peor, magia.
Karl
julio 11, 2012 § Deja un comentario
Barth es el poeta de la impotencia humana. Y Dios, el muro que la revela.
cuenco
julio 11, 2012 § Deja un comentario
Dios es increíble. Esto es, nadie sensatamente puede creer en la promesa de Dios, en su por-venir. Cuando lo natural es que el pez grande se coma al chico, ¿cómo esperar otra cosa? ¿Quién será, por tanto, capaz de Dios? ¿Quién podrá confiar en lo imposible? ¿Acaso tan solo el cuerpo?
basileia
julio 10, 2012 § Deja un comentario
Dios es, bíblicamente hablando, cuestión de tiempo, lo que significa que Dios se hace presente en los tiempos humanamente inconcebibles, aquellos en los que el hombre ya no puede esperar nada de sí mismo. Dios se revela propiamente en los tiempos finales, en los días del Juicio. De ahí que no pueda haber presencia de Dios mientras no haya justicia, esto es, mientras no tenga lugar el Reino. En el tiempo del presente Dios está aún por ver. En su lugar, la Ley o el Crucificado. Quien se encuentra bajo Dios, se encuentra, pues, sometido a una increíble exigencia de justicia. O, lo que viene a ser lo mismo, a la promesa o el porvenir mismo de Dios.
memento mori
julio 10, 2012 § Deja un comentario
Nos moriremos, tarde o temprano. Y seguiremos sin comprender de qué va todo esto.
épocas
julio 10, 2012 § Deja un comentario
El problema de que hoy en día Dios no se dé por descontado es que, aquellos que no se siente inclinados espontáneamente a las cosas de Dios, no tienen que habérselas con Dios. Pueden perfectamente pasar de largo. Antes, como quien dice, aquellos que tenían serías dificultades para creer —porque fueron niños rotos o simplemente hombres y mujeres plegados a los asuntos del más acá—, estaban obligados a enfrentarse a Dios —a negarlo—, aunque fuera en lo más recóndito de su intimidad. Y solo por eso podían alcanzar una cierta complejidad interior. Hoy en día, sin nada serio que negar, uno difícilmente puede trascender el flujo de sus impulsos más o menos elementales.
els pobrets
julio 10, 2012 § Deja un comentario
Ayer me tope con una chica que pedía limosna. En principio, nada nuevo, si no fuera porque parecía «una de las nuestras». No vestía a la última, pero no iba desaliñada. Estaba dignamente sentada en una esquina con el cartel de «no tengo qué comer». Lo curioso del caso es que no me sentí inclinado a darle unos euros. Mi impulso —al que, como suele ser habitual, no cedí— fue el de acercarme y preguntarle qué podía hacer por ella. Como si fuera una vieja conocida, alguien familiar. La limosna no era suficiente. Ella era demasiado prójima como para que pudiera seguir mi camino en paz. Será cierto, así, que el típico pobre es propiamente el objeto de nuestra caridad y no ese hermano que exige de nosotros una entrega sin restricciones. Y será cierto también que, del lado de nuestra satisfacción, es muy difícil ver a un cualquiera como ahora un prójimo. Del lado de nuestra satisfacción, un prójimo tiene, cuanto menos, que parecerlo. Nuestra sensibilidad es así de estrecha. De ahí que tengamos que recordarnos una y otra vez que únicamente un pobre puede ver a un pobre como a un igual. Al menos, para evitar creer que nosotros, los satisfechos, estamos cerca de Dios solo por cerrar los ojos y hablar con Él de nuestras cosas.
minusvalía
julio 9, 2012 § Deja un comentario
Dijo Nietzsche que una vida sin música era un error. De ahí que un sordo exista en vano.
verlaine
julio 9, 2012 § Deja un comentario
Musique avant toute chose, dijo Verlaine. Y es que no hay melodía que pueda mentir.
poor God
julio 8, 2012 § Deja un comentario
El cristianismo no es una relación con Dios, sino una relación con el pobre como Dios.
happiness
julio 5, 2012 § Deja un comentario
Y comienzas a intuir por dónde van los tiros cuando, entre las risas de tus hijos, comprendes que acaso la felicidad no sea suficiente.
¿de qué va YWHW?
julio 5, 2012 § Deja un comentario
Muy pocos se preguntan cómo es posible que YWHW nos obligue a amar. ¿Acaso un amor que no nazca espontáneamente de lo más profundo del corazón puede valer como tal? Y, ciertamente, quienes dan por hecho que esto del amor es tan solo una energía o un impulso difícilmente podrán comprender esta exigencia como la única que nos permite ir más allá de nosotros mismos. Pues quien se encuentra sometido a Dios se encuentra obligado a responder a la demanda del pobre, aun cuando ese mismo pobre no le incite —por su envilecimiento, por su hijoputismo— a la lástima, a una fácil piedad. El pobre —nuestro hermano— debe salir de su miseria, aun cuando debido a su embrutecimiento parezca merecerla. Un pobre no siempre és un pobret. De hecho, no suele serlo. De ahí que el judaísmo le dé tanta importancia a la Ley. Y es que el hombre no puede ver durante mucho tiempo con los ojos de Dios a quien ha dejado atrás cualquier posibilidad de elevación —al apestado, al enemigo—. Para el hombre no hay amor —no hay querer, no hay libertad— que no entrañe, tarde o temprano, una ciega disciplina. Como, si al fin y al cabo, la superación del narcisismo no pudiera darse donde el amor es comprendido como nuestra mejor inclinación y, en definitiva, como el mejor medio para alcanzar la felicidad. Como si uno solo pudiera trascenderse donde se encuentra sometido a la dura imposición de la exigencia política. Pues una sola es la convicción judía con respecto a Dios —convicción que el cristianismo disuelve como el azucar en el café cuando admite la posibilidad de una relación íntima con Dios fuera del sentirse llamado por Él—, a saber, que Dios no puede hacerse presente —que no puede haber conexión con Dios— mientras no haya justicia. Dios siempre fue, bíblicamente, una cuestión de tiempo y no algo o alguien que se ubica espacialmente en otro mundo.
los pastorcitos siguen tocando la zambomba
julio 2, 2012 § Deja un comentario
Es muy posible que hoy en día la pastoral no pueda ir muy lejos mientras quienes han de llevarla a cabo no puedan responder a ciertas preguntas. ¿Es Jesús algo más que un hombre de Dios? ¿Podemos esperar efectivamente un Juicio Final? ¿Habrá resurrección de los muertos? ¿Para qué Dios y no simplemente la bondad? Ciertamente, hay respuestas por ahí. Pero no suelen estar a la altura de las preguntas. Por ejemplo, suele decirse que proclamar la resurrección es lo mismo que confesar que Jesús sigue vivo en nuestros corazones. O que Dios no es otra cosa que la fuerza del amor. Pero es obvio que estos apaños faltan a la verdad. Uno no puede evitar la impresión de que quienes responden de este modo siguen viviendo de Dios más que para Dios. Y es que no es cuestión baladí preguntarse si podemos aún tener honestamente la misma fe que la de los primeros cristianos.
los tiempos de Dios
julio 2, 2012 § Deja un comentario
Dios es una cuestión de tiempo. Es decir, Dios no es algo que se encuentre ahí, por encima de nuestras cabezas o como substrato del cosmos. Dios no habita el espacio, sino los tiempos. Dios es interrupción, la suspensión de esa temporalidad en la que los días solo se distinguen por su intensidad. De ahí que cuando irrumpe Dios, todo lo humano quede en entredicho. Los tiempos de Dios son aquellos en los que el hombre ya no puede creer en sí mismo, en su posibilidad. Los tiempos en los que el hombre es arrojado a la desnudez del otro hombre como el non plus ultra de la existencia, esto es, como el cuerpo mismo de Dios. Dios es quien, en el culo del mundo, exige un respuesta incondicional del hombre, se encuentre donde se encuentre, sea quien sea. De ahí, que, en el momento de la verdad —el momento en que Dios se revela por su ausencia— un padre Apeles pueda responder a Dios y nosotros, los que echamos pestes de su impostura, dar un paso atrás. De hecho, así debía sonar la parábola del buen samaritano a oídos de la buena gente de la época.
caridad budista
julio 2, 2012 § Deja un comentario
No faltan ejemplos de monjes budistas que se sintieron llamados a ejercer la caridad. De ahí que algunos sostengan que las religiones que nos abren al sufrimiento ajeno apuntan, en el fondo, al mismo Dios. Ciertamente, lo decisivo —lo que decide el sí o el no de nuestra existencia— no es la creencia, sino la respuesta que le damos a quien no tiene qué comer ni con qué vestirse, teniendo en cuenta que una reacción no es lo mismo que una respuesta. La respuesta, a diferencia de la simple reacción, pone en juego la integridad de la persona. Quien responde al clamor del pobre no puede hacer otra cosa que ponerse en sus manos en tanto que se siente enteramente llamado por ese clamor. Ahora bien, ¿se deduce de ello que da igual en lo que creamos? Probablemente dé igual del lado de Dios. Pero quizá no del lado del hombre. Pues al hombre o, cuanto menos, al hombre que es consciente de su inquietud religiosa, no le basta con satisfacer su necesidad, por muy elemental que sea, sino que debe preguntarse hasta qué punto esa satisfacción supone al mismo tiempo una redención. Y por eso —porque la experiencia de la redención va con un cierto saber acerca de Dios— no es lo mismo creer que finalmente no hay más que polvo cósmico que creer en la resurrección de los muertos. Una creencia religiosa es siempre un intento de responder a la pregunta por el final. Al fin y al cabo ¿qué? Y así la cuestión de qué podemos en definitiva esperar se revela como una cuestión insoslayable para todo aquél que vea más allá. Donde no cabe responder a esta cuestión, quizá lo más honesto sea seguir los pasos de Epicuro, aunque sea con el aderezo de algunas gotas de compasión.
los póstumos
julio 1, 2012 § Deja un comentario
Dice Nietzsche: la compasión, la caritas, al permitir a los deprimidos y a los débiles seguir viviendo y tener descendencia, obstaculiza las leyes naturales de la evolución: acelera la decadencia, destruye la especie —niega la vida. ¿Por qué las otras especies se mantienen sanas? Porque niegan la compasión. ¿Es esto, sin embargo, verdad? Es indiscutible que un cierto grado de compasión favorece a la especie y en este sentido es natural. Pero Nietzsche acierta cuando comprende la compasión cristiana como un exceso que la vida en modo alguno puede admitir. En nombre mismo de la vida, el débil —el leproso, el enfermo de sida, el deficiente— no deben seguir con vida. ¿Cómo pudo, entonces, una moral exigir la compasión infinita hacia los hombres y mujeres deshechables? ¿En nombre de qué principio? ¿Qué puede haber por encima de la vida que exija nuestra entrega a quienes son vomitados por ella sin piedad? ¿Qué divinidad puede reconocerse en el que sufre la peor de las degracias y seguir siendo divina? Hay que leer a Nietzsche —hay que admitir la obviedad de su pensamiento— si queremos comprender que un dios que simplemente coincida con las fuerzas de la vida no tiene el suficiente poder como para obligarnos a la caridad; si queremos, al fin y al cabo, entender que solo cabe librarnos de la naturaleza estando sometidos al inviable mandato de un Dios que se encuentra más allá de cualquier mundo como la realidad misma del no-ser.
una altra de somnis
junio 30, 2012 § Deja un comentario
Leo en el blog del CiJ: no ens deixem acovardir pel pessimisme regnant ni per la lògica de l’irremeiable, no ens deixem enganyar amb fàcils i il·lusòries solucions, seguim lluitant per un món millor, perquè creiem que l’Esperit del Senyor Jesús omple l’univers, ell és qui condueix la història de la humanitat i ens dóna força per a poder revertir el curs de la història present. Encara podem tenir somnis i somiar (Víctor Codina). Cristianamente hablando, no hay nada que objetar, al menos sobre el papel. Sin embargo, aquí la verdad, como siempre que se trata de Dios, depende de quien la proclame. Y no es lo mismo que lo diga cualquiera de los que tenemos la vida más o menos garantizada que quienes no saben si mañana podrán llevarse algo a la boca o, simplemente, seguir con vida. Estas palabras no dicen lo mismo en Sarriá que en un campo de refugiados. En el primer caso, somni equivale a ideal y, por tanto, a ídolo. Un somni sería algo así como una idea regulativa de la acción. Un sentido al servicio de nuestra necesidad de sentido. Como si el Mal no fuera la última palabra del Mundo. En el segundo, sin embargo, se trata de una exigencia, de un mandato que tiene que darse simplemente a la luz de lo visto, aun cuando no podamos ni siquiera concebir el cómo. Y, cristianamente, lo visto no es otra cosa que una imposible bondad en medio del infierno. Por eso estas mismas palabras nos producen arcadas cuando la pronuncian los mismos que cantan som testimonis de la resurrecció sin haber visto un muerto y, por contra, un inquietante respeto cuando la proclaman aquellos que han regresado con vida de la muerte.
cristianismovudú
junio 30, 2012 § Deja un comentario
En el hinduismo o el jainismo son comunes las imágenes de la divinidad. Sin embargo, muchos de sus seguidores sostienen que, a diferencia del animismo o el vudú, ellos no adoran esas imágenes en sí mismas, sino el espíritu que representan. De este modo, el hinduismo o el jainismo se liberan del sello de la superstición. Hasta aquí nada que pueda sorprendernos. Ahora bien, es posible que el espíritu del cristianismo esté más cerca del animismo o el vudú que del hinduismo y sus variantes, pues el Crucificado no es propiamente un representante —un avatar— de Dios, sino Dios mismo colgado de una madero. Aquí, como en el caso del animismo o el vudú, la cosa absorbe enteramente la alteridad radical de la divinidad. Dios por entero se expone en la cosa, esto es, es transferido al cuerpo que se hizo maldición por nosotros. El Crucificado no es, por tanto, un índice de Dios, sino Dios enteramente ahí. Sin embargo, tampoco hemos de entender esta transferencia como si Dios hubiera adoptado simplemente el aspecto del hombre. La Encarnación dice algo muy simple, a la vez que imposible de admitir, a saber, que Dios se pone en manos de los hombres. O, por decirlo con otras palabras, el destino de Dios se juega en la respuesta de los hombres a la entrega de Dios. Estamos —es obvio— ante una visión de Dios muy diferente de la que ofrecen las religiones al uso. Otra cosa es que el cristianismo haya sobrevivido históricamente al precio de convertirse en una religión entre otras, haciendo del Crucificado el representante de Dios y, por tanto, separando de facto lo que Dios había unido de buen comienzo. Ahora bien, lo cierto es que el cristianismo no hubiera escandalizado a nadie, si hubiera proclamado simplemente que Jesús de Nazareth fue la encarnación, en el sentido platónico u oriental del término, de la bondad de Dios. El escándalo llega cuando se afirma que no hay otro Dios que el Crucificado: que Dios no sobre-vive a la Cruz; que no hay otro más allá de Dios que el de la Cruz. De ahí que el cristianismo entienda con hiriente claridad que, en la respuesta del hombre a la entrega de Dios, se juega igualmente el sí o el no de cada uno de nosotros. Como si al fin y al cabo, el destino de Dios fuera indiscernible del destino de los hombres. Sigue siendo cierto, pues, que en lo relativo a Dios todo pende de un hilo.
grados de tolerancia (y 2)
junio 28, 2012 § Deja un comentario
Acabo de cruzarme con el padre Apeles, engominado hasta las cejas y con el aspecto de querer conducir un Ferrari. Por un instante me he preguntado si el creería honestamente que su vida es una vida que nos habla de Dios, al menos en cierta medida. Pero ya me imagino la respuesta: que si hay diferentes sensibilidades; que si cada uno tiene su modo de expresar su fe en Dios… Sabemos que este tópico, este lugar común, se encuentra al servicio de la paz social. Y así cada uno tiene su verdad como pueda tener sus gustos o preferencias. Pero es evidente que la vida de Apeles no puede ser igualmente verdadera que la de, pongamos por caso, Mn Romero. No es cierto que ambas vidas, aunque sea desde diferentes ópticas, nos hablen de Dios. Una lo hace, la otra no. Como no es cierto que el monje zen nos hable de Dios de un modo complementario a como pueda hacerlo un crucificado. Pero aquí seguimos con la nuestra: cada uno con la suya y todos tan amigos. Luego nos extrañamos de que ya no haya entre las filas cristianas quien sienta el aguijón de Dios. Un palabra blanda solo produce hombres y mujeres blandos. Y, con todo, sigue siendo indiscutible que, en el momento de la verdad, el padre Apeles podría dar un paso al frente y yo, en cambio, retroceder.
el silencio absoluto
junio 26, 2012 § Deja un comentario
Los laboratorios Orfield han diseñado una cámara anecoica casi perfecta, esto es, una habitación en la que se alcanza el silencio absoluto. Algunas empresas la utilizan para medir cuánto ruido generan sus productos. Sea cual sea su utilidad, lo cierto es que no hay nadie que pueda estar en esa cámara más de tres cuartos de hora sin que comience a mostrar los síntomas de la locura. Ya dijo Eliot que el hombre no puede soportar demasiada realidad. Luego dirán que Dios —su silencio— no es terrible.
hermano lobo
junio 26, 2012 § Deja un comentario
Ayer, una hormiga recorría una de las paredes del baño. Decidí que siguiera su camino. La vida, ya se sabe. ¿La habría dejado vivir si hubiera sido una cucaracha o un escorpión? Quienes están predispuestos a respetar la vida en cualquiera de sus formas deberían tener en cuenta que la vida se despliega devorándose a sí misma. El sapo se traga la mosca. La serpiente, el sapo. El aguila, la serpiente. Deberían tener en cuenta, al fin y al cabo, que el deber de preservar la vida por el simple hecho de ser vida va contra la vida misma. De ahí, que el gesto de Francisco —el de abrazar al hermano lobo— sea incomprensible. ¿Qué moraleja se desprende de ese gesto? ¿Que deberíamos abrazar al lobo para que otro mundo fuera posible? ¿Incluso donde el lobo está a punto de lanzarse sobre nuestros hijos? Quien abraza al lobo, tarde o temprano, termina en sus fauces. De ahí que el gesto de Francisco, como muchos de los gestos cristianos, sea un gesto escatológico, algo así como un índice de quien se encuentra más allá del mundo. Una locura exigida por un Dios al que se le debe tanto la luz como la oscuridad.
la roja
junio 25, 2012 § Deja un comentario
Si hemos de ser honestos, deberíamos admitir que tan solo unos pocos tienen, lo que se dice, una experiencia de Dios, pues lo normal es existir de espaldas a Dios. Que si podemos creer es porque nos adherimos a su experiencia como parásitos que necesitan chupar la sangre de otro para seguir con vida. Si creer es, en parte, un conocimiento de Dios, los cristianos de a pie solo pueden conocer a Dios a través de las vidas marcadas por la altura de Dios, por su extrema trascendencia. Un cristiano de a pie debería comenzar confesando que no hay otra vida que la de quienes regresan con vida de la muerte, esto es, que no hay vida más allá de la de quienes abrazan, reaniman a los muertos. Y que esa vida no es, precisamente, la suya. No cabe, por tanto, conocer a Dios en cierta medida. No cabe decir con respecto a Dios que hay, por ejemplo, grados de experiencia. En todo caso hay una historia que contar, por lo común una historia de resistencia, de acoso y derribo, pero no sensaciones que se den en mayor o menor medida. Si se admite esto de los grados, entonces Dios no deja de ser una cosa entre otras, por muy sublime que sea. Pero Dios no es una cosa —ni siquiera una cosa-energética—, sino una voz, un reclamo, el mandato que nace, en cualquier caso, del estómago de los sin Dios. Así pues, o escuchas su voz o no la escuchas. Pues escucharla a medias es no escucharla. Y quien la escucha no puede dejar de responder, en tanto que escuchar el clamor del pobre y no responder es ya responder. Para un creyente no podemos escapar de Dios. En esto consiste su fidelidad. Dios se encuentra en todas partes como solo pueda hacerlo un mundo transfigurado por su falta.
la interpretación de los sueños
junio 25, 2012 § Deja un comentario
El otro día tuve un sueño. Un mal sueño. Un indigente llamaba a la puerta de nuestra casa. Quería que le acogiéramos. Tener una cama, poder comer caliente, ducharse. Y yo no le dejaba entrar. No podía, pues de hacerlo, todo saltaría por los aires: la paz del hogar, la burbuja en la que crecen nuestras hijas, el cau en el que reposamos. Acogerlo como si fuera mi hermano era, precisamente, lo que no podía hacer. Que pueda soportar mi indiferencia ya es, sin embargo, un índice de lo apartado que estoy de Dios. Y luego algunos dirán que Dios no es terrible. Vergüenza debería darnos decir lo que decimos.