stairway to heaven
octubre 9, 2011 § Deja un comentario
Algunos consideran probado, si se tiene en cuenta lo que dicen quienes regresan tras estar muertos durante unos pocos segundos, que hay vida más allá. Y, ciertamente, resulta curioso que sus descripciones sean tan coincidentes: que si la luz tras el túnel; que si pueden contemplar la escena de su muerte desde una cierta distancia; que si escuchan una voz que les pregunta sobre quienes han dejado de amar… También podría ser que se tratara de una alucinación cerebral, de las últimas reacciones neuronales semejantes a esos pasos que sigue dando el cuerpo de las gallinas una vez decapitadas. Pero lo que llama la atención es que estas experiencias parecen tenerlas a su vez aquellos que se sienten muy próximos a los moribundos. Como si ellos pudieran ver, de tan cerca que están, el mismo paisaje que quienes están a punto de morir. Pues bien, supongamos que esto fuera cierto; que efectivamente existiera una dimensión oculta, un mundo de almas más allá de la muerte. ¿Qué demostraría esto con respecto a Dios? Todo para quien cree que una divinidad es un hecho o ente sobrenatural. Nada para quien se encuentra sometido a la trascendencia del Dios bíblico. Pues sólo haría falta que nos acostumbráramos a esta nueva dimensión —que la diéramos por descontada, del mismo modo que damos por sentado que la madurez sucede a la infancia— para que el hombre volviera a enfrentarse a las preguntas de Job… Otra cosa sería que en esa dimensión no existiera el Mal; que fuera cierto que este mundo de acá es tan sólo un campo de pruebas. Pero en ese caso deberíamos admitir que no hay redención de la carne; que Sócrates tenía razón y que la única liberación es la que pasa por liberarnos de nuestros cuerpos. Al fin y a cabo, deberíamos aceptar que la doctrina del karma es mas cierta que las perplejidades de la tradición monoteísta.
(Sin embargo, ¿quién de nosotros podría soportar un mundo sin sombras, un estado de dicha permanente, un lugar en el que nadie pudiera ya encontrarse mas allá de su satisfacción? ¿Acaso un paraíso sin un yo que pueda hacerse valer —y donde hay yo sin duda hay separación, inquietud, dolor— no supone una regresión a la felicidad de las vacas? Así, bien pudiera ser que las cosas fueran al revés: que fuese nuestro mundo el que ha de contemplarse como un lugar en donde las almas sin cuerpo pueden redimirse de su congénita estupidez, de su falta de profundidad, de su existencia animal. Como si sólo regresaran a un inane más allá quienes, precisamente, no han logrado acrecentar su yo por encima de su ego.)

apotegma
octubre 8, 2011 Comentarios desactivados en apotegma
Dios es la amenaza que abraza el mundo.
tractatus logico-theologicus
octubre 8, 2011 Comentarios desactivados en tractatus logico-theologicus
Si Dios es real —que lo es—, entonces Dios no se da en el plano de los hechos, ni siquiera en el de los sobrenaturales. Mejor dicho, si Dios es real, Dios no se da en absoluto. O, como ya supieron ver los autores bíblicos, un Dios de verdad no puede darse como presente. Por tanto, Dios no puede comprenderse como ese fuego, de momento invisible, que está detrás del humo que sí podemos ver. Dios no es un hecho (o un ente) invisible. Los hechos no coinciden con lo real. Los hechos siempre se dan según la medida de nuestra receptividad y nada enteramente otro se da según los estrechos márgenes de esta medida. Al fin y al cabo, es cuestión de seguirle la pista al lenguaje: lo que se da en relación con las condiciones de una receptividad no puede ser nada en verdad otro para esa receptividad. Lo en verdad otro es, por defecto, inasible. Pero no porque sea una cosa inasible, sino porque en absoluto acaba de tener lugar. Ante la alteridad radical uno no sabe qué decir. Se encuentra ahí, pero no se nos da de un modo determinado. Tanto puede ser una cosa como otra. Siempre más allá como aquello que se encuentra ciertamente ahí, pero que debe ser negado —sepultado, olvidado— para que nosotros podamos existir. Tan alucinante como horrible, la alteridad radical es, sencillamente, traumática. Un vértigo. Es por eso que lo real —el carácter otro de Dios— tuvo que ser dejado atrás para que pudiéramos habitar un mundo. El mundo es el muro de contención de lo real. Vivimos, ciertamente, de espaldas a lo real. Es por eso que todo pasa y nada acaba de tener lugar. Pero también por eso mismo lo real es lo que debe acontecer como el término del mundo.
cristianos
octubre 7, 2011 Comentarios desactivados en cristianos
Un cristiano es aquél —o debería ser aquél— que vive conmocionado por el dolor de quienes sufren la brutal indigencia del mundo. Aquél que da vida —la suya— a quienes no la poseen. Alguien que no tiene más corazón que el que late en el cuerpo de los pobres. Los cristianos son, pues, como las brujas: que no existen, aunque haberlos, haylos. Por eso resulta ridículo oír hablar de Dios a quienes siguen preocupados por tener una íntima experiencia de Dios, por alcanzar a Dios en la soledad de las cimas, cuando lo cierto es que nadie en su sano juicio puede preferir un Dios que te arroja en manos de los embrutecidos por vidas de miseria.
Freud y la Biblia
octubre 6, 2011 § Deja un comentario
Es verdad que tenemos psicoanálisis porque ya no podemos tener una religión como Dios manda. El psicoanálisis nos proporciona hoy el único lenguaje que nos permite comprender que quisieron decir los autores de los textos bíblicos cuando intentaban decir algo de Dios, mejor dicho, de la relación del hombre con Dios (o viceversa). Ni traducciones-traiciones progres, ni literalismo fundamentalista. Psicoanálisis. No en vano Freud fue un judío, aunque fuese muy a su pesar. Así, para un psicoanalisita, es indiscutible que una cosa es la vida normal, aquélla que goza de una cierta integridad psíquica, y otra la vida que se enfrenta a lo real. Y es que la irrupción de lo real, esto es, la aparición de lo enteramente otro, tuvo que ser dejada atrás, sepultada en las miasmas de la vida inconsciente, para que fuera posible, precisamente, un yo amb cara i ulls. El supuesto básico es, así, que la irrupción de la alteridad radical sólo puede ser traumática; que no hay yo que sobreviva a la aparición misma de lo real. La realidad no coincide con el mundo. Un mundo es un sistema de hechos y los hechos siempre se nos dan según las coordenadas de nuestra receptividad. Más aún, si hay mundo es porque el carácter otro de lo real, su terrible y puro ahí, tuvo que ser dejado atrás. Lo real es, pues, aquello que trasciende la vida de un yo que sólo puede hacer las paces con un entorno que se le ofrezca según la medida de su capacidad, en definitiva, con una realidad que ha sido transformada, por la intercesión del mito, en un mundo habitable. No hay yo que sea capaz de asumir el exceso propio de lo real, que pueda aceptar el trauma originario sin morir, esto es, sin dejar de ser quien es. Ante lo real nadie sabe a ciencia cierta a qué atenerse. La alteridad radical es tan fascinante como terrorífica. Lo real siempre nos puede.
Sin embargo, un yo que pierda el vínculo con esa realidad que tuvo que olvidar es un yo desprovisto de sustancia, un yo inane. La cuestión es, por tanto, cómo mantener ese vínculo con lo real donde lo real debe seguir atrás y mejor si es a dos metros bajo tierra. La respuesta es conocida: sólo a través del recurso del lenguaje de la imaginación o, como también suele decirse, sólo por medio del símbolo. El símbolo es, pues, como un espejo, refleja lo que no podemos ver directamente. Ahora bien, hay símbolos y símbolos. Únicamente aquellos que mantienen la radical ambigüedad de lo real, tan sólo aquellos que preservan su carácter paradójico y, por tanto, imposible son adecuados para reflejar lo real. El resto son fantasmas, fantasías que, bajo el pretexto de revelar el carácter trascendente de lo real, más bien lo encubren o, lo que es peor, lo transforman en su simulacro, en algo digerible, en un ideal a nuestra medida, en algo que, se supone, podemos alcanzar en este mundo, si hacemos lo debido. La zarza, sin embargo, debe arder sin consumirse.
Ahora bien, puesto que lo real es, por definición, lo que acontece y, al mismo tiempo, lo que tuvo que ser dejado atrás, aquello que no puede acontecer para que el yo pueda habitar su propio mundo, la imposible posibilidad de lo real permanece latente en medio de la normalidad psíquica como la posibilidad misma de la catástrofe. La realidad solo puede irrumpir como interrupción del mundo o, si se prefiere, como su final. La realidad es imposible porque no puede darse en este mundo… sin que el mundo deje de ser lo que es, a saber, aquello que se nos da según la medida de nuestra capacidad. Esto es, sin que el mundo deje de ser nuestro mundo. La realidad es, sencillamente, monstruosa, indigerible. De ahí que la irrupción de lo real —ese final de los tiempos— sólo pueda darse como regreso de lo que fue sin haber sido, es decir, de lo que (se) fue antes de que pudiera tener lugar. Como si la genuina relación con lo real sólo pudiera expresarse con las imágenes de la vieja apocalíptica. Más aún, el único modo que tiene el yo de sobrevivir a la interrupción de lo traumático-real —el único modo de sobrevivir al final de los tiempos— es aceptando precisamente el trauma, o, por seguir con nuestra imagen, abrazando al monstruo, algo que el hombre no puede hacer sin morir para sí mismo, sin ponerse, como quien dice, a la altura de lo monstruoso. Pues bien, sustitúyase lo real por Dios, al fantasma por el ídolo y al hombre que sobrevive a la irrupción de lo traumático por Cristo, la cura por la salvación o la reconciliación, el ponerse a la altura de lo monstruoso por resurrección… y tendremos una buena introducción a la fe bíblica. Otra cosa es que, por el camino rectilíneo de la Modernidad, el psicoanálisis haya perdido por en medio el ethos profético. Pero éste ya es otro asunto. Aquí se trata simplemente de comprender que lo que encontramos en la Biblia no es ninguna estupidez.
una estupidez
octubre 6, 2011 § Deja un comentario
La cuestión es qué nos librará de la estupidez. Un estúpido es aquél que solo se comprende a sí mismo como el cúmulo de sus afectos, aquél que no sabe ir más allá de sus deseos y repulsiones, al fin y al cabo, un mero consumidor de recursos. Serpientes incapaces de la más mínima elevación hacia la imposible posibilidad de lo real.
mediaciones
octubre 5, 2011 Comentarios desactivados en mediaciones
En el judaísmo de los tiempos de Jesús, la creencia acerca de un mediador entre un Dios inaccesible y los hombres no era del todo extraña. De Dios, los hombres no solo tenían la Creación o la Ley, sino que también podían contar con aquél que se interponía entre ellos y DIos. Se discutía si este mediador tenía que comprenderse como un hombre elevado a las alturas de Dios o si se trataba de una figura ya de por sí divina o, cuanto menos, angélica. Y que en los evangelios nos encontremos con ambos puntos de vista ya nos da a entender que, con respecto a Jesús de Nazareth, las cosas no es que estuvieran muy claras de buen comienzo. Sabemos, sin embargo, que la ortodoxia se acabó decantando por la segunda opción, la del descenso de Dios. Ahora bien, lo hizo de tal modo que nadie con una mínima sensibilidad religiosa podía aceptarlo sin enloquecer, pues lo cierto es que ese descenso no fue, lo que se dice, un paseo, sino más bien todo lo contrario. Y es que el núcleo duro de la confesión creyente no sostiene que Dios descendió para darnos una lección —o, como también suele decirse, para enseñarnos el camino de la perfección moral—, sino para morir por nosotros, esto es, en nuestro lugar. Todo un marrón, ciertamente. Al menos para Dios.
puzzles
octubre 5, 2011 Comentarios desactivados en puzzles
El problema de ciertas teologías o, quizá sea mejor decir, de ciertas visiones de Dios es que no le dejan resquicio a Dios. Todo cuadra demasiado ahí. Pero una vez hicimos el puzzle estamos más cerca del mito que de la verdad. El problema del mito es que esta hecho de imágenes y, en principio, una imagen siempre se da según nuestra estrecha medida. Sea, por ejemplo, la concepción que defiende la bondad de Dios. Desde este punto de vista, Dios sería bueno y los hombres no del todo buenos. Tenemos una vez más a Dios como la imagen del hombre ideal. Pero no parece que Dios sea así o asá, sino todo lo contrario. Todo (de)pende del hilo la nada de Dios. O lo que viene a ser lo mismo: la totalidad se revela como no-todo —o, si prefiere, como aún no del todo— donde el hombre da fe del silencio que abraza el mundo. Pero sigue siendo cierto que tan solo desde ese silencio puede el hombre esperar.
distingos
octubre 4, 2011 § Deja un comentario
Quien cree que Dios se da como fuerza o poder, aunque se trate del poder de la bondad, tarde o temprano, acabará por confundir las churras con las merinas. Un lector atento de los grandes textos bíblicos fácilmente entenderá que aquello que se manifiesta como un poder de los cielos no puede ser más que una divinidad entre otras. Para estos textos, Dios, como enteramente otro, se encuentra más allá de todo cuanto es, incluso más allá de los cielos. O poder o alteridad, pero no ambos. Pues si Dios es enteramente otro, esto es, si su trascendencia es radical, entonces Dios es lo que tuvo que ser dejado atrás para que fuera posible el mundo y, por extensión, el hombre. Las cosas del mundo se nos dan según la medida de nuestra sensibilidad y nada en verdad otro puede darse según esa medida. Como sabe perfectamente un judío, no hay yo que pueda soportar la irrupción de Dios, pues el yo sólo es posible donde la radical alteridad de lo otro ha sido desplazada, negada, dejada atrás. Un yo es un muro de contención y, como tal, sólo puede sostener una imagen de Dios. Como diría cualquier psicoanalista, no hay otro origen que aquel que tiene que ser sepultado en el olvido. Ahora bien, porque el yo que pretende preservar su integridad psíquica debe mantener continuamente a Dios dentro de los límites de un pasado absoluto, inmemorial, la posibilidad de que Dios rompa el círculo de la totalidad permanece abierta, precisamente, como la posibilidad misma de lo real. Si Dios es todopoderoso no es porque pueda intervenir en nuesto mundo a la manera de una divinidad, sino porque puede poner fin a nuestro mundo. Será cierto que el psicoanálisis está más cerca de comprender la imposible relación del hombre con su principio que las religiones que siguen por ahí a disposición del consumidor como si fueran dietas milagrosas. No en vano Freud fue judío. Incluso a su pesar.
diálogos del conocimiento
octubre 4, 2011 § Deja un comentario
Ella— ¿Crees que soy una estúpida? Él— ¿Por qué me lo preguntas? ¿Quién te juzga? Ella— Eso todavía no lo sé.
la totalité
octubre 4, 2011 Comentarios desactivados en la totalité
Puede que la realidad de la guerra —la lucha del hombre contra el hombre— sea una última palabra. Ésta era, como sabemos, la convicción de Nietzsche. También la de Spinoza. Ahora bien, la cuestión aquí no es si, frente a ella, podemos oponer nuestra fe en la bondad. Esta fe aún tiene demasiado que ver con nosotros, con nuestra necesidad de que la fiesta termine bien, como para que podamos decir que es verdadera sin sonrojarnos. La cuestión es si el hombre es —o no es— un fragmento de la Totalidad; si acaso los hombres no serán más que títeres ilusionados, instrumentos de una materia —un gen, diríamos hoy— cuyo avance no tiene otro propósito que el de seguir estando ahí. Una materia, un gen, que exigiría, ciertamente, nuestra fe pero sólo como la zanahoría que hace que la mula tire del carro. Connatus esse conservandi. El javhista —uno de los tres compositores de los grandes textos bíblicos— ya comprendió hace unos cuantos miles de años que el hombre solo puede liberarse de la Totalidad qua individuo, es decir, como aquel enajenado que no puede reconocerse en nada que suene a arquetípico. No casualmente Abraham no encuentra a Dios en ningún lugar. Como si el precio que tuviéramos que pagar por nuestra libertad fuera, precisamente, el de un irremediable desarraigo. La guerra ya no puede tener la última palabra para un hombre que queda en suspenso, fuera del mundo, sometido a una gran perplejidad. La Totalidad, ciertamente, está todavía en juego para quien ha sido arrancado de la tierra.
la adolescencia cansa
octubre 3, 2011 Comentarios desactivados en la adolescencia cansa
La adolescencia cansa. Cansa la fe que tienen los adolescentes en la imagen, su esclavitud. Cansa la impertinencia con la que defienden un solo aspecto del mundo. Cansa su ignorancia, el grosor de su pensamiento, el hecho de creer que han llegado sin haber dado un paso al frente. Cansa su griterio, la banalidad de sus conversaciones. Sus guais y sus oye tío. Cansa su permanente estado de celo. Cansan sus granos, mejor dicho, su pavor a los granos. Tiene algo de falaz que nuestra época haya depositado a nuestros adolescentes en la cima de la existencia. Como si no hubiera más vida que la de estos imbéciles. Con todo, hay quienes se salvan de estos tiempos de miseria. Son los que, de tan pegados a su propia deficiencia, terminan escuchando esas palabras —siguiendo esos gestos— que los arrojan más allá de sus hormonas. Pocos, sin duda. Pero puede que esto siempre haya sido así.

tienes la piel amarilla
octubre 3, 2011 Comentarios desactivados en tienes la piel amarilla
Un síntoma de que Dios apenas cuenta para muchos creyentes de hoy es que Dios ha de dejado de ser, para esos mismos creyentes, un asunto polémico. Ni de lejos hoy en día se discute acerca del modo de ser de Dios tal y como se hacía en la Antigüedad. Esto es, con feroz pasión. Si uno puede discutir sobre la naturaleza de Dios es porque la realidad de Dios no se discute, de la misma manera que si los poetas se enfrentan acerca de lo que pueda ser la verdadera poesía —que si Wallace Stevens es o no un genuino poeta; que si no hay más poesía que la poesía de la experiencia…— es porque aún creen en la posibilidad del acontecimiento poético. En vez de cuadriláteros, lo que tenemos son capillitas. Cada corpúsculo de creyentes —cada una de las diferentes sensibilidades— sobrevive en su rincón con sus ritos y creencias. Tampoco es casual que la justificación de tanta mediocridad sea el respeto a la diversidad. Como si lo que estuviera en juego no fuera la salvación de Dios, sino el cómo nos damos mutuamente una satisfacción.
W.H Auden
octubre 2, 2011 Comentarios desactivados en W.H Auden
El tiempo te ha enseñado
cuanta inspiración
te aportaron tus vicios,
la deuda de la imaginación
con la tentación
a la que cediste,
que más de un hermoso
verso expresivo
no habría existido,
si hubieras ofrecido resistencia:
como poeta, tú
sabes que es cierto,
y aunque en la Iglesia
a veces rezas
para sentirte contrito,
no funciona
felix culpa, dices:
igual tienes razón.
Esperas, sí,
que tus libros te justifiquen,
te salven del infierno:
aun así,
sin parecer triste,
sin que en modo alguno
dé la impresión de que te culpa
(no le hace falta,
bien sabe
a qué hace caso
un enamorado del arte como tú),
Dios puede hacer
el Día del Juicio,
que te deshagas en lágrimas de vergüenza,
recitando de memoria
los poemas que
habrías escrito, si
hubiera sido digna tu vida.

chusma
octubre 2, 2011 Comentarios desactivados en chusma
Tomando una café en una terraza. A mi lado se sientan unos que salen de un after. Ya nos podemos imaginar. Van sucios y hasta el cuello de coca o variantes. Chusma. No puedo concebir que su vida, tan a ras del suelo, se encuentre a la misma altura que la de, por ejemplo, un W.H Auden, cuyas visiones de la existencia aún nos conmueven. Una cosa es escribir, pongamos por caso, ahora tienes permiso para yacer, o bien, pero las palabras no pueden verificarse a sí mismas, y otra decir pásame la birra, chocho. No es cierto que, de hecho, seamos iguales. Cualquiera con dos dedos de frente puede ver las siete diferencias entre ambos dibujos. Ellos, los que pertenecen a la chusma, apenas saben hablar. Se trata de un dato. Resulta, pues, algo difícil de admitir que unos cuantos chalados, hace poco más de dos mil años, se atrevieran a decir que ante Dios todos no somos más que esa chusma. Y, sin duda, si ellos, los de la chusma, nos repugnan es porque de algún modo sabemos que, en lo más profundo de nosotros mismos, sigue habitando lo que tuvimos que enterrar para lograr una vida elevada. Será verdad que el cristianismo muere de éxito, pues una vez damos por sentado esto de la igualdad, ya no podemos comprender su alcance, su radical e intragable novedad. De hecho, fue necesario que Dios colgase de un madero para que pudiéramos, cuanto menos, vislumbrarla. Lo dicho: un escándalo.
el Bulli como iniciación a la cristología
octubre 2, 2011 Comentarios desactivados en el Bulli como iniciación a la cristología
Un Dios es algo fuera de toda medida. Es en este sentido que Salvador Sostres dice que Ferran Adrià es Dios. Es obvio que Ferran Adrià no es, de hecho, divino. Y, sin embargo, lo que hizo en el Bulli, según Sostres y tantos otros, nos permite entender que se le pueda atribuir por analogía el exceso propio de un Dios. Esto es, como si fuera Dios. Pero por eso mismo, Dios, el cocinero ideal, seguiría aún en su más allá. Supongamos, sin embargo, que los Sostres en cuestión insistieran en la calificación. Supongamos que dijeran que no se trata de ningún como si, sino del hecho de que Ferrán Adriá es efectivamente Dios. Pues bien, esto sólo podríamos comprenderlo de dos modos. O bien, Ferrán Adriá es un extraterrestre que se ha puesto el traje de humano. O bien que de Dios sólo tenemos al chef de el Bulli. Que no hay más Dios que ése. Lo primero es díficil de tragar, pero posible. Ahora bien, en ese caso, Ferran Adrià no tendría mérito. Nada humano se hubiera cocido en los fogones de el Bulli. Lo segundo, a saber, que un hombre encarne de una vez por todas un arte que ni siquiera pudimos anticipar, es, sin embargo, literalmente increíble para quienes siguen creyendo en un cocinero ideal por encima de los hombres. Pues eso.
otro café en la terraza del Gallery (2)
octubre 2, 2011 Comentarios desactivados en otro café en la terraza del Gallery (2)
Aquellos que creen saber de qué va todo esto cuando leen, por ejemplo, el nostre enyor ens ve de quan no érem, no pueden evitar arrugar la nariz. ¿Cómo es esto posible?, se preguntan. ¿Cómo puede ser verdad, si cuando no éramos, no éramos? Su mente difícilmente sale del círculo tautológico. O éramos o no éramos…. y nada podemos echar en falta, si es que no éramos. Y, sin embargo, el verso supura certeza por todos sus poros. Las cosas son sencillamente así.
otro café en la terraza del Gallery
octubre 2, 2011 Comentarios desactivados en otro café en la terraza del Gallery
… el nostre enyor ens ve de quan no érem.
Josep Carner
(la cita me la pasa Albert Balasch)
(Probemos de sustituir «nostre» por, pongamos por caso, «teu» o «meu». O » enyor» por «melangia». O bien de añadir un «encara» a «de quan no érem»… y quizá veamos por qué la exactitud poética no puede ser más que verdadera. Cualquier variación hace que el verso deje de funcionar. Hay algo de álgebra en todo gran poema.)
forever
septiembre 30, 2011 Comentarios desactivados en forever
Sin duda, el gran interprete es aquél que guarda como oro en paño el silencio del que arranca la música. El resto siempre toca como si tuviera algo más que hacer.
forever: variaciones
septiembre 30, 2011 Comentarios desactivados en forever: variaciones
Un creyente preserva como oro en paño el silencio de Dios sobre el que arranca la Creación o bajo el cual caen sus elegidos. El resto siempre tiene la boca demasiado llena con sus experiencias de Dios.
Belén
septiembre 30, 2011 Comentarios desactivados en Belén
¿Democracia? La dictadura del promedio. En democracia cualquiera tiene un micrófono. Mejor dicho, lo tienen los cualquiera. Sin embargo, tampoco es que sea preferible una dictadura de los sabios, esto es, de quienes saben que, en el fondo, no sabemos nada. Hay que leer la República, pues, como un texto irónico. Quien te dice que las cosas serían muy distintas siempre y cuando gobernasen los filósofos, te esta diciendo, en el fondo, que las cosas no pueden ser muy distintas. Como cuando alguien dice que otro mundo sería posible, si fuésemos en verdad buenos. Como los ángeles.

sostiene Juanito
septiembre 30, 2011 Comentarios desactivados en sostiene Juanito
¿Qué resulta repugnante de quienes dicen servir con fervor a la causa creyente? Su facilidad para explicarnos todo lo que aparentemente justifica su entrega. Ningún resquicio, ninguna debilidad, ningún silencio que confiera una cierta credibilidad a sus palabras. Como si, al final, en su cuadro mental todo encajase y solo fuera cuestión de ponerse manos a la obra. Suelen emplear expresiones del tipo la fe que hem fa vibrar o bien la fe que m’ompla el cor… Se trata del password que les identifica como miembros del club. Un altre món es possible, dicen también con entusiasmo adolescente, olvidando que en verdad otro mundo solo es posible como otro mundo. No sé, pero en cualquier caso quienes están en el tajo —quienes han vuelto con vida del infierno— no suelen decir estas cosas… Acaso digan algo parecido, pero sus palabras están envueltas por el silencio de Dios. Hay que cavar pozos de agua para que quienes no tienen fuerza ni para levantarse puedan saciar su sed. Pero un creyente no puede evitar la convicción de que los hombres tarde o temprano acabaremos por llenar esos pozos con nuestra propia mierda. Como si solo un Dios pudiera remediar este mundo. Un creyente no puede creer en la humanidad. Mejor dicho: si los hombres aún merecemos alguna confianza es sólo porque Dios murió, como quien dice, por los hombres. Si lo único que nos mueve es un ideal —o un somni como ahora se proclama con cierto desparpajo—, entonces aquello que podemos esperar sensatamente es una enorme decepción. Tan sólo sueña quien aún no se ha despertado. La esperanza creyente está hecha de silencios elocuentes más que de grandes discursos. Seguimos sin saber a ciencia cierta el cómo de ese final de los tiempos. Y es que ese Dios que debía haber descendido gloriosamente para redimirnos ex machina prefirió salvarnos del mundo colgando de un madero. Extraña salvación, sin duda.
Franz
septiembre 30, 2011 Comentarios desactivados en Franz
Por ejemplo, Sviatoslav Richter interpretando a Haydn: that’s the music. Escuchas la grabación en medio del silencio de la noche y comprendes de repente que la música surge de la nada. Muy pocos saben preservar, en medio de tantas notas, ese silencio que hace posible, precisamente, el milagro. Pasa con la música. Pero también con las palabras. Y es que quien tiene algo que decir habla menos de lo que calla.

inversa proporcional
septiembre 29, 2011 Comentarios desactivados en inversa proporcional
Cabe concebir una humanidad sin Dios. Pero no es posible imaginar un Dios sin humanidad. (En cambio sí que es posible suponer que siga habiendo la buena vibración —o cualquier otra transformación actual del viejo Dios— allí donde los hombres hayan dejado de existir.)
infieles
septiembre 27, 2011 Comentarios desactivados en infieles
En el País Semanal del pasado domingo leemos lo siguiente: en las montañas alrededor del lago Lugu, al suroeste de China, viven desde hace unos dos mil años una etnia de 40.000 personas, los mosuo, que no practican el matrimonio. Las familias están dominadas por las mujeres y sus hijos, que viven sin ninguna preocupación sobre quiénes son sus padres biológicos. Las madres adoptan a otros niños y ocupan el espacio de los hombres. «La mujer puede tener los amantes que quiera, muchos o pocos, sin que sea estigmatizada, ya que todos los hijos pertenecen a la comunidad, y los que adoptan adquieren el nombre de la línea maternal», detalla a El País Semanal la antropóloga social Judith Stacey, de la Universidad de Nueva York. Las mujeres mosuo, que visten tradicionalmente hermosos quimonos de seda con sombreros de los que cuelgan collares, dejan perplejos a los occidentales, según recoge Stacey en su libro Unhicthed (traducido como Desenganchado, New York University Press). El sexo y la familia están separados por una barrera estricta. A los 13 años, las chicas reciben en una ceremonia de iniciación lo que en el dialecto mosuo se llama «cámara de flor», un dormitorio donde ellas pueden invitar, recibir o rechazar a los amantes. Los chicos tienen su ceremonial, aunque no reciben ninguna cama, sino la bendición para que puedan establecer sus propias relaciones, o practicar el tisese: elegir a cualquier mujer, tener varias amantes y visitar su cámara de las flores siempre que ellas lo permitan. El sexo nocturno es un asunto privado. Durante el día, los hombres trabajarán, comerán y colaborarán con las familias que hayan ayudado a crear si así lo desean. La flexibilidad es absoluta. «También hay parejas exclusivamente monógamas, y los hombres pueden formar sus propias familias aparte. Es un ecosistema sexual igualitario», dice Stacey.
La cuestión: ¿y…? Que el matrimonio no es una institución obligatoria en la especie humana —que caben otros modos de organizar esto de la reproducción— es algo ya demasiado conocido como para que pueda ahora sorprendernos. Si el caso de los mosuo resulta particularmente «sugerente» es porque, la mayoría de los hombres y mujeres occidentales de hoy en día, viven el matrimono como dura lex. Para ellos la vida de los mosuo posee, sin duda, el aura de los mitos. A nadie que sepa ver el alto número de infidelidades que hay por ahí debería extrañarle esta «fascinación» por los mosuo. Así, no es causal que el artículo, como quien no quiere la cosa, nos cuele a los mosuo como una solución a nuestra angosta sexualidad. Sin embargo, supongamos que todos fuéramos mosuo. Supongamos que hubiéramos logrado vivir conforme a sus principios. ¿Qué nos fascinaría entonces? ¿Qué encontraríamos a faltar? Pues, probablemente, la posibilidad de un vínculo eterno entre hombre y mujer, la posibilidad, ciertamente extraordinaria, de que hombre y mujer pudieran encontrarse. El amor de Paris y Helena volvería a brillar con luz propia en medio de tanto sexo, a ratos agradable, ciertamente, pero, de seguro, trivial. ¿O acaso no es banal todo cuanto se nos da con excesiva facilidad? Lo que no cuenta el artículo es que el sexo para los mosuo es como el picor. Cuando lo sientes, te rascas y a otra cosa. Es falaz imaginarse a los mosuo follando a discreción según los cánones que marcan nuestras películas. El problema de la institución matrimonial entendida a la manera romántica de hoy en día es que supone ingénuamente que todos tenemos derecho, como quien dice, a encontrarnos con nuestra media naranja, cuando lo cierto es que un encuentro entre hombre y mujer es, en tanto que extraordinario, algo que se da en contadísimas ocasiones. De hecho, es lo de siempre: existe el amor, pero no para todos. Para la mayoría, existe la posibilidad, en el mejor de los casos, de obtener un trato amable… cosa la cual no es poca cosa. Es un error del romanticismo decimonónico —al que tanto deben nuestras películas hollywoodienses— creer que lo que era propio de las vidas nobles ha de estar al alcance de cualquiera. Nietzsche diría que aquí opera de nuevo el resentimiento que hizo posible el cristianismo. La mayoría, pues, debería procurar simplemente alcanzar un buen acuerdo —con cariño incluido— y dejarse de cuentos. Y es que la mayoría, por defecto, nunca ha estado dispuesta a pagar el altísimo precio que exige una vida que vaya más allá del propio ombligo. Normal.
magazine
septiembre 26, 2011 Comentarios desactivados en magazine
Carlos Fuentes, a propósito de la muerte de sus hijos: «no los tenía presentes cuando estaban vivos porque allí estaban.»
brevedad
septiembre 26, 2011 Comentarios desactivados en brevedad
La mayoría de los hombres solo se hace dos preguntas. La primera, ahora qué tengo que hacer. La segunda, cómo podría realizar mis sueños. Y de ahí no salimos.
mores
septiembre 26, 2011 Comentarios desactivados en mores
Un médico acaba viendo a los hombres como si fueran cuerpos más o menos deteriorados. Un broker los ve como lobos. Un enterrador como aquellos que están de paso. Una puta como salidos. Un hábito, una costumbre, conlleva, pues, una visión de las cosas. Incluso podríamos decir que la mayoría de quienes ven a los hombres como criaturas de Dios es porque se han acostumbrado a las cosas de Dios. Y puede que la relación del hombre con Dios se decida dentro de los márgenes de un oficio. Pero la relación de Dios con el hombre —acaso la única que nos permita pronunciar el nombre de Dios sin que sea en vano— no se decide del lado del hombre, sino del lado de Dios. Esto significa que la fe en un Dios que ha descendido hasta ocupar el lugar de un maldito de Dios no puede depender de que uno se haya acostumbrado a las cosas de Dios. Más bien ocurre lo contrario. De hecho, quienes se han acostumbrado a las cosas de Dios difícilmente caen en la cuenta de que Dios no suele eligir a quienes le prefieren.
integrales
septiembre 26, 2011 Comentarios desactivados en integrales
Puede que la cuestión no sea si hay vida después de la muerte, sino si puede haberla antes.
las comparaciones son odiosas
septiembre 25, 2011 Comentarios desactivados en las comparaciones son odiosas
La diferencia entre las religiones que hay por ahí, sean o no cristianas, y el cristianismo es semejante a la que pueda mediar entre John Gray, consejero matrimonial, y Karen Horney, discípula de Freud. La tesis del primero son conocidas: si una pareja no funciona es porque hombre y mujer no admiten que son de planetas diferentes. Por eso mismo, para que haya un buen matrimonio tanto hombre como mujer deben aprender a tratarse. Esto es, tienen que hacer los deberes. El libro más leído de John Gray —los hombres son de Marte y las mujeres de Venus— es, sin duda, un digno manual de uso, con sus diagnósticos y sus instrucciones. Se supone que si una pareja las sigue, las cosas acabarán por ir tal y como debieran. El mundo de la vida en común tiene, pues, una solución. Es cuestión de hacer las cosas bien. Por contra, Karen Horney se pregunta en un artículo de 1932 —problemas del matrimonio— si acaso la institución matrimonial no será, de por sí, irreconciliable con algunos aspectos de la existencia humana. Como si la unión entre hombre y mujer, con independencia de lo que los cónyuges puedan hacer al respecto, estuviera destinada al fracaso. La tesis de Karen Horney, al fin y al cabo, una revisión de la tesis clásica del psicoanálisis, es también conocida. Por lo común, nos situamos ante nuestros deseos como si estos fueran menos contradictorios de lo que son en realidad. Pero lo cierto es que todo deseo es ambivalente. Así, por ejemplo, una mujer desea a un amo al que poder dominar. Pero es obvio que si es un amo, no se deja dominar y, si se deja dominar, es que no es un amo. En este sentido, no hay solución que valga: si una pareja se va a pique no es porque, tanto él como ella, no hayan sido lo suficientemente hábiles, sino porque una relación que se sostenga sobre las demandas del deseo —y en qué pareja moderna no hay deseo de por medio— ya se encuentra viciada de entrada. Natura lapsa. Ciertamente, la habilidad ayuda y no es lo mismo un trato amable que uno hostil. Pero, la cuestión es si basta con ser hábiles para que se solucione de un plumazo la falta de reconciliación. De hecho, la habilidad parece tan solo encubrir —o posponer— una inviabilidad de fondo. Desde la óptica de Karen Horney, los hombres y las mujeres no son capaces, pues, de cumplir con lo debido. O, por decirlo a la manera de Pablo, la Ley no salva. Por tanto, si hombres y mujeres llegan a encontrarse —si en verdad logran abrazarse— no es porque hayan podido seguir las normas que marca el ideal, sino porque han sobrevivido a su caída o naufragio. Esto es: hay amor, pero solo para quienes han regresado de la muerte. Y lo que no es esto es ficción. Aunque normalmente ¿quién no vive de sus ficciones?
el malo de la película
septiembre 25, 2011 Comentarios desactivados en el malo de la película
La verdad es que resulta tranquilizador atribuir el mal a los hombres malos. Otro gallo nos cantaría, si supiéramos la verdad: que uno incluso podría ahogar a sus propios hijos, si así lo exigieran las circunstancias.
trajes a medida
septiembre 25, 2011 Comentarios desactivados en trajes a medida
Cada cual puede obtener fácilmente el dios que necesita. Solo hace falta que se fíe de aquellos que están dispuestos a ofrecer una imagen conveniente de Dios por el bien de las almas. Así, quienes se encuentran cubiertos por una culpa aún demasiado centrada en la propia perfección, se sentirán mejor ante un dios-mamá que todo lo disculpa. Por el contrario, quienes mueren de hastío, se creerán más libres ante un dios más paternal, un dios que exija lo debido desde el más allá. Por ejemplo, la transformación del mundo. Cada uno creerá, pues, descubrir a Dios en la otra orilla, un dios-muleta que nos permite avanzar. Sin embargo, es posible que Dios aún siga siendo algo demasiado nuestro —un asunto aún demasiado personal— mientas no lo reconozcamos en aquel que sufre, precisamente, el abandono de Dios.
Fausto 2.0
septiembre 25, 2011 Comentarios desactivados en Fausto 2.0
Gracias a Dios —a nuestro Dios actualizado— nos liberamos del temor. Según cuentan los que saben, Dios nos quiere como mamá y no está ahí para condenarnos. Sin embargo, quizá tuvimos que entregar el alma para obtener tanta alegría. Podemos sospechar que el fruto de la inmolación de Dios —aquélla que, según cuentan, quiso liberarnos del temor bíblico— sea, precisamente, el de la vida irrelevante del malcriado. ¿Qué cristiano hoy en día se atrevería a reclamar misericordia? ¿Acaso no es verdad que ésta ya se nos condeció a raudales sin que hubiéramos hecho nada para mercerla? Es así que muchos cristianos progres entienden que la misericordia de Dios nos libra del Juicio cuando lo cierto es que no hay otro Juicio que el que nace del perdón de Dios, aquél que se nos dió colgado de una Cruz. No hay, pues, quien pueda creer honestamente que el Sí o el No de su existencia se decide ante el pellejo de Dios donde Dios ha quedado reducido a la imagen de un papá pusilánime.
la certeza de las ficciones
septiembre 25, 2011 Comentarios desactivados en la certeza de las ficciones
Quizá los antiguos estaban más cerca de clavarla que nosotros cuando dieron por hecho que teníamos un alma, pues ¿acaso no es cierto que el alma es el síntoma de que vivimos alejados de la verdad? Es posible que ahora unos cuantos modernos arruguen su nariz y nos repitan esa monserga de que no hay verdad, de que todo cuanto podamos decir es un punto de vista, que cada uno es libre de creer en lo que quiera… Etcétera. Pero el problema de los modernos es que no entienden que una cosa es decir la nieve es blanca y otra decir, pongamos por caso, que la nada, en un cierto sentido, es. En el primer caso, la verdad se rmuestra como una correspondencia entre lo que decimos y los hechos. En el segundo, como lo que en verdad tiene lugar. En el primer caso, la verdad es algo casi trivial. En el segundo, está hecha con los materiales de la ausencia. Sea como sea, no hay que ser muy listos para caer en la cuenta de que, por ejemplo, la existencia es en verdad un plazo y que de hecho nosotros vivimos de espaldas a esta verdad. Hay algo así como un décalage en nuestro interior: como si pudiéramos ver más allá de lo que somos capaces de soportar. Lo más íntimo es, ciertamente, esa conciencia de hagamos lo que hagamos seguimos en falso. Y ante tal dato ¿quién se atreverá a negar que hay algo en nosotros que no acaba de coincidir con nosotros? Probablemente, podríamos cargar con una existencia dada como plazo, si pudiéramos creer que hay por ahí, detrás del velo de la muerte, un especie de cobrador del frac esperándonos para pasar cuentas. También, probablemente, aumentaría nuestro temblor de piernas. Pero hoy por hoy quizá debamos conformarnos con un tambaleante como si. De hecho, este es el precio que tuvimos que pagar para vivir como si Dios no fuera real.
Gloucester
septiembre 24, 2011 Comentarios desactivados en Gloucester
Es muy sencillo: la madurez comienza cuando caes en la cuenta de que el mundo no coincide con lo que debe ser y que ninguno de nosotros puede reparar esta falla. Todo comienza entonces. No es cuestión de que tengamos que hacer las cosas bien. Hagamos lo que hagamos, los hijos abandonarán a sus padres, la infidelidad anidará en el corazón de los hombres, alguien tendrá que ser una lacra para que podamos soportarnos, necesitaremos, también, un enemigo. Como mucho y si las cosas nos van bien podremos creer que las cosas están bien tal y como están. Pero lo cierto es que nadie en su sano juicio pondrá en duda de que nuestra bondad pende de un hilo. Y, así, difícilmente nos enfrentaremos al mal, mientras sigamos creyendo que el mal es algo que podríamos cercenar de una vez por todas, si en verdad nos pusiéramos manos a la obra. No es casual que quienes ingénuamente creen en esta posibilidad ya no quieran saber nada del Dios que hiere a sus elegidos.
quaestio facti
septiembre 24, 2011 Comentarios desactivados en quaestio facti
Cuando más cerca estoy de creer en lo que escribo más tentado estoy de dejar de escribir. Será cierto que uno escribe para ver algo y no tanto para comunicarlo. La comunicación siempre tiene algo de impostura. Al fin y al cabo, cada uno vive como puede y si hay que decir algo que sea a cau d’orella.
el árbol de la vida
septiembre 24, 2011 Comentarios desactivados en el árbol de la vida
Asistir al momento de la Creación… ¿cuestión de volcanes cósmicos y un baile de galaxias? Probablemente no. Más bien nos hacemos contemporáneos de la Creación cuando las cosas —por no decir la vida misma— sigue ahí, en manos del hombre, después de que un silencio de muerte cubra por entero la Tierra.
ER
septiembre 24, 2011 Comentarios desactivados en ER
A veces pienso que el hinduismo tiene razón con esto del karma, pues hay muchas vidas, si no todas, que parecen sometidas a una especie de destino. Más aún: nuestro modo de ser —nuestro carácter— parece girar en torno a un agujero negro como si lo que nos sostiene fuese algo que se encuentra por encima —o por debajo— de nuestras cabezas, algo que, al fin y al cabo, nunca podremos reconocer como propio. Aunque tampoco hay que ir tan lejos. Nuestro psiconanálisis lleva ya un buen siglo diciendo que permanecemos atados a lo que tuvimos que olvidar. Platón, por su lado, cuenta en la república que nuestras almas antes de encarnarse eligieron la vida que, de hecho, estamos viviendo. Como si la suerte ya estuviera echada antes de que nos pusiéramos a jugar. Las explicaciones pueden ser variopintas, pero lo que resulta indiscutible es que nuestro carácter constituye nuestro límite. Así, unas terminarán colgándose del hombre que las desprecia mientras que otros serán incapaces de llevar a buen puerto lo que comienzan. Unos no pueden abrazar a su madre mientras que otros no salen de su falda. Solo es necesario un poco de tiempo para que tanto unos como otros se den cuenta de que esto siempre será así. Como si solo pudiéramos librarnos de nosotros mismos en los tiempos de Dios, aquellos en los que, despojados de toda expectativa, no tenemos más remedio que responder. Seamos quienes seamos, estemos donde estemos. Pero ¿quién podrá preferir esos tiempos de libertad?
complejidad
septiembre 24, 2011 Comentarios desactivados en complejidad
Las cosas son francamente sucias. Nada se nos da en estado puro. Todo es mezcla. Como si los buenos y los malos estuvieran repartidos por igual tanto en el cielo como en el infierno. Así, por ejemplo, sobre el papel un hacker hace lo que no debe. Libera programas informáticos, comparte música, entra en casa ajena… Un hacker es simplemente un ladrón. Y, sin embargo, es muy posible que gracias a los hackers —los malos de esta película— las nuevas tecnologías, como suele decirse, no acaben siendo el medio de un renovado totalitarismo. Un hacker tarde o temprano acaba por encontrar una grieta en el sistema. Y es que en donde es posible entrar es posible salir.
un siete en la mesa de billar
septiembre 20, 2011 Comentarios desactivados en un siete en la mesa de billar
