etimologías
marzo 8, 2011 Comentarios desactivados en etimologías
Decir que el mundo depende de Dios no significa decir que Dios es algo así como el titiritero del mundo. Si el mundo sigue (de)pendiente de Dios es porque ni el Bien ni el Mal acaban por pronunciar una última palabra. El mal, su inmensidad, no puede ser solo el fruto de nuestra ignorancia. Sin embargo, no hay mal, ni siquiera el genocida, que logre anular la experiencia del nacimiento de una vida, la cual solo puede darse como tal experiencia, y no solo como cúmulo de sensaciones más o menos intensas, en tanto que es vista como vida arrancada de la nada. Por eso un creyente no es aquel que cree estúpidamente en la posibilidad de una intervención sobrenatural, sino aquel que permanece absurdamente a la espera de Dios y, por consiguiente, de un final para el mundo. Entre la estupidez y el absurdo andan, pues, los hombres que se ocupan de Dios. Sin embargo, solo el absurdo posee dignidad epistemológica, en tanto que la espera de Dios y de los tiempos finales no es algo que se decida conforme a las necesidades de un sujeto, sino en el seno de la experiencia moral de lo real, aquella que, a la manera de Job, nos sitúa entre un Bien y un Mal inconmensurables.
qohelet
marzo 7, 2011 Comentarios desactivados en qohelet
Contra lo que pueda parecer, el Eclesiastés no es un libro nihilista. Su visión es la visión del hombre que se encuentra ante Dios. Y por eso entiende que el hecho de que el mundo penda del hilo de Dios no significa que el mundo esté tutelado por Dios. Al contrario. Porque Dios es Dios —porque Dios se encuentra más allá incluso del otro mundo— el mundo sigue su propia norma. Así, no debería extrañarnos que el autor del Eclesiastés insista hasta la obsesión en que, desde la óptica del mundo, todo es lo mismo y que, por tanto, nada hay que esté por encima del resto. Al fin y al cabo, la muerte —el gran juez del mundo— afecta por igual a culpables e inocentes. Sin embargo, hemos de reconocer que, por eso mismo, un creyente se encuentra más cerca del nihilismo que muchos de los nihilistas que dicen haberse tragado a Nietzsche.
las cuatro estaciones
marzo 7, 2011 Comentarios desactivados en las cuatro estaciones
El hombre es la necesidad de enigma. Como si la realidad solo pudiera darse como lo incomprensible del ahí.
lectio divina
marzo 7, 2011 Comentarios desactivados en lectio divina
¿Cómo es que cristianamente seguimos sin estremecernos ante el hecho de que todos los profetas, incluido el nazareno, hayan fracasado en su misión? ¿Acaso este fracaso, toda una constante bíblica, no nos señala, precisamente, como los incapaces de Dios? ¿Cómo es que nuestros fariseos siguen aún creyendo como si nada en sus posibilidades para alcanzar una íntima experiencia de Dios?
hipótesis
marzo 7, 2011 Comentarios desactivados en hipótesis
Los hombres se dividen entre quienes viven con zozobra, incluso con cierta angustia, la consustancial falta de entidad de todo cuanto nos rodea y los que no. Entre los que huelen la nada más allá de un palmo de sus narices y los que no ven nada más allá de un palmo de sus narices. Entre los que le reclaman a Dios una respuesta bajo el peso de una eternidad indiferente y los que se contentan con la compra de cada día. Los primeros no obtienen nada de este mundo. Los segundos no se diferencian de las bestias.
le bon sauvage
marzo 6, 2011 Comentarios desactivados en le bon sauvage
Es sabido que Rousseau defiende que el hombre es bueno por naturaleza. Que si es capaz de hacer el mal es porque la sociedad ha corrompido esa bondad originaria. En este sentido, ser malo sería lo mismo que ser una víctima de las circunstancias. Es menos sabido, sin embargo, que todo esto es, hasta cierto punto, gnosticismo secularizado. Lo que en Rousseau es la bondad, en gnóstico, es la chispa divina que habita en el fondo de los hombres. Y el lugar que en Rousseau ocupa la sociedad, en el gnosticismo lo ocupa el mundo. Las diferencias, con todo, son apreciables. Para un gnóstico, la transformación del mundo, más que innecesaria, es inconcebible. En cambio, para Rousseau la revolución no solo es deseable, sino también posible. Más aún: Rousseau no cree que la reconciliación del hombre consigo mismo —o como suele decirse también, la redención— pase por desprenderse de la máscara que encubre al verdadero yo, sino de transformar el mundo para que el hombre pueda vivir conforme a lo que, en el fondo, es: un buen salvaje. Así, no es causal que, en un mundo sin cielo, la divinidad gnóstica acabe por reducirse a una idea de cómo debería ser el mundo. El más allá que exige la redención del hombre deja las alturas para transformarse en el horizonte de la historia. Entender, pues, el giro que va del gnosticismo a Rousseau supone, al fin y al cabo, entender la Modernidad como el triunfo paradójico del gnosticismo frente a una tradición judeocristiana, según la cual, el hombre, sepultado por una culpa originiria, solo puede se capaz de Dios en tanto que sufre el silencio de Dios.
postconcilium
marzo 5, 2011 Comentarios desactivados en postconcilium
Quienes se hallan sometidos al poder de la imagen —¿y quién, al menos inicialmente, no lo está?— ven tan solo una de las dos caras de la moneda, por lo común, la más iluminada. Como cuando estamos enamorados. Por eso quien se encuentra sometido a Dios —y no simplemente quien dice creer en su existencia— no sabe qué decir acerca de Dios. Para el creyente no hay visión que valga de Dios. Un creyente sufre, como quien dice, tanto la bendición como el abandono de Dios. Así, no nos enteramos de qué va la película mientras nos quedamos con uno de los lados. O, por decirlo con otras palabras, nadie en su sano juicio puede estar enamorado de Dios.
PS: en esta misma línea, podríamos decir también que el cristianismo progre se equivoca cuando defiende la imagen de un dios-amiguete frente al dios oscuro y terrible del cristianismo preconciliar. Un Dios que es capaz de resucitar a los muertos en tanto que brilla por su ausencia no puede ser ni solo bueno ni solo malo. De este modo, mientras estemos ligados a una determinada visión de Dios, difícilmente saldremos del embrollo de las lides intraeclesiales.
decir religión
marzo 4, 2011 Comentarios desactivados en decir religión
Decir cultura es decir religión. Y esto es así con independencia de si la cultura es, oficialmente, atea. Al fin y al cabo, no hay cultura que no exija de cada uno de sus miembros una purificación. Da igual cuál sea la imagen que regule la purga —da igual si se trata de héroe de una pieza, de Megan Fox o del dios de la bondad inmaculada— que lo cierto es que siempre se nos exigirá eliminar, o cuanto menos ocultar, aquello que se encuentra en nosotros y, sin embargo, no puede ser admitido como propio: nuestro excremento, nuestra ineptitud, nuestra esterilidad. Y quien dice religión dice injusticia, pues no hay religión —no hay ideal de pureza— que no fabrique excluidos, esos pobres hombres y mujeres que representarán, precisamente, la suciedad de la que hay que desprenderse. No hay, pues, religión que no engendre hijos de puta. No es casual que la religión sea un baile de máscaras, para aquellos que, sometidos al poder de la Cruz, abrazan la pústula del leproso. Y, en tanto que no admite otra pureza que la que pasa por reconciliarse con la suciedad, tampoco es casual que el cristianismo fuera visto en la Antigüedad como una variante del cinismo.
una dosis de dogma
marzo 3, 2011 Comentarios desactivados en una dosis de dogma
A veces se olvida que el sujeto de la Encarnación no es el hombre, sino Dios. No decimos, así, que un hombre fue capaz de vivir como Dios, sino que Dios vivió como un hombre… y esto no es posible sin que Dios, en cierto modo, sacrifique su divinidad. Por consiguiente, desde la óptica cristiana, no es que Dios exija el sacrificio del hombre, sino que es el hombre quien debe responder a la inmolación de Dios. De hecho, bastaría con esta dislocación para, cuanto menos intuir, que el cristianismo no es una religión entre otras. En la religión, Dios —o la nada equivalente— es siempre la meta. En cambio, el cristianismo contempla la relación del hombre con Dios desde el punto de vista de Dios: la meta es el hombre, no Dios. De hecho, ninguna religión se ha atrevido a decir que si el hombre puede vivir con el espíritu de Dios —si el hombre puede vivir por encima de la muerte— no es porque el hombre sea, de por sí, capaz de Dios, sino porque Dios mismo quiso morir como Jesús-Crucificado. La cuestión, no obstante, es si cabe comprender todo esto sin que quede alterado inaceptablemente el sentido habitual de la palabra Dios.
dublineses
marzo 2, 2011 Comentarios desactivados en dublineses
Hay quien se relaciona con Dios como otros se relacionan con sus muertos. De hecho, parece ser que el culto más antiguo es el culto a los propios fantasmas: como si la superstición más arraigada fuera aquella que da por sentado que los muertos siguen, de algún modo, ahí, dispuestos a intervenir en nuestras vidas. En cualquier caso, es obvio que la creencia en la existencia de espiritus que, de un modo más o menos eficaz, tutelan nuestra existencia, puede adquirir diferentes ropajes. Es así que desde un punto de vista formal, no hay diferencia entre dirigirse a un dios-espectral e invocar a los parientes que fallecieron. Cuestión de costumbre.
distancias
marzo 1, 2011 Comentarios desactivados en distancias
Cualquiera de los nuestros, a diferencia, por ejemplo, de los orangutanes es capaz de sentir vergüenza. De hecho —¿quién podrá negarlo?— la posibilidad de la vergüenza es lo que provoca la gran brecha entre ellos y nosotros. Al fin y al cabo, si podemos decir ‘yo’ es porque nuestro cuerpo es algo extraño, algo a lo que, tarde o temprano, debemos enfrentarnos. Si soy alguien para mí mismo es porque no termino de admitir la integridad de mi cuerpo. El mandato fundacional es, así, incuestionable: hay algo en mí —algo de lo que no puedo desprenderme— que debe ser ocultado, encubierto, ignorado… como si no existiera. Decir humano es decir, pues, intimidad. No hay humanidad que no cabalgue sobre el secreto. Ni siquiera los nudistas pueden andar desnudos: ellos también tiene su rincón para hacer sus cosas. De esta forma y salvo que decidamos vivir en un tonel, existimos como culpables. Nadie nunca se encuentra donde está. Y quizá por eso mismo el colmo de la conciencia —el síntoma de la mayor elevación— sea el de sentir asco, no ya de ese grano de pus que siempre nos acompaña, sino de la propia felicidad. Como si otro y no yo fuera, en cualquier caso, quien gozara en medio de mi goce.
aceras
marzo 1, 2011 Comentarios desactivados en aceras
Hoy me crucé con dos ancianos. Uno andaba con dificultad. No podía, literalmente, levantar cabeza de tan curvado que iba sobre sí mismo. Hurgaba en las papeleras. El otro, en cambio, hurgaba en La Central. Vestía bien y acabó por comprar la edición de la pléiade de los ensayos de Montaigne. Charló un buen rato con Marta, la dueña de la librería. Diría que estaba lo suficientemente satisfecho de sí mismo. Lo más probable es que su vida sea, lo que se dice, una vida lograda, mientras que nadie quisiera para sí la vida quebrada del primer anciano. Resulta, pues, desconcertante, por no decir humanamente inaceptable, que alguien pueda decirnos que, del lado de Dios, la vida del primero es más verdadera que la del segundo. ¿Qué clase de Dios es aquél que dice amar a quienes abandona? ¿Cómo hemos podido creer con tanta facilidad que posee más valor una vida sin valor? El cristianismo, hoy en día, está lejos de ser esa provocación que originariamente fue. Se confirma una vez más que la mejor manera de desactivar al provocador es dándole, precisamente, la razón. En un mundo cristiano —en un mundo en donde el escándalo del evangelio se ha convertido en un lugar común— el cristianismo ya no tiene, ciertamente, nada que decir.
desire
marzo 1, 2011 Comentarios desactivados en desire
Todavía persiste la gran diferencia: los hombres utilizan a las chicas fáciles, pero se unen a las madres. Y esto es así con independencia de sí esa madre, de entrada, se ofreció como una chica más o menos fácil. Las mujeres, por su parte, también desean lo imposible. ¿Cuál, de ellas, no quisiera para sí un amo al que poder dominar… sin que deje de tener la espalda plateada? El problema salta a la vista: los dos polos del deseo masculino pueden socialmente diferenciarse. Difícilmente, los de la mujer. No debería extrañarnos que la mujer ponga en juego su integridad psíquica —su entera felicidad— cuando pretende satisfacer su deseo, pues es difícil que éste pueda realizarse por mitades. O todo o nada. Y es que la inversión es más arriesgada donde todos los huevos van en el mismo cesto.
de unas cañas con Faus
marzo 1, 2011 Comentarios desactivados en de unas cañas con Faus
Lo más probable es que nada verdadero tenga lugar en nuestras vidas donde simplemente cedemos a nuestro deseo. Como si la única autenticidad fuera la que nace de nuestro estar sometidos a un mandato imposible. No es casual que la única libertad —la única posibilidad de ir más allá de uno mismo— sea la de quien, en cierto sentido, sabe que debe hacer lo que no puede hacer.
(Y puede que sea por eso que, en el relato del Génesis, todo acontece en relación con un hágase. O por decirlo a la manera de Platón: quizá sea por eso que si las cosas no acaban de ser lo que parecen es porque, en definitiva, se encuentran sometidas a la exigencia insatisfacible de ser lo que parecen.)
modernismo
marzo 1, 2011 Comentarios desactivados en modernismo
Para comprender nuestros tiempos basta con imaginar que alguien dijera que ama a su esposa solo por ser la madre de sus hijos. La mayoría no comprendería por qué este simple hecho —tan enorme por otro lado, si se tiene en cuenta que no hay vida que, en verdad, no haya sido arrancada de la muerte— sea suficiente para querer a alguien. La mayoría no estaría dispuesta a aceptar que el gusto apenas importara en este asunto tan crucial. Lo que ignora la mayoría —el motivo de su moderna ingenuidad— es que las preferencias del consumidor difícilmente nos permiten ir más allá del propio ombligo. No es de extrañar que nada decisivo ocurra para quienes el mundo, lejos ya de su antigua hostilidad, no ofrezca otra cosa que cosas que comprar.
no hay arte sin obsesión
marzo 1, 2011 Comentarios desactivados en no hay arte sin obsesión
Diría que es, cuanto menos, muy díficil dedicar tu vida a una sola cosa o, como también suele decirse, alcanzar un mínimo de integridad, sin sentirse impulsado por un difuso deseo de autodestrucción.
Josep Llort, autorretrato
marzo 1, 2011 Comentarios desactivados en Josep Llort, autorretrato
Hay quienes viven de la pintura. Hay quienes viven, los menos, para la pintura. Los primeros acaparan la atención del presente. Los segundos, lo ignoran. Los primeros, son felices. Los segundos, se encuentran más allá de su felicidad. Los primeros, morirán mirándose el ombligo. Los segundos, no pueden soportarse. Que la verdad esté del lado de los segundos es algo que debería, cuanto menos, provocar el temblor de las gentes.

after victory
febrero 28, 2011 Comentarios desactivados en after victory
La decepción sucede a la satisfacción de la necesidad. Quizá por eso aquello último difícilmente podrá darse como la realización de un deseo.
paradise
febrero 28, 2011 Comentarios desactivados en paradise
¿Alguien se imagina un Paraíso con deberes morales? En el mundo de la comunión de los santos todo se haría por inclinación (sobre)natural. Ningún conflicto puede habitar en lo más profundo de los entes espirituales. Ninguna exigencia se les impondría contra su sensibilidad. De hecho, el combate interior solo aparece donde seguimos divididos y, por defecto, no hay división que valga para quien ha logrado, más allá de la muerte, la anhelada integridad. Un santo coincide, pues, con su modo de ser. La vida de los santos sería, al fin y al cabo, un juego y el cielo un chiquipark. La estética, el puro gozo de vivir, se revelaría como el summum de la existencia y la ética, en definitiva, no sería más que esa escalera que dejamos caer una vez alcanzamos la altura deseada. Los santos son, así, como niños. Son lo que son. Sin mandato que los mantenga fuera de sí mismos. No obstante, ¿quién puede desear honestamente esta santidad? Un cielo paradisíaco ¿no supondría el más espantoso de los vaciamientos? ¿Acaso esa beatitud —esa inocencia, esa integridad— no es la de las alimañas? Para los hombres, no hay beatitud que no sea un descenso, una humillación, una kenosis. Un santo que haya dejado atrás la posibilidad del mal, tampoco puede, propiamente, ser bueno. Un santo, en este sentido, es un idiota moral, una bestia etérea. Una vez más se confirma el carácter perverso de nuestros ideales de pureza. Y es que la imagen de una vida sin mácula siempre representa lo que en modo alguno podríamos humanamente admitir.
solo Dios es bueno
febrero 28, 2011 Comentarios desactivados en solo Dios es bueno
No es casual que la santidad cristiana esté por encima de la beatitud. Ninguno de nuestros santos —ninguno de los que llegaron a responder a Dios— fueron, lo que se dice, vidas al margen de la tentación. Más aún: quien abraza el mal —quien consigue, contra sí mismo, amar a su enemigo— difícilmente puede desprenderse del olor de la sangre derramada. Quien anda entre pobres no acaba precisamente limpio. Por eso conviene cristianamente decir una y otra vez que del cielo no tenemos ni idea. De lo contrario corremos el riesgo de hacer de nuestros beatillos, santos antes de tiempo.
(Y quien objete que para ser santo antes hay que ser beato, debería tener en cuenta que la beatitud precede a la santidad solo en el orden del conocimiento. En este orden, primero va el síntoma y luego la cosa. La Iglesia, ciertamente, ha de poder declarar la beatitud para poder reconocer la santidad. Pero en el orden del ser primero va la respuesta —la santidad— y, luego, la integridad como el obligado horizonte de una vida marcada por la insoportable llamada de Dios.)
más madera para un cristianismo fácil
febrero 27, 2011 Comentarios desactivados en más madera para un cristianismo fácil
Del libro de Job: si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males? Del libro de las Lamentaciones: ¿No proceden de la boca de Dios los males tanto como el bien? (3, 38). De las sentencias de Qohelet: observa la obra de Dios ¿quién podrá enderezar lo que él ha torcido? […] Dios ha creado los dos contrarios para que el hombre no pueda averiguar nada tras de sí (7, 13-14). Del profeta Isaías: Yo soy Yavhé y no hay otro, artífice de la luz, creador de las tinieblas, hacedor de la paz y creador del mal. Yo Yavhé hago todo esto (45 6-7). Y, finalmente, de la regla de la comunidad de Qumrán: Él creó a los ángeles de la luz y a los ángeles de las tinieblas y sobre ellos fundó todas las obras.
¿Basta con decir que todo esto es material espurio, restos de una mentalidad que no deberíamos tener en cuenta? ¿Acaso la poda no supondría de nuevo hacer de Dios algo a nuestra medida?
sobre el cristianismo hippy
febrero 27, 2011 Comentarios desactivados en sobre el cristianismo hippy
Quienes aborrecen la reflexión teológica en favor de un cristianismo de los sentimientos, olvidan que la experiencia creyente es indisociable de la cuestión acerca de qué ocurre con ese Dios que parece abandonar a sus fieles en los momentos cruciales. No es causal tampoco que esos mismos cristianos no sepan qué hacer con la dogmática. Ignoran que ésta, lejos de zanjar la cuestión sobre Dios, la mantiene abierta como una cuestión sangrante, pues ¿acaso decir que el Crucificado fue Dios verdadero y hombre verdadero es decir algo que podemos sentimentalmente dar por bueno? Esos cristianos del cojín olvidan, al fin y al cabo, que sapere significa, de entrada, saborear. Un cristianismo que eluda la pregunta por la verdad solo puede engendrar cristianos encantados de conocerse.
y la palabra se hizo carne
febrero 27, 2011 Comentarios desactivados en y la palabra se hizo carne
Una cosa es perdonar a tu enemigo porque te sientes espontáneamente inclinado a ello, si es que esto fuera posible, y otra hacerlo porque has encarado a Dios, esto es, porque sabes que no hay nada más allá de ese perdón.
H2O
febrero 26, 2011 Comentarios desactivados en H2O
Decir que de Dios en sí mismo tan solo tenemos un nombre equivale a decir que de Dios no hay atributos que valgan. Ni siquiera el de la bondad. Estrictamente hablando un nombre sin referencia es un símbolo, algo cuya referencia está por ver. Como cuando nos encontramos con un trazo indescifrable en una piedra de la antigüedad o como cuando el silencio sucede al ruido del mundo (1 Re 19 11-13): Dios es siempre el que debe acontecer —o mejor dicho: el que se encuentra por volver—. Ciertamente, alguien aquí podría levantar la mano y poner sobre la mesa aquellas citas bíblicas que caracterizan a Dios como, por ejemplo, misericordioso. Sin embargo, quien proceda de este modo olvida las otras citas, las que lo comprenden, precisamente, como terrible. Así pues, si los atributos son tan contradictorios es que, en realidad, no atribuyen nada. Decir que Dios es bueno y, al mismo tiempo, cruel es no decir nada de Dios. En todo caso, supone decir que tanto la bendición como la desgracia son debidos a la trascendencia de Dios, al eclipse del séptimo día. Solo bajo el prisma deformado del helenismo podemos dar por sentado que el Dios bíblico posee una naturaleza, un modo de ser. Desde la experiencia veterotestamentaria de Dios, lo único que podemos decir de Dios es que, en tanto que vivimos de su ausencia, Dios sigue pendiente como el por-venir absoluto del mundo, esto es, como su término o final. Y es que la realidad de Dios, al fin y al cabo, no puede comprenderse como la de una molécula de agua, la cual, como sabemos, puede adoptar tres estados diferentes. Hay señales de Dios, pero nunca son las que esperábamos. Y es que de Dios no hay más señal que la que nos señala como culpables, literalmente, como aquellos que aún deben responder. ¿O es que acaso alguien puede admitir como señal el llanto, el clamor que le distingue como aquel que, de entrada, se encuentra como Caín, fuera de lugar?
ladrón de bicicletas
febrero 25, 2011 Comentarios desactivados en ladrón de bicicletas
Ves a un hombre de mediana edad deambulando por la calle, sin trabajo y, probablemente, sin familia. ¿Qué imagen sostiene su esperanza? Pues, si continúa en pie —si logra soportarse— es porque tiene una ficción a la que agarrarse, una figura arquetípica con la que identificarse, una incomprensible elevada idea de sí mismo, un ídolo. O, en su defecto, porque posee una convicción básica del tipo mi dios no me abandonará. Sin embargo, da igual una cosa u otra. Se trate de un ídolo o de una creencia, lo cierto es que el juego se sigue jugando en el espacio de lo humano. Y, por consiguiente, nada definitivo se juega aquí. Muletas para disimular la cojera. Droga dura. No debería extrañarnos, así, que nada comience en verdad hasta que un hombre se queda sin imágenes —hasta que no soporta el peso de la altura de Dios—. Es posible que los grandes textos bíblicos no quieran decirnos otra cosa. Al fin y al cabo, un creyente de raza está más cerca del nihilismo que muchos de nuestros ateos de salón, algunos de los cuales han sustituido la increíble confianza en Dios por una ingénua confianza en las posibilidades del mundo.
el viejo Dietrich
febrero 25, 2011 Comentarios desactivados en el viejo Dietrich
«Un Dios que existe no existe», dijo Bonhoeffer. Y muchos cristianos estarían de acuerdo. Sin embargo, ¿cómo es que estos mismos cristianos, por lo común, siguen dirigiéndose a Dios como si Dios existiera? Aquí la cuestión es muy simple: o Bonhoeffer tiene razón o no la tiene. Y si la tiene, ¿en qué sentido podemos seguir con Dios?
tal cual
febrero 24, 2011 Comentarios desactivados en tal cual
¿Puede sobrevivir un Padre a la muerte —cruenta, injusta— de su Hijo? Algunos siguen creyendo que sí. Por lo común, no son padres —ni, por descontado, madres—. Suelen argumentar que estas cosas no hay que tomárselas al pie de la letra —que hay que interpretarlas—. Sin embargo, ellos son los primeros en creer al pie de la letra: que si Dios se encuentra por ahí, tutelando nuestra existencia; que si Moisés dividió efectivamente el mar; que si María fue físicamente virgen, etc. En este sentido, resulta difícil entenderlos. Aunque, de hecho, deberíamos darles la razón: para comprender el alcance de ese acontecimiento crucial no hay más que seguir el curso de las palabras que se emplean. Solo que no parece que estén dispuestos a hacerlo. Si se dice que en el Gólgota muere el Hijo de Dios, entonces el Padre, por mucho que lo sienta, no puede quedarse tal cual por encima de esa cima. O por decirlo con otras palabras: si únicamente en esa Cruz se revela Dios mismo, entonces Dios no puede limitarse simplemente a contemplar los hechos. Quizá sea por eso que, con el tiempo, los creyentes llegaron a decir algo tan inaceptable para la conciencia común como que en esa Cruz tuvo que morir Dios mismo para que el homo sacer pudiera dar(nos la) vida en medio de la muerte.
complete rest
febrero 24, 2011 Comentarios desactivados en complete rest
La mujer, ¿reposo de guerrero? Ciertamente, hay algo muy básico en todo esto. Sin embargo, una vez más se cumple aquello de Hegel: que lo natural en el hombre es que deje de ser natural. Una vez más, lo que tiene que ser no coincide con lo que debe ser. O lo que viene a ser lo mismo: una gran perturbación acaso sea el precio que terminamos pagando por ser lo que somos.
factum
febrero 22, 2011 Comentarios desactivados en factum
No hay hechos últimos. O mejor dicho: lo último es que no hay hecho último. De lo que se deduce que lo último no es un hecho, sino la exigencia misma de lo último. (Como para que a estas alturas siga habiendo alguien que insista en la existencia de Dios.)
Dogville (1)
febrero 22, 2011 Comentarios desactivados en Dogville (1)
Cabe la posibilidad de que Dogville sea también un panfleto antisemita. ¿O acaso hubiera habido esa ilustración final —ese pequeño holocausto— si el pueblo de Moisés, ese perro furioso, hubiera sido capaz de acoger a la hija de Dios? Sin embargo, lo más probable es que Lars von Trier dé por hecho que, en el fondo, todos somos unos malditos judíos.
más allá de Onán
febrero 22, 2011 Comentarios desactivados en más allá de Onán
Intimidad es vulnerabilidad, pues lo más íntimo en modo alguno nos pertenece.
(No es casual, por tanto, que una amante siempre acabe siendo testigo de la caída de aquel a quien cree amar.)
dilema
febrero 21, 2011 Comentarios desactivados en dilema
Caben dos posibilidades. O bien existe otra dimensión —oculta, sobrenatural— en donde no hay desgracia, o bien no hay más cera que la que arde y, por consiguiente, el mal no encuentra la horma de su zapato en ningún más allá. En el primer caso, ese otro mundo sería el mundo verdadero, mientras que el nuestro no sería más que una copia defectuosa. Las hombres buenos lo serían por imitación —por sintonía—, mientras que los malos lo serían por ignorancia o impericia. Y sin duda es una manera de verlo. De hecho, la más consoladora. Sin embargo, de ser cierta, lo divino —o, si se prefiere, Dios mismo— no dejaría de ser propiamente un hecho, un elemento que, aunque supremo, pertenecería, en definitiva a la totalidad. El único inconveniente de esta visión es que no deja lugar para la voluntad, pues solo un Dios que se sitúe fuera de la Creación —y, por tanto, inexistente—, solo un Dios que nos obligue a admitir que no hay más cera que la que arde, puede someter al hombre a esa demanda imposible que, con independencia de su modo de ser, le libere del poder de las circunstancias.
pregunta tema
febrero 21, 2011 Comentarios desactivados en pregunta tema
Quienes sostienen la existencia de los ángeles ¿estarían dispuestos a invertir la cantidad de dinero de aquellos programas de investigación que pretenden demostrar, por ejemplo, la existencia de fantasmas o, cosa más interesante, de una conciencia después de la muerte? Si su respuesta es que no hace falta, pues ya están convencidos de su existencia, entonces ¿no deberían admitir que su creencia tiene más que ver con ellos —con su necesidad de creer— que con el valor intrínseco del objeto de su creencia? En vez de decir que existen los fantasmas ¿acaso no deberían decir que a ellos ya les va bien creer en su existencia? Probablemente tenga más fervor quien arriega su vida en busca del santo grial que quien defiende que el santo grial es una metáfora, en último término, algo que exige una interpretación. La cuestión, sin embargo, es quién puede hoy creer con esta sinceridad.
una historia poco bíblica
febrero 21, 2011 Comentarios desactivados en una historia poco bíblica
Hubo una vez un muñeco de sal que recorrió regiones enteras hasta que llegó al mar. Al llegar a la orilla el muñeco le preguntó: ¿quién eres? Y el mar le respondió: ven y lo verás. Primero hundió un pie y luego el otro, mientras obsevaba con temor como se disolvían. Le preguntó de nuevo: ¿quién eres? Y el mar no respondió. Su cuerpo se iba diluyendo poco a poco a medida que entraba en el mar. Finalmente, antes de fundirse por entero, escuchó una voz interior que le decía: el mar soy yo. (Compárese con Ex 3, por ejemplo. O, también, Mc 15, 34.)
un escándalo es un escándalo
febrero 17, 2011 Comentarios desactivados en un escándalo es un escándalo
El escándalo —lo intolerable—: que esa cruz sea la cruz de Dios. Es decir, que Dios no se presente como poder, sino como impotencia. Esto es, precisamente, lo que no podemos aceptar. ¿En qué sentido puede seguir siendo Dios un Dios que acaba colgado de un madero, un Dios que no se manifiesta tal y como debe ser? ¿Cabe confiar en un Dios que no parece capaz de sacarnos del atolladero? ¿En qué sentido puede seguir siendo ese Dios crucificado un Señor? ¿Besaríamos la mano de Vito Corleone si no fuera capaz de protegernos? El problema no es que cristianamente digamos que el Dios que se revela en la Cruz es un Dios débil. El problema es que no nos escandalizamos aún lo suficiente. ¿Cómo podemos proclamarlo y quedarnos tan anchos? ¿Acaso podemos admitir tal decepción? El hecho fue que el hombre de Dios —aquel en quien, según dicen algunos, habitaba el espíritu, esto es, la fuerza, el impulso mismo de Dios— no fue capaz de transformar el corazón de sus verdugos. Así pues, o bien en esa cruz murió, una vez más, el profeta y, por consiguiente, aún nos mantenemos judíamente a la espera de Dios; o bien en esa cruz murió un impostor, alguien que creyó poder ofrecer antes de tiempo la misericordia que solo Dios puede ofrecer en los días del Juicio. Lo que no podemos decir, sin que sea cuestionado el significado mismo de la palabra «Dios», es que en el Gólgota fue crucificado Dios mismo. Y si cambia el significado —si queda alterada la posición de Dios— es porque en verdad no hay «deus ex machina» que valga, esto es, porque en realidad no existe ese Dios que el hombre espera encontrar. Ahora bien, algunos se preguntaran por qué seguimos, con todo, empleando la palabra «Dios», si no se trata de «Dios» en el sentido usual del término. La respuesta solo es comprensible para quien admite el carácter histórico de lo real: si seguimos hablando de Dios es porque el vínculo de Dios con el hombre solo puede tener lugar en la inmolación misma de lo divino. Por eso de Dios solo poseemos sus restos, su espíritu. Estrictamente, el lenguaje del cristianismo es un metalenguaje: un lenguaje acerca del lenguaje acerca de Dios. Aquí la provocación de Duchamp puede servirnos como pista. Como es sabido la experiencia del arte contemporáneo solo es posible en el interior de un discurso sobre el arte. Si esos burgueses se escandalizaron cuando vieron en la sala de exposiciones un urinario en vez de un cuadro de Ingres no fue porque se encontraran con algo diferente a lo esperado —como ocurriría, por ejemplo, si el pintor fuera David y no el Ingres anunciado—, sino porque toparon con algo que en modo alguno podían aceptar como algo bello. Y, sin embargo, si el urinario de Duchamp es bello, si representa una belleza ausente —si la encarna— no es porque se parezca a una belleza ideal, sino porque ocupa el lugar de una belleza imposible. Decir, pues, que el sujeto de la revelación es Dios mismo equivale a decir que no se trata de una iluminación: no es que el hombre se haya dado cuenta de que la palabra «Dios» se refiere a un Crucificado en vez de, por ejemplo, a Zeus o a Moloch. Duchamp profanó el templo de la belleza como la Cruz profanó el Templo de Israel. Y si ello fue posible es porque el lugar de Dios fue ocupado por lo que nos queda de Dios cuando ya no queda nada de Dios, a saber, un excremento, un nadie, una huella de Dios. Al fin y al cabo, el aliento de un Crucificado.
actualidad del cristianismo
febrero 17, 2011 Comentarios desactivados en actualidad del cristianismo
A veces me preguntan si el cristianismo puede ser una religión para nuestros días. Y mi respuesta es siempre la misma: diría que no. Una religión para nuestros días es, por ejemplo, el budismo. De hecho, el budismo, en tanto que religión sin Dios, se ofrece ciertamente como una solución para quienes queriendo ir más allá de sí mismos, no están dispuesto a regresar al Dios de su infancia. El budismo sería, pues, una religión para nuestra mayoría de edad, como quien dice. En cambio, el cristianismo difícilmente puede ser una religión actual en tanto que, de entrada, no se revela como una solución a nuestro estrechez de miras. El kerygma cristiano no está ahí para compensar nuestra sequedad espiritual. Más aún: como religión de los días finales, si es que de hecho se trata de una religión, el cristianismo nunca ha sido actual. O lo que viene a ser lo mismo: porque su mensaje es un mensaje de ultratumba, el cristianismo nunca se ha conciliado con ningún presente. Al contrario. Precisamente porque el cristanismo quiebra la autosuficiencia de cualquier actualidad, el cristianismo se revela como la única verdad acerca de lo último, esto es, acerca de la indigna muerte de los justos. De hecho, lo que confiesa un cristiano, a saber, que la Cruz es el único lugar en donde uno puede toparse con Dios, es algo que ninguna sensibilidad actual puede honestamente admitir.
égalité
febrero 16, 2011 Comentarios desactivados en égalité
Aquello que nos debemos unos a otros —el compromiso ético— no puede basarse en ningún hecho, ni siquiera en el hecho de la igualdad. Así, por ejemplo, no podemos decir que debemos respetarnos porque, en definitiva, somos iguales. Basta con negar este hecho, basta con cuestionar debidamente esta igualdad para dejar de sentir el poder del mandato moral. Al fin y al cabo, ningún hecho posee autoridad. Ningún hecho puede moralmente obligarnos. Por tanto, el carácter imperativo del no matarás en modo alguno procede del reconocimiento del hecho de que seamos iguales, sino que más bien ocurre al revés: porque se nos impuso con autoridad el no matarás, cualquier vida humana, sea cual sea su mérito, se nos revela como igual. Aquí la cuestión es, sin embargo, de dónde procede esa autoridad.
la madre naturaleza
febrero 16, 2011 Comentarios desactivados en la madre naturaleza
Algunas mujeres se quejan de que los hombres solo ven, cuando las miran, un cuerpo. Algunos hombres dicen, por su lado, que las mujeres solo se fijan en su cuenta corriente. Sin embargo, la naturaleza es sabia. Si a la hora de reproducirse solo contara el alma del hombre o la mujer —un gran carácter, una vida elevada—, entonces haría ya tiempo que habríamos dejado de existir. Pues una cosa es que demos por sentado que cualquier hombre o mujer valgan la pena y otra que, de hecho, valgan la pena. Por suerte para la especie, tirán más dos tetas que dos carretas. La individualidad, mejor dicho, el exceso que sostiene una individualidad, nunca hizo buenas migas con lo general.
impotencia del reduccionismo
febrero 16, 2011 Comentarios desactivados en impotencia del reduccionismo
Desde una cierta distancia, un hombre es un bicho que no puede aceptar que lo es. Este rechazo de sí —este no poder soportar la integridad del propio cuerpo— es, en definitiva, aquello que nos define… si es que se trata de una definición. Por eso la palabra ‘ser’ no puede menos que aplicarse paradójicamente al caso del hombre: el hombre no se encuentra —no es— allí donde está. Heidegger decía que el hombre propiamente no es, sino que ex-siste. Un hombre siempre quisiera hallarse en otra parte, fuera de su actualidad. Y quiza sea ésta la razón por la que lo humano del hombre no coincide con un determinado modo de ser. En este sentido, porque el hombre es su estar en falta —porque la mancha nos pertenece como lo más íntimo—, el hombre no es más que su posibilidad. Ningún porvenir —nada de lo que pueda prometer un ídolo— logra realizarnos. ¿Debería, pues, extrañarnos que el nihilismo —la convicción de que la nada prevalece— haya construido su hogar en las entrañas del idealista? ¿Debería sorprendernos que acaso no haya más reconciliación que la de quienes quisieron vivir como perros sin vergüenza?
sacramentum
febrero 15, 2011 Comentarios desactivados en sacramentum
Para un cristiano —y probablemente también para un judío— solo hay una cosa sagrada y es el hambre, la miseria de los hombres, su precariedad.