Sophie Scholl

julio 5, 2010 § Deja un comentario

Cuando se le preguntaba a Sophie Scholl cómo pudieron, ella y sus compañeros católicos de la Rosa Blanca, enfrentarse al régimen nazi por la deportación y el asesinato de miles de judíos, siempre decía lo mismo: no puedo hacer otra cosa; tengo que ser fiel a mi voz interior. Sophie Scholl y sus compañeros sabían, sin duda, a lo que se exponían. Probablemente creyeron, al menos de entrada, que su denuncia —su activismo— no caería en saco roto, pero eso no fue a la larga lo decisivo. Cuanto más eficaz se mostraba el régimen, menos podían creer en las posibilidades de sus actos. La naturaleza insoslayable de esa voz interior se revela, una vez más, como el único foco de resistencia en medio de la barbarie.

(Sin embargo, ¿qué significa esa voz? ¿Cómo comprenderla? ¿A través de qué itinerario llegamos hasta ella? ¿Cómo debemos pensarla?)

ante la indiferencia

julio 5, 2010 § Deja un comentario

Quien ya no confía en nada fácilmente se cree con derecho a epatar —o dicho en plata: porque nada tiene sentido, uno puede cagarse en todo cristo—. Sin embargo, de la misma premisa podemos deducir perfectamente lo contrario. Porque no existe nada que pueda sostener lo que debemos moralmente hacer estamos obligados, cuanto menos, a la amabilidad. O por decirlo a la Dostoyevski: si Dios no existe, entonces no todo está permitido. Así, el carácter incuestionable del no matarás procede no ya de un supuesto orden sobrenatural, sino de la misma ausencia de Dios (o dicho en judío, de su radical trascendencia). La prohibición se revela, en este sentido, como el suelo de la resistencia del hombre a la indiferencia del universo. O mantenemos las formas o perecemos como moscas en la boca del sapo.

una introducción a Platón en siete líneas

julio 3, 2010 § Deja un comentario

La cuestión es si podemos decir que un mal café es un café. En principio, un mal café es algo más parecido al café tal y como debe ser que, pongamos por caso, un zumo de naranja. Sin embargo, lo que no acaba de ser propiamente no es. Un mal café sería, pues, una imitación del café tot court. Otro asunto es que en la barra del bar lo demos por bueno. Pero una cosa no quita la otra.

PS: es posible que esta introducción resulte hasta cierto punto simpática. Sin embargo, sustituyamos  «café» por «humano» y la reflexión adquiere, sin duda, otro sentido… Por eso quizá Jerusalén nunca hizo del todo las paces con Atenas.

Trude Fleischmann

julio 3, 2010 § Deja un comentario

El vértigo de esta fotografía no lo provoca la desnudez del cuerpo, sino el hecho de que la modelo ya está muerta.

integridad

julio 3, 2010 § Deja un comentario

Si quieres ser una sola cosa, haz una sola cosa. Variante: no hay arte sin obsesión (Cesare Pavese).

(Aun así, la misma expresión «dedicar la vida a…» ¿no debería más bien desconcertarnos? ¿Acaso no es preferible no tener que renunciar, en principio, a nada?  Sin embargo, ¿podremos en verdad querer algo mientras sigamos sometidos a la dispersión? Más aún: ¿quién podrá «dedicar su vida a» —esto es, quién podrá elegirse— si no responde a una llamada de lo alto, como quien dice? —pues resulta elemental que uno no decide «dedicar su vida a» del mismo modo que elige una marca whiskey…—.)

diccionario

julio 1, 2010 § Deja un comentario

Barbarie: el vino es vino. Esto es: todos los vinos son de hecho iguales.

Cultura: no todo vino es vino. Hay diferencias abismales entre un Don Simon y un Petrus. Como si fueran cosas distintas.

Biblia: todo vino es vino… solo porque estamos muertos de sed.

En definitiva, cuestión de grados…

taberna

julio 1, 2010 § Deja un comentario

El genio, como sabemos, se mueve en el espacio de las sutiles diferencias. Así, mientras una de las dos nubes está  bien —o incluso muy bien, si se prefiere—, la otra simplemente es otra cosa. El corolario del arte es siempre el mismo: hay algo más, sin duda, pero no acabamos de saber qué.

la significación

julio 1, 2010 § Deja un comentario

¿Acaso una vida con sentido, como suele decirse, no consiste en poder concebirse como el protagonista de un drama significativo? ¿Y qué sentido nos espera hoy en día dónde los únicos mitos a nuestra disposición son los que narran los escarceos de adolescentes en celo? La moraleja de Romeo y Julieta (o la de que cualquiera de sus miles de variantes) debería, cuanto menos, inquietarnos: nada ocurre después. Una cultura no puede ir muy lejos cuando la única significación es la que proporciona la novedad.

¿y tú que sabes…?

junio 29, 2010 § Deja un comentario

¿Qué significa decir que de Dios, en sí mismo, tan solo tenemos un nombre… por otro lado impronunciable (YWHW)? Pues que Dios no es algo así como un enchufe al que puedo conectarme —o una especie de Red Bull etéreo—. Puede que quienes defienden una espiritualidad new age tengan razón y, efectivamente, exista una energía top de la que podemos participar… si hacemos bien las cosas. Esta sería, de hecho, la expresión actual de la antigua religiosidad. Las coordenadas siguen siendo las mismas, solo que el más allá se ha hecho subyacente y los dioses algo más abstractos. Pero todo esto sigue siendo, al fin y al cabo, irrelevante. Lo relevante: si el Mal tiene o no la última palabra. Y ciertamente, resulta tautológico —por no decir estúpido— creer que dejará de haber Mal si todos hiciéramos lo debido… pues el dato inicial —el dato natural— es, precisamente, que no todos podremos hacer lo debido. Lo que olvida la espiritualidad new age —esa ilusión— es que naturalmente la vida solo se despliega fagocintándose a sí misma. Por eso, decir que de Dios, en sí mismo, tan solo poseemos el nombre equivale a decir que de Dios en sí mismo, seguimos sin saber. O lo que es lo mismo: que si estamos sometidos a Dios es porque Dios se nos da como la presencia de una ausencia. Dios no es en verdad una solución.

el ciego de Lars

junio 26, 2010 § Deja un comentario

En «Bailar en la oscuridad», la escena de la vía del tren. Ella dice: «lo he visto todo. He visto la oscuridad. Y he visto la luz como un destello. Nada más me importa.» Pero ¿qué es este nada más? Pues, por ejemplo, cómo acaricia la madre a su hijo. O cómo se quieren los esposos. O la belleza de los prados… En cualquier caso, la situación resulta, cuanto menos, desconcertante. ¿Cómo puede dejar de importarle lo que, de hecho, importa? ¿Acaso no es cierto que solo desde la oscuridad podemos caer en la cuenta de la importancia de todo eso? Sin embargo, no parece que Björk, la protagonista, transite por la vía del nihilismo. Entonces, ¿qué le vale en verdad? ¿Qué vida vive quien regresa con vida de la mayor opacidad? ¿Cómo es que esa vida parece más viva que nuestra mejor vida? ¿Qué ha visto —qué ve—, en definitiva, un resucitado?

Una vez más: o ascendemos hacia la cima —y permanecemos humanamente en la ingenuidad pagana— o regresamos de la tiniebla con la visión de los ciegos.

abyss

junio 25, 2010 § Deja un comentario

Todos quienes se encuentran en esa fosa común tuvieron una infancia. Nacieron para vivir. Jugaron a la comba, se enamoraron, quizá incluso llegaron a engendrar, cultivaron la tierra, esperaron una vida mejor…  Y, sin embargo, el mundo les dijo: ya no debes vivir más. Serán los olvidados: como si nunca hubieran vivido. Este es el abismo y no el que tuvo el romántico bajo sus pies. Viendo por donde van los tiros resulta obvio que el mandato de Dios es inconciliable con la naturaleza del mundo. Quienes cantan que otro mundo es posible no saben lo que cantan. Más bien, deberían proclamar sin rubor: o Dios o Mundo. Esto es: debe haber otro mundo… aun cuando no pueda haberlo.

Q.E.D

junio 25, 2010 § Deja un comentario

¿Y si la lógica —el poder del argumento— fuera el único modo de alcanzar la máxima ironía, de decir sin decir, de exponer una verdad sin que se rompan los vínculos de la ciudad ? Así, quien puede argumentar con eficacia no necesita decirlo todo. Las consecuencias siempre caen por su propio peso… para quien sepa seguir el argumento hasta el final. La verdad, como ya supo ver Platón, es en cualquier caso un asunto esotérico, cuestión de pocos. Y es que una verdad común —un tópico— es algo demasiado digerible como para que pueda ser verdad.

si Dios existe…: un ejercicio de teo-logica

junio 25, 2010 § Deja un comentario

¿En qué sentido podemos decir que Dios es un misterio? Si Dios pertenece al orden del ente —esto es, si Dios posee una cierta entidad—, entonces Dios solo puede ser misterioso en el mismo sentido en que pueda serlo una cosa misteriosa, a saber, como algo que sabemos que es pero no en qué consiste. Así, uno toparía con Dios como quien topa con un virus: no podría negar su existencia pero no sabría a ciencia cierta si se trata de un ser vivo o bien de una estructura proteica en el límite de la vida. Los virus, como es sabido, se reproducen como los seres vivos, pero no poseen estructura celular. Una cosa misteriosa sería, pues, algo que no acabaría de encajar con los patrones disponibles. Sin embargo, Dios no es un virus. Veamos el porqué. « Leer el resto de esta entrada »

1045a10: the whole is more than the sum of its parts

junio 25, 2010 § Deja un comentario

¿Dónde reside el todo —el summum bonum—? Algunos dicen que en el sexo. Otros que en el éxito o la fama. También suele creerse que en el hogar. Motos. Nada acaba de ser lo que promete. Las imágenes de la perfección son simplemente eso: imágenes. Hay que ser muy ingenuo para poner nuestra confianza en estas cosas. Esta es la verdad —el punto de partida creyente—. O lo que viene a ser lo mismo —el summum, la integridad de la experiencia…— siempre es un asunto pendiente, estrictamente hablando, algo que pertenece a un más allá sin imágenes creíbles. Y quizá por eso —porque el summum no acaba de tener lugar… aun cuando acaso sea lo único que deba tener lugar— podemos estar por encima de nuestras circunstancias. Al fin y al cabo, 1 Co 729-31.

la diferencia entre la ingenuidad pagana y el cristianismo, en dos pasos

junio 24, 2010 § Deja un comentario

La ingeunidad del paganismo moderno (de cantajuego 5):

Si permitimos, si compartimos/ si escuchamos, lo lograrán. / Si amamos más y damos más / lo cambiarán, lo cambiarán [el mundo]. / Desde sus juegos y sus preguntas / desde sus manos lo lograrán. / Con su ternura y su alegría / lo cambiarán / lo cambiarán. / Podrán cambiar, podrán cambiar / en libertad, en igualdad, podrán cambiar, podrán cambiar / son el futuro y la verdad. / Tienen la magia que da la vida / tienen amor / sin más medida / y con sus sueños y su inocencia / lo cambiarán, lo cambiarán.

La réplica creyente:

la Encarnación explicada a los niños (o casi)

junio 24, 2010 § Deja un comentario

Que hoy en día estamos aún lejos de comprender el cristianismo se ve claramente cuando constatamos que muchos creyentes aceptan como si tal cosa esto de la Encarnación, en vez de quedar sometidos a un gran desconcierto. Imaginemos que uno de los nuestros, esto es, un hombre o una mujer, decidiera hacerse mono… para liberar a los monos de su esclavitud animal. Tiene dos alternativas. O bien se viste de mono… y habla y se mueve como si fuera un mono, aun cuando, de hecho, siga pensando y sintiendo como un hombre; o bien, se transforma en mono… de manera que deja de ser hombre. Pero en el primer caso, la vida ejemplar del hombre-mono, no le serviría al mono, pues en verdad esa vida seguiría siendo algo propio de hombres; mientras que en el segundo, no habría posibilidad alguna de salvación. Por tanto, ¿cómo es posible la Encarnación… si no puede ser ni una cosa ni otra? Estrictamente hablando, en la Encarnación, Dios deja de ser Dios —y, por tanto, no hay pantomima—, para que el no-hombre pueda vivir más alla de la muerte como Espíritu de Dios —y, por tanto, hay salvación—. Pero esto es lo mismo que decir que tras la Encarnación ni Dios puede seguir siendo solo Dios, ni el hombre solo hombre. Dios muere en la Cruz para que el infrahumano —la rata judía— viva como igual a Dios —en lenguaje de la antigua apocalíptica, para que pueda ser elevado a la derecha de Dios—. Encarnación significa, pues, que el sacrificio de Dios es la condición sine qua non de la resurrección del hombre.  En tanto que hace inviable la división entre el dios y el hombre —la división que constituye, al fin y al cabo, el ámbito de lo humano—, un Dios encarnado no puede ser algo que el hombre pueda integrar. Más bien, se revela como la anticipación del final, humanamente inconcebible, de la escisión entre este mundo y el ideal. En cualquier caso, nada que ver con las cosas que se dicen por ahí.

the age of innocence (y 2)

junio 24, 2010 § Deja un comentario

¿Qué demuestra la existencia de los Mosuo —cf. la edad de la inocencia—? A lo sumo, que el hombre puede vivir en paz bajo ciertas condiciones. En modo alguno, que sea bueno.

(Aún así, cabe preguntarse de qué se trata al fin y al cabo. O bien se trata de transformar al hombre… para que pueda ser bueno en cualquier situación; o bien, se trata de modificar las condiciones de vida, para que el hombre pueda, cuanto menos, vivir como si fuera bueno. En el primer caso, estamos ante un ideal moral. En el segundo, ante un ideal político. En el primer caso, se da por sentado que el hombre puede hacerse cargo de sí mismo… aun cuando ello solo sea posible respondiendo a una demanda infinita. En el segundo, lo que se da por sentado es que el hombre, al fin y al cabo, no hace más que reaccionar a sus circunstancias. Como se ve, no se trata de lo mismo. O lo uno o lo otro, pero no ambos.)

los preferidos de Dios

junio 24, 2010 § Deja un comentario

Que el Dios de la Cruz prefiera a los pobres antes que a los hombres de Dios —los hombres de las cimas y los temploses algo que debería, cuanto menos, arrojarnos a una cierta perplejidad. O dicho con otras palabras: lo que humanamente no podemos aceptar es que ese Dios se identique con la podredumbre de los dejados de la mano de Dios y no con la pureza a la que, en un sentido u otro, aspiramos —por no decir con la energía de la paz y el amor.

El escándalo —esto es, lo humanamente inadmisible—: que Dios sea esto…

…y que, por tanto, estemos obligados a esto

antes que a esto…

the age of innocence

junio 24, 2010 § Deja un comentario

«La más destacable es la etnia Mosuo, que habita en la localidad de Loshui, en la zona suroeste de China, próxima a Myanmar y al Tíbet. Con una población de 35 mil habitantes, se distribuyen en alrededor de 50 poblados, cercanos al lago Lugu. A una altura de 2.700 metros, se desempeñan como pescadores y granjeros. […] La religión de los Mosuo es panteísta; veneran a Mu de Gan, la montaña sagrada, que se concibe como la diosa del amor y a Shinami, el lago sagrado, visto como la diosa madre. Han resistido la influencia de vecinos muy patriarcales, como fue el caso del régimen teocrático-feudal de los lamas tibetanos y del aguerrido imperio chino. A los 13 años niños y niñas son considerados mayores de edad y los familiares les preparan una ceremonia que los convierte en maduros para tener amantes. Las chicas, a partir de entonces, viven en una habitación separada y los chicos continúan en el zuwu con la familia materna. Las relaciones furtivas son las habituales en la aldea. Una mujer de alrededor de treinta años puede haber superado los cincuenta amantes y, en algunos casos, si es atractiva, es probable que haya tenido relaciones con todo el grupo de su edad. […] El contenido de la palabra celos no tiene el más mínimo significado. La fidelidad es un concepto totalmente ignorado, y ni qué hablar del cuento del “príncipe azul”. Cuando una mujer y un hombre quieren formalizar una relación, deben obtener la aprobación de las venerables ancianas. Así, el compromiso queda establecido y pasan a ser algo así como pololos. Pero eso no implica que vayan a vivir juntos: el hombre puede pasar la noche en la habitación de su amante, pero tiene como norma regresar a su casa materna antes del amanecer. Si el amor entre los amantes se acaba, se separan pacíficamente y buscan otro u otra pareja más adecuada. Aunque tengan hijos, ni los niños ni ningún otro miembro de la familia se referirán al progenitor como padre;  éste los visita ocasionalmente y es tratado con respeto. Son los tíos biológicos de los pequeños los que se ocupan de su seguridad y educación y los niños corresponden cuidando de sus tíos cuando les llega la vejez. […] El sexo se practica de forma abierta y libre, aunque nadie anda comentando sus intimidades. […] Entre los Mosuo no existen palabras para los conceptos de asesinato, guerra, violación o cárceles. No hay violencia y son comunes el buen trato y la hospitalidad; no hay lucha por el poder; cada quien trabaja según su capacidad y los bienes se distribuyen de acuerdo con las necesidades de cada cual. Gracias al ambiente tolerante, pacífico y de respeto mutuo, cualquier problema puede resolverse por medio del diálogo.» (Fuente: elciudadano)

Comentario de texto

O bien esto es así —y, por tanto, el cristianismo permanece en el error—; o bien, no se nos dice todo de los Mosuo… De otro modo: o es cierto que cabe la posibilidad de una existencia sin mal, de una vida inocente, no marcada por una culpa originaria; o la descripción anterior es, simplemente, la ilusión del antropólogo occidental, el cual, fascinado ante la posibilidad de haber dado con una sociedad armónica, sin ataduras ni contratos, no ve más allá de un palmo de sus narices.

Aún así, cabe una tercera posibilidad: que efectivamente haya un pueblo inocente… pero que, precisamente, por esto se encuentre más cerca de las bestias que de lo humano. Al fin y al cabo, es muy sencillo: no puede haber Bien donde no cabe el Mal.

entender la Torá

junio 19, 2010 § Deja un comentario

No es cierto que si Dios no existe, todo está permitido. Más bien ocurre lo contrario: precisamente porque Dios no existe —porque de Dios en sí mismo, tan solo tenemos el nombre—, el imperativo del no matarás se nos impone como el mandato mismo de Dios. Quien comprende esto último, comprende la Torá.

story

junio 18, 2010 § Deja un comentario

Vivimos de las penúltimas palabras, pero sobrevivimos —mejor dicho: resucitamos— con las últimas. O lo que viene a ser lo mismo: podemos disponer de las penúltimas palabras, pero no de las últimas. Que podamos pronunciar sinceramente las últimas palabras no va a depender de nuestro esfuerzo por apoderarnos de ellas. Y quizá por eso mismo la vida no pueda caer bajo principios generales —quizá por eso solo pueda ser contada—. El esquema del cuento es más o menos el mismo: nacimiento, caída, renacimiento. Traducción: primero intentas alcanzar la satisfacción, vivir conforme a lo que tiene que ser, lograr el reconocimiento: del padre, del amante, del mundo…; luego caes en la cuenta de que no es eso… aun cuando todo vaya bien; esto es, comprendes que todo es un error —que el éxito es un malentendido; y, finalmente, con un poco de suerte, todo comienza en realidad; esto es: con un poco de suerte, deberás responder a una demanda insatisfacible. Así, la vida es más verdadera como cuento que como concepto —más verdadera como historia que como hecho o naturaleza—. Por eso mismo el evangelio —esa historia total— es, para quien comprende de qué va el juego, más convincente que cualquier receta religiosa.

los pobres son unos hijos de puta

junio 18, 2010 § Deja un comentario

No estamos en deuda con ellos porque sean pobrets, sino porque son unos abandonados de Dios, sean buena gente o sean hijos de puta, que es, por otro lado, lo más común. Quienes se dejan llevar fácilmente por la sentimentalidad en estos asuntos olvidan que la pobreza, sobre todo si es extrema, suele ser deshumanizante. Y un deshumanizado está, en principio, más cerca del fango que del cielo. Lo sorprendente, por no decir lo escandaloso, es que de esa carne, al fin y al cabo podrida, pueda nacer el verdadero espíritu. Quizá el evangelio no diga otra cosa que ésta: que la pureza no es el resultado de nuestro esfuerzo por alcanzar la pureza. Por eso, la relación del nazareno con los pobres de la época resultó ser tan indigesta: los fariseos —esa buena gente, sin duda— no podían comprender como las putas podían responder a Dios antes que ellos, que habían dedicado tanto esfuerzo para hacerse aptos. Un escándalo, ciertamente. Y es que aún no hemos sufrido lo suficiente el vértigo de las bienaventuranzas: que haya que sufrir el abandono de Dios para poder responder a Dios es algo que no puede admitir quien se esfuerza por obtener la justificación de Dios.

el bueno de John

junio 18, 2010 § Deja un comentario

Imagine there’s no heaven
It’s easy if you try
No hell below us
Above us only sky

Imagine all the people
Living life in peace…

Comentario de texto

Vamos a tomárnoslo al pie de la letra. La paz que depende de que no haya cielo ni infierno es, ciertamente, una paz imaginaria. A menos que se trate de la paz de las vacas. Para ellas, como podemos sospechar, no hay ni bien ni mal. Ni necesitan tragar humo para poner los dedos en uve. En cambio, para los hombres, la paz eterna solo puede darse como victoria de Dios. Ergo, no de los hombres. La posibilidad del infierno sigue estando ahí, mientras el hombre siga siendo hombre. Esto es lo que hay. Quien crea otra cosa es que ha fumado en exceso. Una vez más, el idealismo fácil se revela como una forma de onanismo.

collage

junio 16, 2010 § Deja un comentario

para una correcta composición de lugar…

primer plano: mujeres vietnamitas momentos antes de ser fusiladas en la matanza de My Lai (1968).

segundo plano: momentos antes.

PS: fácilmente se comprende que la diferencia entre el monoteísmo bíblico y el politeísmo no es tan solo numérica…

cantajuego

junio 16, 2010 § Deja un comentario

Alguien tendrá que preguntarse si la idea de que los niños pueden cambiar el mundo — o variantes— no constituye un serio obstáculo para que el mundo pueda cambiar, al menos, en algo. Esto es: alguien tendrá que preguntarse si esta fantástica idea no tiene por objeto, más que la transformación del mundo, la pacificación de nuestra (mala) conciencia.

amarillismo

junio 16, 2010 § Deja un comentario

¿Cuál es el problema afectivo de la Modernidad? Pues que ya no dispone de un orden sobrenatural qué pueda respaldar un fuerte vínculo —y, en particular, un vínculo entre hombres y mujeres—. Siguen habiendo, ciertamente, historias ejemplares —historias que imitar—… pero sus protagonistas ya no son, por lo común, arquetípicos, sino hombres y mujeres de a pie cuya historia es, simplemente y en el mejor de los casos, algo sensacional. Y hay que ser ingenuo como para creer que un cúmulo de sensaciones, por muy intenso que sea, pueda ser en verdad vinculante. No es casual que las únicas historia míticas que aún funcionan —un ejemplo sería Pretty Woman, esa acertada mezcla del cenicienta y pigmalionsean historias de los comienzos como si ya no hubiera ninguna figura eterna que pudiera sostener el día tras día. En el fondo, ya no cabe ver lo que nos pasa como la encarnación de lo que siempre vale. Hace ya tiempo que los mercaderes ocuparon el Templo. Perdimos altura a cambio de un buen trato.

links

junio 16, 2010 § Deja un comentario

Una cosa es estar con alguien porque te gusta. Otra porque le has cogido cariño. Otra porque te sientes ligado a lo que representa… Aunque los motivos no son excluyentes, lo cierto es que el grado de vinculación varía en cada caso. Y me atrevería a decir que el vínculo de fuerza mayor se da en la última de las tres posibilidades, esto es, entre arquetipos. Al fin y al cabo, los simples individuos —esto es, los cuerpos al margen de lo que puedan re-presentar—, en el aquí y el ahora, tan solo pueden tratarse con mayor o menor amabilidad. Si, de hecho, las cosas no nos parecen tan sencillas es porque, de hecho, todo es mezcla, aun cuando las diferentes proporciones puedan, ciertamente, influir de manera determinante en el resultado final. Pero, en cualquier caso, diría que el peso del vínculo es mayor donde refleja, no ya una decisión, sino una relación ejemplar —podríamos decir también mítica—,  la propia de un orden paradigmático. Un (con)trato —quién lo pone en duda— no apasiona a nadie. Así, un hombre en realidad se halla vinculado en mayor medida con la madre de sus hijos —sobre todo, si cae en la cuenta de lo que esto, precisamente, representa— que con esa chica que tanto le gusta… aun cuando, de hecho, sienta lo contrario, sometido quizá a la intensidad de los momentos iniciales, esos momentos en donde la sensación de novedad resulta aparentemente decisiva.

Pues bien, sea como sea, todo esto forma parte de las cosas del mundo. Es decir: ninguna última palabra se pone en juego aquí. O dicho en bíblico: lo determinante no es la unión, sino el encuentro. La unión es, en definitiva, algo irrelevante, algo que no revuelve las entrañas de quienes participan de ella. Quienes permanecen unidos tan solo pueden funcionar… más o menos. El encuentro, en cambio, es siempre un acontecimiento, algo que tiene lugar entre extraños, entre cuerpos que no acaban de encontrar su lugar en este mundo. Por contra, quienes se encuentran no saben —no pueden saber— cómo prolongarlo. No saben qué hacer con lo que ha tenido lugar en verdad. Quienes se encuentran, siempre se encuentran fuera del mundo... y es sabido que allí no podemos, aún, permanecer.

será (la) eso

junio 16, 2010 § Deja un comentario

Aquí podemos dejarnos llevar o preguntarnos, sencillamente, qué resulta decisivo —esto es: qué decide el Sí o el No de nuestra breve existencia—. De otro modo: o podemos vivir inercialmente, buscando satisfacer, eso sí, nuestros deseos más o menos inmediatos; o podemos responder... aun cuando no sepamos a ciencia cierta a qué. En el primer caso, el centro está dentro de nosotros. En el segundo, no. En el primero, no hay mucha diferencia entre nuestra vida y la vida de una vaca (aun cuando sea una vaca sonriente). En el segundo, hay —diría— cierto margen de maniobra. Como si, curiosamente, no hubiera más libertad que la de quien obedece a una demanda infinita.

eloge de l’amour

junio 12, 2010 § Deja un comentario

El amor, una vez más. Un asunto, sin embargo, de ancianos o enfermos. Mientras uno puede, hay aún demasiada mezcla.

fenomenología de la religión

junio 12, 2010 § Deja un comentario

La convicción básica del mito —al menos del mito fundacional— es que dios ha sido dejado atrás. Tanto en la historia de Prometeo como en el relato de la Creación el hombre es arrojado al mundo con una mano delante y otra detrás. La originalidad judía, sin embargo, consiste en esperar absurdamente el regreso de Dios… y creer que en ese regreso está en juego el porvenir mismo de los hombres. Con todo, probablemente, haya más lucidez en quien sospecha que tan solo un dios puede salvarnos que en quienes confían en las posibilidades emancipadoras de la técnica.

Protegido: sexo en nueva york 2

junio 12, 2010 Escribe tu contraseña para ver los comentarios.

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talk show

junio 12, 2010 § Deja un comentario

Alguien tendría que decir que las protagonistas de Sexo en Nueva York o cualquiera de sus secuelas hacen sencillamente el memo. La razón es simple: cualquier niño —y digo niño por decir— agonizando de hambre.

Variaciones: una cosa es el diario de Bridget Jones y otra el de Ana Frank.

gran Houellebecq

junio 12, 2010 § Deja un comentario

Primer caso: al comienzo de Ampliación del campo de batalla, una chica, en una fiesta, monta el numerito de la striper encima de una mesa. Nadie, sin embargo, le hace caso. Peor aún, los hombres la miran con una mezcla de perplejidad e indiferencia. Avergonzada, va recogiendo sus ropas y se va.

Segundo caso: un superviviente de Dachau da una charla a una grupo de estudiantes universitarios. Nadie, sin embargo, parece escucharle con atención. La mayoría cree que es un palo. Al acabar, se levanta, con una mezcla de desconcierto y tristeza. Se retira en medio de tímidos aplausos.

¿La diferencia? Muy sencillo. En el primer caso, es ella quien hace el ridículo. En el segundo, los estudiantes. En el primero, el sentido de lo que hace la chica depende enteramente de la respuesta de los hombres. En el segundo, el sentido de la confesión del superviviente —quizá porque, en verdad, no hay aquí sentido que pueda valer— es independiente de la réplica de los estudiantes. En el primero, la fría mirada del espectador condena a quien monta el espectáculo. En el segundo, es el espectador quien es juzgado por quien tiene algo que decir —acaso porque tenga más cosas que callar—.

feel good

junio 12, 2010 § Deja un comentario

¿Cuándo, por lo común, te sientes bien? Pues cuando puedes mostrarte como alguien en la feria. Así, ése que pasa a tu lado va con la cabeza alta porque, supongamos, le han premiado en los últimos jocs florals de Barcelona. O, lo que es peor, porque se imagina que le premiarán… Con qué ingenua facilidad cree que el resto de los mortales se detiene para decir: mira, es él. Sin embargo, basta tan solo con imaginar la Tierra desierta de aquí a diez mil años.

Platón en una sola frase

junio 12, 2010 § Deja un comentario

Si puedes ver puntos es porque el punto en sí mismo es invisible.

reality show

junio 12, 2010 § Deja un comentario

¿Qué ve el actor cuando, por ejemplo, ve un cuerpo? En cierta medida, un cuerpo atractivo, deseable, digestible —o, por el contrario, un cuerpo repugnante, vomitivo—. ¿Qué ve el actor que reflexiona? Un cuerpo que, en cualquier caso, no acaba de ser. Esto es: un cuerpo indigente, en falta, un cuerpo cuya realidad —cuyo centro— se encuentra siempre más allá. ¿Qué ve el espectador desde la grada? Simplemente, cuerpos sometidos a fuerzas.

Ni el actor, ni el espectador pueden ver la realidad. El primero, vive entre sombras. El segundo, se encuentra fuera de la escena y, por eso mismo, tan solo puede captar los hechos y, acaso, anticipar sus consecuencias. Únicamente, el actor que reflexiona —aquel que vuelve hacia sí, hacia lo visto, lo dicho, lo sentido…— puede caer en la cuenta del carácter trascendente de lo real. Lo dicho: ni el simple actor ni el espectador son capaces de sufrir el peso de la realidad. Ninguno de ellos logra comprender que la realidad es, precisamente, lo siempre pendiente del mundo.

nietzscheanas 7

junio 12, 2010 § Deja un comentario

¿Cómo fue posible el ensalzamiento de la debilidad? ¿Acaso no es algo contrario a la Vida? ¿Es que los fuertes —los que poseen la salud, la belleza, el vigor—, al fin y al cabo, los bien formados no tienen más derecho a la vida que quienes sufren de malformación? Por el bien mismo de la Especie —por el bien mismo del Hombre— ¿no deberíamos entender el tópico de la igualdad como ese principio que falta a la verdad? Si no hubiera agua para todos, ¿estaríamos obligados a echarla a suertes… como debería ser entre hermanos? ¿Acaso la Especie puede tolerar que ese agua vaya a parar a una vida deficiente? El Dios bíblico —el Dios de los pobres, esto es, de los que aquí se encuentran fuera de lugar— cómo puede estar a favor de la Vida… teniendo en cuenta que la distinción entre fuertes y débiles es natural y, por consiguiente, vital. Las respuestas —diría— son evidentes.

Con todo, hay que partir de Nietzsche, si uno quiere comprender el alcance de la verdad judeocristiana. Mejor dicho, su escándalo, su vértigo. Los que hemos sido educados en la tradición judeocristiana hemos terminado familiarizándonos en exceso con el Dios bíblico como para caer en la cuenta de su carácter extraño, antinatural. Un Dios que se identifica con los que no acaban de encontrar su lugar en este mundo no puede aceptar ningún orden cósmico como algo determinante, fundamental. Un mundo que se baste a sí mismo —que repose por entero en lo arquetípico— es para ese Dios algo, sencillamente, inadmisible. Por eso mismo, Yavhé en modo alguno puede estar a favor del Hombre. El horizonte del Hombre es la transformación del mundo. Su principio, el de la adaptación. El mundo se ofrece al Hombre como un posible —y definitivo— hogar. El dios del Hombre es Prometeo, no Yavhé. Y es que la trascendencia de Yavhé no es la del cielo olímpico. Yavhé se encuentra más allá de los cielos… como un un Dios imposible que, sin embargo, debe acontecer. Se trata del otro lado de la irreparable indigencia no ya del Hombre, sino de cada hombre… si es que Yavhé es un Dios verdadero. En definitiva, se trata de la posibilidad misma de la individualidad. Cualquier animal es un caso ejemplar de su Especie. Pero ningun hombre es simplemente un ejemplo, entre otros, de Hombre. Reclamado por un Dios intratablepor un Dios que abandona a su criatura—, cada hombre acaba siendo alguien que está de más, un marginal, alguien que, en definitiva, se encuentra siempre en falta, un cuerpo que no acaba de reconocerse en su particular modo de ser. Esto es, un individuo, un extraño de sí. Tan solo la indigencia nos iguala —tan solo Dios—. Por tanto, una de dos: o el pobre es la figura de lo humano —esto es, o la indigencia es común y toda nobleza es, al fin y al cabo, aparente— o Nietzsche tiene razón. O Prometeo —y, por consiguiente, la diferencia— o Yavhé —y, por consiguiente, la igualdad—. Entre ambos dioses anda Occidente.

más karma

junio 12, 2010 § Deja un comentario

Dice el místico hindú: «los deseos son grandes lecciones; si los reprimes, te perderás la lección. Vive en ellos. Vive conscientemente. Compréndelos, pregúntate por qué están ahí, qué son. Pero la comprensión sólo es posible si no los condenas. Si los has condenado de antemano, no puedes comprenderlos. Sé neutral: no decidas lo que está bien y lo que está mal. Simplemente observa.»

Comentario:

definición

junio 11, 2010 § Deja un comentario

Un cristiano es aquél que ya no cree —ya no puede creer— en nada del más acá. Cualquier nihilista de salón se queda bastante rezagado en comparación con un cristiano. En su diagnóstico, Nietzsche no iba, ciertamente, desencaminado.

(Sin embargo, tampoco es que el cristiano crea en los mitos del más allá. Estrictamente, para el más allá cristiano no hay cuentos que valgan. La esperanza creyente, como sabemos, está soportada por imágenes increíbles. ¿Quién puede creer honestamente que el león comerá hierba —o que los muertos resucitarán—? No, ciertamente, quien aún confía en sus posibilidades. Y, sin embargo, esto es lo que debe ser… contra toda evidencia. Sea como sea, difícilmente comprenderemos de qué va este asunto hasta que no comprendamos que la fe en la resurrección de los muertos es una fe que solo pueden tener los muertos de acá. Al fin y al cabo, es muy sencillo: quien regresa con vida del infierno —mejor dicho: con la vida que le ha sido dada por quien murió sacrificialmente en ese infierno— no puede admitir, contra la fuerza de los hechos, que el Mal tenga la última palabra. Propiamente, no se trata de un supuesto —quien regresa ya no puede suponer nada—, sino de un dar fe de lo imposible. Lo imposible, lo que en modo alguno debería ocurrir —lo humanamente inaceptable—… ha tenido lugar: las madres dieron su sangre para salvar la vida de los asesinos de sus hijas. Es obvio que no estamos en el territorio de los hechos, sino de lo que cancela la posibilidad de que sigan habiendo hechos. Hablamos, es cierto, del fin del mundo antes de tiempo.)

gaza

junio 8, 2010 § Deja un comentario

Una vez más —se dice— Israel ha actuado desproporcionadamente. Una vez más, quienes están a favor de la causa palestina, acusan a Israel de falta de humanidad. ¿Cómo se atreve —proclaman— a hundir un barco de ayuda humanitaria? ¿Cómo justificar la muerte de quienes iban en ese barco? Ciertamente, no hay muerte que podamos justificar… pero ¿se trata de eso —de justificarla—? No me lo parece…  Aquí, de principio a fin, el juego se juega en la cancha de la política. Y la primera regla de la política es aquella que reza que lo mejor es enemigo de lo bueno. Es decir: me parece que no podemos cuestionar el uso de la fuerza diciendo, por ejemplo, que mientras cojamos un fusil, nunca tendremos la paz que anhelamos. Eso ya lo sabemos. Es obvio que si nadie cogiera un fusil, no habrían guerras. Pero la cuestión que debemos plantearnos, si tiene que haber paz, es qué debemos hacer, teniendo en cuenta que ellos sí que cogerán un fusil. No digo que esta manera de entender la responsabilidad política legitime cualquier respuesta. Digo simplemente que, independientemente de la cuestión de fondo —aquélla que se interroga sobre el derecho de Israel a ocupar Palestina—, lo cierto es que no podemos denunciar a Israel desde las posiciones, al fin y al cabo u-tópicas, del pacifismo radical. Se trata de la vieja oposición entre la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad. Una cosa es que queramos la paz —y, ciertamente, este querer, como casi cualquier otro querer, no admite componendas—. Y otra que tenga que haber paz. Lo dramático es que aquí, en este nuestro mundo, no cabe la paz donde no estemos dispuestos a pagar un cierto precio. Si vis pacem, para bellum dijeron los latinos… y, probablemente, con razón. Sometidos a Dios —a su radical trascendencia—, la prohibición de matar se revela como incondicional, esto es, como innegociable. Pero este mandato ¿hasta qué punto nos obliga a dejarnos llevar a las cámaras de gas como corderos que van al matadero? ¿Acaso el hecho de que los nazis tuvieran también a sus hijos jugando por los campos, nos obliga a aceptar que los nuestros sean arrojados vivos a las llamas? El pacifista debería preguntarse si, en los tiempos finales, no será juzgado más seriamente que el político por el hecho de haber preferido tener la manos limpias a habérselas manchado luchando por la paz. Una vez más, Dios y Mundo no parecen del todo compatibles.

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