dice Estrada (2)

febrero 15, 2015 § Deja un comentario

JA Estrada escribe lo siguiente en su «¿qué decimos cuando hablamos de Dios?»: «no sabemos quién ni cómo es Dios. Pero sí percibimos quién es y cómo es Jesús, al que afirmamos como su testigo y su enviado. (p135)» ¿Cómo es posible decir esto? ¿Cómo llegamos a afirmarlo? Si de Dios no tenemos ni idea, como quien dice, —si de Dios solo podemos decir que es pero no qué es—, entonces ¿cómo podemos llegar a reconocerlo en Jesús? ¿Acaso esta declaración sobre Jesús no es ideología, a saber, un discurso encubridor o, en el mejor de los casos, mera retórica? Podemos decir que Adriana Ambrosio encarna un cierto modelo de belleza, precisamente, porque disponemos de ese modelo. Pero no lo disponemos en el caso de Dios. ¿Deberíamos admitir que, hablando con propiedad, no lo reconocemos? Eso parece, pues los teólogos suelen decir que, a la hora de confesar la divinidad de Jesús, no partimos de una idea previa de lo que es Dios. Esto es, que Jesús revela (y no ilustra o ejemplifica) el modo de ser de Dios. Ahora bien, la cuestión es, precisamente, cómo es posible declararlo sin que suene a arbitrario. Pues para convertir a Jesús en un predicado de Dios hemos de tener un cierto prejuicio, aunque sea formal, acerca de Dios. Por eso la pregunta podría reformularse del siguiente modo: ¿qué prejuicio formal acerca de Dios es el que nos permite declarar que Dios es Jesús —o, como afirma JA Estrada, su testigo y enviado? No parece que sea el que nos permite afirmar a Dios como poder. ¿Se trata de la pura trascendencia? Pero en ese caso, ¿cómo hablar de Encarnación? Diría que en última instancia JA Estrada se decanta, incomprensiblemente (pues «no sabemos ni quién ni cómo es Dios»), por un prejuicio más material que formal, el de la bondad o misericordia. Pero entonces ¿por qué de Dios? ¿Por qué no limitarse a afirmar la bondad del profeta? Aquí no cabe apelar a la resurrección, pues, según el mismo Estrada, está no prueba, sino que en cualquier caso confirma. ¿En qué quedamos, pues? Por eso, si la declaración creyente no puede comprenderse a la platónica, como si dijéramos que Jesús representa la misericordia arquetípica de la divinidad, pues en ese caso no habría propiamente revelación, entonces quizá no tengamos más remedio que admitir la carga explosiva que contiene la confesión de fe, a saber, aquella que declara que no hay otro Dios que el que pende de una cruz. Y de ahí a confesar que de Dios solo nos queda el espíritu de un crucificado en nombre de Dios hay un paso. Dicho de otro modo, no es posible declarar la divinidad de Jesús, mejor dicho la identificación de Dios con el crucificado, sin negar la divinidad del deus ex machina de la religión. Pero no parece que sea eso lo que pretenda decirnos JA Estrada. Pues, leyéndolo da la impresión, como ocurre con tantos teólogos, que el dios de la religión permanece agazapado por detrás de las escandalosas tesis cristológicas. Como si Dios siguiera ahí, por encima de la Cruz, tan campante.

pluralismo

febrero 15, 2015 § Deja un comentario

Es sorprendente cómo una idea tan trivial, incluso me atrevería a decir tan estúpida, haya podido arraigar en la mentalidad de la gente como si se tratara de un principio indiscutible, de un axioma de fe. La idea dice más o menos así: de hecho hay muchas maneras de verlo. ¡Cómo si no nos hubiéramos dado cuenta! Sin duda, cuando uno se encuentra anclado en un modo de ver las cosas, resulta hasta liberador chocar con otras sensibilidades, puntos de vista, ópticas. Sin embargo, cuando la pluralidad es un punto de partida, aquello con lo que hay que contar, uno tiene que hacer un reset y entender que solo como idiotas podemos decir que un don Simon es un vino tan legítimo como un Vega Sicilia.

dice Estrada (1)

febrero 14, 2015 § Deja un comentario

En su último libro «¿qué decimos cuando hablamos de Dios?», extraordinario en lo que respecta al diagnóstico, Juan Antonio Estrada dice algo que, cuanto menos, me resulta un tanto chocante: «hoy no creemos lo mismo que los cristianos de otras épocas, aunque tengamos la misma fe (p 118).» Sospecho que la idea pretende salvar los muebles de la fe en una época en donde «todo lo referente a Dios, al más allá de la muerte, resurreccion incluida […] ha perdido su antigua plausibilidad». Y es que resulta casi indiscutible que hablar de, pongamos por caso, la divinidad de Jesús de Nazareth hoy en día es como hablar de la divinidad del Ramsés II. En cualquier caso, ¿qué quiere darnos a entender JA Estrada? Pues que, en lo que respecta a la revelación, podemos de algún modo separar lo que corresponde a las categorías culturales de una época de lo que cabe atribuir a la inspiración divina. Que, si podemos seguir teniendo la misma fe, es porque cabe algo así como un decir lo mismo pero con otras palabras. Ciertamente, JA Estrada da por sentado que no es posible una «revelación pura», que no es posible desmarcarse de la subjetividad de quien dice haber tenido una experiencia de Dios. Esto es, JA Estrada presupone que «no hay referencia intersubjetiva que pueda dar carácter real a lo que se constata subjetivamente». Y que, por tanto, a la hora de intentar comprender los textos bíblicos «hay que tener en cuenta el código cultural condicionante y ver si sigue siendo determinante en la actualidad (p 119)». Ahora bien, uno puede perfectamente preguntarse cómo podremos llegar a ver si dicho código sigue siendo, en algún sentido vinculante, si no hay algo así como un «acceso directo» al núcleo duro del kerygma. Más aún: podríamos preguntarle a JA Estrada cómo podemos seguir vinculados a dicho núcleo, si la misma palabra «Dios» ha perdido su antiguo significado. Pues resulta obvio que si dijéramos, pongamos por caso, que los primeros cristianos, al proclamar la resurrección, en el fondo, estaban diciendo que el proyecto de Jesús seguía en pie, entonces no haríamos otra cosa que depositar el kerygma en el lecho de Procusto de nuestro marco categorial. Pero no parece que los tiros vayan por ahí. La distinción entre la deformación cultural y el kerygma no puede darse como quien separa la clara de la yema. Decir que no hay acceso al kerygma que no esté culturalmente mediado, significa al fin y al cabo que el kerygma no es algo así como un paisaje que admite diferentes visiones, pero que, con todo, podemos definir topográficamente como un sistema de ecuaciones. Si no hay un lenguaje independiente (en nuestro caso, el de la topografía) que nos permita, por un lado, comprender lo que es el paisaje en sí mismo y, por otro, establecer qué visiones son posibles, entonces difícilmente podremos afirmar que estamos hablando de los mismo. Ocurre aquí como con la teoría del impetus de la Edad Media, teoría que pretendía explicar lo que hoy en día se entiende como el movimiento inercial. Pues Galileo, cuando postula su principio de inercia, no se limita a traducir la teoría del impetus a otras categorías, sino que se enfrenta al mismo problema desde otros principios. Lo que hace Galileo, como es sabido, es cambiar de paradigma. Y las cosas, sencillamente, se dejaron de ver como antes. Cambiar de paradigma es cambiar de mundo. Por eso, si aún podemos permanecer vinculados al kerygma originario no es porque haya otro modo de decir lo mismo, sino porque, en definitiva, seguimos diciendo lo mismo. Ahora bien, para comprender que estamos en lo mismo, uno tiene que leer irónicamente los evangelios —esto es, lo evangelios como ejercicio de ironía— y admitir que si «Dios» devino un término problemático es porque el cristianismo ya se encargó de ello. No se trata, pues, de ver cómo podemos seguir creyendo en el Dios que se revela en la Cruz en una cultura que no da a Dios por descontado, sino de ver que si no podemos dar a Dios por descontado es porque hubo cristianismo, porque, en definitiva, Dios murió en el Gólgota (y, por eso, solo podemos contar con el espíritu de Dios). Al fin y al cabo, el ateísmo moderno es un hijo, aunque quizá bastardo, del cristianismo.

el Juicio

febrero 13, 2015 § Deja un comentario

¿Por qué es tan decisiva para la fe bíblica la esperanza en un Juicio Final? ¿Por qué donde dejamos de encontrarnos sub iudice difícilmente podemos decir que seguimos creyendo? Supongamos que, al fin y al cabo, diera igual dar de comer al hambriento que dedicarse a la trata de blancas, desatar a los locos de los árboles que traficar con sus órganos. Supongamos que un genocidio fuera apenas una anécdota en un cosmos indifirente. Entonces, o bien no hay Dios, o bien ese Dios no se ocupa de nosotros (cosa, por otro lado, comprensible). Y, sin embargo, ese ajuste de cuentas final sigue siendo algo increíble, algo que, literalmente, no cabe ni siquiera suponer. En modo alguno podemos darlo por sentado. Aunque se trate de una exigencia.

el creyente de los mil años

febrero 13, 2015 § Deja un comentario

Supongamos que hubiera en el mundo un creyente inmortal. Para él, mil años serían apenas un comienzo.¿Podría aún creer? ¿Qué podría decir, por ejemplo, de la Historia? ¿Acaso no estaría convencido de que nada nuevo hay bajo el sol? Los mismos pobres, el mismo sufrimiento. Las mismas alegrías, siempre efímeras, el mismo daño indeleble. ¿Acaso no se convertiría, por el simple hecho de ser inmortal, en un espectador de la Historia? Más aún: ¿acaso podría aún esperar que, al final, todo terminase bien? Pero ¿no diríamos que ese creyente, ya sin fuerzas para creer, no somos nosotros, los hombres y las mujeres de la humanidad tardía, aquellos que soportan, precisamente, el peso de la memoria histórica? Cualquiera, en el marco de su estrecha biografía, puede quizá permitirse el lujo de tener expectativas. Pero ¿qué puede aún esperar la Humanidad?

casi un haiku

febrero 12, 2015 § Deja un comentario

Hay mundo porque Dios no existe. Pues lo enteramente otro no puede darse sin desaparecer.

aparición

febrero 11, 2015 § Deja un comentario

Hay quien sufre todos los palos. Hay quienes no han recibido nunca un gesto bondad. Para ello, todo cuanto procede de los hombres es hambre, violencia, estupro. Pero, en este contexto, la irrupción de un hombre bueno ¿acaso no sería literalmente una aparición, algo de otro mundo? Jesús es, por tanto, Dios. Pero no para nosotros, los satisfechos.

moderno de pueblo (2)

febrero 10, 2015 § Deja un comentario

Para el hombre antiguo un meteorito caído del cielo no podía ser otra cosa que un objeto del mas allá. Literalmente, no podía ser visto salvo como algo de otro mundo. Al fin y al cabo, se trataba de un dato observacional. En cambio, el hombre moderno sabe que sus observaciones —sus visiones— son relativas al prejuicio, en última instancia cosmológico, que determina, precisamente, el cómo de lo que puede ser visto. Por decirlo de otro modo, el hombre moderno no ve solo lo que ve, sino también (y a veces sobre todo) a él mismo viendo lo que ve. Es como aquel enamorado que, mientras está con su chica, se dice a sí mismo que lo que siente no es más que un chute hormonal. O como aquel que oye voces de espectros, pero al mismo tiempo sabe que son producto de su esquizofrenia. O como aquel otro que sabe que, cuando reza, solo reza el niño que hay en él. En definitiva, el hombre moderno vive su particular versión del viejo adagio, lo que ves no es lo que parece. Solo que lo que es no tiene ya que ver con ningún más allá, sino con los subterfugios de un yo extrañado del mundo. De ahí que su problema sea el de cómo recuperar la integridad perdida, si es que esto es posIble. Pues, el saber acerca de la visión (por ejemplo, que mi visión es un constructo de la mente) no acaba de ligar con el saber implícito que va con la visión (por ejemplo, que los fantasmas que veo están ahí). Se trata, al fin y al cabo, de lo que sucede cuando nos pasamos de rosca con esto de la reflexividad: que cuando nos vemos viendo, sencillamente, dejamos de ver lo que inicialmente veíamos.

moderno de pueblo

febrero 7, 2015 § Deja un comentario

La situación del sujeto moderno —su carácter, su constitución— es semejante al hombre que pretendiera observarse a sí mismo mientras abraza a una mujer. Verse a sí mismo como otro: esa es la gran extrañeza, la gran deformidad, el error de una perspectiva invertida. Ese hombre, con la excusa de la claridad, ya no puede ver los ojos de la mujer que abraza. Y lo que, acaso, sea peor: queda fuera del alcance de su mirada. Nada puede interrumpir su confort. Ese es el hombre que, fuera de sí, intenta comprenderse como el entomólgo puede llegar a comprender el comportamiento del insecto. Es evidente que así permanece blindado a la irrupción de algo en verdad otro. Una realidad sin nada de por sí inalcanzable —una realidad objetiva, compuesta de simples hechos que se dan según la medida de la receptividad del yo— no es nada real. No es causal que el mito inaugural de la modernidad —la imagen cartesiana por excelencia— sea, precisamente, el de alguien que permanece encerrado en su sueño, su alucinación. De ahí que el tema imposible de la modernidad sea, precisamente, el de cómo recuperar la alteridad perdida desde la posición del espectador. El problema es que el discurso de quien permanece en la escena ha perdido su antigua legitimidad.

y si no…

febrero 7, 2015 § Deja un comentario

¿Y si no fuera cierto que los últimos serán los primeros, que los pobres serán liberados de su desgracia, que los muertos resucitarán? ¿Y si al final todo queda como estaba? ¿No es acaso lo más natural que los débiles sean, sencillamente, apartados? La esperanza creyente ¿no es literalmente increíble? Sin duda, el pobre debería poder vivir la vida que le ha sido hurtada. O al menos así lo creemos. Pero ¿cuánta verdad hay en la esperanza creyente? Es obvio que la respuesta no puede reposar solo en lo que nos parece. De ahí la importancia de los signos o señales. Tienen que haber indicios de que la esperanza no es solo un sueño de adolescentes sensibles. Ahora bien ¿qué señales pueden aún darse en un mundo que por defecto solo puede admitirlas como expresión de la subjetividad?

daimon

febrero 6, 2015 § Deja un comentario

El Dios cristiano —suele decirse— es un Dios cercano. Pero ¿de que estamos hablando? La declaración, para que pueda ser entendida en su justa medida, debe situarse en el contexto de la Encarnación: si hubo Encarnación, entonces Dios «abandonó las alturas». Y esto solo puede hacerse, trantándose de un Dios, cayendo. Si la Encarnación fue algo más que un pasearse por la tierra con el aspecto de un hombre, entonces no hay Encarnación que no suponga una humillación de Dios. En cualquier caso, no estamos hablando solo de un sentimiento. No es cierto que Dios sea un Dios cercano porque así lo sentimos en la intimidad. La reducción sentimental del cristianismo, bajo capa de una apelación a la experiencia, es lo contrario a la experiencia. De hecho es lo contrario al cristianismo, algo así como paganismo por otros medios. Entre otras cosas porque en la genuina experiencia lo experimentado es precisamente lo que se encuentra, en cierto sentido, más allá de nuestra receptividad, al fin y al cabo, aquello que solo puede ser reconocido como algo enteramenge otro, una falta, un hueco, un aún no. Por eso Dios no es un Dios cercano como pueda serlo un ángel de la guarda o el daimon de Sócrates. Pues es obvio que no estamos hablando de lo mismo. La cercanía de Dios no es la de un espectro que nos sopla en el cogote. Aunque a veces lo parezca.

va de ídolos

febrero 5, 2015 § Deja un comentario

Es difícil comprender la crítica profética a la idolatría, si la entendemos en términos estrictamente morales: como si se limitara a decirnos que lo que vale a los ojos de Dios es la justicia y no nuestra entrega al dinero, al poder o al deseo de reconocimiento. Así, para comprender el alcance de dicha crítica hay que tener en cuenta que Isaías o Jeremías hacen trampas cuando ridiculizan el culto a los dioses paganos como un culto a simples pedazos de madera. Pues dejan a un lado el hecho, indiscutible para el pagano, que un ídolo tenía que ser consagrado para que pudiera representar a la divinidad. Un ídolo símboliza lo divino como el mechero de papá mantiene, en cierto modo, la presencia del padre muerto. La relación con el ídolo era, por tanto, análoga a la de un creyente ortodoxo con los iconos de Andrei Rublev. Un ídolo era para el pagano tan sagrado como para el cristiano pueda serlo un icono de la Trinidad o la reliquia de un martir. De ahí que la crítica profética a la idolatría sonara a oídos antiguos como la que modernamente llevaron a cabo los denominados maestros de la sospecha: la fe en Dios no tiene que ver con Dios, sino con la necesidad humana de Dios. No hay fe, para dichos maestros, que no sea mala fe. Los profetas no se limitaron, así, a poner un dios en lugar de otro. No dijeron propiamente el Dios que vale es el nuestro y no el vuestro, aunque lo parezca, sino que apuntaron a la línea de flotación del culto religioso, lo que es lo mismo que decir de la religión tot court. Para los profetas, los dioses del paganismo no eran dioses en absoluto. Y esto solo puede afirmarse alterando significativamente el significado de la palabra «Dios» o, cuanto menos, lo que se entiende por presencia de Dios. Y es que un Dios que no admite el culto es, para la mentalidad típicamente religosa, como un banquero que no admitiera la devolución de un crédito: un imposible.

el dilema del perdón

febrero 3, 2015 § Deja un comentario

¿Puede Dios perdonar lo imperdonable? Si Dios puede hacerlo, entonces no hay nada que sea imperdonable. Ni siquiera la Shoa. Pero si no hay nada que sea imperdonable, entonces no hay infierno y Auschwitz fue un malentendido. Ahora bien, si Dios no pudiera perdonar lo imperdonable, entonces no sería Dios. Así, o Dios es Dios y, por consiguiente, Auschwitz fue un error, o bien no hay Dios que valga. Pero Auschwitz no fue un error. Por tanto, Dios no debe perdonar lo imperdonable, si quiere seguir siendo divino. De ahí, que el perdón de Dios solo pueda correr a cargo de la víctima. Pues es ese perdón, el que otorga la víctima en nombre de Dios, lo que salva a Dios de la irrelevancia. Sin embargo, solo hay que dar un paso para declarar que no hay otro Dios que el Crucificado en nombre de Dios.

 

pasar

febrero 2, 2015 § Deja un comentario

De hecho, muy pocos discuten aún sobre Dios. La mayoría simplemente pasa del tema. Dios se ha vuelto, sencillamente, irrelevante. De ahí que pronto volvamos a plantearnos las viejas preguntas de siempre sin la excusa de Dios. ¿Qué hacemos aquí? ¿De qué va tot plegat? ¿Por qué el mal? ¿Se trata simplemente de un anar fent?

thaumatzein

febrero 1, 2015 § Deja un comentario

El asombro, esa desproporción entre el pensamiento y lo pensado…

 

identidad

enero 31, 2015 § Deja un comentario

Cristianamente suele decirse aquello de que Jesús es Dios. Así, decimos que Jesús es divino en el mismo sentido que podemos decir que el hombre es un animal. La divinidad sería estrictamente un predicado de Jesús. Ahora bien, por lógica deberíamos deducir, como suele hacerlo la espiritualidad transconfesional, que la divinidad no solo se predica de Jesús, del mismo modo que hay animales que no son humanos. Sin embargo, la gracia del cristianismo es que afirma también (y quizá sobre todo) la inversa, a saber: Dios es Jesús. Esto es, se declara la identidad entre Dios y Jesús. Pero al proclamarlo ¿acaso no estamos diciendo que no cabe otro Dios que el que murió como un abandonado de Dios? ¿No estamos, por eso mismo, diciendo algo del todo inaceptable para una sensibilidad religiosa?

pasarlo por alto

enero 27, 2015 § Deja un comentario

Defender que hay diferentes pareces o puntos de vista sobre prácticamente cualquier cosa es algo que debería sonrojarnos por lo obvio. Pues el tema no es si existen o no diferentes puntos de vista, sino si podemos decir que todos valen por igual. Quienes constatan lo primero fácilmente pasan a lo segundo. Sobre todo hoy en día, donde el relativismo se ha impuesto como un dogma de fe. Sin embargo, que las cosas puedan verse desde otros puntos de vista no implica lógicamente que debamos hacerlo. Y es que siempre habrán hombres y mujeres que no se escandalizan ante la enormidad, por ejemplo, de un genocidio. ¿Hemos de concluir que el Holocausto no es en sí mismo un escándalo? ¿Acaso no debería sepultarnos en la vergüenza? Ciertamente, es posible no escandalizarse, ver el Holocausto como un accidente de la Historia o, simplemente, como esas cosas que tarde o temprano pasan. Pero lo que está en juego no es algo así como el carácter objetivo de la verdad moral, sino el tipo de sujeto que acabaremos siendo. Y es que no juegan en la misma liga quienes soportan el Mal que quienes no pueden pasarlo por alto.

more geometrico

enero 26, 2015 § Deja un comentario

Si «Dios» es el nombre de lo inconmensurable, entonces Dios no es como el hombre pero solo que más grande, ni siquiera donde añadimos aquello del infinitamente más grande… Ahora bien, eso es lo mismo que decir que Dios, en sí mismo, es indecible y que, por eso mismo, probablemente no tenga nada que ver con nosotros. Como sostienen los clásicos, solo por analogía podemos decir algo de Dios. Así llegamos a declarar cosas del estilo Dios es Padre, esto es, Dios se da como Padre; o también Dios es Justo, Dios se da como un rey justo, etc. Pero, como también dicen los clásicos, la desemejanza es, en cualquier caso, mayor. Es decir: Dios no es estrictamente Padre, a pesar de su darse como Padre; Dios no es estrictamente Justo, a pesar de su darse como Justo… Por eso, decir Dios acaba siendo lo mismo que decir lo, por defecto, inconmensurable. Pero, precisamente, ¿no deberíamos entender que se trata más bien de un «ello» en vez de un «tú»?

a las 5 en punto

enero 25, 2015 § Deja un comentario

No es casual que el fracasado sea, en el fondo, un apocalíptico. Sobre todo es él quien necesita decirse «mi hora aún no ha llegado». Lo que ignora, sin embargo, es que su hora, su éxito, solo podrá realizarse como malentendido. Por suerte a quien le llega su hora, no vive para verlo.

filosofía y religión

enero 23, 2015 § Deja un comentario

Es un tópico del catolicismo tradicional decir que la filosofía, al fin y al cabo, termina por reconocer el carácter trascendente de lo real. Es aquello tan manido de que la filosofía es, de algún modo, sierva de la teología. Y, ciertamente, no hay pensamiento profundo que no admita que lo real —lo enteramente otro— siempre se encuentra en cierto sentido más allá de su manifestación sensible. Sin embargo, quienes defienden la convergencia entre la filosofía y la teología olvidan que el sujeto de la filosofía no es —no puede ser— el mismo que el de la fe. Pues el sujeto de la reflexión —los Sócrates de turno— no se encuentran a sí mismos sometidos a esa realidad que, por defecto, nos supera esencialmente. De hecho, el ideal de la vida filosófica no es otro que el de llegar a ser dueño de uno mismo. Un filósofo permanece como tal fuera del juego que por lo común se juega. De hecho, no puede regresar a la cancha de juego, salvo irónicamente. Pues él es, de hecho, el que ha llegado a ser consciente de que nunca sabemos de lo que estamos hablando cuando empleamos las grandes palabras. Por tanto, el filósofo no espera nada. Como mucho, se preguntará de qué va tot plegat. Así, hay ciertamente más leña que la que arde. Pero no está claro que tenga que ver con nosotros. Estamos, pues, lejos de quien se encuentra, por su parte, sujeto al mandato, la voluntad de Dios. Un creyente, precisamente, nunca se atreverá a decir que es señor de su propia existencia. Si el filósofo llega a creer no será como filósofo, sino como aquel al que le ha alcanzado el escándalo del sufrimiento de los hombres.

transexual

enero 21, 2015 § Deja un comentario

¿Dios verdadero y hombre verdadero? Pero ¿acaso esto no suena como si dijéramos hombre verdadero y mono verdadero? A menos que estemos hablando de un híbrido, esto es, del eslabón perdido. Igualmente, ¿qué podría ser hombre verdadero y mujer verdadera, sino un hermafrodita o un trans? Pero no parece que el credo afirme que Jesús de Nazareth fuera algo así como un ser intermedio… Entonces ¿no deberíamos admitir que la declaración creyente supone una implosión del significado mismo de la palabra «Dios»? Que Dios se dé por entero en el hombre que fue Jesús ¿acaso no significa decir que Dios no es más (aunque tampoco menos) que ese despojo de hombre?

 

algo básico

enero 20, 2015 § Deja un comentario

Es cierto que hay momentos de revelación: aquellos en los que caemos en la cuenta, por ejemplo, de que el otro es digno de asombro. O que la vida es un algo que nos ha sido dado desde el horizonte de la nada. Sin embargo, es igualmente cierto que el carácter extraordinario de lo dado cae fácilmente en lo ordinario: aquel que provocaba nuestro asombro es aquel con el que he de tratar las cosas del día a día. Hay que llevar a los niños al cole, bajar la basura, hacer números, matarse a trabajar… Es aquí donde se produce la devaluación. Pues es inevitable que, si hay que llegar a un trato, aunque sea un buen trato, el otro quede reducido, en cierto modo, a cosa. Esto es, no parece que podamos permanecer demasiado tiempo en el «mundo verdadero», ante la epifanía del rostro. De ahí nace la inquietud religiosa o, si se prefiere, espiritual. Pues, el hombre o la mujer espirituales, de entrada, solo se preguntan una sola cosa: cómo permanecer ahí, en el mundo aún no degradado por las urgencias de la adaptación.

esjathon

enero 19, 2015 § Deja un comentario

El cristianismo no puede prescindir de la esperanza apocalíptica sin alterar su kerygma significativamente. Pues, si el creyente es aquel que soporta sobre sus espaldas el mal del mundo, entonces un creyente no puede esperar otra cosa que, en nombre de Dios, esto se acabe de una vez por todas.

últimas lecciones del libro de Job

enero 18, 2015 § Deja un comentario

Tarde o temprano, deberemos admitir que hay Mal porque hay Dios. Esto, sin embargo, no significa que Dios sea la causa del Mal o que Dios quiera el Mal. Significa que hay Mal porque Dios es el misterio del mundo, la incógnita por resolver de la Creación —el nombre que representa la falta de respuesta a la pregunta por el sentido—. YWHW, conviene recordarlo, es un nombre sin referente. Así pues, desde la falta de entidad de Dios —falta de entidad que es más real que la efectividad de un dios existente—, estamos arrojados al don y al sufrimiento. Precisamente, porque no podemos encajarla en una estructura de sentido predeterminada —precisamente porque el sentido no nos precede—, en definitiva, porque existimos abocados a la muerte, la vida es lo recibido dentro de un plazo. Una oportunidad en el interior de un cosmos inerte. De ahí que Bien y Mal vayan de la mano. Un mundo sin Mal sería, sin duda, otro mundo. Pero en ese otro mundo tampoco habría nada bueno a lo que agarrarse. No obstante, ese otro mundo está en éste. Es el mundo de las bestias, el mundo mineral. De ahí que, con respecto a Dios, seguimos sin saber. O lo que es lo mismo: el hombre se encuentra con lo divino, no desde la constatacion de la existencia de poderes que nos superan, sino desde la desazón, el anhelo de que haya algo otro en verdad, lo que por lo común se entiende como anhelo de trascendencia. El hombre topa con Dios como aquel que se halla al borde de un pozo sin fondo. Ahora bien, en tanto que lo otro de Dios no se nos da —porque nuestra existencia ha quedado desconectada de Dios—, lo otro de Dios, su alteridad, su altura, puede darse como la alteridad del otro hombre, la que se revela como su pobreza, su crucifixión, su lepra.

extraño, muy extraño

enero 17, 2015 § Deja un comentario

Jesús de Nazareth, como profeta apocalíptico que fue, parece ser que estaba convencido de que no faltaba mucho para que Dios le pusiera punto y final a la Historia. Sin embargo, como sabemos fue crucificado bajo el mayor de los desamparos. Aquel que parecía estar de su lado —aquel al que tuteaba escandalosamente como abbá— no estaba por la labor. Jesús, de hecho, murió como un charlatán o, en el mejor de los casos, como un profeta equivocado. Y, sin embargo, según cuentan las escrituras, el Dios que le abandonó, le rescató de entre los muertos al tercer día, para sentarlo a su derecha. Así que Jesús, al fin y al cabo, tenía razón: el día del Juicio estaba cerca, pues según la tradición del mesianismo apocalíptico, la resurrección del justo es el acontecimiento con el que se inician los tiempos finales. Tot plegat, sin embargo, no deja de llamar la atención. ¿Es que Dios, sencillamente, llegó tarde? No parece que vayan por ahí los tiros… ¿O, más bien, deberíamos entender la crucifixión como el sacrificio que conduce, precisamente, al día de la ira? ¿Será que Dios nos dio una última oportunidad con Jesús de Nazareth, oportunidad que nosotros desaprovechamos, provocando así el escathon? Sin embargo, si Dios es incluso capaz de resucitar a los muertos, ¿cómo es que no quiso ahorrarle al Hijo el trago final, viendo que con los hombres ya no había nada que hacer? ¿O acaso tuvo que ser crucificado para que, al perdonarnos, nos pudiera alcanzar el perdón de Dios? Pero ¿por qué Dios necesita de un mediador a la hora de perdonarnos? A menos que Jesús de Nazareth no fuera un mediador, sino Dios mismo… Pero, entonces, ¿acaso no deberíamos admitir que Dios no sobrevivió a la Cruz, que como mucho contamos con su Espíritu, que no es otro que el de un Crucificado y que, por consiguiente, estamos solos en medio de un cosmos indiferente? El viejo credo es un intento de lidiar con todo ello. Ahora bien, sea como sea, lo cierto es que una vez dejamos de encontrarnos sub iudice —una vez el Dios que nos juzga desaparece del imaginario colectivo—, el relato de la pasión, resurrección incluída, se convierte simplemente en un episodio de violencia con un supuesto final feliz.

inversa proporcional

enero 16, 2015 § Deja un comentario

Por lo común, se entiende que la secuencia es ésta: Jesús ha resucitado, ergo es el Mesías, el Ungido, el verdadero Hijo de Dios. La resurrección en este sentido sería el hecho que demuestra. Sin embargo, si la resurrección, como dicen los exegetas, no es un hecho que cualquiera hubiera podido constatar de haber pasado por allí, entonces resulta más creíble invertir los términos. Asi pues, la secuencia debería ser la siguiente: puesto que creemos que Jesús es el Mesías —creencia, probablemente, legitimada por los cantos del siervo sufriente de Isaías—, entonces Jesús tiene que estar sentado a la derecha del Padre, para juzgar a vivos y a muertos. La resurrección va con la confesión de Jesús como Mesías y no al revés. Pues, para el mesianismo judío, es el Justo quien juzga a los hombres en nombre de Dios.

Fury

enero 15, 2015 § Deja un comentario

Imaginar a un Dios bueno, hasta el punto de ser capaz de amar al genocida… ¿No sería un insulto para las víctimas? Que Hitler fuera una criatura de Dios (y no de Satán) ¿acaso no implica un Dios que solo cómicamente puede estar al lado de los que sufren? Sin duda, a menos que el amor de Dios sea únicamente una última oportunidad. De ahí que si dejamos a un lado del día de la ira —si de algún modo no contamos con el juicio final—, Dios acabe reducido a esa imagen que justifica la autosatisfacción creyente.

Akiva ben Iosef

enero 14, 2015 § Deja un comentario

En el año 135 dC el rabí Akiva, uno de los padres del judaísmo rabínico, fue crucificado. Cuando le preguntaron por qué sonreía él dijo: «porque es ahora que cumplo perfectamente con el mandamiento del Shemá Israel. Entregando mi vida puedo decir, sin miedo a equivocarme, que amo a Dios con todas mis fuerzas.» Evidentemente, nada que ver con el «¡Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado!» ¿No deberíamos concluir, por eso mismo, que fue Akiva, y no Jesús de Nazareth, quien estuvo a la altura de Dios? A la hora de la verdad ¿acaso Akiva no demuestra tener una mayor fe? De ahí que resulte tan desconcertante decir cristianamente que la muerte de Jesús de Nazareth es, con respecto a Dios, más reveladora que la de Akiva.

BR

enero 13, 2015 § Deja un comentario

Decía Bertrand Russell que el problema de la humanidad es que los estúpidos están seguros de todo (de hecho, creen estarlo), mientras que los inteligentes tienen la cabeza llena de dudas. Y quizá sea así.

los increíbles

enero 11, 2015 § Deja un comentario

Hoy en misa se decían, una vez más, cosas incomprensibles. Por ejemplo: que quienes creen que Jesús es el Mesías han nacido de Dios (de la primera carta de san Juan). Pues ¿quién actualmente podrá creerlo lejos de la esperanza mesiánica que hacía posible la confesión? Decirlo, se dice. Por aquello de ser fieles a lo recibido durante la infancia. Pero otra cosa es confesarlo. Más aún: ¿cómo reconocerse «nacido de Dios» donde Dios solo puede suponerse? Pronto recitar el Credo será una excusa, en el mejor de los casos, para promocionar los buenos sentimientos. Y ello, si no lo es ya. Como decía Hegel, incluso las verdades más profundas, con el tiempo, pasan a ser otra cosa.

hard links

enero 10, 2015 § Deja un comentario

Es ingenuo creer que pueden establecerse fuertes vínculos entre iguales. Un vínculo exige algo así como una tensión, una polaridad, la que se da, por ejemplo, entre el padre y el hijo, el maestro y el discípulo, entre el que debe y el que da. Por decirlo de otro modo, no hay vínculo que no repose sobre arquetipos, sobre lo que representan, uno para el otro, quienes establecen entre sí lazos de sangre. Un vínculo, si ha de ser sólido, no puede sostenerse sobre la voluntad de los que permanecen vinculados. Entre iguales —entre individuos— solo puede haber, socialmente hablando, pactos, contratos, acuerdos. De ahí que los modernos se engañen a sí mismos cuando comprenden la relación entre hombre y mujer como la expresión de un trato entre iguales, aun cuando esté mediado —y ahí reside la trampa— por el deseo más elemental. El deseo hace creer a los amantes que su relación se sostiene por sí misma. Pero una cosa es el deseo y otra la atracción que se establece entre quienes representan algo más alto de lo que son en tanto que simples individuos. El deseo tiene fecha de caducidad. El vínculo arquetípico, no. Hombre y mujer pueden ser iguales ante la Ley, pero no son lo mismo. Una mujer es un ser extraño para el hombre. Y viceversa. Una mujer no es como un hombre, solo que con trenzas. Su poder sobre el hombre —y viceversa— no se sostiene solo por lo que provoca un chute de testosterona. Por encima de cada mujer hay una madre o una hija —o también una vestal—. Por encima de cada hombre, un padre o un hijo —o también un lobo—. Por eso, una vez hombre y mujer se distancian de lo que representan cósmicamente, una vez su modo de ser se convierte antes que nada en un papel —una vez se individualizan—, su relación ya no puede seguir siendo la misma que cuando el matrimonio era, por naturaleza, indisoluble (como hoy en día sigue siéndolo la relacion de unos padres con sus hijos). Los individuos, a lo sumo, pueden llegar a encontrarse, cosa la cual supera, probablemente, la intensidad de los lazos arquetípicos. Pero el encuentro es siempre fugaz, algo así como un vestigio de otro mundo. Un encuentro, de hecho, solo es posible tras el fracaso del cosmos.

la importancia de los padres

enero 10, 2015 § Deja un comentario

Uno así, a simple vista vista, puede llegar a creer que los primeros cristianos, si dijeron de Jesús lo que dijeron es porque eran fácilmente impresionables. Se entiende, siendo como eran, analfabetos. En medio de un clima rudo y hostil, la bondad de un hombre ha de parecer sencillamente divina. Como una mujer bella y limpia entre unas cuantas leprosas. De ahí la importancia, para el cristianismo, de aquellos que se pusieron a escribir para cargar de legitimidad epistemológica al testimonio creyente. Los Tertuliano, los Clemente, los Agustín… Sin ellos, el cristianismo probablemente no habría pasado de ser una religión para cretinos. Ahora bien, uno puede también preguntarse, si los padres de la Iglesia, al hacer lo que hicieron no mostraron, precisamente, la verdad que se amaga en una religión para cretinos.

exitus

enero 7, 2015 § Deja un comentario

Es posible que el cristianismo haya muerto de éxito. Pues una vez damos por supuesto que Dios es bueno, solo es cuestión de tiempo que no sepamos qué hacer con Dios. Y es que la bondad de Dios solo es significativa en relación con la ira de Dios, con el hecho de que Dios pueda aniquilarnos. Que pudiéndolo hacer, no lo haga: ese el misterio. Dios muere —Dios desaparece del mapa, se vuelve irrelevante— una vez nos hemos quedado solo con su lado amable. Así, uno podría preguntarse, si al hacer de Dios un abuelo bondadoso no habremos domesticado, una vez más, a Dios. Un Dios es antes que nada algo así como un Sauron: tan fascinante como terrible. De ahí que fuera en su momento tan revelador caer en la cuenta de que vivíamos bajo su (medida de) gracia. Ahora bien, no deja de ser cierto que la polis solo se hizo posible cuando la realidad de Dios —su carácter Otro— fue desplazada extramuros. Los dioses de la ciudad siempre fueron un sucedáneo: como el café sin cafeina o la cerveza sin alcohol.

haikus

enero 7, 2015 § Deja un comentario

Matsuo Basho es el autor del que quizá sea el haiku más conocido: un viejo estanque…/ salta una rana / chapoteo. El haiku es la expresión más ajustada al acontecimiento. No hay aquí causalidad que valga. O mejor dicho: lo que acontece excede los límites de su causa. El acontecimiento consiste en la revelación de lo que sucede como milagro. Un simple suceso ordinario se revela como lo que es: algo extraordinario, más allá de lo común. Ahora bien, esto solo es posible donde lo que sucede es visto desde el fondo mismo de la nada, de la continua disolución de lo dado. El sonido del chapoteo acontece cuando se funde con el silencio de la eternidad. Sin embargo, cabe también otro haiku (este es de Slavoj Zizek): los prisioneros se duchan / mi dedo pulsa un botón / los gritos resuenan. Es lo que tiene el budismo zen. Pues un iluminado debería ser capaz de ver el acontecimiento puro incluso en los hechos más terribles. ¿Y acaso no es esta la perplejidad de Job?

los Reyes son los padres

enero 6, 2015 § Deja un comentario

A los niños les decimos que es inútil permanecer en vela la noche de reyes: pues si llegaran a verlos, estos desaparecerían de inmediato. Un rey, ciertamente, solo es rey mientras permanece fuera del campo de visión. Siendo más atrevidos incluso podríamos decirle a un niño que, si llegara a pillarlos en el salón, lo único que vería es cómo esos reyes se transformarían ipso facto en sus padres. (Justo lo que casi tal cual defiende el cristianismo con respecto a Dios).

cópula

enero 5, 2015 § Deja un comentario

Puedes unirte a una mujer desde dos ópticas: o bien, desde la del instinto, tus ganas, tu apetencia; o bien, desde la extrañeza de que dos cuerpos arrojados a un cosmos indiferente acaben por encontrarse. La primera óptica es inmediata. La segunda es algo más, aunque no excluya la primera. La primera sucede aunque no quieras. La segunda interrumpe la continuidad de lo que sucede, pero no termina de arraigar. La primera es obvia. La segunda verdadera. La modernidad podría definirse como un intento de hacer de lo obvio el único rasgo de la verdad.

 

el Gollum

enero 5, 2015 § Deja un comentario

Desde una óptica cristiana, incluso en el gollum más abyecto sobrevive un resto de bondad. Podríamos decir que se trata de un motivo de esperanza. La posibilidad del bien permanece ahí, latente, a pesar del mundo. Sin embargo, esta idea, mejor dicho, esta convicción conduce directamente a la catástrofe, en su sentido más literal, a saber: a la disolución del marco cósmico en el que las potencias de la luz se enfrentan a las fuerzas del mal. Y de ahí al ateísmo hay que dar muy pocos pasos. Pues una fe desprovista de su dimensión cósmica —un creyente que no pueda participar de un drama sobrehumano— acaba siendo, en el mejor de los casos, una receta moral. Tarde o temprano, podremos prescindir de Dios. Y, así, en vez de resurrección, tendremos resilencia, en vez de culpa, error. De ahí que el judaísmo rabínico se resista a la tesis cristiana del Gollum. Para el rabino, tomarse en serio el Mal, supone creer que el resto de bondad puede desaparecer. La chispa divina del hombre llega a apagarse en manos de Satán. El hombre puede morir antes de tiempo. De ahí que la fe en Dios sea, en último término, la fe en un Dios capaz de resucitar a los muertos, algo del todo imposible. Suponer que en los hombres hay un resto de bondad que necesariamente sobrevive, inmaculado, al envite del Mal, sin duda hace más comprensible la restauración del genocida, su conversión. Pero hace difícil creer que solo un Dios puede salvarnos (Heidegger dixit). Si la bondad sobrevive como la posibilidad eterna del hombre, entonces Dios queda reducido, en el mejor de los casos, a la figura de un catalizador. Por eso, si hay Dios —si Dios es algo más que un agente purgador—, la bondad solo puede permanecer en el genocida como aquello definitivamente perdido: como eso que sigue presente solo porque fue. La bondad natural que pueda haber en el hombre no es del hombre, esto es, se encuentra en el hombre de un modo anecdótico, contingente, casual. El hombre, desde una óptica bíblica, no es bueno, sino en cualquier caso, aquél llamado a la bondad. De ahí que lo determinante bíblicamente no sea ser buenos, sino responder a la llamada de Dios. En este sentido, no deja de ser sintómatico que quienes responden a esa llamada difícilmente lleguen a decir de sí mismos que son buenos. La bondad, como cuanto es verdadero, no es algo de lo que podamos apropiarnos.

 

coitus interruptus

enero 3, 2015 § Deja un comentario

Dios es interrupción. El pobre es interrupción. Como lo pueda ser un trauma.

un Dios de pobres

enero 2, 2015 § Deja un comentario

Para nosotros, los satisfechos, el Dios bíblico difícilmente puede ser otra cosa que un Dios exótico como pueda serlo el tótem de los pueblos primitivos. Pues YWHW es el Dios de los extranjeros, los desarraigados, los homeless. Es así que nuestra aproximación a la Biblia no puede ser más que antropológica, a menos que queramos tomar el nombre de Dios en vano. Para nosotros, el Dios que nos va es el dios que se confunde con la naturaleza última de las cosas, algo así como un dato natural aunque oculto. El dios que nos convence es el dios gnóstico, el dios del conocimiento, la divinidad transconfensional, esto es, un falso dios. Pues lo que puede ser conocido está, en cierto sentido, en nuestras manos. Aquí podríamos decir que todos en verdad somos unos homeless y que, por eso mismo, YWHW es el único Dios católico, es decir, universal. Pero, a diferencia de nosotros, un pobre no vive ocultando su pobreza —no puede hacerlo—, como si Dios, ese hueco, no existiera.

in-quietud

enero 2, 2015 § Deja un comentario

Todo tiene un precio, mejor dicho, un coste de oportunidad. El esposo encuentra a faltar a la amante. Pero si se decanta por ella, encontrará a faltar a la esposa. Otra cosa es que pueda jugar a dos bandas. Pero en ese caso, perderá la integridad y se convertirá en un agente doble, pues es posible que la integridad solo se alcance apuntando a una sola cosa. Ahora bien, es igualmente cierto que esto de ser de una pieza solo se consigue pagando el precio de una notable deformidad. Aunque sin deformidad resulta difícil dejar a un lado el gris de los días.

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