primero: megacasting 2

enero 9, 2025 § Deja un comentario

Kant dice —más o menos—: debo respetar al otro… porque, en definitiva, no puedo hacer otra cosa. Y es que, literalmente, deber hacer equivale a no poder no hacer. Es decir, moralmente hablando, no debo servirme del otro para satisfacer mi interés particular. Nunca utilizamos a quien respetamos. Ahora bien, si no puedo hacer otra cosa que respetarlo es porque el otro como tal —su yo— es inalcanzable, y por eso mismo, un inútil. Siempre utilizaremos, de utilizarlo, su cuerpo —siempre negociaremos con su aspecto—, en modo alguno el yo que hay detrás. De hecho, ese yo no podemos verlo, solo reconocerlo a través de la reflexión o el pensar. Sin embargo, porque el yo siempre va con su cuerpo —porque no es nadie al margen del cuerpo con el que se identifica—, el respeto al otro implica respetar su cuerpo.

De ahí que el mandato que nos obliga a respetar al otro —a hacer lo debido por hacer lo debido, esto es, por respeto— sea, en definitiva, racional. Es decir, en el debo respetar al otro no solo hay las emociones, entre el temor y la admiración, que inevitablemente acompañan al respeto. No obstante, sí que, y con independencia de la razón, podemos, cuando menos, intuir el carácter inalcanzable del yo que se sitúa ante nosotros… si nos alcanza su mirada, esto es, si nos mira desde lo más profundo de sí —desde el más allá de sí mismo.

Kobalsky, sin embargo, plantea la siguiente objeción: de acuerdo. Ahora bien, también podríamos tener esta misma sensación ante la mirada de un chimpancé… y no diríamos que debamos respetar al chimpancé como sí debemos hacerlo con nuestro semejante.

Pregunta: ¿que podríamos decirle a Kobalsky?

publicistas

enero 9, 2025 § Deja un comentario

En su labor evangelizadora, el pedagogo posmoderno suele hacer referencia a las clases magistrales como lo peor, siendo habitual que pase un vídeo en el que inicialmente se observa un montón de alumnos aburridísimos… mientras oyen la perorata sin sentido de un maestro, para terminar, por contraste, con esos mismo alumnos participando felizmente de su educación a través de un estimulante trabajo en equipo alrededor de un iPad. ¿Se puede ser más impostor? Es como si quisiéramos demostrar que de los libros no se aprende nada poniendo como ejemplo un libro… del que, efectivamente, no se aprende nada. Esto es, un mal libro.

De hecho, podríamos pasar otro vídeo: aquel en el que, en una clase de cuarenta —o incluso ¡sesenta!—, los alumnos trabajan en grupos, mientras el “encargado del aula” va de mesa en mesa monitorizando aprendizajes autónomos. Y aquí no hay que ponerle mucha imaginación. Basta con apretar el on.

Otro asunto es que, hoy en día, en la escuela haya mucho de disfuncional…

la tiranía de la lengua

enero 8, 2025 § Deja un comentario

En las canchas de la pedagogía posmoderna —aun cuando hunda sus raíces en Rousseau—, hasta se ha llegado a decir que la lengua es fascista. Que lo importante es el pensamiento —en concreto, lo que uno es capaz de pensar por sí mismo— y no la ortografía. ¿Cómo hemos llegado a tanta estulticia? Cuando se trata de aprender carpintería o medicina ¿acaso nos atrevemos a prescindir de los maestros? Exhortar a los jóvenes a que piensen por sí mismos sin haberles puesto en contacto con quienes han pensado antes que ellos, ¿no supone condenarlos al universo, enormemente tóxico, de Twitter? Hay en la pedagogía posmoderna un implícito —o no tanto— rechazo a toda forma de autoridad. Como si autoridad y libertad estuviesen en orillas opuestas. Pero Víctor de Aveyron —el último buen salvaje— no fue más libre. Al contrario: mientras anduvo por los bosques, estuvo por entero sometido a su instinto. De hecho, ni siquiera era capaz de un sí mismo.

¿Cómo las escuelas han podido apadrinar tanto despropósito educativo? ¿Quizá porque los pedagogos posmodernos han olvidado aquello que dijo Kant, a saber, que el pájaro se engaña a sí mismo si cree que sin la resistencia del aire podría volar más rápido? Si los pedagogos posmodernos fueran capaces de pensar, ¿acaso no se habrían dado cuenta de que aquello que aparentemente impide nuestra libertad es lo que, en realidad, la hace posible? Quien dijo que la lengua es fascista ¿nunca fue consciente de que para poderlo decir hace falta mucha educación?

niños

enero 7, 2025 § Deja un comentario

Un niño no es solo un iluso. Es también aquel que seguirá creyendo en su ilusión a pesar de las evidencias en contra. Así, un niño seguirá esperando a los Reyes… aun cuando le digamos que son los padres. Pues los ha visto en la cabalgata. Un niño no se hace preguntas sobre sus impresiones. No hay fe que no pase por la crisis de la infancia. Otro asunto es que el horizonte de la crisis sea, para quien creyó, una segunda ingenuidad. Pero el regreso nunca será como la primera vez. Por suerte.

microbios

enero 2, 2025 § Deja un comentario

Supongamos que fuéramos unos de los tipos de microbios que habitan en nuestro intestino… y que pudiéramos desplazarnos más allá. ¿Acaso no veríamos otros mundos —paisajes desconocidos, incluso inhóspitos, por no decir absolutamente incomprensibles: el corazón, los pulmones, las vértebras, la masa cerebral…? Sin embargo, lo que no veríamos —ni podríamos ver— es que todos esos mundos forman parte de un todo consciente. Imaginemos ahora que uno de esos microbios llegase a comprender que los diferentes mundos componen un organismo. ¿Es que no se le presentaría como un diseño inteligente? Más aún: ¿podría eludir el postulado de una inteligencia creadora?

Sin embargo, ese todo consciente de sí no se crea a sí mismo. A lo sumo, interviene sobre sí: alimentado a los microbios beneficiosos a base de probióticos y eliminando a la Helicobacter Pylori. Ciertamente, a esos microbios les parecería que existen bajo el poder de un dios. Pero se equivocarían. Su error sería un error de perspectiva. Aun cuando espontáneamente no pudieran evitarlo. Pues el haber de Dios en verdad se sitúa más allá del todo.

Ahora bien, más allá del todo —y por el que el todo es eternamente el aún no-todo— no hay nada. Esto es, un puro haber sin nada, en definitiva, la negación de la nada. Este es el último misterio. Por no decir, lo absoluto como misterio o el misterio de lo absoluto. Llegados a este punto, resulta obvio que ya no cabe hablar de una cosa misteriosa. De ahí que ante Dios nos encontremos siempre sin Dios. Y de ahí también que obedecer al mandato que se desprende de este ante Dios, sin Dios suponga un enfrentarse a Dios en nombre de Dios. Y ello para que Dios sea. Esto es, adquiera un presente —una presencia—, al fin y al cabo, un cuerpo.

poder y sentido

diciembre 31, 2024 § 3 comentarios

¿Cómo es que tantos jóvenes se sienten atraídos por el yihadismo? ¿Por qué las teorías de la conspiración consiguen tantos adeptos? Sentirse alguien e ir a la contra ¿acaso no serán dos caras de la misma moneda? Si, como viera Nietzsche, no hay más que voluntad de dominio, ¿no deberíamos entender cualquier vínculo como político? Y la política ¿no exige un enemigo? ¿Puede haber vigor una vez se ha disuelto el espíritu de combate?

Quizá no fuese casual que la filosofía naciera en el seno de la democracia. Pues la interrogación socrática, cuya actitud básica es una mezcla de asombro y sospecha, corroe todo mapa mental. El problema de los mapas mentales es que nos fijan en una perspectiva. Y quien dice fijar dice esclavizar: difícilmente logramos ver más allá. Ahora bien, y dado que una perspectiva con sentido es siempre binaria —amigo/enemigo, superior/inferior— no hay modo de evitar el conflicto donde conviven diferentes mapas mentales. Y menos, si hay desigualdad de por medio.

De ahí que los sofistas, al proporcionar los mapas mentales que servían a intereses particulares, fuesen, según Platón, el inevitable cáncer de las democracias. Pues el escepticismo socrático, el cual relativiza, precisamente, cualquier perspectiva, siendo a su vez consciente de que no disponemos de otro recurso para orientarnos en el día a día, nunca tendrá las de ganar. Y sin un escepticismo de fondo, no hay democracia que sobreviva. Pues entre escépticos solo cabe el acuerdo, la negociación, el consenso.

Sin embargo —y este sería el asunto— el escepticismo no proporciona ningún sentido a la existencia. A lo sumo, un esperar lo imposible. Y aquí Israel puede que fuese más perspicaz. Aunque a costa de un enorme sufrimiento.

el haber y el todo

diciembre 30, 2024 § 2 comentarios

¿Hay el todo? No, según Kant. Estaríamos ante una idea de razón, algo así como un horizonte, un límite asintótico, una idea regulativa. Pues lo que hay se decide desde las condiciones de posibilidad de la experiencia. Y estas no admiten una experiencia de la totalidad.

Sin embargo, hay el haber. Y en ocasiones, sin duda extremas, una experiencia del puro haber. Esto es, cuando nos cubre una completa oscuridad y silencio. Kant, por tanto, estuvo en lo cierto: con respecto al todo no hay nada que ver. Ahora bien, por eso mismo, hay el todo. Hegel fue más perspicaz. Pues supo ver que el todo incluía en su seno el no-todo. Y esto significa ver muy lejos.

sur-prise

diciembre 28, 2024 § Deja un comentario

La experiencia básica de la alteridad, al margen de cuanto podamos pensar acerca del carácter absolutamente otro de lo real, es la del ser tomado. En definitiva, la de la propia finitud ante algo que (nos) adviene. Y quien dice finitud dice dependencia. El pensar solo es posible una vez hemos sido dejados.

Sin embargo, uno de los efectos del pensar que nace de la sospecha es, precisamente, el de relativizar la experiencia básica de la alteridad. Pues la sospecha siempre se interrogará —y aquí la interrogación es, por lo común, retórica— sobre la posibilidad de que el rapto únicamente tenga que ver con nuestra situación y no con la revelación de lo absolutamente trascendente. Las lombrices probablemente experimentarían la misma sensación de dependencia si pudieran entrar en contacto con nosotros. Pero se equivocarían si de su experiencia dedujeran que somos dioses.

En cualquier caso, que finitud y alteridad vayan de la mano significa que la cuestión sobre Dios es, en definitiva, la cuestión sobre el poder. Y aquí Israel dio un paso al frente al comprender, y no sin sufrimiento, que lo que no admite dominio —lo que nos sitúa ante una genuina alteridad— tiene más que ver con el silencio que cubre por igual los campos de batalla y los de amapolas que con el temblor de la tierra.

patriarcado

diciembre 19, 2024 § Deja un comentario

Diría que mal vamos donde los instructores de la educación woke insisten en el que la clase magistral es patriarcal. Y muchos insisten sin haber dado nunca una clase. Es decir, sin haberse enfrentado nunca a jóvenes abducidos por modelos de vida que, precisamente, les impiden entrar mentalmente en un aula. Asombroso.

¿Qué proponen en lugar de la clase magistral? Actividades de aprendizaje. Es cierto que uno aprende —interioriza— lo que hace. Pero resulta una ingenuidad pretender que, sin una exposición autorizada de lo que hay que saber, el alumno lo aprenderá por sí mismo con la única compañía de un monitor de aprendizaje, el cual en principio solo tendría que limitarse a garantizar que el alumno sigue las instrucciones.

La pedagogía woke no admite lo que es natural, a saber, que la relación entre maestro y alumno es una relación de poder. De hecho, si el maestro seduce es porque ejerce cierto poder sobre aquellos que lo escuchan. En el fondo, lo que hay por debajo del wokismo es un rechazo visceral a la autoridad. Como si el ejercicio de la autoridad fuese, por sí solo, un abuso de poder. Sin embargo, los vínculos humanos siempre están mediados por un cierto tipo de autoridad. Y lo que consigue, secretamente, la pedagogía woke es que la autoridad se desplace del maestro al alumno. El centro es el alumno: este es el mantra. Y así tenemos claustros desquiciados por las encuestas. Ja us ho fareu.

Ciertamente, hay que tener en cuenta dónde se encuentran quienes están en la situación de aprendizaje. Pero con el propósito de elevarlo y no de reírle las gracias. Y para ello hay que decirle que él no es el centro: el centro es la cosa, lo que hay que saber. Una pedagogía que no lo admita, sencillamente, no es seria. En realidad, supone prolongar la infancia hasta las edades en las que deberíamos dejar atrás la etapa infantil. Primaria hasta en la sopa.

Puede que una escuela woke sea lo que demandan, en el fondo, los nuevos padres, también denominados padres helicóptero, aquellos que giran continuamente en torno al capricho de sus hijos. Sobre todo, que no se frustren. ¿Qué consiguen? Hijos que difícilmente sabrán lo que quieren. Pues no sabrán distinguir entre querer y desear. Y es que nadie sabe lo que quiere hasta que no sabe qué quiere de él su padre. Los nuevos hijos no tienen padres. Tienen progenitores. Y ninguna escuela, ya despoblada de maestros, podrá compensarlo.

¿El resultado? Oriente gana.

tour

diciembre 18, 2024 § Deja un comentario

La metáfora del viaje se halla en todas las culturas. La vida como trayecto de ida y vuelta. La cuestión es hacia dónde se dirige —y cómo se regresa. El viaje de Gilgamesh no fue exactamente el mismo que el de Ulises. Tampoco lo fue el del prisionero de la caverna. Para el cristianismo, se trata de ascender al Gólgota… para luego descender con una mezcla de esperanza y sangrante perplejidad.

Ahora bien, sea cual sea el viaje, la sabiduría que se alcanza es siempre paradójica. Pues no es, estrictamente, un saber a ciencia cierta.

un breve sobre la descomposición

diciembre 13, 2024 § Deja un comentario

Mal vamos donde el ejercicio de la autoridad del padre —y autoridad no significa autoritarismo— se entiende como abuso de poder. El puritanismo woke es, literalmente, una idiotez. Pues olvida que no hay luz sin oscuridad. Quiero decir que es inevitable que la autoridad, en tanto que se impone sobre aquellos a quienes autoriza, incorpore unas dosis de violencia. La idea de un sujeto que decide sobre el vacío su modo de ser revela una insultante falta de lucidez. Como si el modo de ser se eligiera como quien elige entre diferentes marcas de refrescos. No hay sujeto que no esté sujeto a. La cuestión es a qué. O a quién. SI el wokismo peca de idiotez es porque ignora que la principal cuestión que tenemos que resolver si queremos dejar atrás la infancia es quién es nuestro padre.

el precio de la reflexión

diciembre 12, 2024 § 2 comentarios

Vivir sometidos al deseo significa que no hay otro horizonte que el de su realización. La situación es parecida a la de los niños que juegan pegados al balón. Sin embargo, también podemos reflexionar sobre la relación con nuestro deseo. En ese momento, tomamos una cierta distancia con respecto a lo dado… hasta el punto de caer en la cuenta de que ningún deseo es, propiamente, nuestro. Como si fuera un implante. Quizá Homero no anduviera tan desencaminado al dar por descontado que éramos títeres de poderes que nos sobrepasaban por entero. El descubrimiento de la interioridad, el cual no es independiente del socrático volver sobre uno mismo desde el espíritu de la sospecha de sí, fue un arma de doble filo. Pues hizo posible que nos apropiásemos, ingenuamente, de los poderes que, de manera espontánea, atribuimos a los dioses. Esta apropiación es, de hecho, un error. Al menos, porque nos dificulta una mejor comprensión de quienes somos, en definitiva, de nuestra condición de extraños.

La cuestión, sin embargo, es hasta qué punto cabe incorporar los resultados del examen de sí. No es fácil. Pues el cuerpo reclama —y poderosamente— sus derechos. Puede que no sea casual que madurez y sabiduría vayan de la mano. El problema de los tiempos actuales es que tampoco facilitan el marco simbólico para poder madurar. Así, fácilmente llegamos a los cincuenta… sin haber salido aún del supermercado. Como si el lugar de la aparición lo hubiese ocupado el anuncio. De ahí que cuanto mayor sea nuestro dominio tecnológico del mundo, menor sea nuestra profundidad. Al fin y al cabo, la superación de lo humano que pronosticó Nietzsche consiste en ponerse al servicio de una impersonal voluntad de dominio, cuyo principio rector es que debemos llevar a cabo cuanto se presenta como posible.

Alexandre Kojève, enorme lector de Hegel, pero también de Nietzsche, no regó fuera de tiesto al decir que no deberíamos desestimar la posibilidad de que el superhombre fuese un perfecto imbécil. Aunque, de hecho, Kojève no se refirió, estrictamente, a una posibilidad.

perspectivas y parábolas

diciembre 11, 2024 § Deja un comentario

La idea de Dios es algo que, a pesar de su inconmensurable superioridad, puede captarse, aunque siempre relativamente, desde diferentes ópticas —la idea que está presente en la parábola de los ciegos y el elefante— es, sin duda, sugestiva. Es decir, seduce por su aparente obviedad. El problema es que no vale para Dios. Si valiese, entonces la revelación hubiese sido irrelevante. Y no vale para Dios porque Dios, en cuanto tal, carece de entidad. Al fin y al cabo, aquello que, según el cristianismo, se nos reveló en el Gólgota es que Dios no tiene otra entidad —otro quién o modo de ser— que el de un crucificado en nombre de Dios. Ahora bien, que Dios sea en sí mismo el todavía nadie —que su hacerse presente dependa de la fe de quien depende de Dios— no es algo que admita diferentes perspectivas. La realidad de Dios en sí —en trinitario, la realidad del Padre— no es la de algo que pueda describirse, ni siquiera por aproximación.

Ahora bien, ello no quita que nos cueste aceptarlo. Pues religiosamente no podemos evitar concebir lo divino como un poder sobrenatural que, por eso mismo, aún tiene mucho de natural. Y para este viaje no hacen falta, ciertamente, las alforjas de la revelación.

bandazos

diciembre 10, 2024 § Deja un comentario

La infinita misericordia de Dios es la raíz de la política de izquierdas. Al pobre se le debe justicia… aunque esté carcomido por el odio. Sin embargo, ante esa misma misericordia también estamos sub iudice. Según Mt 25, Dios no tendrá piedad de quien no dio de comer al hambriento o de beber al sediento. Y no porque Dios no quiera que todos se salven, sino porque la redención o la condena, al fin y al cabo, son el efecto colateral de nuestra respuesta a la ofrenda de Dios —a su sacrificio. Es el alumno quien aprueba o suspende. Este sería el origen de la política de derechas de talante protestante: no aprovechaste la oportunidad. Con todo, estas derechas fácilmente olvidan que las oportunidades no se reparten por igual.

Libertad y justicia nunca hicieron muy buenas migas. Y, como ya vieron los griegos, no hay una política del equilibrio. O no la hay que sea lo suficientemente estable. En su lugar, bandazos.

belleza y existencia

diciembre 7, 2024 § Deja un comentario

La belleza sin tara es la belleza como tal. La tara —la salida de tono, el disgusto— es la marca de la individualidad. Y por eso mismo, el individuo es la negación del paradigma, de lo ejemplar, el sello del mal. La conversación encuentra su origen en el desgarro. La belleza absoluta no habla. La piedra —el mármol— no representa al dios. Es el dios.

Tan solo existe el individuo. Por consiguiente, si hay lo que tiene que haber, entonces tan solo el individuo debe ser. Sin embargo, ¿cómo podemos decir que debe ser lo que niega lo que debe ser? ¿Quizá porque la belleza solo se hace presente negándose a sí misma o, siendo más estrictos, siendo, en definitiva, esta negación de sí? Puede que no sea anecdótico que la apocalíptica cristiana concibiese la redención por medio de la imagen de Satán bajo la bota del Arcángel. Pues no puede haber nada —ni, por consiguiente, redención— que no incorpore una dosis de su contrario.

sobre la duda y el haber

diciembre 6, 2024 § Deja un comentario

Es posible que la filosofía moderna nazca de un malentendido o incluso quizá de un eficaz ejercicio de retórica. Pues, al partir de la pregunta por la certeza, lo primero será la representación mental y no el haber. Sin embargo, lo primero nunca puede ser nuestra representación de lo que hay. Al menos, porque la representación apunta, por defecto, a lo que hay.

Es posible que la representación no dé en el clavo. Y este es el principio de cualquier sospecha. Sin embargo, la intencionalidad de la conciencia no puede prescindir del afuera sin caer en el absurdo. Aquí el escéptico dirá que para el afuera basta con la representación, en tanto que esta se encuentra frente a la conciencia. Ahora bien, por eso mismo, la representación deviene un límite del saber. Y donde hay límite hay un más allá del límite, aunque ignoremos en qué consiste este más allá… si es que admite consistencia. Así, porque tiene sentido afirmar que no cabe ir más allá de la representación, hay un más allá de la representación. A pesar de que este más allá sea, en última instancia, el de una nada que es no siendo nada.

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lo verdadero

diciembre 5, 2024 § 2 comentarios

Hay lo verdadero. Y lo verdadero no admite perspectiva. Evidentemente, hoy en día es difícil decirlo sin añadir alguna nota al pie. Pues espontáneamente nos decimos que no hay verdad —que todo es opinable. Y acaso este sería el síntoma de nuestro adelgazamiento espiritual —de nuestra indigencia anímica.

¿Qué sería, por tanto, lo que no admite perspectiva? La irrupción del silencio y la oscuridad más inobjetables —los Gólgota de este mundo. Pues lo verdadero o inmodificable —y por eso mismo, eterno— es lo que en verdad tiene lugar… después de que los cielos se hayan desplomado sobre nuestras cabezas. Y lo que tiene lugar no es que la nieve sea blanca o la tierra, esférica, sino el no hay nada más allá del silencio de Dios… un silencio que transforma el más acá en el único más allá. Pues acaso la pregunta religiosa por el más allá solo pueda resolverse como la pregunta por el más allá de Dios, en el sentido subjetivo del genitivo, aquella nos sitúa en la posición donde se decide en definitiva lo humano de la existencia. Al fin y al cabo, todo comienza de nuevo donde no somos más que —aunque tampoco menos— que el heme aquí de Abraham. Y ello sin Dios, aunque siempre ante Dios. De ahí que el heme aquí vaya con el y ahora qué quieres que haga.

Quizá Israel no fuera tan desencaminado al comprender lo real —lo que acontece en verdad— en los términos del imperativo y no del presente indicativo. La verdad nunca fue una frase verdadera acerca las cosas que pasan.

sobre el origen del significado

diciembre 4, 2024 § Deja un comentario

El significado de cuanto es siempre apuntó a los cielos. Así, los antiguos creyeron, pongamos por caso, que el vínculo entre hombre y mujer reproducía a menor escala la relación entre determinados poderes cósmicos. El significado fue —y sigue siendo— representación… aunque, actualmente, los cielos hayan sido sustituidos por la ficción, el acontecimiento cósmico por Pretty Woman, el combate entre ángeles y demonios por Star Wars. Una vez la voluntad de dominio tomó el lugar de la sensación de formar parte, el mundo queda vaciado de sentido —y quien dice sentido, dice dioses. El romanticismo alemán, con Hölderlin a la cabeza, fue muy consciente de ello. Y de ahí su reacción sentimental. Como si el sentimiento —en definitiva, la nostalgia— fuese el último refugio de la espiritualidad, ahora sin trascendencia.

bien y poder

diciembre 3, 2024 § Deja un comentario

El pensamiento clásico siempre fue muy consciente del vínculo entre el ser y el bien: todo lo que es aspira a realizar su esencia —a ocupar el lugar que le corresponde dentro del orden cósmico. Nietzsche, siendo un buen lector de Spinoza, sustituirá el bien por la voluntad de dominio. No es lo mismo. Probablemente, la cesura entre el mundo de la Antigüedad y el nuestro pase en buena medida por ahí.

apocalíptica básica

diciembre 2, 2024 § Deja un comentario

Últimamente, no puedo evitar el sentimiento de hallarme en medio de un mundo a punto de colapsar. Y no porque las cosas anden mal, sino porque en realidad todo pende de un hilo. Spinoza recomendó, como sabemos, ver cuanto sucede desde la óptica de la eternidad. A la manera del antiguo estoicismo. Al fin y al cabo, estamos muy cerca de la mota de polvo. Sin embargo, se impone otra perspectiva cuando la mirada apunta a la posibilidad de un final de los tiempos —de la aniquilación. Atenas o Jerusalén, una vez más.

la quinta cuestión

noviembre 30, 2024 § Deja un comentario

¿Podemos decir que hay alma si esta no es observable —y mucho menos medible? Hoy en día, no parece que podamos afirmar como quien no quiere la cosa que existe algo así como un espectro interior que sobrevive a la muerte del cuerpo. Sin embargo, lo cierto es que la conciencia de sí no termina de coincidir con el cuerpo —ni siquiera con el carácter— con el que, por otro lado, se identifica. De hecho, si podemos decir que somos alguien y no solo algo es porque el yo difiere continuamente de sus rasgos. Así, y a diferencia del chimpancé, no somos cuerpo, sino que tenemos cuerpo (y por eso mismo, podemos relacionarnos con nuestro cuerpo e incluso transformarlo). Por otro lado, nunca tenemos suficiente con lo que satisface al cuerpo. En lo más íntimo, ¿acaso no aspiramos a lo que ningún mundo puede ofrecernos? Como si, en definitiva, no perteneciéramos al mundo. De ahí que nunca terminemos de encontrarnos en donde estamos. El lenguaje sobre el alma pretende, en definitiva, dar cuenta de esta inquietud. Que no podamos ver el alma no es un argumento para negar que haya alma. De hecho, hay materia, aunque, como tal, nunca llegaremos a verla. En cualquier caso, vemos su hacerse presente en las cosas que podemos ver y tocar.

la tercera cuestión

noviembre 29, 2024 § Deja un comentario

Platón se pregunta por la naturaleza de lo real. ¿De qué hablamos cuando hablamos de lo real? La respuesta más inmediata es que lo real es lo que podemos ver y tocar. Y en cierto modo es así. Pues lo real es, por definición, lo que, estando ahí, aparece —se muestra, se hace presente… bajo un aspecto u otro. De hecho, el aspecto o forma de lo real es lo que podemos ver y tocar, es decir, lo que es accesible a nuestra sensibilidad.

Ahora bien, si lo real es lo que aparece de diferentes modos ¿qué es en sí mismo lo que aparece de un modo u otro? Por ejemplo, ¿qué es lo que aparece en un cuerpo bello en tanto que bello? ¿Es algo? Mejor ¿puede serlo?

En principio, lo que aparece o se hace presente en los cuerpos bellos la belleza. Vemos la belleza en los cuerpos que la encarnan o representan. Sin embargo, la belleza de los cuerpos bellos siempre se muestra relativamente, esto es, hasta cierto punto o medida. Ningún cuerpo bello es por entero bello. Al menos porque, en tanto que sometido al tiempo, va dejando de ser lo que en un momento dado parece ser, es decir, bello. Y lo que no termina de ser, propiamente, no es. Con todo, es innegable que hay belleza. ¿Qué sería, por tanto, la belleza en cuanto tal o en sí misma, es decir, al margen de su hacerse presente en los cuerpos bellos? Estrictamente, nada en concreto. Pues la belleza se concreta, precisamente, en los cuerpos bellos. No obstante, hay belleza… en tanto que se hace, de hecho, presente. ¿Cómo entender, por tanto, que haya belleza —que la belleza sea real— si, en sí misma, no es nada en concreto?

Como sabemos, la tesis de Platón es que el ser —lo real—, y con independencia de su mostrarse a una sensibilidad, es idea… y, por extensión, ideal —pues la idea es la norma, el paradigma de lo sensible… lo que nos permite ver o, cuando menos, tantear en qué medida un cuerpo es, por ejemplo, bello. La realidad de lo real —su en sí— es la realidad de lo abstracto. Pero ¿lo abstracto no es siempre el resultado de un proceso de abstracción —de un extraer mentalmente los rasgos comunes a una serie de cosas? ¿Cómo Platón puede decirnos que lo abstracto es real y no solo un contenido mental? Esto es, ¿qué razones pone encima de la mesa para demostrar que lo abstracto está ahí, fuera de nuestra mente?

Es evidente que lo que tienen en común las diferentes cosas es que son —que están ahí. Sin embargo, el ahí en cuanto tal —el que sean o estén ahí, al margen de que sean, además, un árbol, un hipopótamo, una piedra…— no es nada. Si se nos hiciera presente el ahí como tal —el ser absoluto, es decir, ab-suelto de lo concreto o particular— , no veríamos nada. Únicamente experimentaríamos la oscuridad y el silencio más impenetrables, en definitiva, la presencia de un simple afuera. O por decirlo de otro modo, la presencia de una ausencia. Sin embargo, la nada no es. El puro ahí —el ser puro o absoluto— no puede ser, no puede hacerse presente como tal. Por eso mismo, tiene que haber algo. Este tiene que haber algo es el envés del puro haber —de su no ser nada en sí mismo. De ahí que Platón diga que ser y deber ser —al fin y al cabo, el bien— sean, en definitiva, lo mismo. El puro haber —o ser— es no siendo nada y, por eso mismo, es negándose a sí mismo, como quien dice, como puro haber o ser. Ahora bien, las cosas se encuentran sometidas al tiempo —a un no ser por entero—… porque el puro haber —el ser en su carácter otro o absoluto— permanece como lo que es continuamente dejado atrás en su hacerse presente como el haber de las cosas.

De ahí que Platón afirme que hay un hiato entre lo real —el haber en cuanto tal— y su manifestación sensible —entre el mundo sensible, el de las cosas que podemos ver y tocar, y el mundo real, el de la idea, tan solo accesible a la razón. La realidad del haber en cuanto tal es la de lo abstracto. Y abs-tracto significa lo que queda liberado del trato. Por eso, lo real en sí es invisible —y, por eso mismo, intratable. Pero es. Aunque no sea nada en concreto.

ruptura epistemológica

noviembre 28, 2024 § Deja un comentario

¿Cómo sucede el cambio de marco epistemológico —de paradigma, del saber de fondo que determina cuanto hay en tanto que todo ver es siempre un ver como? ¿Cómo fue posible dejar de ver a Dios en todas las cosas? El cambio nunca es interno al paradigma. Un paradigma se resiste a la anomalía —a lo inexplicable—, casi por definición.

La cosa, diría, es como sigue. En un principio, el fuego fue evidentemente un regalo de los dioses. Y fue evidente porque el fuego caía del cielo. Posteriormente, aprendimos a hacer fuego, aunque este saber de entrada también fue debido al dios. El dios nos enseñó a pescar. Con los siglos, la razón descubrió el orden matemático. Los números que, en primer lugar, estuvieron al servicio de la contabilidad, pasaron a regir el cosmos. Pero esto, por sí solo, no nos obliga a prescindir de Dios. Dios escribe en el libro del cosmos con el lenguaje de la matemática, decía Galileo. Con todo, de ahí al Dios relojero media un paso. Y del Dios relojero a prescindir de Dios, otro medio, el que dimos una vez el capitalismo se encargó de disolver todo lo sólido en el aire. Aquello inicialmente inexplicable, el indicio de otro mundo —el milagro— deviene lo aún por explicar. Ciertamente, el modo de producción determina la cosmovisión —el ver como. Y no hay nada definitivo en el como… a pesar de que, al igual que los prisioneros de la caverna platónica, no sea fácil desprenderse de las sombras, de tomar lo nos parece que es como lo que es.

Sin embargo, el hallazgo griego consistió en confiar en la razón —en su exigencia— a la hora de trascender las apariencias en la dirección de lo verdadero —de lo que en verdad tiene lugar y no simplemente pasa. La teología fue la respuesta cristiana al reto de una razón que, frente al imaginario mítico, solo admite un arjé impersonal. El haber de Dios tenía que ser, también, accesible a la razón… si es que el cristianismo tenía que eludir el relativismo histórico. Y ello porque la verdad del Dios cristiano —la que se nos revela en la cruz— no admite perspectiva. Con todo, el precio a pagar por el uso teológico de la razón será la ruptura entre religión —la cristiandad— y fe. O de otro modo, entre la creencia como suposición y la mística, la cual, como insistía JB Metz, frente al misticismo oriental, mantiene los ojos abiertos. Por no decir, desorbitados.

Otro asunto es que esta ruptura conserve en su seno una cierta continuidad con lo que deja atrás. Pues, por volver a la caverna… o a los evangelios, el ascenso atraviesa diferentes fases. Jesús de Nazaret no comenzó pisando Getsemaní. Al fin y al cabo, el cuerpo también tiene derecho a participar del saber. Aunque, a menudo, olvide quién lleva las riendas.

platonismo y nihilismo

noviembre 27, 2024 § Deja un comentario

El platonismo medio —el que triunfó históricamente— fue con respecto a Platón lo que la cristiandad fue con respecto al cristianismo: una versión de manual. Y es que el último Platón no tiene nada de idealista. En cualquier caso, fue un idealista a la Hegel: la doble negación —el sí como negación de la negación— es el alfa y el omega de cuanto hay. La dialéctica —y todo pensamiento profundo, tarde o temprano, termina desembocando en la orilla de Heráclito— difícilmente congenia con la creencia, ciertamente ingenua, de que al final no habrá más que luz… al menos, porque si todo fuese luz, no habría luz. Un mundo en el que, habiendo luz, no hubiese oscuridad se revelaría, en el caso de que llegásemos a ver algo, como irreal. Satán debe permanecer, como quien dice, bajo las botas del arcángel.

Así, Platón supo ver o cuanto menos intuir que el haber en cuanto tal —el ser con independencia de su hacerse presente, esto es, al margen del tiempo— no es nada en concreto. Su naturaleza es, sencillamente, la de lo abstracto —y esto no debemos entenderlo como si hablásemos de una abstracción, del resultado de un proceso mental. Al contrario. Hay más realidad en lo abstracto que en lo concreto… porque, en lo concreto, el carácter absolutamente otro de lo real da un paso atrás. Lo real, en sí mismo, es idea. Y la idea solo es accesible al pensar.

Todo cuanto vemos y tocamos podemos verlo y tocarlo porque lo real se da relativamente, es decir, ajustándose al molde de nuestra receptividad… y, por tanto, perdiendo por el camino, como decíamos, su carácter otro o absoluto. Esto último, no obstante, es un modo de hablar. Pues lo absoluto no es anterior a su negación de sí. No hay tiempo con anterioridad a dicha negación. Es el paso atrás, como quien dice, lo que constituye lo absoluto de la existencia —el carácter ab-suelto de lo absolutamente otro o real. La negación de la nada es el envés del puro haber… en tanto que el puro haber es no siendo nada. Sin embargo, queno sea nada significa que tiene que ser algo. De ahí que ser y deber ser sean lo mismo. Y quien dice deber ser dice bien.

Por consiguiente, el mundo —el haber de las cosas, el que las cosas sean… y que, con el paso de los días, vayan dejando de ser lo que parecen, esto es, deformándose— es el otro lado de la doble negación . Y, por eso mismo, el mundo no es nada. ¿Lo primero? Un acto sin sujeto —el hágase de la creatio ex nihilo. Ahora bien, aquí hay que tener en cuenta que lo primero, como decíamos antes, no es anterior a todo tiempo en tanto que lo primero da origen, precisamente, al tiempo. No habrá, por tanto, un final del tiempo… mientras haya el haber. No puede haber ese final. Y si no hay un final del tiempo, nada nuevo —nada en verdad otro— puede tener lugar.

Ahora bien, esto es lo que afirma el nihilismo: no cabe esperar nada que no sea el eterno retorno de lo mismo, en definitiva, el eterno combate entre el bien y el mal. A lo sumo, que haya más bien que mal. Ciertamente, Nietzsche creyó que el platonismo es la raíz del nihilismo negativo —el que mereció su desprecio— por devaluar la vida… al contrastarla con el ideal. Pues nada de lo que podamos vivir estará a la altura del paradigma que juzga la existencia desde arriba. Sin embargo, la devaluación fue el resultado de la lectura de manual del pensamiento de Platón. En sus diálogos, sobre todo en los últimos, no hallamos una devaluación del mundo, a pesar de su carácter derivado, sino un ejercicio de extrema lucidez. Y en este sentido, es posible que Platón estuviera más cerca de Nietzsche de lo que él mismo se imaginó.

Quizá solo la mentalidad apocalíptica, la cual experimenta el mundo como un territorio de combate entre las fuerzas del bien y las del mal, pueda hacer frente al nihilismo. La creencia de que al final todo será luz sin sombra es una ingenuidad. En cualquier caso, lo dicho: Satán bajo las botas del arcángel.

Más aún: si Dios es la voluntad de Dios —si lo primero es el hágase—, entonces la bondad de Dios —y, en definitiva, su quién— dependerá de la posición que adopte el hombre en medio de dicho combate. Esto es, de su fe. Y por eso mismo, el cristianismo acaso sea, en el fondo, una religión nietzscheana. Al menos, porque el Dios cristiano es el Dios que, negándose a sí mismo, se encarna en un crucificado… arrojando al hombre a la rebelión contra lo absoluto del retroceso de Dios en nombre, precisamente, del acto creador.

Dios y el mapa mental

noviembre 25, 2024 § Deja un comentario

Ya no vemos el mundo desde la óptica de Dios. Quiero decir que dejaron de haber indicios de un mundo sobrenatural. Sin embargo, la existencia sigue apuntando al misterio que abraza el mundo. No cabe otra. Solo que, ahora, el punto de partida no es la presencia invisible, sino el retroceso de Dios —su extrema trascendencia o altura… como comprendió Israel hace milenios. De hecho, la quiebra de los mapas mentales, incluidos los religiosos, es la condición de posibilidad de la fe. En realidad, Dios siempre se afirmo contra la evidencia del dios.

más allá de la novedad

noviembre 24, 2024 § Deja un comentario

En lo más íntimo anida el anhelo de descubrir lo nuevo —de sacar de sus entrañas el misterio. Sin embargo, más allá de lo ordinario, tan solo hallaremos la novedad, la sorpresa, la falta de costumbre. De ahí al nihilismo media un paso: nada realmente nuevo habrá bajo el Sol. Ni podrá haberlo sin que finalice el mundo. Pues lo nuevo es lo absoluto. Y lo absoluto es lo ab-suelto, precisamente, lo que tuvo que dar un paso atrás para que pudiera haber mundo. Quizá Karl Rahner no anduvo tan despistado cuando dijo aquello de que incluso en los cielos Dios seguiría siendo un misterio. Como tampoco la parusía obedece a un mente delirante. Al menos, porque lo nuevo —en definitiva, la redención— solo puede coincidir con el final del mundo.

pobres

noviembre 23, 2024 § Deja un comentario

Los pobres también se juzgan entre sí. Hay quienes luchan por abrirse camino. Y los que no dan un palo al agua. Hay los que se ayudan entre sí y los que son unos genuinos cabrones. Como en todas partes. La compasión del pobre, de haberla, no carga con la culpa —y quizá, por eso mismo, sea tan poco paternalista. Quizá sea cierto que el carácter, como decían los griegos, sea un destino. En cualquier caso, al pobre se le debe justicia. Pues nadie debe vivir como si fuera un perro callejero. Sea bueno de corazón o hijo de puta.

teo-lógicas (4)

noviembre 22, 2024 § Deja un comentario

¿Es posible que lo absoluto no sea lo primero, sino que lo primero sea el acto —un acto sin sujeto agente— por el que surge lo ab-suelto, la alteridad avant la lettre? Pues lo primero, lo anterior al mundo, no es nada. Esto es, la negación de la nada por la que el puro haber deviene, precisamente, lo ab-suelto del haber del mundo. Sin embargo, esto ya se nos dijo cuando el yhavista (J) concibió el hágase como el principio rector de la creación. Sin embargo, también añadió que el mundo va con el séptimo día. Y lo que esto significa es que con la luz irán las sombras. La cuestión: qué pesará más, si la luz o las sombras.

un ejercicio de retórica

noviembre 21, 2024 § Deja un comentario

Alguien dice lo siguiente: “usar algunas medidas para definir el rendimiento de un equipo de audio es similar a usar una cinta métrica para definir lo guapo que es alguien». ¿Que ha sucedido aquí? Pues, sencillamente, que la comparación empleada decanta la discusión. Con ello quiero decir que, si aceptamos la analogía, entonces no hay nada más de lo que hablar. Las imágenes rectoras son muy poderosas… hasta el punto de que, una vez aceptadas, resulta muy difícil liberarse de ellas. Así, quien pretenda defender que las mediciones lo dicen todo tendría que impugnar la analogía, esto es, el marco, diciendo, por ejemplo, que las medidas de un equipo de audio son, más bien, como los análisis médicos: que nos permiten saber si seguimos, o no, con salud. Esto es, si el equipo de audio está o no a la altura de lo exigible.

Algo parecido podríamos decir con respecto a la discusión teológica acerca de si Dios es padre o madre —o un cruce de ambos. Pues la disyuntiva se disuelve como azúcar en el café donde partimos de un Dios que, en sí mismo, sufre una crisis de identidad: como si, en cuanto tal, no fuera aún nadie. De hecho, según la confesión cristiana, Dios no tiene otro quien —otra esencia o modo de ser— que el de aquel que fue crucificado en su nombre. Y esto resulta tan escandaloso que probablemente todavía andemos un tanto lejos de admitirlo hasta sus últimas consecuencias.

seguimos estando solos

noviembre 20, 2024 § Deja un comentario

Si Dios es un océano, entonces seguimos estando solos. Sin embargo ¿por qué nos resulta tan difícil admitir que, al final, terminaremos disolviéndonos en lo anónimo como azúcar en el café? Tan solo lo eterno puede presentarse a la conciencia como divino. Pues el caer en la cuenta de la propia muerte es el primer paso de una sensibilidad por lo trascendente. Sin embargo, ¿por qué buscamos a alguien en lo eterno —? Esto es Occidente: la necesidad de un padre.

¿A qué se debe, sin embargo, esta necesidad? Quizá porque la subjetividad occidental no puede prescindir de un hacerse a uno mismo. Esto es, de una voluntad de afirmarse… frente a lo impersonal. Y nadie sabe qué quiere en realidad —y no solo desea— hasta que no sabe qué quiere de él su padre. Obediencia y transformación —de uno mismo y del mundo— son dos caras de la misma moneda. De ahí la resistencia del sujeto occidental a formar parte de la naturaleza —a disolverse en las aguas que, inicialmente, nos cubren. Dios contra los dioses. El nacimiento —el haber sido arrojados— contra la matriz.

Quizá no fuese casual que Nietzsche viera en Oriente la expresión más pura del nihilismo.

lo más (un ultra Platón en breve)

noviembre 19, 2024 § Deja un comentario

El bien —la luz, el sí…— es imposible. Y esto porque es —porque hay el bien, la luz, el sí…

Nada es que no se haga presente. Sin embargo, en su hacerse presente el bien deba renunciar, como quien dice, a su inmaculada eternidad. De otro modo, en su hacerse presente el bien debe incorporar a su contrario —el no, la oscuridad… Y ello porque de haber solo bien, no habría bien. Donde únicamente hubiera bien —o luz, o sí…—, obviamente, no habría oscuridad. Pero tampoco bien —o luz, o sí… Esto es, no habría nada.

Sin embargo, lo anterior no significa que en primer lugar haya el bien y, posteriormente, el bien incorpore a su contrario. Como acabamos de apuntar, el bien a secas o en sí —esto es, al margen de su hacerse presente— no es nada sin su contrario. Por consiguiente, si lo primero es el bien a secas, entonces lo primero es la negación de sí del bien, su es no siendo nada. Y aquí hay que tener en cuenta que este es no siendo nada supone, lógicamente, la negación de la nada.

Bien significa, por tanto, deber ser —en definitiva, el hágase. El bien implica su negación de sí… en tanto que, como bien a secas o puro bien, es no siendo nada. Con otras palabras, el deber ser del mundo —y nada es más allá de lo que adquiere una forma— es el otro lado de la negación de sí del bien. Consecuentemente, lo contrario al bien —el mal, la tara, la desproporción…— es el correlato, el efecto inmediato, de su es no siendo nada. El bien se hace presente negándose como tal. Porque hay el bien, no tan solo hay el bien.

Así, hay algo en vez de nada porque la nada es el más allá del mundo, de la totalidad de cuanto existe. El mundo es el resultado de la negación de sí del bien —la negación de sí que es el bien. O con otras palabras, de su llegar a ser nada en cuanto tal, de su retroceso a un pasado anterior a los tiempos, al fin y al cabo, de su devenir absoluto en su hacerse presente como lo bueno en cierta medida. Pues lo absoluto es lo ab-suelto, lo liberado del juicio y, por extensión, del tiempo presente. El fundamento del mundo, en tanto que ab-suelto del mundo, no pertenece al mundo —ni puede pertenecer. Y quien dice mundo, dice tiempo. Hay mundo porque hay lo absoluto. Sin embargo, el haber de lo absoluto —la eternidad del bien— es el haber de lo impresentable o inviable. O como decíamos al principio, de lo imposible. Hay lo posible porque, más allá de los mundos, hay lo imposible. Schelling, hacia el final de sus días, comprendió mejor que nadie que la razón llevada al extremo conduce de nuevo al mito. Pues solo por medio del mito podemos hacernos una idea de lo que es —y sigue siendo— antes de cualquier presencia o presente. En realidad, que lo absoluto sea lo ab-suelto es lo que da pie al tiempo.

La secuencia lógica sería, por tanto, la siguiente: el bien a secas —la luz, el sí…— es lo primero; pero el bien a secas no es nada (ya que solo es lo que posee una forma); por tanto, lo primero es que no hay nada, la negación de sí de la nada —el hágase, el debe tener lugar, la creación —… y, por eso mismo, el bien se hace presente… aunque siempre hasta cierto punto o en cierta medida. La invisibilidad de lo absoluto —el que sea no siendo nada, su continuo paso atrás— es el sostén de lo visible.

Acaso Hegel fuera el mejor lector de Platón. Y quizá por eso también, la filosofía comienza con Platón y termina con Hegel. Nietzsche, por su parte, y a pesar de que lo suyo no fuese, precisamente, la dialéctica, intuyó con fiera lucidez que el nihilismo es la otra cara del platonismo. Pues si lo dicho hasta ahora es cierto, entonces solo cabe esperar el eterno retorno de lo mismo. A lo sumo que el bien pese más que el mal. Satán bajo las botas del arcángel, como quien dice. Pero esta esperanza no fue, ciertamente, la de Nietzsche.

¿un dios de nuestra parte?

noviembre 18, 2024 § Deja un comentario

Epicuro fue muy consciente de lo que significaba ser un dios. Así, comprendió que los dioses, debido a su naturaleza netamente superior, no podían congeniar con nosotros. Pues ¿qué dios podría interesarse por la suerte de los ácaros? A lo sumo se entretienen, como un niño juega con sus gusanos de la seda. Carpe diem. De acuerdo.

La situación cambia, sin embargo, cuando nos saca de quicio el clamor de quienes viven como perros. Este es el punto de partida de la fe —y no la necesidad de asegurar que seguiremos por ahí tras la muerte.

Un dios no puede estar de nuestra parte. De ahí que la responsabilidad creyente —el tener que responder al grito del hambriento—, de algún modo, se enfrente a la indiferencia de un cosmos atravesado de dioses. Y puede que, por eso mismo, Israel viese, aunque a costa de un enorme sufrimiento, que el único dios que puede valer como Dios-en-favor-del-hombre fuese aquel que crea el mundo desplazándose a un tiempo anterior a los tiempos. Y quien dice desplazándose, dice negándose.

Occidente

noviembre 15, 2024 § Deja un comentario

Suele decirse que cada cultura tiene su filosofía. No es exactamente así. En cualquier caso, tiene su cosmovisión, su sabiduría. La filosofía es un producto occidental, aunque respire los aromas de Oriente. O mejor dicho es, como la democracia, un producto griego… que dio pie a lo que hoy conocemos como Occidente. Y es que la filosofía nace, con Sócrates, como cuidado del alma… el cual —y en esto reside su novedad— se concibe sobre la base de la sospecha de sí, de lo que uno siente como verdadero, una sospecha que solo contará con la ayuda del imperativo lógico o racional y que, por eso mismo, no terminará haciendo buenas migas con la demagogia de la que se alimenta el ejercicio del poder. El conflicto entre filosofía y polis —un conflicto que no hallamos en Oriente— es la sangre que corre por las venas de Occidente. Israel —la otra columna vertebral—, y a través de sus profetas, extenderá este conflicto al mundo en su totalidad.

Paralelamente, se suele decir que el cristianismo triunfó históricamente adaptándose a la matriz griega. Y algunos ven aquí una traición al espíritu original. Y en parte es así. Pero, como viera Filón, si se adaptó es porque Moisés y Platón, cada uno a su modo, vieron algo muy parecido. De hecho, porque hubo cristianismo, Grecia pudo seguir configurando como quien no quiere la cosa la subjetividad occidental.

extraños

noviembre 14, 2024 § 1 comentario

Un simio nunca podrá quedarse en suspenso, sentirse como un extraño en medio del mundo. Un simio carece de inquietud. Pues la inquietud es un no terminar de encontrarse en donde uno está. Y esto porque tenemos un cuerpo. Ningún simio tiene cuerpo.

Quizá seamos títeres de lo impersonal. Sin embargo, siempre podremos mantenernos a distancia de lo que se nos impone (y, por extensión, perseverar en el mandato que se desprende de ese extrañamiento). Como si fuéramos un alma habitando un cuerpo que no nos pertenece. O un fantasma. El problema de las imágenes que nos permiten incorporar lo verdadero es que fácilmente pasamos del como si al como. Pues al dar el paso, acabaremos confundiendo el símbolo con el nombre, dejando atrás el extrañamiento de si, la suspensión, el que nuestra existencia apunte al misterio de una nada que es no siendo.

Parafraseando a Kafka, podríamos decir que hay lo verdadero, pero no para nosotros. Para nosotros, y en el mejor de los casos, el momento verdadero. Puede que no sea anecdótico que la caída se entendiera desde el principio como una caída en el tiempo. Aunque también es verdad que quienes, a pesar de lo dicho, persiguen lo verdadero no viven como el resto. De hecho, son incapaces.

las trampas de las imágenes (y 2)

noviembre 13, 2024 § Deja un comentario

Los manuales suelen decir que la filosofía se enfrenta al mito, superándolo. Y ciertamente, algo de esto hay —o bastante. Tales, con su todo es agua, prescinde del dios por primera vez. Sin embargo, Platón es consciente de que sin el mito difícilmente lograremos incorporar nuestra relación con lo verdadero. De ahí que en La República, distinga entre los mitos que contribuyen a la formación del alma —a la configuración del carácter— y los mitos que nos esclavizan. Al fin y al cabo, es lo que tiene habitar un cuerpo: que no podemos prescindir de su lenguaje. Y su lenguaje es el de las imágenes. La cuestión es, por tanto, qué mito se alinea mejor con lo que revela el pensar. Caverna.

las trampas de las imágenes (1)

noviembre 12, 2024 § Deja un comentario

El furor iconoclasta tiene como extraño compañero de viaje al donatismo y sus variantes: en ambos casos, se trata de buscar, en lo que respecta a la fe, la autenticidad, la pureza, lo sin mancha. Algo de esto hay también la publicidad o en los instagramers. ¿Que te dice quien cuelga en las redes el típico selfie? Soy así, tal y como me ves. Obviamente, no es así. Y lo sabemos. Sin embargo, preferimos dejarnos llevar por la fascinación, el hechizo, el truco del mago.

¿Qué distingue al sabio —al santo— del resto? Pues que ha incorporado lo que ya se sabe: que las morritos, a veces, también tienen mal aliento. Sencillamente, vive desde el conocimiento de lo verdadero —y a flor de piel. Como quien está de vuelta tras haber pisado fondo —y los fondos siempre están rebosantes de barro. Aunque por eso puede haber pureza. Como si está solo pudiera darse como ave Fénix. O como resurrección.

Incluso Dios se hizo presente con tara.

sentimiento pagano

noviembre 9, 2024 § Deja un comentario

El sentimiento de estar en manos de la divinidad —o también, el de sentirse acompañado por ella— es el mismo en el cristianismo que en el paganismo. Que los dioses nos sean propicios. De ahí que aquellos creyentes que basan su fe solo en ese sentimiento de hallarse bajo el amparo de Dios, como si Dios fuese una variante cargada de esteroides del ángel de la guarda de nuestra niñez, fácilmente tiendan a estar de acuerdo con la idea de que las religiones son diferentes percepciones que tienen un grupo de ciegos palpando el mismo elefante.

Ciertamente, dicho sentimiento, tarde o temprano, entra en crisis. Sobre todo, ante la desgracia. Pero, como suele ocurrir también en ciencia, espontáneamente echamos mano de las hipótesis ad hoc: vete tú a saber cuál es la voluntad del dios. O también, algo habremos hecho mal. Para quien siente la presencia de la divinidad como quien huele una fuga de gas, nada podrá desmentir su sentimiento.

Puede que la singularidad del monoteísmo bíblico —como también la del epicureísmo, acaso su alternativa más sólida— tenga que ver con tomarse en serio el desmentido: no parece que el dios esté por la labor. La cuestión: ¿y ahora qué? Israel no dudó: obedecer el mandato que se desprende de la inabordablealtura de Dios, el que nos obliga a la fraternidad. Es posible que no entendamos el cristianismo hasta que no caigamos en la cuenta de que la proclamación del crucificado como el quién de Dios hace saltar por los aires cualquier creencia religiosa basada únicamente en el sentimiento de una presencia, se sobreentiende que benévola. Esto es, hasta que no hayamos comprendido —y a flor de piel— que la fe, a diferencia de la creencia en tanto que suposición, apunta a un Dios por venir. O mejor dicho, por regresar. De ahí que, cristianamente, no haya haya otra presencia que la del Espíritu… ese resto de las historias verdaderas.

la pieza de caza

noviembre 8, 2024 § Deja un comentario

El nihilismo es la antesala del valor. La nada importa. Pues todo se nos da —todo se decide— desde la nada. En definitiva, desde su retroceso en favor del mundo (y, por eso mismo, se impone como el eterno más allá del cuanto es).

Así, no comprendemos, por ejemplo, que la vida es sagrada —literalmente, inviolable— mientras no se nos revele como milagro o excepción cósmica. Quizá digamos que lo es. Pero difícilmente caeremos en la cuenta —difícilmente incorporaremos esta verdad. Es lo que tiene vivir de espaldas al acontecimiento. En su lugar, lo que simplemente sucede. De ahí la importancia de la ceremonia, elritual del cazador. Pues no debemos olvidar, frente a lo que simplemente pasa, que esa pieza que nos alimenta, antes nos fue dada.

celos

noviembre 7, 2024 § Deja un comentario

Por lo común, nadie quiere tener como compañero a un hombre o una mujer celosos. Pues los celos denotan deseo de posesión. Y a nadie les gusta ser la mascota de otro. Sin embargo, imaginemos que una mujer le dice a su pareja que se irá pasar un fin de semana en la costa para reflexionar… y que le acompañará su mejor amigo. E imaginemos también que él le dijera que le parece muy bien. Esto es, que no sintiera celos en absoluto. ¿Acaso la mujer no acabaría convencida de que ella no le importa? En los asuntos que nos traemos entre manos, nada sin mezcla. Así, el amor, siempre con unas dosis de celos —de su contrario. Más aún: el amor los exige. En cierta medida. Evidentemente, los extremos son indeseables. Todo, como entendieron los griegos, es cuestión de equilibrio o proporción. Pero no tenemos una criterio que garantice cuál es, precisamente, la justa proporción. Aun cuando deba haberla.

rutinas

noviembre 6, 2024 § Deja un comentario

Hay en nosotros una necesidad de lo nuevo o extra-ordinario. La rutina deviene insoportable, aunque nos resulte, ciertamente, cómoda. Quizá porque genéticamente estamos programados para atender a lo sorprendente. Que el león no nos coja por sorpresa. Pero, sea como sea, permanecemos en el mejor de los casos a la expectativa. Otro asunto es que haya en verdad lo nuevo y no, simplemente, la distracción, la sorpresa de la novedad, ese trampantojo de lo nuevo. Pues lo nuevo es lo absolutamente otro, precisamente, lo que no puede darse como tal en el mundo. Y no puede darse porque el haber del mundo solo fue posible por el retroceso del carácter absoluto de una alteridad avant la lettre.

En el mundo, a lo sumo, la aparición, la cual no puede durar. Y no hablamos de fantasmas, sino del rostro de quien tenemos enfrente, aquel que se presenta como desnudez o desamparo… y que, por eso mismo, solo admite la adoración y el cuidado, en modo alguno el trato, la negociación. En la aparición, el cuerpo —esa máscara— ha quedado atrás.

Aunque quizá, en el fondo, sí que estemos hablando de fantasmas, al margen de la imagen que nos podamos hacer de ellos. Pues el rostro, en tanto que procede del más allá de uno mismo, es siempre un espectro, un siendo sin entidad. De ahí que clame, como cualquier fantasma, por un cuerpo. Y no el suyo, precisamente.

¿Dónde estoy?

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