hay algo
noviembre 5, 2024 § 1 comentario
Espontáneamente, muchos creen que hay algo más allá. Y lo creen porque así lo sienten. Percibo una presencia, dicen… También la percibe quien sufre de esquizofrenia.
Platón dejó escrito en su Apología que una vida examinada posee más valor que una vida sin examinar. Pero ¿qué supone el examen —la interrogación— de sí? Si estos muchos se pusieran a pensar, puede que se preguntasen si ese más allá es algo conveniente. Pues podría ser que a lo largo del tiempo que nos ha tocado en suerte se tratara de ir purificando nuestra alma para servir de alimento a los ángeles. O también si su creencia es algo más que un whishful thinking. O si acaso podríamos soportar una vida eternamente dichosa. Es como cuando una chica te dice que se viste porque le gusta y no porque pretenda gustar: que no puedes evitar sonreír.
La lección socrática fue, al fin y al cabo, que la búsqueda de la verdad —de lo que en verdad tiene (el) lugar y no simplemente pasa—, en definitiva, el cuidado del alma comienza por una sana sospecha sobre uno mismo. De hecho, sin examen tampoco es que seamos tan distintos de los bonobos. Aunque nos pongamos a rezar como quien charla con el psicoanalista. Pero basta con leer la Biblia, para caer en la cuenta de que quienes lograron dialogar con Dios no lo hicieron sin tensar la cuerda.
Platón o vámonos arriba: un ejercicio de lógica
noviembre 1, 2024 § Deja un comentario
- Se trata de comprender que nos está diciendo Platón cuando distingue entre dos mundos a la hora de enfrentarse a la pregunta sobre lo real, a saber, de qué hablamos cuando hablamos propiamente de lo real , esto es, en su carácter otro o absoluto.
- En principio, lo real es lo que es. Las cosas son, están ahí. Y por eso decimos que son reales. Ahora bien, nada es que no aparezca o se haga presente. La pregunta es, por tanto, qué es lo que aparece en lo que aparece como algo determinado, esto es, como cosa o ente. Con todo, no es fácil comprender el alcance de la pregunta. El árbol, la mesa, el hipopótamo… aparecen como árbol, mesa, hipopótamo. Y por eso podríamos decir que lo que aparece es, precisamente, aquello que los caracteriza como tales, a saber, su esencia. Así, cada árbol, mesa, hipopótamo… serían casos particulares de la idea de árbol, mesa, hipopótamo. Al igual que la belleza aparece en los cuerpos bellos. O la justicia, en las decisiones o leyes justas. Ahora bien, llegados a este punto conviene tener en cuenta que por idea Platón no entiende el concepto al que llegamos por abstracción tras constatar lo que tienen en común una serie de cosas semejantes. En cierto sentido, la idea existe independientemente de cuanto pueda representarla. Para entender mejor esto último, hay que poseer, como Platón, una mentalidad matemática, por decirlo así. Por ejemplo, podríamos dibujar la Torre Eiffel desde múltiples puntos de vista. Pero ningún dibujo, siendo de la Torre Eiffel, sería de la Torre Eiffel, esto es, de la torre Eiffel en sí o en cuanto tal. Propiamente, el dibujo de la Torre Eiffel al margen de cualquier perspectiva sería el plano de la Torre Eiffel y, en definitiva, el conjunto de las fórmulas matemáticas que hay detrás. Otro ejemplo: hay lo que se conoce como la proporción áurea. Pero nunca la veremos como tal. Siempre en aquello que la encarna, pongamos por caso, La Gioconda de Leonardo da Vinci. En cuanto tal, solo puede ser pensada.
- Sin embargo, el árbol, la mesa, el hipopótamo… antes que árbol, mesa, o hipopótamo son algo ahí (y que sean en primer lugar algo ahí es, precisamente, cuanto tienen en común). La pregunta por lo que aparece en cuanto aparece bajo tal o cual aspecto equivale a la pregunta por la consistencia del algo ahí… con independencia de cómo se nos muestra o aparece. ¿En que consiste, al fin y al cabo, que algo sea?
- La pregunta refleja, en el fondo, el orden jerárquico de las ideas. Un hipopótamo, por ejemplo, es un animal —y no, un mineral. La idea de hipopótamo se encontraría, así, por debajo de la idea de animal, oponiéndose esta última a la de mineral o, en general, a la de lo que no es un animal. Así, al igual que nos preguntamos por la consistencia del modo de ser del hipopótamo —¿en qué consiste ser un hipopótamo?— podemos preguntarnos por la consistencia de ser un animal. Sin embargo, lo cierto es que lo que tienen en común las cosas que son es, precisamente, que son. De ahí que la pregunta última o definitiva sea en qué consiste que algo sea o esté ahí. Es decir, en qué consiste, al fin y al cabo, el ahí en cuanto tal, al margen de un particular modo de ser ahí.
- La pregunta refleja, en el fondo, el orden jerárquico de las ideas. Un hipopótamo, por ejemplo, es un animal —y no, un mineral. La idea de hipopótamo se encontraría, así, por debajo de la idea de animal, oponiéndose esta última a la de mineral o, en general, a la de lo que no es un animal. Así, al igual que nos preguntamos por la consistencia del modo de ser del hipopótamo —¿en qué consiste ser un hipopótamo?— podemos preguntarnos por la consistencia de ser un animal. Sin embargo, lo cierto es que lo que tienen en común las cosas que son es, precisamente, que son. De ahí que la pregunta última o definitiva sea en qué consiste que algo sea o esté ahí. Es decir, en qué consiste, al fin y al cabo, el ahí en cuanto tal, al margen de un particular modo de ser ahí.
- Nada es que no se muestre a través de una serie de rasgos o características (y las implicaciones últimas de esta aparente obviedad las veremos más adelante). Todo cuando es posee una forma. Así, el árbol, la mesa, el hipopótamo… son lo que son debido a su forma —técnicamente, diríamos debido a que ejemplifican una esencia o modo de ser… el cual se expresa lingüísticamente como concepto. El primer Platón —el de los manuales de filosofía— dirá que el árbol, la mesa, el hipopótamo son lo que son porque participan de la idea de árbol, mesa, hipopótamo. Y solo participan porque el árbol, la mesa, el hipopótamo… en tanto que se encuentran sometidos al tiempo van dejando de ser lo que, en un momento dado, muestran ser. Pues cuanto no termina de ser, propiamente hablando, no es. Es como si su particular modo de ser les hubiera sido prestado. Pero ¿prestado a qué? A un algo ahí —y esta es, precisamente, la cuestión: cuál es la consistencia del mero ahí de algo, al margen de la forma o aspecto que nos muestra… si es que posee alguna consistencia. Pues nada es sin forma.
- Espontáneamente, hoy en día diríamos que lo que aparece en cualquier caso es la materia. De acuerdo. Pero, qué sería la materia en cuanto tal, es decir, al margen de su aparecer como árbol, mesa, hipopótamo… Esto es, al margen de su darse o hacerse presente en lo concreto. Un físico, actualmente, respondería a la pregunta escribiendo una fórmula en un papel. Ahora bien, la fórmula —la realidad de la materia como tal— posee una naturaleza abstracta: no es nada en particular —y porque no es nada en particular, dicha fórmula sostiene todo cuanto es. Esto es lo que Platón pretendía decirnos al afirmar que lo real es idea (y aquí hay que tener presente, una vez más, que por idea no se refería principalmente a la idea que nos hacemos o tenemos en mente). Por eso mismo, lo real, en cuanto tal, solo puede ser pensado… y pensado como lo que pertenecería a otro mundo, como quien dice, un mundo al que solo cabe acceder a través de la razón. En consecuencia, hablamos de un mundo meramente inteligible: la materia, en cuanto tal, no es visible o palpable. En cualquier caso, lo captado por nuestros sentidos son los diferentes modos de ser de la materia. La materia no pertenece al mundo de cuanto se encuentra ahí, al mundo denominado sensible (y no porque tenga sentimientos, obviamente). Más bien, lo trasciende. Con todo, aquí conviene tener en mente que Platón no habla propiamente de la materia, sino de lo real, del puro ser-ahí de algo —y por extensión del puro ser-otro.
- Para comprender mejor lo que quiso decirnos Platón —incluso más allá del Platón escolar— sustituyamos ser por haber. El haber es siempre el haber de las cosas. El haber en cuanto tal —el puro haber, el simple ahí— no es nada. De aparecer, aparecería como la oscuridad y el silencio más absolutos. Esto es, como nada ahí —como un simple afuera sin forma o aspecto. Sin embargo, que hablemos de la nada ahí ya significa que no es simplemente nada. Pues se haría presente como un puro ahí. Es como si dijéramos que la nada es su negación de sí. El simple afuera —una pura exterioridad— sería, en este sentido el resultado de dicha negación. La nada se exterioriza como puro haber o afuera. En tanto que el puro haber no es nada, tan solo hay el haber de las cosas. Aristóteles, discípulo de Platón, cogerá este testigo. De hecho, su pensamiento fue un seguir estirando el hilo del último Platón.
- Porque la nada es no siendo nada, el puro ahí se revelaría como la negación de la nada. Y esto sería, literalmente, lo primero o absoluto: el acto —aunque se trataría de un acto sin sujeto agente— por el que la nada se niega a sí misma… por decirlo así. Y si este acto es lo primero o absoluto, la nada de un puro haber es lo continuamente dejado atrás en favor del haber de las cosas —en favor del mundo. No hay haber que no sea el de las cosas que podemos ver y tocar. Antes decíamos que nada es que no se muestre sin forma. Pues bien, esto equivale a decir que la nada se muestra o revela en su contrario, el mundo que nos ha tocado en suerte. Sin embargo, comprender esto último supone comprender que en su revelarse, la nada se oculta o retrocede más allá de lo visible. Si hay algo en vez de nada es porque, en definitiva, lo que hay no es nada.
- Porque la nada es no siendo nada, el puro ahí se revelaría como la negación de la nada. Y esto sería, literalmente, lo primero o absoluto: el acto —aunque se trataría de un acto sin sujeto agente— por el que la nada se niega a sí misma… por decirlo así. Y si este acto es lo primero o absoluto, la nada de un puro haber es lo continuamente dejado atrás en favor del haber de las cosas —en favor del mundo. No hay haber que no sea el de las cosas que podemos ver y tocar. Antes decíamos que nada es que no se muestre sin forma. Pues bien, esto equivale a decir que la nada se muestra o revela en su contrario, el mundo que nos ha tocado en suerte. Sin embargo, comprender esto último supone comprender que en su revelarse, la nada se oculta o retrocede más allá de lo visible. Si hay algo en vez de nada es porque, en definitiva, lo que hay no es nada.
- Ciertamente, nada hay que sea por entero —o que termine de ser— lo que, en un momento dado, parece ser. Todo se encuentra sometido al tiempo. Sin embargo, por eso mismo, las cosas son. Es decir, porque representan —participan de— lo absolutamente real… que, como puro haber, es continuamente negado o dejado atrás en favor del mundo —del haber de las cosas. De ahí el doble sentido de la apariencia, un doble sentido que deberíamos entender como las dos caras de una misma moneda. Por un lado, en las apariencias aparece lo real. Pero, por otro, las apariencias son ilusorias. Que ambas acepciones de la palabra apariencia vayan de la mano significa que las apariencias son ilusorias… porque son reales. O porque son reales… son ilusorias. En este sentido, podríamos decir que lo que hizo Platón fue pensar a Parménides hasta el final. Y lo que esto significa es en la dirección de Heráclito.
- Ciertamente, nada hay que sea por entero —o que termine de ser— lo que, en un momento dado, parece ser. Todo se encuentra sometido al tiempo. Sin embargo, por eso mismo, las cosas son. Es decir, porque representan —participan de— lo absolutamente real… que, como puro haber, es continuamente negado o dejado atrás en favor del mundo —del haber de las cosas. De ahí el doble sentido de la apariencia, un doble sentido que deberíamos entender como las dos caras de una misma moneda. Por un lado, en las apariencias aparece lo real. Pero, por otro, las apariencias son ilusorias. Que ambas acepciones de la palabra apariencia vayan de la mano significa que las apariencias son ilusorias… porque son reales. O porque son reales… son ilusorias. En este sentido, podríamos decir que lo que hizo Platón fue pensar a Parménides hasta el final. Y lo que esto significa es en la dirección de Heráclito.
- La idea de un puro haber —la idea de Ser— es, por tanto, lo absoluto. Y absoluto significa, literalmente, lo ab-suelto o separado, soltado de, en definitiva, lo que no es en relación con o relativamente a . Y por eso mismo, es no siendo. Pues solo es o existe cuanto aparece. Ahora bien, nada aparece si no es en relación con un receptor —y por tanto, relativamente o desde una punto de vista. Por eso mismo, lo absolutamente otro —un puro haber— desaparece como tal en su aparecer como algo ahí —en definitiva, como el haber de las cosas. En este sentido, podríamos decir que hay lo absoluto —lo real como tal, esto es, en su carácter enteramente otro—, aunque su haber sea el de una negación de sí. El haber o tiene lugar siempre como el haber de las cosas —y por tanto, dando un paso atrás como puro haber—, o no tiene ningún lugar. Y decimos dando un paso atrás como puro haber porque el haber de las cosas es relativo. Todo cuanto existe se encuentra sometido al tiempo y, por esta razón, nada de cuanto cabe ver y tocar es por entero lo que parece.
- De ahí el hiato que, según Platón, separa el mundo real del aparente. En el mundo real —el mundo de la idea— no hay nada. Y lo que esto significa es que la idea es la negación de la nada —y por eso mismo, todo. Sin embargo, nuestro mundo es “real” —si las cosas están, ciertamente, ahí— porque el mundo real, lo absoluto es no siendo nada. Ahora bien, esto implica, a su vez, que lo absoluto, en tanto que absuelto, no admite la predicación o representación. Nada podemos decir de lo absoluto como tal… salvo lo que cabe decir con respecto a la idea de lo absoluto. Pues lo absoluto es absuelto, precisamente, de todo juicio. Y quien dice juicio dice afirmar algo sobre algo. Pues decir es, en definitiva, juzgar. Esto es así porque en el mundo todo es mezcla. No hay gesto, belleza, decisión… que sean químicamente puros. En cuanto es hay restos de no-ser —y esto es, en definitiva, el tiempo. Es lo que tiene que el haber sea, precisamente, negándose a sí mismo como puro haber. De esta negación de sí del haber, como quien dice, participa cuanto existe.
- Sin embargo, necesitamos juzgar, opinar, decir que cuanto nos traemos entre manos es tal y como lo decimos… para hacernos un mapa mental que nos permita orientarnos en medio de la complejidad. Pero lo cierto es que, pongamos por caso, no hay amor sin desamor, esto es, sin celos. O decisión justa que no pueda verse desde cierta óptica como injusta. O belleza, sin tara. Sin embargo, difícilmente podríamos orientarnos o tratar con cuanto nos rodea si no resolviéramos su ambigüedad mediante el decir que juzga antes de tiempo, esto es, mediante la opinión. Pues esta no admite la ambivalencia. En realidad, corta por lo sano… y mal. Así, fácilmente decimos que nuestra madre nos ama sin reservas, pues preferimos que sea así, evitando levantar la alfombra para ver que también ama el vínculo que mantiene con nosotros. Ambos aspectos del amor están presentes en el amor de una madre. La cuestión es en qué proporción. Pues cada madre ama a su modo. Y la proporción no es algo que podamos determinar con precisión. Al menos, porque el peso de cada aspecto del amor materno dependerá del momento o la circunstancia . En el fondo, la ignorancia socrática —el solo sé que no sé nada— es el resultado de un haber aprendido a vivir en la verdad. Esto es, irónicamente, en una especie de estado de suspensión. Como si todo, al fin y al cabo, fuese un como si. O por decirlo de otro modo, el como si lo es todo. El escepticismo socrático nunca fue un mero escepticismo, el cual se limita a constatar la imposibilidad de estar en lo cierto, sino el resultado, precisamente, del saber. Que no haya algo así como la verdad —que nada de cuanto existe sea por entero lo que parece— es porque hay la verdad —porque, en definitiva, lo verdadero del haber —su tener lugar o acontecer— es su negación de sí.
- Platón identificó la idea de Ser —de un puro haber— con la idea de Bien. La razón no es fácil de entender, aun cuando sea simple. El puro haber no es nada en concreto… y, por eso mismo, tiene que haber lo concreto. Ahora bien, lo difícil es comprender este por eso mismo. Pues hay que tener presente que el envés de la negación de sí del puro haber es un deber ser en el haber del mundo. Todo, por tanto, se encuentra bajo la exigencia de permanecer en lo que es. Y esto porque es. Así, por ejemplo, ningún cuerpo bello termina de ser bello… porque, en definitiva, debería serlo por entero. O por decirlo en general, que nada termine de ser o permanecer en lo que es —que todo se encuentre sujeto al paso tiempo y, por tanto, a su descomposición— presupone que siempredebería ser o permanecer. Y decir deber ser equivale a decir bien. De ahí que experimentemos la erosión del paso de los días como lo que no debería ser. En su negación de sí, la nada quiere ser, como quien dice, algo. Y esto es bueno: que haya algo en vez de nada.
- Difícilmente reconoceremos como madre a quien no se muestre como una buena madre. Ser madre va de la mano con tener que ser una buena madre. De lo contrario, hablaríamos de una simple progenitora o de un vientre de alquiler. Quien quiere ser médico —y no limitarse a ejercer de médico— quiere ser un buen médico. Ser significa ser por entero, esto es, integridad. Bien y ser se revelarían, por tanto, dos caras de una misma moneda. Otro asunto es que podamos determinar —que no podemos— hasta qué punto una buena madre es una buena madre.
- Difícilmente reconoceremos como madre a quien no se muestre como una buena madre. Ser madre va de la mano con tener que ser una buena madre. De lo contrario, hablaríamos de una simple progenitora o de un vientre de alquiler. Quien quiere ser médico —y no limitarse a ejercer de médico— quiere ser un buen médico. Ser significa ser por entero, esto es, integridad. Bien y ser se revelarían, por tanto, dos caras de una misma moneda. Otro asunto es que podamos determinar —que no podemos— hasta qué punto una buena madre es una buena madre.
- Sin embargo, y esto quizá nos conduciría más allá de Platón, el ser —el fondo permanente de un puro haber— se da o hace presente bajo la condición de su desaparición como tal. El haber en cuanto tal es dejando atrás su carácter absoluto o de puro haber. Por consiguiente, si ser y deber ser —el Bien— van de la mano, la concreción del Bien va con su no del todo. Y de ahí que lo que tiene que ser sea que lo que tiene que ser no termine de ser. Al fin y al cabo, el haber de las cosas participa del haber. Pero, por eso mismo, también de su negación de sí. O por decirlo a la manera de Heráclito, si todo fuese luz, no habría luz. Traducción: si no hubiese más que el puro haber, no habría el haber.
teo-lógicas (3)
octubre 31, 2024 § Deja un comentario
Dios, como tal, no es nada. La negación de la nada es lo absolutamente primordial… y por la que la nada-en-sí deviene como lo dejado atrás en favor del mundo (y por eso mismo, como la imposible posibilidad del mundo). Es así que la negación de la nada equivale al todo. Y porque más allá del todo se encuentra la continua contención de la nada, el todo no es aún el todo. Pues el envés de esa contención es el mandato de cuyo cumplimiento depende la suerte del mundo. Quizá no sea casual que, teológicamente, el Padre se haya comprendido, teológicamente y desde el principio, como voluntad (y solo religiosamente como la voluntad de).
Que Dios crease el mundo de la nada no se entiende, por tanto, si partimos de la idea de un demiurgo espectral. Pues, de haberlo, lo primero no sería la negación de la nada. La nada nunca fue un material. Es verdad que no podemos imaginar —y quien dice imaginar dice, de algún modo incorporar, el acto primordial sin un sujeto agente. Pero este es otro asunto.
teo-lógicas (2)
octubre 30, 2024 § Deja un comentario
El haber del Padre —el haber de Dios en sí—, en tanto que puro haber, no admite representación. El haber del Padre no es, por tanto, como el de los entes. Ni siquiera donde añadimos el adjetivo supremo. Y esto es así hasta el punto de que la realidad del Padre anda rozando la nada.
Ahora bien, si solo la anda rozando —si no cae en ella— es porque en el seno de la nada hay algo así como la voluntad de ser por la que la nada es negándose a sí misma hacia lo otro de sí misma —en Trinitario, hacia el Hijo hecho carne. Mejor dicho, lo absolutamente primero es esa voluntad o acto. Pues la nada no es con anterioridad a su negación de sí. Es no siendo nada.
De ahí que el haber del Padre se revele, como sufriera en propia carne el crucificado, bajo el aspecto de la oscuridad y el silencio más impenetrables. Como vio Hegel —y antes que Hegel, Plotino— la reflexividad, en definitiva, que la nada sea no siendo, es el principio y fundamento de cuanto es. Por eso mismo, la nada —la aniquilación de cuanto es— permanece como la imposible posibilidad del mundo. Desde esta óptica, todo es milagro —o, si se prefiere, don o gracia. Pero al igual que es cierto que la negación de Dios se conserva en la negación de Adán.
lenguaje y política
octubre 29, 2024 § Deja un comentario
El lenguaje siempre fue un instrumento de las medias verdades. En esto consiste, en gran medida, su dimensión política. Pues los mapas mentales que nos orientan necesitan eliminar la ambigüedad en la que se mueve cuanto es. Y así decimos, por ejemplo, esto es injusto o bueno..,. cuando lo cierto es que, aun siendo injusto o bueno, incorporará algunas dosis de su contrario. El debe ser de la moral, en realidad, apunta a un porvenir con respecto al cual solo caben las imágenes más increíbles.
El filósofo, al interrogarse sobre la capacidad del lenguaje para decir lo que es, inevitablemente, se enfrentará a lo común y, en definitiva, a la necesidad política. Así, el Sócrates de turno, al igual que el poeta, estirará el lenguaje hasta quebrarlo. Y aquí quebrar significa caer en la paradoja. Pues ningún habla —ninguna comunidad— puede admitir que, en definitiva ser y nada sean las dos caras de una misma moneda.
Quizá no fuese casual que Sócrates tuviese fama de liante. Sin embargo, es lo que tiene el caer en la cuenta de lo que en verdad tiene lugar y no simplemente pasa: que nos sitúa en un estado de suspensión. Como los descentrados que somos. La primera ingenuidad siempre fue egocéntrica. O lo que es lo mismo, un error existencial.
la polis y el filósofo
octubre 27, 2024 § Deja un comentario
Vemos lo que vemos desde un determinado marco, un marco cuyos límites están trazados —y no siempre finamente— por una serie de metáforas o imágenes paradigmáticas. Los marcos generan opinión o, si se prefiere, creencias. Los marcos sirven como un mapa del territorio. Así, creemos por ejemplo que hay extraterrestres que nos vigilan. O que una familia sin un padre que mande tarde o temprano terminará descompuesta. O que hay un Dios que cuida de nosotros. El problema es que, una vez instalados en un marco mental, difícilmente salimos de ahí. Ciertamente, los marcos mentales suelen ir acompañados de algún que otro argumento. Pero los argumentos que apoyan un marco mental —de hecho, los pseudoargumentos— no nos sacan del partido. Al contrario: nos permiten jugarlo profesionalmente.
Otro asunto es cuando alguien comienza a interrogarse por la verdad de lo que el marco da por obvio. Esto es, a ponerlo contra las cuerdas. Y no desde los prejuicios de un marco alternativo, sino desde la posición de quien se interroga sobre los presupuestos de cualquier marco. La pregunta desestabilizadora es, al fin y al cabo, de qué hablamos cuando hablamos de… Es decir, la pregunta socrática par excellence. Aquí los argumentos que sostenían las creencias pierden pie. El juego se interrumpe hasta el punto de que va a resultar difícil volver a la cancha. Pues los resultados de la reflexión —la constatación de que nunca acabamos de saber de lo que estamos hablando—, de interiorizarlos, o bien nos convierten en unos cínicos o en unos irónicos. Y ni unos, ni otros casan con lo político. Pues lo político, en tanto que inevitablemente gira alrededor de las creencias compartidas, siempre juzga antes de tiempo. Tiene que hacerlo. De ahí que el filósofo, tarde o temprano, trague cicuta. Y es posible que, tras agotarse su fe en la humanidad, tampoco le parezca un trago tan amargo.
cruz y gas
octubre 24, 2024 § 1 comentario
Con el tiempo, incluso la verdad pasa a ser otra cosa, decía Hegel. Más o menos. De ahí, la shemà de Israel, un imperativo que apunta a esas historias… que preferiríamos no tener que recordar. Al final, la cruz, en una discoteca. Como motivo decorativo y vanguardista. ¿Lo aceptaríamos si, en vez de la cruz, hubiera una cámara de gas o la recreación de una fosa común? Puede que la cuestión no sea si tiene sentido esperar a un mesías —o su regreso—, sino si seríamos capaces de reconocerlo. La pregunta es, en el fondo, retórica. Pues la sentencia de Hegel admite una lectura acaso más sutil, a saber, que con respecto a la verdad, siempre a toro pasado.
instinto básico
octubre 23, 2024 § Deja un comentario
En el amor hacia los hijos ¿hay algo más qué instinto —o si se prefiere, algo más que instinto encubierto por una falsa creencia? Hoy en día y en la mayoría de los circuitos académicos, la pregunta sería, sencillamente, retórica. Es verdad que la operación principal de la razón es la de la reducción de la diversidad a un denominador común. Pero la cuestión es si este denominador apunta hacia arriba o hacia abajo. Modernamente, prevalece el no es más que. Pues la sospecha se impuso sobre el asombro como la actitud fundamental del conocimiento. Ahora bien, si los hijos se nos dan desde una nada de fondo, entonces serían algo más —¿una aparición?— que el medio de un instinto de supervivencia. Aun cuando ese algo más contribuya, obviamente, al mantenimiento de la especie. Pero una cosa, de haberla, no quita la otra.
santa monstruosidad
octubre 22, 2024 § Deja un comentario
Escribe Nietzsche (cito de memoria): no te enfrentes a los monstruos, para que no te conviertas en un monstruo; y si mirases al abismo, el abismo te devolvería la mirada. ¿Tendríamos aquí un esbozo de lo que implica la alteridad de un puro ahí? ¿Podríamos pasar de largo si, de repente, se hiciese la más completa oscuridad y silencio? ¿Como si nada sucediera? Al contrario: es cuando nada sucede —literalmente, cuando acontece la nada— que topamos de bruces con lo que significa existir. Y no porque se nos proporcione, precisamente, un significado.
Nietzsche dice lo que dice. Pero ¿qué fue lo que dijo Israel? Ante el puro ahí, el heme aquí de Abraham. ¿Acaso Israel no comprendió, antes que Nietzsche y a costa de mucho sufrimiento, que lo verdaderamente monstruoso o abismal no es lo gigantesco, sino el silencio de Dios? ¿Y que solo el estar ante este silencio nos hace caer en la cuenta de nuestra hermandad? Puede que la voluntad de Dios sea la que se desprende, en definitiva, de su extrema trascendencia. De Dios, es decir, debida a la radical alteridad de Dios. Y ello hasta el punto de que no cabe obedecer a Dios, si no nos enfrentamos a Dios. Esto es, a su silencio más letal.
De ahí que, frente a las lecturasnaïve, la santidad sea en realidad monstruosa… si es cierto que uno se convierte en el monstruo al que se enfrenta.
el feto
octubre 20, 2024 § Deja un comentario
Una conocida parábola sufí compara la muerte con el nacimiento: para el feto, nacer es morir. Ciertamente, mientras permanece en el vientre de su madre, ni siquiera puede imaginar una vida más allá. Y sin embargo, nace para esa vida.
Vamos a estirar esta imagen. Pues, aunque venimos del feto, una vez comenzamos a vernos en el espejo pasamos a mejor vida. A pesar del dolor. Nadie puede reconocerse en el embrión que fue. La vida que vivimos no puede servir, por tanto, como esperanza para el feto. Puede que haya otra vida más allá. Pero la cuestión es si aún será nuestra o la de vete a saber qué o quién.
En este sentido, la esperanza de Israel fue más lúcida: o hay un nuevo comienzo para los que murieron en la patera —y con sus nombres— como si no contasen para nada ni para nadie; o el nihilista tiene razón.
atlas
octubre 19, 2024 § Deja un comentario
Creer en Dios como quien se encuentra fijado a un mapa mental es como creer que la inmigración es un desastre nacional o que hay una conspiración para terminar con los sobrantes: un dar por cierto lo que aún está por ver. Normal, por otro lado. Pues no hay orientación sin mapa.
Ahora bien, si Dios nos saca del quicio del hogar —si Dios es desquiciante, aunque no solo desquiciante—, entonces no hay mapa que valga con respecto a Dios. Con respecto a Dios únicamente una docta ignorantia. Y a verlas venir, mientras con el mazo dando.
mal y dialéctica
octubre 18, 2024 § Deja un comentario
La posibilidad del mal es el mal. Pues el mal hunde sus raíces en la intención. La rata es real, aunque permanezca escondida en su madriguera. Tan solo hace falta que llegue la noche.
Más aún: no es posible un mundo en el que no haya injusticia, violencia, genocidios… Pues el mal siempre se hizo en nombre de un bien mayor. Como el jardinero que se ve obligado a arrancar las malas hierbas del jardín. Al fin y al cabo, , el anhelo de justicia es, naturalmente, el envés del instinto de venganza.
Aquí alguien podría decir que por encima de la justicia —de la reparación— esta la paz, el perdón, la bondad. Sin duda. Pero si el mundo estuviera poblado de autómatas morales, incapaces por eso mismo de hacer daño, ¿acaso el bien no consistiría en provocar el conflicto, el desacuerdo, una cierta enemistad… para sentirnos, precisamente, vivos? No podríamos soportar, por irreal, un mundo en donde todo fuese paz y amor . Por eso mismo, quizá no sea casual que, en el final de los tiempos, Satán permanezca bajo las botas del arcángel. Y es que solo desde el espíritu del combate, cabe esperar la redención.
límites del lenguaje
octubre 17, 2024 § Deja un comentario
Digo: “nada tiene sentido”. Y es cierto. Pues aun cuando hubiera un sentido —un hacia dónde, un estación de término—, no podríamos admitirlo. El todo no puede ser el todo para quien existe como arrancado. En cualquier caso, vivimos como si hubiera un sentido. El lenguaje —el limitarse a decir que nada tiene sentido— no basta para abrazar esta verdad. Es necesario forzarlo, como lo hace el poeta, para caer en la cuenta. Y aun así… el mundo —el permanecer pegados a nuestros mapas mentales, las apariencias— termina por imponerse. La incorporación de lo verdadero exige la musculatura —y la mentalidad— del alpinista. Al fin y al cabo, el ascenso a la boca de la caverna siempre fue empinado.
trascendencia y totalidad
octubre 16, 2024 § Deja un comentario
La verdadera trascendencia es imposible. Quiero decir que no puede comprenderse como una posibilidad del mundo. Y es que la verdadera trascendencia es aquella que se ubicaría más allá del todo. Sin embargo, ¿qué podría haber más allá del todo? De haber algo, ¿acaso no pasaría a formar parte —y de inmediato— de la totalidad? Una dimensión desconocida es tan solo una imagen de la genuina trascendencia. Basta con que comenzáramos a acostumbrarnos al nuevo mundo , si pudiéramos habitarlo, para que se convirtiera en una simple novedad, ese simulacro de lo absolutamente nuevo, de la otredad. La tierra firme es otro mundo para las bestias de la mar. Pero es obvio que se equivocarían si creyesen que más allá de los océanos se encuentra el cielo. Aunque no puedan evitar creerlo.
Nada puede haber más allá del todo. Esto es, más allá, la nada. O lo que es lo mismo: el continuo retroceso de la nada —de la posibilidad de la aniquilación— es lo que sostiene el mundo… a la vez que lo mantiene en vilo. La cuestión es si hay o no un más allá, sino a qué nos obliga que la verdadera trascendencia —y digo verdadera porque aquí no hay perspectiva que valga: no hay manera de ver la nada— se nos revele como la nada de Dios.
tendencias
octubre 15, 2024 § Deja un comentario
La tendencia es a la adaptación. De ahí que incluso nos acostumbremos a la guerra, al horror. En Kiev, siguen abiertas las pizzerias. Los que se encargaron de introducir los cadáveres en los hornos crematorios no tardaron mucho en tomárselo como un trabajo. Gana el día tras día.
No siempre, sin embargo. El momento desquiciante —la interrupción, el suceso vertical— es aquel en el que introduces a tu mujer y a tus hijos. El acontecimiento —lo único que nos saca del quicio— detiene el tiempo: ningún mañana por delante. Es el tiempo final —el fin de los tiempos (y aquí la palabra fin mantiene su doble sentido). A partir de entonces, o muerte en vida o resurrección, ese imposible. Y esto último no podremos anticiparlo desde nuestro lado. El cristianismo no dice otra cosa. O mejor, lo que añade es glosa.
curioso
octubre 14, 2024 § Deja un comentario
Llama la atención que el individuo de hoy en día crea estar situado en el centro del mundo —de hecho, en medio de un supermercado. Como modernos, somos, al menos de entrada, unos narcisos. Y llama la atención porque no ignoramos que la Tierra gira alrededor del Sol. Pero tampoco debería sorprendernos. Pues, desde Sócrates, la cuestión no es qué podemos llegar a saber, sino cómo podemos incorporar lo sabido. Y más, si el saber último es un no-saber. Al fin y al cabo, nunca fue lo mismo tener una idea que caer en la cuenta.
queremos más de Simone
octubre 13, 2024 § Deja un comentario
Simone Weil escribió: no creo que puedan formarse ideas claras sobre las relaciones humanas mientras no se coloque en el centro la noción de fuerza, del mismo modo que la noción de relación esta en el centro de las matemáticas. Algo parecido podríamos decir de nuestra relación con la palabra Dios. Donde pasamos por alto la cuestión sobre el poder de Dios es que ya hemos olvidado que significó dicha palabra. ¿Y quién puede olvidarlo? Aquel que ya no sabe quién fue su padre —y por eso mismo cree a flor de piel que el mundo gira a su alrededor, a pesar de Copérnico. Hamlet es la figura del individuo moderno. No es casual que la cacareada muerte de Dios corra paralelamente a la crisis de la figura paterna.
Grecia
octubre 12, 2024 § Deja un comentario
No podemos comprender un reloj salvo que tengamos presente lo que es un buen reloj. Una madre es una buena madre o no es madre. Esto es Grecia.
reflexivos
octubre 11, 2024 § Deja un comentario
¿Qué implica la reflexión? Salir del mapa mental en el que uno se halla instalado. Pero entonces no habrá viaje de vuelta. O mejor dicho, de haberlo, este solo podrá concretarse irónicamente. Esto es, bajo las diversas formas del como quien dice. Cinismo o ironía: esto es lo que le aguarda a quien se interroga sobre la verdad de los mapas mentales que nos clavan, como mariposas disecadas, en el corcho de la existencia.
Sin embargo, acaso no haya otra elevación que la que proporciona una docta ignorancia. Y llegados a este punto uno podría preguntarse si una vida en suspenso puede esperar algo que no sea un y del resto, Dios dirá. Como quien dice.
misterio y misterios
octubre 8, 2024 § Deja un comentario
Los misterios enmascaran el misterio. Así, los fenómenos paranormales —aquellos que no encajan en una determinada visión del mundo— constituyen el punto de apoyo de la mentalidad inquieta, la cual no se satisface con lo prosaico. Ahora bien, el carácter paranormal de dichos episodios, el que provoca tanto nuestra fascinación como nuestro temor, es circunstancial. Pues basta una explicación o, simplemente, que nos acostumbremos a ellos para que se difumine, cuando menos, la extrañeza que, precisamente, nos seduce.
En cierto modo, podríamos decir que lo paranormal oculta, como sucedáneo, el misterio que abraza cuanto es, a saber, la escisión entre el ser y el estar. En definitiva, entre la oscuridad y el silencio de un puro haber y el haber de las cosas —el haber del mundo. Ciertamente, el haber es siempre el haber del mundo. Pero solo porque el haber en cuanto tal es no siendo nada. Con todo, únicamente el abandonado de Dios sabe —y lo sabe a flor de piel— que significa hallarse expuesto a un puro haber, algo así como un estar ante Dios sin Dios.
la ironía suprema
octubre 7, 2024 § Deja un comentario
¿Es Dios el ente supremo? Por supuesto. Nada por encima de Dios.
(Y por eso mismo Dios es más que Dios. Es decir, como ente supremo Dios aún no es Dios.)
perspectivas varias (y 2)
octubre 6, 2024 § Deja un comentario
Con todo, también es posible que nuestro vínculo con la verdad —con lo que en realidad acontece y no simplemente pasa— no lo decida la visión, sino el cuerpo o la voz. Pues la pregunta quizá sea qué hay donde no es posible ver nada —y en ese haber solo podemos ser alcanzados por un cuerpo o una voz. Ambos se presentarán —se harán presente— como lo que, de entrada, nos amenaza por entero.
De ahí que quienes olvidaron que ante Dios experimentamos un cierto temblor de piernas ignoran qué significa estar ante Dios. Pues, como escribiera Bonhoeffer, ante Dios, nos encontramos sin Dios. La luz es el efecto del retroceso de la oscuridad. O mejor dicho, hay mundo —el mundo es lo que vemos— porque Dios deviene el fondo oscuro de la existencia —porque Dios es este devenir. Y porque Dios crea el mundo haciéndose oscuridad, Dios no puede aparecer como dios… (aunque aquí no hemos de entender que primero era Dios y que posteriormente decidió hacerse oscuridad: lo primero es el acto divino, su voluntad… la cual, no obstante, siempre reconocemos como suya retrospectivamente) . En lugar de Dios, el milagro: el cuerpo y la voz de quienes están a nuestro lado ante Dios. Porque la realidad de Dios es la que es, no hay más que cuerpo y voz —y un cuerpo y una voz que nos re-claman… de tal modo que no responder es ya responder. Aquí no responder es elegir la oscuridad, la nada, la aniquilación. Al menos, porque en la oscuridad, quien no responde es como si no fuese.
perspectivas varias (1)
octubre 5, 2024 § Deja un comentario
¿Por qué, en la tradición especulativa de Occidente, el punto de vista sub specie aeternitatis terminó pasando por delante del propio de quien permanece pegado a su inmediatez? ¿Por qué la verdad, si la hubiera, exige distancia —y una fría distancia? ¿Acaso un visión enfriada no es una perspectiva entre otras? ¿Quién tiene (la) razón? ¿La madre para quien el hijo es un don? ¿O aquel que ve su relación como el etólogo, la de los chimpancés? ¿Se equivocaron los supervivientes que estuvieron convencidos de la existencia de Satán tras haber respirado, días tras día, el tufo de los hornos crematorios? ¿Están más cerca de la verdad aquellos que, ubicados en las gradas del dios, contemplan un exterminio como pueden constatar la explosión de una supernova? ¿Quién sabe lo que es una piel? ¿Quien recibe la caricia o quien la observa a través del microscopio? Difícilmente podremos responder a esta cuestión si antes no nos preguntamos en qué sentido hablamos de lo que es. Aunque la conclusión nos resulte extraña —y en consecuencia, inútil. O por eso mismo.
una de economía
octubre 4, 2024 § Deja un comentario
Que formemos parte de una economía de mercado no puede ser algo inocente. Quiero decir: que es iluso creer que podamos seguir valorando, creyendo… como nuestros antepasados. Sin embargo, la fe en un Dios crucificado siempre estuvo más allá de los mapas mentales que nos proporcionan las épocas. Pues dicha fe solo comienza con, precisamente, el derrumbe de las mismas.
chispa divina
octubre 3, 2024 § Deja un comentario
Algo de esto hay. Sin embargo, la connaturalidad entre Dios y el hombre puede comprenderse de dos modos. Desde la óptica sustancial o desde la perspectiva cristiana. En el primer caso, seguimos dentro del todo y, por eso mismo, de la religión. Dios sería, aquí, la sustancia oculta con la que hay que volver a conectarse. Desde la óptica cristiana, en cambio, es chispa divina está hecha con los materiales de la nostalgia. Por eso no apunta —ni puede apuntar— a lo que se encuentre dentro del todo. Incluyendo al dios. De ahí que su horizonte no sean los cielos, sino un increíble nuevo comienzo.
Yuri Gagarin
octubre 1, 2024 § Deja un comentario
Tras su viaje, Gagarin declaró que no había visto a Dios ahí arriba. Esto, como se sabe, fue celebrado por los soviets. ¡Al final, la humanidad pudo constatar la inexistencia de Dios! Sin embargo, y dejando a un lado que no cabe constatar la inexistencia de lo que sea , la convicción de Israel ¿no fue precisamente que Dios no habitaba por encima del mundo? Que Dios se le revelase a Abraham como promesa de Dios, ¿no implicó una modificación del sentido de lo trascendente al pasar de un esquema espacial a uno temporal? Pues eso.
día a día
septiembre 26, 2024 § Deja un comentario
Tras la ilusión, el oficio —la decepción, el defecto de fábrica, el mal olor. Antes, teníamos un mapa mental para hacerle frente a esta situación. Así, podíamos decirnos, por ejemplo, que estamos en el mundo como caídos en desgracia; hay verdad o bien, pero no para nosotros; para nosotros el simulacro de la verdad o el bien. Etcétera. Una vez deja de haber un más allá que nos permita medir la distancia, lo único que nos queda es creer, a la manera del consumidor, que la plenitud está en nuestras manos; que, en el fondo, se trata de comprar el producto adecuado.
Sin embargo, todo producto viene con tara. De ahí que no tardemos en devolverlo a cambio de uno nuevo… yendo de novedad en novedad sin que en realidad haya nada nuevo a nuestro alrededor. Al fin y al cabo, en la cuestión de Dios —en la cuestión de la trascendencia, aunque esta se halle vacía de dioses… o quizá por eso mismo— no solo está implicado Dios, sino una mejor comprensión de lo que significa existir. Es posible que Nietzsche tuviese razón al afirmar que, tras la muerte de Dios, quienes siguieran siendo simples hombres acabarían transformándose en unos prefectos idiotas. Literalmente.
referencia, mundo y Dios
septiembre 25, 2024 § 1 comentario
Un martillo es algo más que un martillo. Es también, un clavo. Y una pared (o una tabla…) También es quien lo utiliza. Ahora bien, ¿por qué emplear aquí el verbo ser en vez del verbo remitir? Pues porque nada es que no aparezca —y ningún martillo aparece sin que, al mismo tiempo y de algún modo, aparezca el clavo. Ver un martillo implica ver un clavo (o una pared, un carpintero, etcétera).
Por consiguiente, decir martillo es decir mundo. El mundo es lo primero. Mejor dicho, un mundo. Así, en lo relativo al hombre, lo primero sería hallarse en medio del mundo. Incluso la reflexión que nos distancia del mundo —y que hace posible que nos comprendamos como los desgajados— ha sido previamente posibilitada por un determinado mundo.
La consecuencias teológicas son inmediatas. Y es que cristiandad significa “un martillo es, en última instancia, Dios”. Que Dios haya muerto —que nuestro mundo no sea ya el de la cristiandad— supone que al ver un martillo ya no podemos ver a Dios. Hoy en día, la remisión a Dios corre a cargo del individuo. De ahí que la creencia en Dios sea, modernamente, equiparable a la de quien da por hecho que los extraterrestres nos vigilan. A menos que las visiones de la fe nunca hubieran dibujado un mapa mental. Aunque nos dé esta impresión, debido precisamente al triunfo histórico de la cristiandad. Y es que la posibilidad a la que apunta la esperanza creyente es, estrictamente hablando, imposible, esto es, una posibilidad que ningún mundo puede admitir como suya. Sin embargo, solo por eso Dios es Dios —y no un titiritero espectral.
mirar hacia arriba
septiembre 24, 2024 § 1 comentario
Es muy difícil admitir que la relación del hombre con Dios comienza, no con la creencia en tanto que suposición, sino con el clamor que los abandonados de Dios dirigen a unos cielos vaciados de Dios. Lo que no es clamor, es mapa mental, el que nos permite orientarnos, completar el rompecabezas. Y aquí da igual si este mapa es el que proporcionó la cristiandad o el que, hoy en día, proporciona el yoga o la astrología. Con respecto a Dios, no hay mapa que valga. El problema del cristianismo fariseo —y aquí conviene recordar que los fariseos fueron buena gente— es que las fórmulas que nacen del clamor las cantan, no los desesperados, sino los satisfechos. La esperanza siempre fue el eco —la reverberación— del grito de los crucificados. La fe es el envés de la cuestión de Dios, en el doble sentido del genitivo.
mundo y trascendencia
septiembre 22, 2024 § 5 comentarios
En la guerra se revela lo que el mundo es. La guerra es la verdad del mundo. Sin embargo, hay epifanía. Es la de instante en el que el soldado decide no clavar la bayoneta en el cuerpo del enemigo… tras clavarse entre sí sus miradas. Aquel en el que la dinámica del odio es interrumpida por un perdón que no podrá prolongarse en el tiempo histórico y que, sin embargo, se revela como lo que, en cualquier caso, debería tener lugar en vez del mundo.
oficio
septiembre 21, 2024 § Deja un comentario
La zona gris, la película de Tim Nelson Blake sobre Auschwitz, tiene un final desconcertante. No es propiamente una escena, sino unas palabras, que escuchamos a través de una voz en off. La idea es que con el tiempo todo, incluso el horror, se convierte en oficio. Se aplastó la rebelión. El trabajo continúa.
¿Cómo entender, por tanto, el heroísmo, el instante epifánico? Caben dos posibilidades. Como ilusión o como signo. Que sea una u otra dependerá de si hay o no trascendencia. Desde la primera óptica, lo real se impone como desmentido. Un duro desmentido. Cualquier ilusión reposaría, por tanto, sobre un error de comprensión. Desde la segunda, el mundo es algo así como una copia imperfecta. O en bíblico, un promesa, un porvenir… del cual, sin embargo, tampoco podemos hacernos una idea que no sea insensata. En cualquier caso, y por parafrasear a Kafka, habría verdad —habría significado—, pero no para nosotros. Al menos, de momento.
Aun así, el nihilismo esconde un as bajo la manga. Y es que ni siquiera los espectros, de tener consciencia de sí, podrían soportar una dicha sin término.
catástrofe, literalmente
septiembre 20, 2024 § Deja un comentario
La muerte del enviado fue, tal cual, una catástrofe. Es decir, el cielo se derrumbó sobre su cabeza. Nada por encima o más allá. Que el cristianismo sostenga que nuestra verdadera relación con Dios comience a partir de entonces —esto es, donde no parece que haya Dios— no deja de ser, cuando menos, curioso. Precisamente, porque la catástrofe no es un episodio más. El resucitado conserva, hace falta recordarlo, las marcas de la cruz. Tampoco hablamos de la resiliencia. Pues esta solo tiene que ver con nosotros, con nuestra habilidad para superar el trauma. Hablamos de la fraternidad. Pues que seamos hermanos solo se nos revelará cuando no quede nada en pie a nuestro alrededor. Y no —o no solo— porque así lo sintamos.
tiempos modernos
septiembre 19, 2024 § Deja un comentario
¿Qué significa que Dios haya muerto? Entre otras cosas, que Dios ha dejado de estar presente. Incluso como tema. La inmensa mayoría ni siquiera siente un cierto interés por la cuestión de Dios. En su lugar, los remedios espirituales —el reiki, la carta astral, el yoga… O lo que, acaso sea peor, una continua distracción: el shopping, Netflix, las cenas del fin de semana, el éxito… No sea que nos detengamos y caigamos en la cuenta de que no hay nada bajo nuestros pies. Ni por encima de nuestras cabezas.
curioso, curioso
septiembre 18, 2024 § Deja un comentario
Que te sientas libre, no significa que lo seas. Que te sientas importante, no implica que seas algo más que un soplo en un cosmos que ignora tu existencia. Pero ¿es posible que baste con sentirse hombre o mujer para serlo?
niños
septiembre 17, 2024 § Deja un comentario
Estamos educando a nuestros chicos para que sigan siendo unos niños. ¡Cuidado que no se rompan! Pero vivir es rozarse —y a veces, hasta la ruptura. Es lo que tiene la proscripción de la figura paterna. ¿Qué hace un padre? El milagro de resucitar a los muertos: levántate y anda. ¿A qué nos exhorta, en cambio, el psicólogo? A evitar por todos los medios el trauma. Toneladas de algodón sobre la herida… y aquí nada ha tenido lugar.
Ciertamente, no se trata de buscar el trauma por el trauma. Pero la vida tiene momentos traumáticos… a los que hay que saber enfrentarse. Si haces problema de lo que no es, los chicos harán un problema de lo que no es. Son así de miméticos. Si les escamoteas la realidad —y la realidad es dura—, entonces no lo preparas para la vida, sino para un mundo virtual. Y a esto se le denomina, sencillamente, engaño.
es así
septiembre 16, 2024 § Deja un comentario
Lo que en lenguaje se expresa, nosotros no podemos expresarlo a través del lenguaje. O mejor dicho, a través del decir que señala. Hablamos del carácter otro de lo que tenemos enfrente o, incluso, a mano. Aquí, el único recurso es el mito. Este es el principio de cualquier profundidad. Pues la profundidad comienza donde admitimos que algo se nos escapa irremediablemente. Aun cuando este algo no sea nada en particular.
Otro asunto es que tengamos que vivir de espaldas al misterio. Sin embargo, donde todo es distracción, tampoco es que nos distingamos especialmente del simio.
es
septiembre 15, 2024 § Deja un comentario
O la mujer —o el árbol, la mosca…— es un milagro; o, en definitiva, no es más que res extensa, aun cuando nos digamos, ilusamente, que es algo más. Como el árbol o la mosca. Al fin y al cabo, se trata de aclararse con respecto al es. Las cuestiones últimas son últimas por algo. Pues no es lo mismo que lo verdadero se nos presente como donación que como objeto. Y no es lo mismo porque con la pregunta por el sentido de ser está en juego, como vieron los griegos en su momento, nuestra profundidad —que seamos algo más que chimpancés espabilados.
Quizá valdría la pena que nos tomásemos un poco más en serio a Nietzsche, cuando dijo que con la muerte de Dios muere también el hombre. Y es que el hombre está muerto donde su deambular por el mundo, y estando, como está, atrapado por la reducción de la verdad a objetividad, se halla por entero al servicio de la lógica del dominio tecnológico de cuanto hay, aquel cuyo principio es, precisamente, si es posible, entonces debe llevarse a cabo.
amor a la verdad
septiembre 14, 2024 § Deja un comentario
Quién no ama la verdad, se preguntaba Agustín. De acuerdo. Sin embargo, ¿quién la prefiere? ¿Acaso no preferimos dar por descontado que aquello en lo que creemos es tal y como lo creemos? ¿No nos incomoda que nos pregunta si es verdad que amamos a quienes decimos amar? ¿O si realmente creemos en Dios? ¿No será, más bien, que creemos creer?
Quizá no andaba tan desencaminado Platón cuando escribió, a propósito de Sócrates, que una vida examinada —la vida que se cuestiona a sí misma, aquella que cultiva su inquietud— tiene más valor que una vida sin examinar. Pues hacen falta una cuantas dosis de valentía para encarar el hiato que media entre la verdad y los que nos parece verdadero. Y no porque la verdad sea una apariencia más profunda —algo así como un descubrir lo que hay tras la puerta—, sino porque lo verdadero se revela a la razón como paradoja y, por extensión, como la imposibilidad de un saber. De ahí que quien ama la verdad, tarde o temprano, deba aceptar que su destino será permanecer en un estado de suspensión. Que esto sea lo mejor que nos pueda suceder, según Platón, es, cuando menos, desconcertante.
alergias modernas
septiembre 13, 2024 § Deja un comentario
Es posible que el reparo moderno a la figura de Dios vaya de la mano con la alergia que experimenta el individuo actual a toda forma de poder. De ahí que estemos llegando al extremo de que se ofenda ante la irrupción de la autoridad. Incluso legítima. El problema es que, al experimentar esta alergia como intolerable, el individuo se aleja —y notablemente— de un mejor comprensión de sí. Pues no hay sujeto que no se encuentre sujeto a. La cuestión que decide la orientación de una existencia es a qué —o a quién. En definitiva. se trata de la cuestión del padre. Por tanto, se engaña aquel que se dice a sí mismo que no depende de nadie. Pues, de hecho, lo que dice es que ignora de qué poder depende —y lo más probable es que ese poder sea el de lo anónimo o impersonal. Al fin y al cabo, el poder que más nos puede siempre fue invisible.
pater noster
septiembre 12, 2024 § Deja un comentario
¿Padre de todos —de los que creen y los que no? Sí. Pero ¿como podría serlo el demiurgo? No. Más bien, hablamos del silencio que cubre por igual los campos de amapolas como los hornos crematorios. ¿En que consiste, por tanto, la paternidad de Dios?
Por defecto, un padre siempre está presente como la voz que nos exige querer, a la vez que nos indica qué debemos querer. Incluso muerto. O hasta podríamos decir que, sobre todo, como muerto. Nadie sabe lo que quiere en verdad mientras no sepa qué quiere de él su padre. Otro asunto es que, hoy en día, la devaluación de la figura paterna nos dificulte, cuando menos, entender lo anterior.
¿Ahora bien, a qué puede obligar un padre que se revela como silencio omnipresente? ¿Cuál es la elocuencia de ese silencio? Israel, lo tuvo claro, aunque tardase siglos en comprenderlo: la fraternidad de los herederos; que nadie se quede sin el pan de cada día. Y ello frente al lado terrible de Dios, el que inspira, precisamente, el temor de Dios… aquel sin el cual no hay fe que valga. Pues en Dios reside el poder de la aniquilación. Y esto es así en tanto que, en sí mismo, no es nada (y, por extensión, nadie aún). Fue Dios quien arrojó al hombre a la existencia, a través de su negación de sí. El deber de la fraternidad se da, por tanto, en nombre del Padre. Pero, por eso mismo, permanecemos enfrentados al Padre… como los que resisten a la posibilidad de la aniquilación, aunque no siempre en la buena dirección. El amor de Dios es el envés de la maldición originaria. Dios es tan terrible como misericordioso. Pues seguimos con vida a pesar de nuestra iniquidad. Desde el principio, Dios quiso que viviéramos a su costa —a costa de sí mismo. El sacrificio de Dios —el don de la vida— implica la oscuridad de Dios, la esencial invisibilidad del nadie aún que, abrazando cuanto es, permanece como el fondo inalterable de la existencia.
De ahí que la fe sea inseparable de la cuestión de Dios, en el doble sentido del genitivo. Donde ignoramos la cuestión, prevalece el mapa mental religioso en el que todo cuadra. Sin embargo, en la vida pisaremos territorios que no aparecen en el mapa. Y, a menos que hagamos como si no los pisáramos, esos territorios harán trizas el mapa. Un mapa mental es un modo de ver. Sin embargo, nunca hubo nada que ver en los Gólgotas de la historia. En vez de la visión, el insoportable peso de un silencio elocuente.