cómo el mundo verdadero terminó por convertirse en una fábula

abril 27, 2010 § Deja un comentario

1. El mundo verdadero, alcanzable por el sabio, por el piadoso, por el virtuoso: él vive allí, él mismo es este mundo.

2. El mundo verdadero, por el momento inalcanzable, pero prometido al sabio, al piadoso, al virtuoso («al pecador que hace penitencia»).

3. El mundo verdadero inalcanzable, indemostrable, imposible de prometer, pero ya en cuanto pensado, un consuelo, un deber, un imperativo.

4. El mundo verdadero: ¿inalcanzable? En cualquier caso, no alcanzado. Y en cuanto no alcanzado, también desconocido. En consecuencia, tampoco consolador, salvífico, vinculante: ¿a qué podría vincularnos algo desconocido?

5. El «mundo verdadero»: una idea que ya no es útil para nada, ni siquiera es ya vinculante, una idea que se vuelve inútil y superflua, por tanto, una idea refutada: ¡abolámosla!

6. Al mundo verdadero lo hemos abolido: ¿qué mundo queda?  ¿Quizá el aparente? […] ¡No! Con el mundo verdadero hemos abolido también el aparente.

F. Nietzsche, El crepúsculo de los ídolos.

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