tout passe

julio 8, 2010 § Deja un comentario

Iván Grigorievitch, tras veinte años en el Gulag siendo inocente, se encuentra en Leningrado con su delator, Pineguín, el cuál prosperó durante ese tiempo gracias, precisamente, a su falsa delación.

«No pronunció ni una palabra de reproche, pero lo miró a los ojos con una viva curiosidad mezclada de tristeza. En ese momento, durante un segundo, solo un segundo, Pineguín sintió que se lo entregaría todo al mundo: sus condecoraciones, su dacha, su poder, su fuerza, su encantadora esposa, esos hijos suyos de tanto talento que estudiaban física nuclear… todo con tal de no sentir sobre él esa mirada.»

V. Grossman

(¿Se trata de una reacción o de una revelación? That’s the question. Si nos decantamos por lo primero estamos del lado de Hume y, en general, de la Modernidad. Si por lo segundo, entonces estamos del lado creyente… pero, en ese caso, deberíamos poder dar cuenta de en qué sentido el hecho de encontrarnos sometidos a una vergüenza imborrable es algo que tiene que ver con Dios.)

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