el creyente
octubre 23, 2010 § Deja un comentario
Para Sócrates y sus descendientes, la vida verdadera pasa por anticipar el momento del final. Como si solo comenzásemos a vivir en verdad donde encaramos el no va más de la propia muerte. Todo es milagro para quien sabe que le quedan pocos días. En cambio, lo que tiene presente un creyente no es la posibilidad de la propia muerte, sino la de quienes fueron condenados por el mundo a una muerte indebida. Sócrates se asombra de que haya algo ahí —algo en vez de nada—. Un creyente, en cambio, se escandaliza de que sea posible morir sin dejar huella —que no baste con la bendición de Dios para alcanzar una vida capaz de sobrevivir a la muerte—. Los elegidos, al fin y al cabo, siempre aguardaron la irrupción de Dios en las fosas comunes de la historia.