poder oír el crecimiento de la hierba
enero 27, 2011 § Deja un comentario
Para ver las cosas con los ojos del asombro —para la visión del espíritu— no hace falta, ciertamente, poner a Dios por en medio. Epicuro —ese hombre sin devoción— fue venerado como maestro espiritual. Para la visión del espíritu —para abrazar el puro presente— basta con tener presente la propia muerte, la nada que nos precede y, sin duda, nos sucederá. Sin embargo, no todo es asombro. También existe el horror. Y es aquí —entre el asombro y el horror— que el hombre exige una última palabra, la que zanja de una vez por todas la ambivalencia de lo histórico, al fin y al cabo, exige la autoridad de un Dios. O por decirlo de otro modo: solo quien se encuentra sometido a la altura Dios, puede experimentar un Mundo sub iudice. Ahora bien, lo que ningún espíritu religioso pudo imaginar jamás es que el Juicio de Dios —esa última palabra— tendría lugar a través de la inmolación misma de Dios.