etimologías
marzo 8, 2011 Comentarios desactivados en etimologías
Decir que el mundo depende de Dios no significa decir que Dios es algo así como el titiritero del mundo. Si el mundo sigue (de)pendiente de Dios es porque ni el Bien ni el Mal acaban por pronunciar una última palabra. El mal, su inmensidad, no puede ser solo el fruto de nuestra ignorancia. Sin embargo, no hay mal, ni siquiera el genocida, que logre anular la experiencia del nacimiento de una vida, la cual solo puede darse como tal experiencia, y no solo como cúmulo de sensaciones más o menos intensas, en tanto que es vista como vida arrancada de la nada. Por eso un creyente no es aquel que cree estúpidamente en la posibilidad de una intervención sobrenatural, sino aquel que permanece absurdamente a la espera de Dios y, por consiguiente, de un final para el mundo. Entre la estupidez y el absurdo andan, pues, los hombres que se ocupan de Dios. Sin embargo, solo el absurdo posee dignidad epistemológica, en tanto que la espera de Dios y de los tiempos finales no es algo que se decida conforme a las necesidades de un sujeto, sino en el seno de la experiencia moral de lo real, aquella que, a la manera de Job, nos sitúa entre un Bien y un Mal inconmensurables.