mamá quiero ser artista

marzo 15, 2011 Comentarios desactivados en mamá quiero ser artista

Aquí la cuestión es quién decide lo que vales —quién te juzga—. Por lo común, tus mayores, tus cracks, al fin y al cabo, el mundo. ¿Acaso no nos pasamos media vida, por decir algo, buscando su bendición? ¿Quién no pretende triunfar, parecerse, en definitiva, a aquellas imágenes que el mundo nos presenta como las que corresponden a las vidas logradas, inmaculadas, bellas? Da igual que se trate de un oscarizado, un deportista de élite, un santo. En cualquier caso, el prejuicio es el mismo: yo aún no; ellos ya sí. Son, lo que se dice, nuestros ídolos. Pero quien se encuentra sometido al poder de su imagen, difícilmente va más allá de sí mismo. Difícilmente alcanza la libertad de espíritu del cínico, ese perro al que apenas le importa su mal olor. Por eso resulta tan escandaloso —tan inaceptable para cualquiera— que cristianamente se nos diga que aquellos que deciden finalmente el valor de nuestra vida —aquellos que nos juzgarán— son, de hecho, quienes merecen nuestro desprecio, el leproso, el lumpen, el hijoputa, aquellos que encarnan, precisamente, ese excremento, esa lacra que el hombre debe apartar de sí mismo para poder reconocerse como alguien humanamente digno. Y es que el cristianismo no pasa tanto por compadecerse del pobret, cosa la cual es de por sí, cuanto menos, equívoca, sino por invocar —y responder— a su perdón.

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