sosias

marzo 21, 2011 § Deja un comentario

El islam no puede admitir que un enviado de Dios sea derrotado y, mucho menos, que su derrota sea ignomiosa. Por eso, según el islam, no fue Jesús quien murió en la cruz, sino un sustituto, un doble. Su muerte fue, pues, solo aparente (sura 4: 157). Como es sabido ésta es la tesis que defendieron los docetas de la antigüedad cristiana. Quien se encuentra imbuido del espíritu de Dios no puede, por defecto, morir. Así, para un musulmán, la muerte de Dios no solo es algo que una sensibilidad religiosa no puede en modo alguno admitir, sino algo que se revela sencillamente como irracional, absurdo. Sin embargo, de este absurdo bebe la fe cristiana. Por tanto, cristianamente no podemos decir que se trate del mismo Dios. Un Dios que se identifica con el Crucificado no puede ser el mismo que el Dios que permanece en las alturas. La tesis que el Dios bíblico es idéntico al Dios del Corán es una tesis musulmana, no cristiana. Según el islam, únicamente por mala fe alguien puede empeñarse en divinizar a Jesús, en otorgarle el mismo rango que Dios. Pero el prólogo del evangelio de Juan no parece que admita demasiadas componendas. Si de buen comienzo la Palabra era junto a Dios —si era, por ello mismo, Dios—, no puede, pues, concebirse a Dios sin la Palabra o lo que viene a ser lo mismo: no cabe experimentar a Dios, si no es a través de la Cruz. Para un cristiano, pues, el sacrificio de Dios pertenece a la esencia misma de Dios. Quien desde las filas cristianas afirma que la experiencia cristiana y musulmana de Dios son solo diferentes modos de experimentar un mismo Dios o bien no sabe de lo que habla, o bien ignora lo que es la honestidad intelectual.

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