esos primitivos
marzo 29, 2011 Comentarios desactivados en esos primitivos
Antiguamente, la mayoría de los hombres y las mujeres daban por sentado que la frontera entre el mundo natural y el sobrenatural era transitable en los dos sentidos. Así, no era descabellado, sino más bien posible que los espíritus del más allá nos hicieran, de vez en cuando, una visita. Aunque no quedase claro qué sobrevivía al cuerpo —si una sombra de lo que fuimos, si el alma entera del sujeto, si su transformación en espíritu astral… —, lo cierto es que nadie cuestionaba, salvo algunos pocos que negaban cualquier tipo de supervivencia, que esto del espíritu tenía que ver, precisamente, con lo que queda tras la muerte. Lo curioso es que ese resto tanto podía estar espiritualmente vivo o muerto. Por tanto, esto del espíritu no necesariamente se identificaba con la vida tras la muerte. La cuestión es si el cristianismo, que bebe de este caldo, puede sobrevivir donde la división entre lo natural y lo sobrenatural —y, por consiguiente, el tráfico entre los dos mundos— deja de tener sentido, cosa que ocurre precisamente con la irrupción de la visión copernicana del universo. No es causal que la única espiritualidad compatible con esta cosmovisión sea la que identifica el espíritu de Dios con la fuerza de la vida. No debería extrañarnos, pues, que las presentaciones más actuales del cristianismo se conciban a sí mismas como una simple concreción de la espiritualidad en general. Como si el cristianismo solo pudiera sobrevivir modernamente echando mano del gnosticismo que condenó en su momento.