la regresión

junio 6, 2011 Comentarios desactivados en la regresión

Los griegos —aunque con ellos también algún que otro Padre de la Iglesia— dedujeron la existencia de Dios de la belleza del mundo. Y muchos creyentes de hoy en día siguen conectados con Dios por la misma línea directa. Sin embargo, la experiencia bíblica de Dios no parece contentarse con tan poca cosa. El Dios del séptimo día es dueño de la belleza así como del horror (Is 45,7). Un Dios que se decante solo por el lado amable de la existencia es una divinidad al servicio del afán de pureza del hombre. En última instancia, un mito. No casualmente el antiguo gnosticismo de Marción tuvo que sacarse de la manga un demiurgo maldito —separar, al fin y al cabo, al creador del salvador— para librarse de la inadmisible realidad de Dios. Pero en verdad nadie se encuentra sometido a Dios que no esté pendiente de su respuesta. Aunque confíe absurdamente en el sí que anticipó un Dios crucificado, un creyente permanece cubierto por el peso de una belleza y un horror debidas por igual a una misma trascendencia.

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