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junio 11, 2011 Comentarios desactivados en hollywood

Dice Rusell Crowe que es absurdo creer que Dios tiene necesidad de los prepucios judíos. Rusell Crowe no parece que tenga mucha idea del asunto. La circunscisión no es un sacrifico que pretenda obtener el favor de Dios, sino la marca que le recuerda al creyente quién es ante Dios. Los judíos se circuncidan, pues, como el marinero se tatúa en el brazo el nombre de su madre. Así la circunscisión es algo así como una huella: no olvides que la fecundidad es debida a Dios —aunque Dios no sea su causa—; que en el fondo somos unos impotentes; que seguimos siendo aquellos esclavos de Egipto; que nada depende, al fin y al cabo, de nosotros mismos. Etc. Otra cosa es que tú no creas en esas cosas. Pero si estás convencido de su verdad, entonces quizá debas señalar tu cuerpo con cicatriz indeleble. La obligación de la circunscisión serío algo así como el deber que tiene el superviviente de no borrar el número que las SS le impusieron con hierro candente como si fuera una res. Hay que herir el cuerpo, si no queremos olvidar lo que debe permanecer en nuestra memoria. Como si solo ritualmente pudiéramos hacer que el cuerpo participase de los acontecimientos del alma.

 

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