tatoo (2)

junio 11, 2011 Comentarios desactivados en tatoo (2)

Nuestro dirigirnos a Dios puede ser, ciertamente, discutido —y de hecho lo es—, pues en el fondo no estamos sometidos a ningún Dios, aun cuando nos llenemos la boca de plegarias. Si nuestro hablar acerca de Dios es discutible es porque hablamos de Él como quien habla de la existencia del Yeti o de un etéreo prozac. Sin embargo, no parece que podamos impugnar con la misma facilidad la invocación de quien sufre de mal de altura, el peso de la falta de Dios. Su clamor —hasta cuando durará esto, Señorse impone como el único modo legítimo de dirigirse a Dios. Más aún: su súplica se revela, para quien sabe verlo, como una pro-vocación de Dios. Será cierto que solo los pobres están autorizados a hablar de Dios, pues solo ellos se dirigen en verdad a Dios. O por decirlo de otro modo: tan solo ellos saben algo de Él, pues solo ellos le han experimentado como el Altísimo. El resto, siempre hablamos de oídas. Incluso cuando creemos que estamos por encima de esta superstición.

 

Job

 

 

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