profanación

julio 16, 2011 Comentarios desactivados en profanación

Profano significa: no hay alteridad, sino uso. Sagrado significa: solo hay alteridad; no cabe el uso. La cosa sagrada —lo santo, lo numinoso— posee, pues, el aura de otro mundo. Y, por eso mismo, nada sagrado —nada en verdad otro— se da sin temor reverancial. Aquí la cuestión es en qué sentido puede seguir siendo Otro un Dios que, siendo más íntimo que mi propia intimidad, inspira más mi anhelo que mi temblor. Y acaso la importancia de Abraham tenga que ver, precisamente, con esto: que él fue el primero en experimentar que un Dios en verdad otro solo se da como un Dios que se echa en falta. El Dios que se anhela —el Dios que andamos buscando— es, por defecto, un Dios que ha dejado de estar presente. Como si Dios no pudiera ser más íntimo que cuando deja una huella. En cualquier caso, el temor infantil que inspira un padre no es el mismo que el que inspira su ausencia sine die, acaso el único temor iniciático, el único que nos arroja a una incierta madurez.

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