valores
octubre 11, 2011 § Deja un comentario
Donde la vida está en juego, lo de menos es si comemos arroz hervido o paella. Lo único que importa es comer. De hecho, solo en el contexto de la situaciones extremas puede surgir un valor. Es en medio del desierto y no en los pasillos del súper en donde la comida que podamos encontrar se recibe como maná caído del cielo. Fuera de ese contexto, lo valioso pierde fuelle y se transforma en algo más o menos placentero, algo con lo que es posible negociar. Y, así, llegamos a decir, pongamos por caso: «te doy este maná a cambio de estas nike«. O bien: «hoy no como que quiero adelgazar.» En principio, no habría nada que objetar, si no fuera que una vida que no se encuentre anclada en el valor de las cosas —una vida centrada en sí misma, en la cuestión del propio valor— acaba por no valer gran cosa. Ahora bien, la relación con el valor no es algo que dependa enteramente de nosotros, pues nadie quiere permanecer en el desierto. Así, resulta inevitable que, por poco que las cosas nos vayan bien, terminemos alejándonos de lo que vale en verdad. De ahí que la cuestión religiosa, la cuestión acerca de cómo mantener los vínculos con el valor, sea una cuestión vital. Otra cosa es que esta cuestión pueda resolverse con la imaginería de la religión tradicional. Más bien uno tiende a pensar que eso ya no es posible. Ni siquiera donde la religión se actualiza con los ropajes de una espiritualidad new age o, lo que es casi peor, con una fácil promoción de los valores. Lo primero tiende a darnos gato por liebre, esto es, felicidad a cambio de valor. Lo segundo, de hecho, no tiene nada que ver con el valor. Al fin y al cabo, un valor que deba ser promocionado no es propiamente algo que pueda ser reconocido como maná caído del cielo, sino, en el mejor de los casos, una virtud del sujeto moral, el cual no tiene, ciertamente, necesidad de mirar al cielo a la hora de justificarse como tal. Para la promoción de los valores, basta con el ejemplo. O, en su defecto, con los contrastados métodos de Skinner.