desencaje

agosto 7, 2012 § Deja un comentario

Puesto que no hay modo de seguir con lo habitual allí donde Dios hace acto presencia, por lo común, en la fase terminal de la existencia, allí donde el hombre ya no tiene un futuro por delante, resulta cuanto menos desconcertante, por no decir blasfemo, ese intento de los acomodados por integrar a Dios en su cotidianidad. Y, así, no es causal que donde nos atrevemos a bautizar cualquiera de nuestras banalidades —desde sacar al perro hasta tomar el sol—, Dios acabe por ser alguien de quien podemos perfectamente prescindir.

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