maldito Dante

agosto 8, 2012 § Deja un comentario

Si tuviéramos que caracterizar nuestros tiempos de un brochazo, podríamos decir que en ellos lo extraordinario se ha convertido en norma o, mejor dicho, en ese ideal que cualquiera puede (o debería) alcanzar, con un poco de suerte. Así ocurre, por ejemplo, en el caso del amor. Pues a ningún antiguo se le hubiera ocurrido que un mortal pudiera esperar para sí mismo las historias apasionadas de los dioses. Sin duda, la simbiosis de las almas es posible, pero solo como pueda serlo la excepción, el milagro, lo extraño. Pues aquello que podemos exigirnos habitualmente los unos a los otros —lo que debería ser preferible antes que nada— es una feliz coincidencia, un trato amable, una buena compañía. En absoluto, la redención. Y si sucediera algo más que esa feliz coincidencia, probablemente entenderíamos lo que los antiguos daban por hecho, a saber, que la irrupción de lo extraordinario no es de hecho ninguna bendición.

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