papilas gustativas

octubre 10, 2012 § Deja un comentario

No es lo mismo tirarse a una mujer que abrazarla. No es lo mismo olisquearla que ser alcanzado por su mirada. No se trata de gustos, sino del que yo está implicado en cada caso. Y el yo del primer caso —aquél que, por encontrase a una cierta distancia de sí mismo, es capaz de reconocer aquello que de inalcanzable hay en el otro— juega en una liga superior que el yo que vive pegado a su impulso más o menos elemental. Es obvio —o debería serlo— que quien se comporta como un cerdo está muy cerca de ser un cerdo.

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