meras formas

enero 2, 2013 § Deja un comentario

En las canchas del cristianismo progresista, se suele ser un tanto condescendiente con esas viejecitas que aún rezan el rosario de carerilla. Como si les faltase autenticidad. Se supone que el criterio para la oración “verdadera” es un sentirse íntimamente vinculado con Dios o algo por el estilo. Sin embargo, quienes creen esto confunden la experiencia de Dios con un especie de cosquilleo interior, cuando lo cierto es que dicha experiencia tiene más que ver con las manos vacías de Job que con las satisfacciones de un narcisismo espiritual. Pues es muy posible que, con respecto a Dios, al fin y al cabo tan solo nos queden las “meras formas” y como esas viejecitas del rosario, no podamos hacer otra cosa que recitar, con ciega fidelidad, esas palabras verdaderas cuya verdad, sin embargo, apenas somos capaces de soportar. Puede, por tanto, que haya más autenticidad “religiosa” —más voluntad de religarse– en la oración obsesiva de las viejecitas que en la autosatisfacción creyente de quienes están convencidos de tener a Dios de su lado por el simple hecho de sentirlo así.

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