la esperanza creyente

febrero 2, 2013 § Deja un comentario

Que todo esté pendiente de Dios no es algo que pueda cristianamente comprenderse como si Dios fuera una especie de titiritero. Si el mundo se halla pendiente de Dios es porque Dios, mejor dicho, su Palabra, es algo que aún se encuentra pendiente. La expresión «el mundo se encuentra pendiente de Dios» hay que comprenderla, pues, literalmente, aunque no desde la división del espacio en un cielo y una tierra, sino desde la óptica del tiempo: el mundo se halla a la espera de los tiempos de Dios. De ahí que cristianamente no podamos dar fe de la experiencia de Dios en los términos de un saber acerca de Dios. En el presente, de Dios tan solo tenemos un Crucificado, de tal modo que no cabe otra relación con Dios que la que se da como respuesta al perdón de quien fue clavado en la cruz en nombre de Dios. Esperar es, cristianamente, mantenerse a la espera, sin que podamos dar por hecho que el Sí que vislumbramos sea, al fin y al cabo, una última palabra. El Dios que se entrega es un Dios que se encuentra, como quien dice, en manos del hombre, de su respuesta a la oferta de Dios. Y no es casual que la esperanza creyente se exprese en el modo del imperativo y no en el del ideal. Ven Señor Jesús. Maranathá. En este sentido, tampoco es causal que las imágenes de esta esperanza sean increíbles. Como si el creyente no pudiera hacerse una idea —un ídolo— del deber ser de Dios.

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