visiones del espíritu

abril 11, 2013 § Deja un comentario

El corte es la raíz del espíritu. El corte, la escisión, la falta. Nada nace como espíritu, si no nace de una urgente necesidad de reconciliación. El que posee el espíritu, mejor dicho, el que habita en él, percibe la realidad como el núcleo inalcanzable de cuanto percibe. Por lo común, el hombre cede a su necesidad de imágenes y concibe lo inalcanzable como algo inalcanzable. Pero las figuras de lo inalcanzable o son absurdas (y, por tanto, representan en carácter esencialmente inalcanzable de una genuina alteridad) o son demasiado creíbles (y, por tanto, convierten en ídolo todo cuanto tocan). Sin embargo, tarde o temprano el hombre se da cuenta de que lo inalcanzable no puede ser algo determinado (pues si se trata algo determinado es que es «alcanzable»), sino lo que siempre queda por ver en cualquier «visión». Estrictamente hablando, lo que queda por-ver es siempre un por-venir, el porvenir mismo de Dios, su esencial trascendencia. Existir cabe lo real es comprender que el por-venir de Dios es eterno. Ahora bien, solo entonces lo inalcanzable alcanza al hombre. Y es solo por eso que los creyentes pueden ver la huella de Dios en el rostro de los otros hombres.

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