la bestia cristiana
octubre 8, 2013 § Deja un comentario
Un cristiano es un bestia. Pues hay que ser muy bestia para decir que del hambriento es el pan que tú retienes; del desnudo, el abrigo que guardas en el armario; del descalzo, el calzado que se está pudriendo en tu poder; del necesitado, el dinero que tienes enterrado… (san Basilio). Hay que ser muy bestia para creérselo. Pues ¿acaso Basilio, el Grande, no se pasa aquí de rosca? ¿No deberíamos admitir que no n'hi ha per tant? ¿Quién podrá aceptar tal exigencia? Pero de estas bestias, haberlas, haylas. Son ellas, las que no pueden soportar el hambre del hambriento, las únicas que mantienen la presencia de un Dios impresentable. De hecho, hay un abismo entre el delirio de estas bestias y la autocomplacencia de aquellos también llamados cristianos que se pasan el día mirándose el ombligo buscando tener una experiencia de Dios. Pero si Basilio, el Grande, dice la verdad, entonces ¿no deberíamos estar en los últimos bancos de las iglesias junto al publicano de la parábola? Pero quienes están tan satisfechos de su fe son, hoy como siempre, la quinta columna del ateísmo, pues son ellos y no las bestias quienes alejan a los hombres de Dios.