revelación no es ilustración
octubre 11, 2013 § Deja un comentario
Dicen los teólogos que la Cruz revela a Dios. Ahora bien ¿qué significa esto? En principio, que la Cruz nos permite ver qué —o quién— es Dios. Sin embargo, esto podría entenderse como que la Cruz ilustra el ser de Dios. Pero revelar no es ilustrar. La revelación, de algún modo, muestra lo que difícilmente podríamos anticipar. La revelación siempre nos coge a contrapié. Estrictamente, la Cruz no muestra a Jesús como Dios, pues eso sería ilustrar —ejemplificar— una determinada idea de Dios, sino a Dios como Jesús. De ahí que cristianamente se diga que no hay Dios al margen de la Cruz (o que no hay otro Dios que el Crucificado). Esto, sin duda, supone una mutación con respecto al significado mismo de la palabra «Dios», de tal modo que difícilmente podremos seguir contando con la idea religiosa de Dios. Así, como hemos dicho muchas veces, Dios no sobre-vive a la Cruz. De Dios no hay más, aunque tampoco menos, que el espíritu de un Crucificado en nombre de Dios. El espíritu cristiano es, en este sentido, un pecio. Pero la confesión creyente también implica que el Dios de Jesús no coincide con el Dios que se identifica con Jesús. Jesús, ciertamente, no fue cristiano. El hiato aparentemente podría salvarse de dos modos. El primero, convirtiendo la mutación en una historia: el Dios de Jesús, al final, decide hacerse uno con el que cuelga de la Cruz. El segundo, escudriñando en la conciencia de Jesús hasta decir que Jesús era consciente de ser Dios (y no solo un enviado de Dios). El inconveniente de la primera solución es el de hacer de Dios un dios, un «espectro bueno» o algo por el estilo. Es decir, la primera solución no puede evitar la personificación de Dios y, por consiguiente, la caída en el mito. El inconveniente de la segunda, en cambio, es el de hacer de Jesús un dios vestido de hombre. Es decir, la segunda solución es doceta. Sea como sea, en ambos casos, el cristianismo pierde poder revelador.