Basilio, el grande
octubre 10, 2013 § Deja un comentario
Dice san Basilio: la ropa que guardas en el armario es la que el desnudo no viste. ¿Necesitamos más pruebas para darnos cuenta de que, humanamente, no podemos creer? ¿Quien puede tomarse esto en serio sin que su psique salte por los aires? ¿Quienes pueden seguir este precepto sin destruirse? Y, sin embargo, nadie dudaría de esta verdad si dijera: la comida que tiras es la que tu hermano no puede comer… siempre y cuando ese hermano fuera el biológico, el real, aquel al que perdiste de vista y ahora anda por ahí como un muerto de hambre. Faltamos a la verdad cristiana cuando hacemos de ella algo asumible por el burgués —la bona gent— de nuestros días. Quien se halla satisfecho de sí mismo, quien aún confía en sus posibilidades mundanas, ¿puede en verdad creer que el pobre le juzga? ¿Puede creerlo sin tomar el nombre de Dios en vano? De ahí que lo más sensato sea reconocer, al menos de entrada, que estamos ante un exceso, un delirio, una malformación. Y solo entonces quizá comencemos a comprender de qué va esto de Dios.