Platón y esto de la fe

marzo 4, 2014 § Deja un comentario

Es sabido que los padres de la Iglesia recurrieron al platonismo para dar legitimidad epistemológica, como quien dice, a la confesión creyente. La operación podría resumirse así: el ser supremo de la filosofía platónica, aquel que se sitúa incluso más allá de la esencia, es en definitiva el Dios de Jesús. El precio que pagó el cristianismo por su derecho a la inteligibilidad fue, como sabemos, el de la pérdida de su capacidad de provocación. ¿Cómo podía el supremo bien del platonismo fracasar en una cruz? Y quizá porque al cristianismo no se le permitió echar por la borda al dios de la religión —que es lo que en verdad hizo—, pudo surgir algo así como el comunismo ateo, el cual puede entenderse como un cristianismo por otros medios. Ahora bien, lo cierto es que con el paso al frente de la apologética cristiana no solo queda aparcado el cristianismo originario, sino también el mismo Platón. El apologeta hace trampa, aunque esa no sea su intención, cuando equipara el ser más allá de la esencia de Platón con el Dios personal del monoteísmo. Cierto que hay antecedentes en el mismo judaísmo que juegan con ambas barajas. Filón, sin ir más lejos. Pero eso no quita la trampa. Pues, la originalidad de Platón consiste, precisamente, en comprender el carácter trascendente de lo real sin recurrir a ningún dios. En cierto sentido, podríamos decir que los padres de la Iglesia desactivan el platonismo al bautizarlo. Y es que quizá la gran bestia a batir no sea tanto el politeísmo —el cual no posee un sentido de la trascendencia que pueda tomarse en serio—, sino el Parménides de Platón.

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