días de recuperación

mayo 17, 2014 § Deja un comentario

No es lo mismo vivir como Sócrates o el mismo Job, esto es, sin saber de qué va todo esto, en medio de una gran perplejidad, que vivir creyendo ingénuamente que la realidad se nos da según la medida de nuestra estrecha sensibilidad. No es lo mismo dar por hecho que acaso lo decisivo de la existencia se nos escapa de las manos, que creer estúpidamente que todo se reduce a sota, caballo, rey. No es lo mismo existir a la espera de lo increíble —de lo que debe ocurrir contra toda expectativa— que plegarse a las exigencias de la materia. De ahí que el cristianismo se hace un flaco favor a sí mismo cuando se presenta como lo que no es, a saber, como un mito para niños. Pues, un cristianismo sin carga de profundidad —un cristianismo que no deja preguntas sin respuesta— difícilmente podrá convencer a esos hombres y mujeres que ya no pueden creer que hay Mal porque simplemente no hemos hecho los deberes.

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