pastorales

mayo 17, 2014 § Deja un comentario

Quizá uno de los problemas más serios a los que se enfrenta hoy en día la catequesis cristiana es que, por poco que se despiste (y uno sospecha que el despiste ya es de por sí mayúsculo), se quedará sin adultos. Esto es, el cristianismo pasará a ser una religión para niños, para aquellos a los que aún les gustan los dulces. Así, se cerraría el círculo. Pues, como es sabido, el cristianismo comenzó siendo una superstición de esclavos, de hombres y mujeres sin cultura. La diferencia con respecto a esos primeros tiempos es que ya no contamos con los Tertuliano, Clemente, Agustín…, con esas bestias pardas que defendieron contra viento y marea la legitimidad epistemológica de una fe literalmente increíble. Es el precio que hay que pagar por haber despreciado tan fácilmente la reflexión de calibre para centrarse en los cantos.

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