the end

abril 9, 2015 § Deja un comentario

La esperanza de que todo acabará bien —esa esperanza tan cristiana— parece, cuanto menos, una ingenuidad. Más bien uno se siente inclinado, visto lo visto, a creer que el cosmos no apunta a una especie de bondad última. La vida, de hecho, avanza fagocitándose a sí misma. Por tanto, nadie sensatamente puede dar por hecho que la cosa terminará felizmente. Ahora bien, si cristianamente podemos creerlo sin avergonzarnos, no es porque necesitemos suponer que la película tendrá un final feliz, sino porque hubo quienes sí lo creyeron contra toda evidencia. No hay ningún misterio en que nosotros, los satisfechos, esperemos un happy end. El misterio reside en aquellos que siguieron creyendo que todo acabará bien a las puertas de las cámaras de gas, más allá incluso de su destino personal. Si podemos creerlo es porque ellos lo creyeron antes. Y si lo creyeron es porque probablemente poseyeron una sensibilidad especial para la vida como don. Si la vida nos ha sido dada, la cosa no puede terminar como aparentemente termina: en la fosa común. Se trata por tanto de un deber ser, no de algo que solo incumba a una psicología particular. Se trata de eso increíble que, sin embargo, tiene que ocurrir en nombre de una vida que se nos entregado desde la nada de Dios. Tampoco podemos ir mucho más allá. En cualquier caso, sigue siendo cierto que solo los humillados y ofendidos —los pobres— nos autorizan a decir lo que cristianamente decimos.

Los comentarios están cerrados.

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo the end en la modificación.

Meta