unigenitus
febrero 2, 2016 § Deja un comentario
Cuando cristianamente declaramos al crucificado como unigénito de Dios, no estamos en último término hablando de Jesús, sino de Dios. No decimos, aunque a menudo se entienda así, que Jesús ejemplifica la bondad de Dios. Pues, en este caso, Jesús sería un símbolo, entre otros, de Dios, y no es esto lo que se declara en el credo cristiano. Decimos que el crucificado se encuentra en el lugar de Dios —que Jesús es, por decirlo a la manera de Hans Küng, el lugarteniente de Dios—; que no hay Dios que sobreviva —que viva por encima de la Cruz—; que la relación con Dios se determina como la relación con el crucificado. Que Dios, en sí mismo, esto es, al margen del crucificado, es la eterna entelequia del hombre… Evidentemente, estamos ante algo difícil de admitir para quien crea que Dios es el océano al que los ríos de las diferentes religiones van a parar. De hecho, estamos más cerca del ateísmo que de la religión.