una cierta impotencia

diciembre 19, 2016 Comentarios desactivados en una cierta impotencia

El monoteísmo supone, en contraste con la sensibilidad típicamente religiosa, una experiencia de Dios en donde lo primero es constatar que, en tanto que humanos, existimos de espaldas a Dios, incluso donde creemos, con insultante facilidad, que gracias a nuestra creencia nos hallamos cerca de Dios. Y si lo primero es nuestro ateísmo, entonces de lo que se trata no es de encontrar el sacrificio adecuado que nos permita poner a Dios a nuestro favor, sino de restaurar la presencia misma de Dios en el mundo. De hecho, el cristianismo, ese monoteísmo radical, sostiene que el único sacrificio que restaura dicha presencia es el sacrificio de Dios. Y esto, ciertamente, no es algo que podamos asimilar a lo que por lo común se entiende por religión, al menos en la medida en que la religión da por descontado que la divinidad se halla presente en el mundo, aunque sea de un modo un tanto curioso. Como si Dios jugara al ratón y al gato con los hombres desde el más allá del muro que nos separa, precisamente, de Él. 

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