cobardes

febrero 9, 2017 Comentarios desactivados en cobardes

Muchos sacerdotes, hoy en día, se hallan presos del miedo. Miedo a perder la parroquia, si proclaman el evangelio tal cual. De ahí que, mientras por un lado nos sermonean con la radicalidad evangélica, por otro nos dan una palmadita en la espalda como si nos quisieran decir que, en el fondo, no n’hi ha per tant. Tranquilo: puedes seguir con tus devociones onanistas, con el dios de tu intimidad, el dios que hace de consolador. Ciertamente, todos somos unos cobardes, en mayor o menor medida. Nadie sabe de lo que sería capaz con tal de arañar un poco más de vida. Pero quizá los sacerdotes del miedo, a la hora de hablar de Dios, harían bien en apuntar no a las verdades, sino a los pocos que las encarnan: los testigos de Dios, los que creyeron por nosotros. De hecho, cristianamente, nunca hablamos en nuestro nombre, sino en el de aquellos que encarnaron el peso de un Dios en caída libre. No casualmente, los antiguos altares se erigían sobre los huesos de los mártires. En cambio, hoy en día, damos por sentado que basta con cerrar los ojos alrededor de cualquier mesa para creer que ya estamos en comunión con Dios. Un sacerdote debería celebrar la eucarístía oliendo a pobre y no tanto a oveja. Pues es difícil que quien anda con pobres no termine oliendo mal.

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