o bien despiertos, o bien iluminados

febrero 10, 2017 Comentarios desactivados en o bien despiertos, o bien iluminados

Ciertamente, podemos preguntarnos si una divinidad impersonal —esa especie de océano al que remiten muchas espiritualidades de corte oriental— puede satisfacer el clamor del hombre. Quizá sea una solución a nuestra búsqueda de la felicidad. Pero, formalmente no habría diferencia entre disolverse como muñequitos de sal en el océano de la divinidad que diluir la insatisfacción del yo por medio de una droga de la dicha. Dios en verdad no ofrece una solución al problema de la felicidad. Un creyente no se encuentra sujeto a su voluntad para ser feliz. Si este fuera su propósito, no se encontraria realmente sujeto a la voluntad de Dios. Por el contrario, en vez de servir a Dios —en lugar de ponerse en manos de ese cuerpo llagado en el que Dios se hace presente— pondría a Dios a su servicio. Podríamos decir que el creyente, en la medida en que se halla sujeto a Dios, está más allá de la disyuntiva entre felicidad e infelicidad. No es que sea infeliz. Pero quizá tampoco feliz. No es esta la palabra para quien responde al clamor del hermano —para quien hace de su vida la expresión de un querer, de una voluntad. Pues aquí no deberíamos olvidar que el hombre se encuentra en manos de Dios —en manos del pobre— sin Dios mediante. Ante Dios, sin Dios, como decía Bonhoeffer. De hecho, el Dios del monoteísmo bíblico, cuando menos porque en sí mismo Dios coincide con su silencio, no pretende, por decirlo así, la disolución de la conciencia, sino la hiperconciencia. Es así que, bíblicamente hablando, el despertar bíblico no puede comprenderse, salvo falsificación, como si estuviéramos hablando de una variante de la iluminación budista.

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