Epicuro y el mal

octubre 10, 2017 Comentarios desactivados en Epicuro y el mal

El filósofo nunca ha hecho muy buenas migas con la tribu. La tribu se organiza alrededor del mito. El filósofo en cambio vive en un estado de suspensión, convencido de que no acabamos de saber de qué hablamos cuando nos llenamos la boca con las palabras sagradas de la tribu. De ahí que su salida sea la de la ironía, el exilio o la comunidad de amigos. Carpe diem, esto es, vive el presente, pues el presente es un milagro, una excepción, y de haber más allá probablemente nada tenga que ver con nosotros. Puede que haya una vida post mortem, pero no para nosotros, cuando menos porque somos en relación con nuestro cuerpo. No hay yo que sobreviva sin su continuo diferir de sí mismo. De ahí, que en cierto sentido el yo, sobre todo si se trata del yo que se desmarca incluso de su propio deseo, se encuentre siempre fuera del mundo, de cualquier mundo. Con todo, cuando ese yo topa con el mal, con el sufrimiento indecente de tantos a causa, sobre todo, de la impiedad de los hombres, difícilmente podrá seguir encerrado dentro de los muros de su jardín. El paso del filósofo al profeta, por decirlo así, es un paso que solo cabe dar en relación con la dura facticidad del mal.

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