de polvo y cenizas

octubre 30, 2017 Comentarios desactivados en de polvo y cenizas

Quizá la aproximación más honesta a Dios sea la de quien, sub specie aeternitatis, comprende, no sin estupor, que apenas somos  un holograma en un cosmos que podría perfectamente prescindir de la anomalía humana. Preguntarse si existe o no existe Dios es como si un ácaro del polvo se preguntara si acaso existe el hombre. La distancia entre ambos ¿no reduce la pregunta a la irrelevancia de un sudoku? ¿No sería cuando menos desconcertante que el ácaro llegará a plantearse incluso la posibilidad de que el hombre pudiera llegar a amarlo? ¿No veríamos su pretensión como una hybris grotesca? Puede que caigamos en el histrión cuando nos interrogamos por Dios. Y no porque Dios no exista, sino porque, de existir, resultaría ridículo suponer que ese Dios pudiera interesarse por nosotros, salvo circunstancialmente y a modo de curiosidad. Podemos dar por descontado que hay más de lo que podemos siquiera concebir. Ahora bien, que ese más sea de hecho un Dios y un Dios que nos hizo a su imagen y semejanza es algo que no deberíamos dar por sentado como quien no quiere la cosa. Sin embargo, el punto de partida de cualquier espiritualidad es, precisamente, un desplazamiento del centro de interés. No somos el centro. Basta con leer el libro de Job para ver por donde van los tiros de Dios. Ahora bien, desde esta óptica, ¿acaso no es alborotador proclamar, tal y como lo hace el cristiano, que Dios se entregó a los hombres para que los hombres fueran capaces de Dios? O el cristianismo es una insensatez, tal y como lo creyeron los Celso de la Antigüedad, o se halla más cerca del ateísmo que de la religión.

Los comentarios están cerrados.

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo de polvo y cenizas en la modificación.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: