las palabras y las cosas (y 3)

diciembre 13, 2017 Comentarios desactivados en las palabras y las cosas (y 3)

Decir es juzgar. Y lo es porque lo que nos traemos entre manos no sabemos lo que es hasta que no deshacemos su ambigüedad emitiendo un veredicto, como quien dice, aunque ni siquiera entonces llegamos a saberlo. Así decimos, esto es bueno y no, nos parece bueno. O esto es amor y no su simulacro. Sin embargo, tan solo haría falta otro juez, situarnos en otro punto de vista, para que las cosas sean de otro modo. El abrazo del amante ciertamente expresa, en el mejor de los casos, el cariño o el querer, pero también su necesidad de poseernos. De ahí que resulte tan fácil caer en el relativismo. Aun cuando quizá podríamos decir, como defendía Sócrates, que nos iremos de aquí sin saber a ciencia cierta a qué verdad apuntan nuestras palabras, sobre todo aquellas con las que nos llenamos la boca. Esto es, hay verdad, algo tiene lugar en lo que simplemente sucede, pero no terminamos de saber qué. En este sentido, puede que valga la pena también recordar la solución judía, la que daba por descontado que no depende de nosotros resolver la existencia. Pues solo en el futuro —y un futuro absoluto— se nos revelará si lo que creímos bueno es en realidad bueno o, por el contrario, vivimos en el engaño. Mientras tanto todo es mezcla y voluntad. De hecho, es lo que pasa con respecto a Dios y el asunto de la fe.

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