Bambi
enero 4, 2018 Comentarios desactivados en Bambi
Bambi clama por mamá como el pobre clama por Dios. Pero Bambi no se consuela creyendo que de hecho mamá sigue viva en la otra dimensión. Mamá ha muerto. Podría ciertamente consolarse si así lo creyera, pero faltaría al principio de realidad. Como si mamá no hubiera muerto. Su consuelo sería el que proporciona la imaginación. Como el hombre solitario cuando se consuela fantaseando con ninfómanas. La realidad es dura y la mayoría de nuestros consuelos domésticos suponen una evasión de lo patente, una negación de la evidencia. Bambi no tendrá otro consuelo que el del hermano que le abraza. Sin embargo, se trata de un consuelo en tensión, por decirlo así, cuando menos porque no resuelve la pregunta acerca de si finalmente podrá reencontrarse con mamá. Pues si la muerte tiene la última palabra, no hay ilusión que pueda valer como consuelo, salvo engaño. De ahí que el consuelo cristiano sea indisocible de la fe en la resurrección los muertos. Ahora bien, esta esperanza no es una expectativa que responda tan solo a nuestra necesidad de un final feliz. Cristianamente arraiga en la verdad de la resurrección del crucificado, la cual, sin embargo, no puede entenderse como fenómeno verificable, aun cuando no podamos evitar imaginarlo así. En cualquier caso, al margen de lo que fue en realidad la resurrección, lo cierto es que un consuelo que no se plantee la cuestión sobre la verdad de sus motivos es un consuelo que no puede ir mucho más allá del sentirse consolado, lo cual quizá no sea poca cosa. Ahora bien, la verdad está en el aire. Sobre todo la de la fe. Pues incluso lo que debe ser en nombre de una vida que nos ha sido dada desde el eclipse de Dios tampoco está garantizado. Por eso no debería extrañarnos que la mayoría de los hombres prefieran el consuelo inmediato de las ficciones que el que proporciona una fe problemática o, mejor dicho, a la intemperie. Incluso con respecto a la verdad de Dios estamos en manos de Dios. Aunque también es posible que no podamos permanecer cerca de la verdad, si no es por medio de las imágenes que la falsifican.